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SEGUNDA PARTE: SIETE VERDADES SAGRADAS

Primer chakra: El poder tribal

"Anatomía del espíritu"

Caroline Myss

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE
LAS SIETE VERDADES SAGRADAS

Mi comprensión del sistema de los chakras se ha desa­rrollado en mi trabajo como intuitiva médica.* Hablar de mi trabajo con las personas que lean este libro es como llevar­las al interior de mi mente y laboratorio. En cuanto a usted, coja de aquí solamente lo que a su corazón y a su espíritu les parezca correcto y deje lo demás.

 

 

En la segunda parte hablo de cada chakra por separado con el fin de que usted se familiarice con sus características, significado y contenido específicos. Sin embargo, cuando analizo una enfermedad desde el punto de vista de la medi­cina energética, también evalúo al paciente completo, inclu­yendo sus síntomas físicos y hábitos mentales, sus relacio­nes y alimentación, su práctica espiritual y su profesión o trabajo. Tenga presente esta misma regla cuando estudie el sistema energético humano. Independientemente de la zona del cuerpo donde esté localizada una enfermedad, una evaluación completa de la energía ha de incluir los siete chakras, como también todos los aspectos de la vida del paciente.

A medida que lea la información sobre los chakras, irá viendo que los problemas que involucran a los chakras pri­mero, segundo y tercero son aquellos en los que la mayoría de las personas gastan su energía. No es una coincidencia que ­la mayoría de las enfermedades sean consecuencia de una fu­ga de energía a través de esos tres chakras. Incluso cuando una enfermedad se desarrolla en la parte superior del cuer­po, como en los casos de afecciones cardíacas o cáncer de ma­ma, normalmente su origen energético se encuentra en el es­trés causado por problemas de los tres chakras inferiores, por ejemplo problemas en el matrimonio o la pareja, la familia o el trabajo. Emociones como la furia y la rabia nos golpean físicamente bajo la cintura, mientras que una tristeza no ex­presada guarda relación con enfermedades situadas por en­cima de la cintura. Por ejemplo, la principal emoción que se oculta tras los quistes o bultos en los pechos, o el cáncer de mama, es la pena, la aflicción y los asuntos emocionales in­conclusos relacionados por lo general con el dar y recibir nu­trición y cariño. Sin embargo, esta nutrición y cariño tam­bién tienen que ver con la salud de las relaciones, y éstas son principalmente asunto de los chakras primero y segundo.

 

Anatomía de la energía

CHAKRA

ÓRGANOS

MANIFESTAC1ONES MENTALES Y/O EMOCIONALES

DISFUNCIONES FÍSICAS

1

Soporte físico del cuerpo
Base de la columna
Piernas, huesos
Pies
Recto
Sistema inmunitario

Seguridad física en la familia o grupo  Capacidad de proveer a las
necesidades de la vida
Capacidad de hacerse valer y defenderse Sentirse a gusto en casa
Ley y orden social y familiar

Dolor crónico de la parte baja de la espalda
Ciática Varices
Tumor o cáncer rectal
Depresión Trastornos relacionados con la inmunidad

2

Órganos sexuales
Intestino grueso
Vértebras inferiores
Pelvis Apéndice Vejiga
Zona de las caderas

Acusación y culpabilidad
Dinero y sexualidad
Poder y dominio
Creatividad
Ética y honor en las relaciones

Dolor crónico de la parte baja de la espalda Ciática Trastornos tocológicos
o ginecológicos Dolor pélvico o en la parte baja de la espalda Potencia sexual Problemas urinarios

3

Abdomen Estómago
Intestino delgado
Hígado, vesícula biliar
Riñones, páncreas
Glándulas suprarrenales Bazo
Parte central de la columna

Confianza Miedo e intimidación
Estima y respeto propios,
confianza y seguridad
en sí mismo Cuidado de sí mismo y de los demás Responsabilidad para tomar
decisiones
Sensibilidad a la crítica Honor personal

Artritis                                      
Ulceras gástricas o duodenales
Afecciones de colon e intestinos
pancreatitis/diabetes
Indigestión crónica o aguda
Anorexia o bulimia
Disfunción hepática
Hepatitis
Disfunción suprarrenal

4

Corazón y sistema circulatorio
Pulmones
Hombros y brazos
Costillas/pechos
Diafragma Timo

Amor y odio
Resentimiento y amargura Aflicción y rabia Egocentrismo Soledad y compromiso Perdón, y compasión Esperanza y confianza

Fallo cardíaco congestivo Infarto de miocardio (ataque
al corazón) Prolapso de la válvula mitral Cardiomegalia Asma/alergia Cáncer de pulmón Neumonía bronquial Parte superior de la espalda, hombros .Cáncer de mama

5

Garganta
Tiroides Tráquea
Vértebras cervicales
Boca Dientes y encías
Esófago Para tiroides
Hipotálamo

Elección y fuerza de voluntad
Expresión personal
Seguir los propios sueños
Uso del poder personal para crear Adicción Juicio y crítica Fe y conocimiento
Capacidad para tomar decisiones

Ronquera. Irritación crónica de garganta Ulceras bucales .Afecciones en las encías .Afecciones temporomaxilares Escoliosis Laringitis Inflamación de ganglios .Trastornos tiroideos

6

Cerebro Sistema nervioso Ojos, oídos Nariz
Glándula pineal Glándula pituitaria

Auto evaluación, Verdad
Capacidades intelectuales Sensación de capacidad Receptividad a las ideas de otras personas Capacidad para aprender de las experiencias Inteligencia emocional

Tumor cerebral/derrame/embolia
Trastornos neurológicos Ceguera/sordera Trastornos en toda la columna Problemas de aprendizaje Ataques epilépticos

7

Sistema muscular Sistema esquelético Piel

Capacidad de confiar en la vida
Valores, ética y valentía
Humanitarismo Generosidad
Visión global de las situaciones
Fe e inspiración Espiritualidad y devoción

Trastornos energéticos Depresión mística Agotamiento crónico no relacionado con Sensibilidad extrema a la luz,
al sonido y a cualquier otro
factor ambiental

Así pues, han de evaluarse varios chakras, si no todos, para comprender por qué enferma una persona. Si bien las ener­gías que circulan por nuestro organismo son muchas y complejas, el primer chakra es con mucho el más complejo, pues­to que es el centro energético inicial o raíz del cuerpo.

Tenga en cuenta que los trastornos y enfermedades enumerados anteriormente han de entenderse del modo siguiente: los extremos negativos de cualquier problema emo­cional de la lista pueden tener una gran influencia en el de­sarrollo de cualquiera de las disfunciones anotadas en la des­cripción del chakra correspondiente.

1
Primer chakra: El poder tribal

El contenido energético del primer chakra es el poder tri­bal. La palabra «tribu» no sólo es sinónimo de familia, sino que es también un arquetipo, y como tal tiene connotacio­nes que trascienden su definición más tradicional.

En su sentido arquetípico, la palabra connota identidad de grupo, fuerza grupal, fuerza de voluntad grupal y creen­cias de grupo. Todos esos significados constituyen el conte­nido energético de nuestro primer chakra.

El primer chakra nos conecta y afirma; es nuestra cone­xión con las creencias familiares tradicionales, que favorecen la formación de la identidad y la sensación de pertenecer a un grupo de personas de un lugar geográfico determinado.

Para conectar con la energía del primer chakra, centre la atención durante un momento en algo tribal que le active una reacción emocional, por ejemplo:

  • escuchar el himno nacional,
  • presenciar un espectáculo militar,
  • ver a un atleta cuando recibe una medalla de oro en los Jue­gos Olímpicos,
  • asistir a la boda de una persona querida,
  • enterarse de que a un niño o una niña le han puesto su nombre.

Mientras centra la atención en la experiencia que elija, tenga presente que la zona del cuerpo donde se genera la re­acción es su chakra tribal.

Ubicación: La base de la columna (en el cóccix).

Conexión energética con el cuerpo físico: La columna, el recto, las piernas, los huesos, los pies y el sistema inmunitario.

Conexión energética con el cuerpo emocional/mental: El primer chakra es el cimiento de la salud emocional y mental. La estabilidad emocional y psíquica se origina en la unidad familiar y el primer entorno social. Diversas enfermedades mentales se generan a causa de disfunciones familiares, en­tre ellas las personalidades múltiples, el trastorno obsesivo-compulsivo, la depresión y los comportamientos destructi­vos como el alcoholismo.

Conexión simbólica/perceptiva: La energía del primer chakra se manifiesta en nuestra necesidad de lógica, orden y estructura. Esta energía nos orienta en el tiempo y el espacio y orienta nuestros cinco sentidos. Cuando somos niños per­cibimos y conocemos el mundo físico a través de los cinco sentidos. La energía del primer cbakra tiene dificultades pa­ra interpretar simbólicamente la vida, de modo que nuestros cinco sentidos nos dan percepciones literales y nos hacen apreciar las cosas por su valor aparente o facial. Hasta que no somos mayores no somos capaces de buscarle un sentido simbólico a los acontecimientos y las relaciones.

Conexión sefirot/sacramento: La sefirá de Shejíná, que literalmente signifícala comunidad mística de Israel, simbo­liza la comunidad espiritual de toda la humanidad y el espí­ritu femenino de la tierra llamado Gaia. El sentido simbóli­co del sacramento del bautismo es honrar a la propia familia biológica como sagrada y divinamente elegida para ser la tri­bu apropiada a partir de la cual comenzar el viaje de la vida.

Miedos principales: Miedo de no sobrevivir físicamente, de ser abandonado por el grupo y a la pérdida del orden físico.

Fuerzas principales: La identidad tribal/familiar, el vínculo que nos une a la tribu y su código de honor; el apoyo y la lealtad que dan la sensación de seguridad y conexión con el mundo físico.

Verdad sagrada: La verdad sagrada inherente al primer chakra es que Todos somos uno. Aprendemos esta verdad y ex­ploramos su poder creador mediante las experiencias conec­tadas con la dinámica tribal o de grupo. Esta verdad conlleva el mensaje de que estamos conectados con todo lo que vive y que cada opción que hacemos y cada creencia que tenemos in­fluye en la totalidad de la vida. El sentido simbólico de la sefirá de Shejiná es que todos formamos parte de una comuni­dad espiritual. Como parte del desarrollo espiritual y la salud biológica, esta verdad sagrada tiene su expresión física en el honor, la lealtad, la justicia, los lazos familiares y de grupo, la conexión y la afirmación, la necesidad de cimiento espiritual y la capacidad de utilizar el poder físico para sobrevivir.

Comenzamos a descubrir que Todos somos uno cuando empezamos la vida en el seno de una tribu o familia. Perte­necer a una tribu es una necesidad primordial, ya que de­pendemos totalmente de nuestra tribu para cubrir las nece­sidades básicas de supervivencia: alimento, techo y ropa. Como seres tribales, estamos diseñados energéticamente pa­ra vivir juntos, crear juntos, aprender juntos, estar juntos y necesitarnos mutuamente. Cada uno de nuestros ambientes tribales, desde la tribu biológica o las tribus que formamos con compañeros de trabajo, hasta nuestros lazos tribales con amigos, nos ofrecen los marcos físicos dentro de los cuales podemos explorar el poder creativo de esta verdad.

 

Cultura tribal

Nadie comienza su vida teniendo conciencia de ser un «individuo» y de poseer poder o fuerza de voluntad. Esa identidad viene mucho después y se desarrolla en fases que van de la infancia a toda la edad adulta. Comenzamos a vivir como partes de una tribu y nos conectamos con nuestra con­ciencia tribal y voluntad colectiva asimilando sus fuerzas, de­bilidades, creencias, supersticiones y temores.

Mediante las interacciones con la familia y otros grupos aprendemos el poder de compartir una creencia con otras personas. También nos enteramos de lo doloroso que es ser excluido de un grupo y de su energía. En el grupo aprende­mos el poder de compartir un código moral y ético que se transmite como legado de generación en generación. Este có­digo de conducta guía a los niños de la tribu durante sus años de desarrollo, proporcionándoles un sentido de dignidad y pertenencia.

Si las experiencias tribales nos interconectan energética­mente, también lo hacen las actitudes tribales, sean éstas per­cepciones complejas como «Todos somos hermanos y her­manas* o supersticiones como «El número 13 trae mala suerte».

El poder tribal, y todos los asuntos relacionados con él, está conectado energéticamente a la salud del sistema inmunitario, así como a las piernas, los huesos, los pies y el recto. En sentido simbólico, el sistema inmunitario hace por nues­tro cuerpo exactamente lo que hace el poder tribal por el gru­po: lo protege de influencias externas potencialmente dañi­nas. Las debilidades en los asuntos tribales personales activan energéticamente trastornos relacionados con el sistema inmunitario, los dolores crónicos y otros problemas del es­queleto.

Los retos tribales difíciles nos causan pérdidas de poder, principalmente en el primer chakra, y si entrañan un estrés extremo nos hacen propensos a enfermedades relacionadas con el sistema Inmunitario, desde el resfriado común al lu­pus.

El Chakra tribal representa nuestra conexión con expe­riencias de grupo tanto positivas como negativas. Las epidemias son una experiencia de grupo negativa, a la cual nos ha­cemos energéticamente propensos si los temores y actitudes personales de nuestro primer chakra son similares a los del "primer chakra» global cié la cultura. Las epidemias virales y de otro tipo son un reflejo tanto de los problemas sociales actuales de la tribu cultural como cíe la salud del «sistema inmunitario» de la tribu social. Es importante señalar este pun­to porque, a través de las actitudes de nuestro primer chakra, todos estamos conectados con nuestra cultura y sus acti­tudes.

Un ejemplo elocuente de la capacidad energética de la tribu social para manifestar una enfermedad es la epidemia de polio de los años treinta y cuarenta. En octubre de 1929 se desplomó la economía estadounidense y comenzó la Gran Depresión, que afectó a toda la nación. Para explicar cómo se sentía la gente, periodistas y políticos, empresarios y tra­bajadores, hombres y mujeres, todos se describían a sí mis­mos como si el desastre económico los hubiera dejado «li­siados».

A comienzos de los años treinta surgió una epidemia de polio, que representaba simbólicamente el espíritu lisiado de la nación como comunidad. Las personas que se sentían más lisiadas económicamente, ya fuera por la experiencia real o por el miedo de tenerla, fueron las más vulnerables al virus de la polio mielitis. Dado que los niños absorben la ener­gía de su tribu, los niños estadounidenses fueron tan vulnera­bles a la enfermedad viral como al malestar económico. Todos somos uno: cuando toda una tribu se contagia del miedo, esa energía se propaga a sus hijos.

Esta sensación de estar lisiados se tejió tan rápidamente en la psique tribal que los votantes incluso eligieron a un pre­sidente lisiado por la poliomielitis, Franklin D. Roosevelt, símbolo viviente a la vez de debilidad física y de indómita re­sistencia. Fue necesario un acontecimiento tribal físico y una experiencia de fuerza física, la Segunda Guerra Mundial, para sanar el espíritu tribal estadounidense. La sensación de he­roísmo y unidad tribal, respaldada por el repentino aumen­to de puestos de trabajo, restableció el orgullo y el honor de cada miembro de la tribu.

Al final de la guerra, la nación estadounidense ya había vuelto a asumir el liderazgo mundial. De hecho, Estados Uni­dos se convirtió en e! líder del mundo libre porque produjo armas nucleares, posición que inyectó un enorme orgullo y poder en el chakra tribal de la cultura. También aquí, esta re­cuperación se reflejó en el lenguaje de los portavoces de la na­ción, que para describir su recién sanada cultura utilizaron la expresión «cié nuevo en pie» (económicamente). Ese cambio de conciencia, que reflejaba un espíritu tribal sanado, permi­tió derrotar el virus de la polio. El espíritu y la actitud de la tribu fue en última instancia más fuerte que el virus. No es una coincidencia que Joñas Salk descubriera la vacuna para la poliomielitis a comienzos líe los años cincuenta.

Un ejemplo más contemporáneo de esta misma dinámi­ca es el virus del sida. En Estados Unidos este virus predo­mina más entre los consumidores de drogas, las prostitutas y la población gay. En otros países, como Rusia y algunos africanos, el virus medra entre las personas cuya calidad de vida escasamente les permite sobrevivir. En algunas regiones de Latinoamérica el virus medra entre mujeres de clase me­dia cuyos maridos, aunque no son homosexuales, mantienen relaciones con otros hombres a modo de ejercicio «machista». Al margen de cómo contraen el virus, todas estas perso­nas comparten la sensación común de ser víctimas de su cul­tura tribal.

Si bien todo el mundo ha sido víctima de algo o alguien, esta conciencia de víctima refleja un sentimiento de impo­tencia dentro de la cultura tribal, ya sea debido a una prefe­rencia sexual, o a la falta de dinero o de posición social. Esas mujeres seropositivas latinoamericanas creen que carecen de los medios para protegerse, incluso las que están casadas con hombres ricos no pueden enfrentarse a sus maridos por su comportamiento porque su cultura aún no valora la voz fe­menina. Contemplado simbólicamente, el virus del sida apa­reció en la cultura estadounidense precisamente cuando se generalizó la tendencia a la victimización. La energía cultu­ral de nuestro país se está agotando debido a la necesidad que tienen algunos de sentirse poderosos a expensas de otras per­sonas, consideradas menos valiosas, lo que produce trastor­nos en la inmunidad biológica.

Mantener la salud de nuestro primer chakra individual exige tratar nuestros problemas tribales personales. Si nos sentimos víctimas de la sociedad, por ejemplo, deberíamos tratar esa percepción negativa para que no cause fugas de energía. Podemos, por ejemplo, buscar ayuda terapéutica, especializarnos en un trabajo, buscar una visión más simbó­lica de nuestra situación o participar activamente en la polí­tica para cambiar las actitudes de la sociedad. Alimentar la amargura hacia la tribu cultural embrolla nuestra energía en un constante conflicto interior que impide el acceso al po­der sanador de la verdad sagrada Todos somos uno.

Nuestras respectivas tribus nos introducen en la vida «del mundo». Nos enseñan que el mundo es seguro o peli­groso, abundante o plagado de pobreza, educado o igno­rante, un lugar del cual coger o al cual dar. Y nos transmiten sus percepciones sobre la naturaleza de la realidad; por ejem­plo, que esta vida es sólo una de muchas o que esta vida es lo único que existe. De nuestras tribus heredamos sus actitu­des hacia otras religiones, etnias y grupos raciales. Nuestras tribus «activan» nuestros procesos de pensamiento.

Todos hemos oído generalizaciones del estilo «Todos los alemanes son muy organizados», «Todos los irlandeses son unos narradores estupendos», etc. A todos se nos han dado explicaciones sobre Dios y el mundo invisible, y sobre la re­lación de éste con nosotros, como por ejemplo en las frases: «No le desees el mal a nadie porque se volverá en tu contra».

«Nunca te rías de nadie porque Dios puede castigarte» y otras similares. También asimilamos numerosas ideas relati­vas a los sexos, como: «Los hombres son más inteligentes que las mujeres", «A todos los niños les gustan los juegos de­portivos y a todas las niñas les gusta jugar con muñecas», etc.

Las creencias tribales que heredamos son una combina­ción de verdad y ficción. Muchas de ellas tienen un valor eterno, como «Está prohibido matar». Otras, que carecen de esa cualidad de verdad eterna y son de miras más estrechas, tienen por finalidad mantener a las tribus separadas entre ellas, violando la verdad sagrada Todos somos uno. El proce­so de desarrollo espiritual nos presenta el desafío de retener las influencias tribales positivas y descartar las que no lo son.

 

 

Nuestro poder espiritual aumenta cuando somos capaces de ver más allá de las contradicciones contenidas en las ense­ñanzas tribales y aspirar a un grado de verdad más profundo. Cada vez que damos un giro hacia la conciencia simbólica influimos positivamente en nuestros sistemas energético y biológico, y contribuimos a aumentar la energía positiva del cuerpo colectivo de la vida, la tribu mundial. Imagínese este proceso de maduración espiritual como una «homeopatía es­piritual».

 

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