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Tercera fase:
Cuarta fase:
Los desafíos del viaje
Preguntas para autoexaminarse

"Anatomía del Espíritu"

Caroline Myss

 

 

Tercera, fase: Narcisismo

Aunque tiene mala prensa, a veces el narcisismo es una energía muy necesaria en el trabajo para desarrollar un sen­tido fuerte del yo. Darnos una nueva imagen, por ejemplo, un nuevo corte-de pelo, ropa nueva, tal vez incluso una nue­va forma corporal mediante ejercicios, indica que se están produciendo cambios dentro de nosotros. Mientras estamos en esta fase vulnerable, es posible que nos encontremos con fuertes reacciones críticas por parte de nuestra tribu o cole­gas, pero la energía narcisista nos da agallas, firmeza para re­crearnos, remodelarnos y cambiar nuestras fronteras ante la oposición. Los cambios que se producen en esta fase nos pre­paran para los cambios internos más importantes que vienen a continuación.

 

 

Gary definió bellamente esta fase durante un seminario. Nos explicó que de repente comenzó a ponerse ropa elegante para asistir a conciertos y obras de teatro, cuando antes siem­pre iba con téjanos y camiseta. Aunque la sola idea de rom­per con los hábitos de sus amigos le producía sudores fríos, pensaba que ese cambio era un importante paso en su desa­rrollo personal, porque deseaba saber lo que era sentirse «mi­rado con envidia». No es que deseara ser envidiado; simple­mente quería liberarse del dominio que habían ejercido en él sus amigos al determinar una imagen que siempre proyec­taba humildad. Gary contó que era homosexual. Yo le pre­gunté sí era franco con su familia respecto a eso, y él contes­tó: «Todavía no. Estoy trabajando para llegar a ese grado de autoestima paso a paso. Tan pronto como me sienta lo sufi­cientemente fuerte para vestirme como quiero, entonces tra­bajaré para adquirir la suficiente fuerza para ser quien quie­ro ser.»

Ser quien uno quiere ser capta la importancia de la cuarta fase: la evolución.

 

Cuarta fase: Evolución

Esta última fase en el desarrollo de la propia estima es in­terior. Las personas capaces de mantener sus principios, su dignidad y su fe sin comprometer ninguna energía del espí­ritu son personas evolucionadas interiormente, como Gandhi, la Madre Teresa y Nelson Mándela. Evidentemente, el mundo está lleno de personas mucho menos famosas que han logrado este grado de autoestima, pero el espíritu de estas tres personas se hizo cargo de su entorno físico, y ese entor­no cambió para dar cabida al poder de su espíritu.

Estas tres personas, por cierto, fueron consideradas narcisistas durante alguna fase de su desarrollo. A la Madre Te­resa, por ejemplo, en su primera época casi la obligaron a de­jar dos comunidades religiosas, debido a que su visión del servicio a los pobres era mucho más intensa de lo que podían soportar sus hermanas. Durante ese tiempo se la considera­ba ensimismada y narcisista. Tuvo que pasar por un período de profunda reflexión espiritual, y cuando llegó el momen­to oportuno, actuó según le indicaba su guía intuitiva. Al igual que Gandhi y Mándela, entró en una fase de evolución en la cual la personalidad se convirtió en persona: fuerza arquetípica que podría inspirar y estimular a millones de per­sonas. Cuando el espíritu toma el mando, el mundo también se rinde ante su fuerza.

 

Los desafíos del viaje

Desarrollar la comprensión, la independencia y el res­peto propios no resulta sencillo, aun cuando el viaje sólo conste de cuatro fases o etapas. El tercer chakra rebosa de energía: las energías de las ambiciones personales, el sentido de la responsabilidad y el respeto por nuestras fuerzas y de­bilidades, y también las energías de los miedos y secretos que aún no nos atrevemos a encarar. Dado que solemos estar des­garrados por conflictos personales, nos produce una gran turbación encontrarnos con el desafío espiritual de "vaciar­nos para poder llenarnos*, morir de cara a los viejos hábitos e imágenes propios para renacer. Sin embargo, el camino del desarrollo de la independencia y madurez es mucho más que un acto psicológico de salud. Convertirse en experto del pro-ceso interior del conocimiento propio y de la visión simbólica es una tarea espiritual fundamental que lleva al creci­miento de la fe en uno mismo.

Me encanta la historia de Chuck porque capta la esencia espiritual del Respétate a. ti mismo. Chuck procedía de una familia muy tradicional de la Europa del Este. La influencia de su familia era fuerte en todos los aspectos, actitudes so­ciales y valores religiosos. Chuck era el raro de la familia: no le gustaban los deportes ni las fiestas con cerveza y se sentía atraído por ideas y amistades liberales. Cuando estaba en se­gunda enseñanza ya llevaba una doble vida, manteniendo fuera del ámbito familiar sus intereses y amigos. Al acabar los estudios secundarios ya sabía que era homosexual, lo que intensificó su necesidad de esa doble vida, pues sabía que su familia sería incapaz de aceptar su homosexualidad. Dejó su casa para viajar al extranjero y enseñar en otras culturas; dominaba varios idiomas.

Cuando finalmente se estableció de nuevo en su ciudad, había recibido varias condecoraciones académicas, pero esta­ba deprimido. Cuando lo conocí era evidente que necesitaba dejar sus viajes externos y aventurarse dentro de sí mismo. Hablamos de su vida desde el punto de vista simbólico, reco­nociendo que el verdadero motivo para vivir fuera había sido que se sentía incómodo por ser el raro de la familia. Deseaba angustiosamente ser aceptado por su familia, pero sabía que aún le hacía falta aceptarse él a sí mismo. Todavía no podía vi­vir francamente como gay, y eso le preocupaba. «No creo que haya aceptado ser gay, cuando las únicas personas que co­nozco son mis amigos gay. Mi mayor temor, si exploro mis sentimientos, es descubrir que el problema de fondo es que no puedo aceptarme verdaderamente. ¿Qué puedo hacer?»

Chuck se dedicaba a estudios de misticismo y era fiel a una práctica espiritual que consistía en oración, meditación y culto en la iglesia. Le sugerí que hiciera un peregrinaje a los lugares espirituales sobre los que tanto le gustaba leer, y que dirigiera su intención espiritual hacia la aceptación de sí mis­mo. Me citó la frase de un amigo que le había dicho: «El pe­regrinaje es misticismo extrovertido, al igual que el misticis­mo es un peregrinaje introvertido.»

Al verano siguiente emprendió un viaje por Europa para visitar Fátima, Lourdes y varios lugares más que para é! re­presentaban lo sagrado. En cada lugar realizó una ceremonia espiritual, en la cual se liberaba de una parte de su pasado y pedía capacidad para aceptarse totalmente. Cuando volvió a casa había cambiado. Estaba libre y «vivo», del modo en que hemos de estarlo todos. Se había desprendido de su sombra y parecía irradiar luz. Una de las primeras cosas que hizo fue reunir a sus familiares y decirles que era homosexual. Estaba preparado para una reacción negativa, pero con gran alegría por su parte, ellos lo aceptaron. El viaje espiritual le había per­mitido conquistar la independencia de su pasado y de sus te­mores por el mañana, y una profunda fe en sí mismo.

Todos estamos en una especie de peregrinaje, aunque evi­dentemente no es necesario viajar a lugares sagrados físicos ni realizar ceremonias para liberar el pasado. Lo que sí es ne­cesario, sin embargo, es viajar espiritualmente y despren­dernos de los miedos que nos impiden reconocer la belleza de nuestra vida, y llegar a un lugar de curación y autoaceptacíón. Podemos hacer diariamente ese viaje en la intimidad de nuestras oraciones y meditación.

La difunta poetisa Dorothy Parker comentó una vez: «Detesto escribir. Me encanta haber escrito.» Lo mismo po­dría decirse del desarrollo del poder personal: una vez que hemos llegado es como el cielo, pero el viaje para llegar allí es largo y arduo. La vida nos lleva implacablemente a com­prender la importancia de las palabras de Polonío en Hamlet: «Sé sincero contigo mismo.» Porque sin poder personal la vida es una experiencia terrible y dolorosa.

Trabajar con la intuición no nos permite evitar el desa­fío de encarar nuestros miedos. No hay ningún atajo para convertirse en una persona sana y completa, y desde luego las capacidades intuitivas no son la respuesta, sino sencilla­mente la consecuencia natural de tener autoestima.

Biológicamente estamos hechos para aprender esta en­señanza: el cuerpo prospera cuando el espíritu prospera. El tercer chakra encarna la verdad sagrada Respétate a ti mis­mo, verdad respaldada por el sentido simbólico de las sefirot de Nétzaj y Hod y por el sacramento de la confirmación. Cuando adquirimos la fuerza y el vigor que proporciona vi­vir con autoestima, nuestras capacidades intuitivas emergen naturalmente.

 

Preguntas para autoexaminarse

1.  ¿Se gusta? En caso negativo, ¿qué no le gusta de usted y por qué? ¿Trabaja activamente para cambiar las cosas que no le gustan de usted?

2.  ¿Es una persona sincera? ¿Tergiversa a veces ía verdad? Si lo hace, ¿por qué?

3.  ¿Critica a otras personas? ¿Necesita culpar a otros para protegerse?

4.  ¿Es capaz de reconocerlo cuando no tiene razón? ¿Se muestra receptivo a lo que le dicen sobre usted otras per­sonas?

5.  ¿Necesita la aprobación de los demás? Si es así, ¿por qué?

 

 6.  ¿Se considera fuerte o débil? ¿Tiene miedo de cuidar de sí mismo?

7.  ¿Se ha permitido estar con una persona a la que no ama­ba porque eso le parecía mejor que estar solo?

8.  ¿Se respeta? ¿Es capaz de decidir hacer cambios en su estilo de vida y atenerse al compromiso?

9. ¿Tiene miedo a la responsabilidad, o se siente responsa­ble de todos y de todo?

10. ¿Piensa continuamente que ojalá su vida fuera diferen­te? Si es así, ¿está haciendo algo para cambiarla o se ha resignado a la situación?

 

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