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Segundo chakra:


El poder de las relaciones

El poder de elección

Elección y relaciones

El desafío de administrar la energía creativa

"Anatomía del Espíritu"

Caroline Myss

 

 

Segundo chakra:
El poder de las relaciones

El segundo chakra es el chakra de las relaciones. Su ener­gía comienza a vibrar y a hacerse notar alrededor de los sie­te años. A esa edad los niños comienzan a relacionarse con otros niños y adultos con más independencia de sus padres y fuera del entorno hogareño. Por medio de estas primeras interacciones comienzan a individualizarse, a entablar rela­ciones y a explorar su poder de elección. Con el segundo cha­kra, la energía pasa de obedecer a la autoridad tribal a des­cubrir otras relaciones que satisfacen necesidades físicas personales. Pese a ser un chakra inferior cuya energía nos im­pulsa a relacionarnos con fuerzas externas, el segundo cha­kra es una fuerza potente.

 

 

Ubicación: Parte inferior del abdomen hasta la zona del ombligo.

Conexión energética con el cuerpo físico: Órganos se­xuales, intestino grueso, vértebras inferiores, pelvis, zona de las caderas, apéndice y vejiga.

Conexión energética con el cuerpo emocional/mental: Es­te chakra se hace eco de la necesidad de relacionarnos con otras personas y de la necesidad de dominar hasta cierto pun­to la dinámica de nuestro entorno físico. Todo aquello a lo que nos adherimos para mantener el dominio sobre nuestra vida externa, como la autoridad, otras personas o el dinero, está ligado, mediante el segundo chakra, a nuestro campo energético y cuerpo físico. Las enfermedades que se origi­nan en este centro de energía son activadas por el miedo a perder ese dominio. El cáncer de próstata y de ovario, el do­lor crónico en la parte baja de la espalda y las caderas y la ar­tritis son algunos de los trastornos de salud más comunes. Los problemas durante la menopausia, corno los sofocos y la depresión, son disfunciones energéticas del segundo cha­kra. Los fibromas son consecuencia de la energía creativa del segundo chakra que no dio a luz y de la energía vital dirigi­da a trabajos o relaciones sin futuro.

Conexión simbólica/perceptiva: La energía de este chakra nos capacita para generar un sentido de identidad personal y fronteras psíquicas protectoras. Mientras evaluamos cons­tantemente nuestra fuerza personal en relación con el mun­do externo y sus rostros físicamente seductores (relaciones sexuales, sustancias adictivas u otras personas), la energía del segundo chakra de un ego físico sano nos capacita para rela­cionarnos con ese mundo sin tener que negociar o «vender­nos»; es la energía de la autosuficiencia, el instinto de super­vivencia necesario para estar en este mundo.

Conexión sefirot/sacramento: El segundo chakra se co­rresponde con la sefirá de Yesod, que representa el falo, es decir, ¡a energía masculina de la procreación. Este chakra relacional también contiene la energía de la «alianza». Esta energía procreadora es a la vez biológica y espiritual: desea­mos engendrar hijos y también dar forma física a nuestra energía creativa, lo que es tan esencial para la salud física co­mo para la espiritual. El sacramento de la comunión se hace eco de la energía de este chakra y simboliza los lazos que es­tablecemos con las personas. El acto de «compartir el pan» simboliza muchos tipos de comuniones.

Miedos principales: Miedo a perder el dominio y a ser do­minado por otro, mediante el poder dominador de acontecimientos o trastornos como la adicción, la violación sexual, la traición, la impotencia, las pérdidas económicas, el abando­no por parte de un socio principal o colegas profesionales, etc. También, temor a perder el poder del cuerpo físico.

Fuerzas principales: La capacidad y la energía para so­brevivir por uno mismo económica y físicamente, defender­se y protegerse, que es el instinto de «luchar o huir»; la ca­pacidad de arriesgarse; la resistencia para recuperarse de una pérdida, sea de familiares, pareja, socios, propiedad, trabajo o dinero; el poder para rebelarse y restablecer una vida; y la capacidad y el talento para tomar decisiones personales y profesionales.

Verdad sagrada: La verdad sagrada inherente al segun­do chakra es Respetaos mutuamente. Esta verdad se aplica a nuestro modo de relacionarnos entre nosotros y con todas las formas de vida. Desde el punto de vista espiritual, to­das las relaciones que formamos, desde las más superficiales hasta las más íntimas, nos ayudan a hacernos más conscientes. Algunas relaciones son necesariamente dolorosas porque co­nocernos a nosotros mismos y encarar nuestras limitaciones no es algo que tendamos a hacer con mucho entusiasmo. Mu­chas veces necesitamos estar espiritualmente «equipados» para esos encuentros.

Las energías arquetípicas de !a sefirá de Yesod, el sacra­mento de la comunión y la energía física del segundo chakra simbolizan que las relaciones son fundamentalmente men­sajeros espirituales. Las personas con quienes nos relaciona­mos introducen en nuestra vida, y nosotros en las de ellas, revelaciones sobre nuestras fuerzas y debilidades. Desde las relaciones en el seno del hogar hasta las laborales, las de la comunidad y la actividad política, ninguna unión está exen­ta de valor espiritual; cada una contribuye a hacernos crecer como personas. Nos resulta más fácil ver el valor simbólico de nuestras relaciones cuando abandonamos la compulsión a juzgar qué y quién tiene valor y en su lugar nos concen-tramos en honrar a la persona y la tarea que tenemos entre manos.

La energía del segundo chakra entraña una dualidad. La energía unificada del primer chakra, representada por la mente tribal, se divide en polaridades en el segundo chakra. A esta división de fuerzas se le ha dado muchos nombres: yin/yang, amma/animus, masculino/femenino, sol/luna. Comprender el significado de esta dualidad de opuestos es la clave para trabajar con los temas del segundo chakra. Las energías de la sefirá de Yesod y el sacramento de la comu­nión se combinan con estas energías duales del segundo cha­kra para garantizar que nos «atraemos» las relaciones que contribuirán a que nos conozcamos a nosotros mismos. Ex­presiones muy conocidas, como «lo semejante atrae a lo se­mejante» y «cuando el discípulo está preparado aparece el maestro*, reconocen que hay una energía actuando -entre bastidores», que al parecer organiza cuándo y dónde cono­cemos a las personas, y siempre en el momento oportuno. El desafío espiritual del segundo chakra es aprender a relacio­narnos conscientemente con los demás, a formar uniones con personas que contribuyen a nuestro crecimiento y a dejar las que nos lo impiden.

La ciencia física reconoce la energía del segundo chakra como la ley de causa y efecto (por cada acción hay una reac­ción igual y opuesta) y la ley del magnetismo (los objetos con cargas contrarias se atraen). Aplicadas a las relaciones, estas leyes significan que generamos modalidades de energía que nos atraen personas que en cierto sentido son opuestas a no­sotros, personas que tienen algo que enseñarnos. Nada ocu­rre al azar; antes de entablar cualquier relación, le abrimos la puerta con la energía que estábamos generando. Esta reali­dad es la que hace tan delicioso el aprendizaje sobre el dua­lismo del segundo chakra; cuanto más conscientes nos hace­mos, más conscientemente podemos utilizar la energía del segundo chakra.

 

El poder de elección

La energía del segundo chakra nos sirve para evolucio­nar y trascender la energía colectiva de la tribu. La elección nace de los opuestos, y la dualidad de! segundo chakra nos impulsa a elegir en un mundo de opuestos, de modalidades de energía positiva y negativa. Cada elección que hacemos aporta una sutil corriente de nuestra energía al Universo, que es sensible a la influencia de la conciencia humana.

Administrar o manejar el poder de elección, con todas sus consecuencias creadoras y espirituales, es la esencia de la experiencia humana. Toda enseñanza espiritual tiene por fi­nalidad estimularnos a reconocer que el poder de elegir es la dinámica que convierte el espíritu en materia, la palabra en carne. La elección es el proceso mismo de la creación.

El hecho de que nuestras elecciones entretejan nuestro espíritu en los acontecimientos es el motivo de que las prin­cipales tradiciones espirituales se hayan formado en torno a una enseñanza esencial: elige sabiamente, porque cada elec­ción que haces es un acto creador de poder espiritual del cual eres responsable. Además, cualquier elección hecha a partir de la fe tiene todo el respaldo del poder del cielo, de ahí que «la fe del tamaño de un grano de mostaza puede mover una montaña», pero cualquier elección hecha a partir del miedo es una violación de la energía de la fe.

Sin embargo, la elección tiene un aspecto misterioso, porque jamás sabremos completamente el resultado total de ninguna elección que hagamos. Una enseñanza primordial del segundo chakra es la naturaleza paradójica de la elección. Lo que parece correcto puede resultar que estaba equivoca­do; lo que parece bueno puede acabar siendo malo. Justo cuando todo va sobre ruedas, el caos lo estropea todo.

Paradójicamente, si bien la energía del segundo chakra nos inclina a tratar de controlar nuestra vida, la enseñanza es que no podemos estar al mando. Somos seres físicos y energéticos, pero, dado que el mundo externo no se puede con­trolar, la tarea que tenemos por delante es dominar nuestras reacciones interiores al mundo externo, es decir, nuestros pensamientos y emociones.

En todo caso, todos batallamos en un ciclo aparente­mente interminable de decepciones en el cual tratamos de controlar nuestra vida. Buscamos sin cesar una elección fan­tástica que lo ponga todo en orden permanente, deteniendo el movimiento del cambio lo suficiente para establecer un control definitivo sobre todos y todo. ¿Es ésa la profesión ideal? ¿Es ése el cónyuge ideal? ¿Es ésa la ubicación geográ­fica ideal? Al buscar constantemente esa única elección co­rrecta, damos forma al miedo al ritmo cambiante que es la vida misma. Al buscar a esa sola persona o cosa externa que nos proporcione paz, estabilidad, amor y salud para siem­pre, dejamos de lado el poder más auténtico que está «detrás de nuestros ojos, no delante». La verdad contenida en la na­turaleza paradójica del dualismo es la siguiente: No es lo que elegimos lo que importa; el poder para influir en el resulta­do está en el motivo para hacer determinada elección.

El reto que nos presenta el segundo chakra es conocer qué nos motiva a elegir lo que elegimos. Conociendo nues­tros motivos conoceremos el contenido de nuestro espíritu. ¿Estamos llenos de miedo o llenos de fe? Cada elección que hacemos contiene la energía de la fe o la del miedo, y el re­sultado de toda decisión reflejará hasta cierto punto esa fe o ese miedo. Esta dinámica de la elección nos garantiza que no podemos huir de nosotros mismos ni de nuestras decisiones.

 

Elección y relaciones

La energía del segundo chakra es muy voluble, porque desea crear. También está vinculada a asuntos relativos a la supervivencia física, la relación sexual, el poder y el dinero, que son las monedas de las relaciones. Cuando nos lanzamos a hacernos un lugar en el mundo físico, nuestros conflictos interiores entre la fe y el miedo suelen quedar enterrados ba­jo problemas de supervivencia que dominan nuestros pen­samientos: ¿Soy capaz de ganarme la vida? ¿Soy capaz de en­contrar una pareja? ¿Soy capaz de cuidar de mí?

El lado oscuro de los temas del segundo chakra se com­pone de nuestros miedos predominantes: violación, traición, pérdida económica y pobreza, abandono, soledad, impo­tencia e incapacidad de cuidar de nosotros mismos. Cada uno de estos temores tiene el poder de dominarnos y de gober­nar nuestros actos toda la vida. En el lenguaje de las escritu­ras, estos miedos equivalen a «falsos dioses».

Para conocer nuestras motivaciones, es decir, descubrir nuestros «falsos dioses» personales, necesitamos las relacio­nes. Para entablar una relación hacemos uso de parte de nues­tra energía o poder personal. Una vez entablada, podríamos preguntarnos, muchas veces inconscientemente: ¿Esta rela­ción me quita poder o yo extraigo poder de ella? ¿Dónde acabo yo y dónde comienza la otra persona? ¿Cuál es mi po­der y cuál es el poder de la otra persona? ¿Me estoy com­prometiendo yo a cambio de seguridad, dinero o posición social? Si bien estas preguntas son sanas en esencia, en la ma­yoría de las relaciones comenzamos a pensar a partir de opuestos psíquicamente divisores e inductores de conflicto: yo o tú, mío o tuyo, bueno o malo, ganador o perdedor, co­rrecto o equivocado, rico o pobre.

En su sentido simbólico, estos conflictos representan la relación que mantienen la mayoría de las personas con Dios: mi poder o el Tuyo; ¿estás realmente conmigo en la Tierra o debo tratar de controlarlo todo yo? Y aun en el caso de que haya un poder divino actuando entre bastidores, ¿cómo sé qué elecciones hacer? Este conflicto primario de fe confor­ma todas y cada una de nuestras relaciones.

Paradójicamente, el desafío de manejar estas energías conflictivas es mantenerlas en la conciencia de la unicidad in­herente del Universo. Comenzamos este viaje explorando el conflicto en las relaciones: las relaciones generan conflicto, el conflicto genera elección, la elección genera movimiento y el movimiento genera conflicto. Rompemos este ciclo ha­ciendo elecciones que trascienden el dualismo y las divisio­nes que percibimos entre nosotros mismos y los demás, y entre nosotros y Dios. Mientras uno se concentre en tratar de dominar a otro, olvidando que ese otro es un espejo que refleja sus propias cualidades, mantendrá vivo el conflicto en su interior. Sin embargo, considerarnos mutuamente unidos en uniones simbólicas nos sirve para dar cabida a las dife­rencias. Éste es el sentido simbólico del sacramento de la co­munión.

 

El desafío de administrar la energía creativa

Las energías del segundo chakra necesitan crear vida, «mover la tierra», dejar una impresión o contribución en el continuo de la vida. A diferencia de la inspiración, que es cualidad del séptimo chakra, la energía creativa es esencial­mente física, terrenal, está conectada a la tierra. Es la sensa­ción de estar físicamente vivo. La energía del segundo cha­kra nos proporciona los instintos e intuiciones básicos para sobrevivir, como también el deseo de crear música, arte, po­esía y arquitectura, y la curiosidad para investigar la natura­leza en las ciencias y la medicina. La energía creativa nos atrae hacia un diálogo interior con las polaridades del yo, nuestras inclinaciones conflictivas, y nos impulsa a formar relaciones externas para resolver esas polaridades.

La energía creadora nos saca de las modalidades habi­tuales de comportamiento, pensamientos y relaciones. El há­bito es un infierno al que se aferran las personas con el fin de detener la corriente del cambio. Pero la energía creativa desafía la repetición del hábito. Estas dos fuerzas, la repetición y la creatividad, están reñidas entre sí dentro de la psique hu­mana y nos impulsan a dar un sentido personal y otra forma al caos de nuestro mundo.

La energía del segundo chakra es uno de los principales recursos para hacer frente a los acontecimientos cotidianos, ofreciendo soluciones creativas a los problemas mentales, fí­sicos y espirituales. La obstrucción de esa energía puede dar origen a problemas de impotencia, infertilidad, infecciones vaginales, endometriosis y depresión. También obstaculiza nuestra maduración espiritual, como si dijera: «Ya no quie­ro ver más, no quiero profundizar más, no quiero partici­par en el proceso de aprendizaje de la vida.» Si se le permite circular, la energía creativa actuará continuamente para dar otra forma a nuestra vida y revelarnos más sobre por qué las cosas ocurren como ocurren de lo que podríamos entender solos.

Una mujer llamada Kate vino a verme para que le hicie­ra una lectura después de que su marido muriera en un acci­dente de coche a los treinta y tantos años. Ella se quedó so­la para mantener a dos hijos, con opciones aparentemente mínimas para arreglárselas en la vida, ya que no tenía ningún tipo de educación formal ni habilidades. Me dijo que senci­llamente no le quedaba ni un ápice de energía para «conti­nuar viviendo».

Era evidente, para mí y para ella, que sufría una depre­sión. Durante la evaluación vi que tenía un quiste ovárico be­nigno, del cual ella aún no sabía nada. Hablamos de la im­portancia de dejar atrás el pasado y encontrar un motivo para continuar, pero eso a Kate le parecía abrumador. Le dije que fuera a ver a su médico para que le examinara el quiste, y tam­bién que hiciera alguna pequeña tarea que representase su in­tención de reconstruir su vida. Tenía que visualizar que esa tarea aportaba nueva energía a su vida. Que tuviera un quis­te en el ovario no era sorprendente, porque no sólo había perdido a su compañero sino también una forma de vida, y se encontraba ante el problema de su capacidad para sobre­vivir física y económicamente. La supervivencia es un tema importante del segundo chakra.

La tarea que eligió para simbolizar su nuevo comienzo fue plantar flores, que representarían una nueva vida. Cada vez que plantaba una flor, decía: «Éste es un nuevo comien­zo para mí y para mis hijos.» Día a día fue trabajando más conscientemente en atraer energía al presente. No se permi­tía pensar demasiado en la vida que había llevado con su ma­ndo. También fue al médico para que la examinara. El mé­dico le confirmó que tenía un quiste benigno en el ovario. No estaba en peligro inmediato, le dijo, pero tenía que con­trolárselo periódicamente. Entonces ella añadió otra tarea a la de plantar flores. Cuando quitaba malas hierbas en el jar­dín, decía: «Me estoy quitando el quiste del cuerpo.»

Al cabo de seis semanas comenzó a tener ideas acerca de cómo obtener ingresos. Siempre había sido buena para las actividades domésticas, como cocinar y coser, pero jamás se le había ocurrido ganarse la vida con esas habilidades. En­tonces, un día la llamó una amiga para decirle que acababa de torcerse la muñeca y que tenía que coser todo el vestua­rio para una producción del teatro de la localidad; ¿podría encargarse ella de ese trabajo?

Kate aceptó, fue al teatro, recibió las instrucciones sobre los trajes y vestidos y volvió a casa con la tela y las medidas. Cuando miró los diseños comenzó a imaginar modificacio­nes y vio dónde podría hacer mejoras. Llamó a la persona encargada del vestuario y le sugirió algunas modificaciones, que fueron aceptadas. El vestuario fue un éxito. Poco des­pués empezó a recibir peticiones para que colaborara en otros proyectos teatrales y trabajos de diseño personal.

Finalmente Kate abrió su propio taller de diseños y tie­ne un próspero negocio. El quiste en el ovario se disolvió. Ha recomendado a muchas personas que cuando se sientan en un callejón sin salida y necesiten comenzar de nuevo, planten flores en un jardín mientras piensan: «Esto que plan­to es una idea creativa para mi vida.»

El caso de Kate ilustra cómo la energía creativa nos pue­de lanzar por caminos que jamás habíamos imaginado y au­mentar el poder de nuestras elecciones positivas. Una idea creativa tiene su propio campo energético y puede generar la participación sincrónica de las personas y circunstancias que se necesitan para llevar la idea adelante y pasar a la si­guiente fase de la vida. Simbólicamente, la historia de Kate también representa la presencia de las energías espirituales de la sefirá de Yesod, la necesidad de crear, y del sacramen­to de la comunión, la fuerza magnética que irradiamos y nos atrae ayuda cuando más la necesitamos.

Dado que la energía creativa es tan voluble y potente, uno de los mayores retos es utilizarla conscientemente. Lo hacemos con mucha frecuencia en la intimidad de nuestros pensamientos, pero también está presente en las conversa­ciones con los demás. Por ejemplo, podemos cambiar crea­tivamente los detalles de las historias que contamos para que se adapten a nuestros propósitos, o manipular a alguien pa­ra obtener lo que deseamos. Esos actos emplean de modo ne­gativo la energía. El chismorreo y la manipulación agotan el poder del segundo chakra.

Los actos y los pensamientos negativos tienen su origen en el miedo. El grado de autoridad que tiene en nuestro inte­rior, por ejemplo, el miedo a la traición de una persona, o a la violación dentro de una relación, o un abuso en asuntos eco­nómicos, determina el grado en que nos comportamos de mo­do negativo. La fe en algo, sea positivo o negativo, produce resultados. Poner la fe en el miedo da resultados destructivos, comenzando por la desintegración de nuestra capacidad de re­lacionarnos con confianza con el mundo externo.

Cuando estamos motivados por el temor, nos pueden se­ducir fácilmente los falsos dioses del sexo, el poder, el dinero y todo lo que ellos representan. Una vez seducidos, ce­demos nuestro dominio a la autoridad seductora: la relación personal disfuncional, la fuente externa de dinero o seguri­dad, la experiencia que se sigue recordando cuando hace mu­cho que debería haberse olvidado, o la adicción a las drogas o al alcohol. Hipnotizada por la voz del miedo, la persona es incapaz de pensar y actuar con claridad porque está conta­minada por temores que interrumpen la energía y las ideas creativas, que toman su energía del segundo chakra. Literal y simbólicamente el segundo chakra es el canal del naci­miento. Aunque las ideas recién nacidas tienen su propio campo energético y luchan por sobrevivir, como hacen los bebés recién nacidos, el miedo suele abortar una nueva idea. Algunas personas temen dar a sus ideas, o relaciones, el «es­pacio para respirar» que necesitan para prosperar. Es posi­ble, por ejemplo, que la persona se sienta amenazada cuan­do una idea suya llega al punto en que necesita el apoyo de la pericia ajena. O tal vez adopte una posición de propieta­ria de la idea, es decir, dado que ella «parió» la idea, ésta es suya y por lo tanto ella tiene que controlarlo todo y a todas las personas que se han adherido a la idea. Ambas reacciones suelen producir un «ahogo de energía», al igual que hace un progenitor o pareja controlador y temeroso.

Un hombre llamado John asistió a uno de mis semina­rios porque deseaba descubrir intuitivamente una nueva dirección para su profesión. Según contó, siempre se había esperado que estableciera so propia empresa de vídeos. Cuando se aproximaba su cuarenta cumpleaños, pensó que era cuestión de «ahora o nunca». Encontró dos socios y en­tre los tres pusieron en marcha lo que todos esperaban que fuera una empresa próspera. Juntos elaboraron un plan y em­pezaron a buscar inversores. Durante el período de planifi­cación o «período de soñar» del proyecto todo fue bien en­tre ellos. Disfrutaron poniendo en común sus energías y ambiciones y pensaron que estaban llamados al éxito, creencia que se hizo aún mayor cuando se aseguraron cinco in­versores diferentes.

Pero, inesperadamente, la inyección de capital los en­frentó entre sí. En lugar de catapultarlos hacia la siguiente fase creativa de desarrollo, el dinero cambió la actitud de John, que comenzó a hacer sutiles insinuaciones de que, en su mayor parte, las ideas eran fruto de su creatividad, y que por lo tanto él debía estar al mando de la siguiente fase de de­cisiones. La competición de John con sus socios descarriló el ímpetu creativo y al cabo de seis meses, ya gastada una buena parte de la inversión inicial, todavía no habían logra­do producir ningún vídeo. Los tres se vieron finalmente obli­gados a disolver la sociedad y declararse en bancarrota. John echaba la culpa del fracaso a sus socios, convencido de que envidiaban su talento.

Junto con la capacidad de crear del segundo chakra, es­tá también la capacidad de conflicto. Su verdad sagrada y te­ma, Respetaos mutuamente, contiene enorme poder espiri­tual y la solución para el manejo de su desafío espiritual. Cuando actuamos de acuerdo con esta verdad, hacemos aflo­rar lo mejor de nosotros mismos y de los demás. Simbólica­mente, las energías de la sefirá de Yesod y el sacramento de la comunión han de ser utilizadas para honrar a otro ser hu­mano, ya sea intuyendo las palabras adecuadas que hay que decir a alguien, o reconociendo la igual importancia que tie­ne en una unión. La creación es una forma de comunión que une las energías generadoras de vida de las personas en pos de un objetivo común. A la creatividad se la suele llamar tam­bién semillas o simientes, que es otra alusión metafórica a la energía fálica de la sefirá de Yesod.

John fue incapaz de reconocer el hecho de que sus socios también tenían talento, ideas creativas y ambición. En lugar de respetarlos y trabajar con ellos, se sintió amenazado. Cuando le hice una lectura en privado, con la esperanza de ayudarlo a comprender la fuente de su temor, recibí la impresión de que lo que más temía era la impotencia, y que re­lacionaba la impotencia sexual y la impotencia económica y creativa con la autoridad compartida. Al mismo tiempo le atraía la idea de crear con otras personas. Aunque era posi­ble resolver ese conflicto con terapia, él se resistió a la suge­rencia. Me dijo que, en su opinión, todo negocio debe tener un solo jefe y que su problema se resolvería si lograba en­contrar un grupo de personas con talento que entendieran eso. La terapia, dijo, no cambiaría su forma de pensar sobre la dinámica de llevar un negocio y, por lo tanto, no le servi­ría de nada. Le dije que mientras no estuviera motivado pa­ra poner en duda sus creencias continuaría dirigiendo em­presas que finalmente fracasarían. La verdad es que salió del seminario decidido a encontrar otro equipo al que dirigir.

Los abortos energéticos y físicos resultantes del miedo tienen consecuencias emocionales y con frecuencia también físicas. Las mujeres que se practican abortos porque sus ma­ridos las rechazan a ellas o al bebé, o porque les aterra ser in­capaces de ofrecer un hogar al bebé, podrían tener trastor­nos en el sistema reproductor, por ejemplo, miofibromas. Una vez me llamó Norm Sbealy para consultarme sobre una paciente que sufría de una grave hemorragia vaginal sin cau­sa física conocida. Cuando le evalué la energía, vi que había tenido dos abortos, ninguno de ellos deseado por ella. Le pregunté a Norm si ella le había dicho algo sobre sus dos abortos. Norm le preguntó acerca de sus sentimientos hacia esos abortos, de los que no había hablado durante el examen médico. La mujer se desmoronó emocionalmente y sacó fue­ra toda la aflicción y el sentimiento de culpa que habían pe­sado sobre ella durante años. Esos traumas eran la causa energética de la hemorragia.

Las mujeres que he conocido que se han practicado abor­tos por decisión propia han dicho que no se sienten trauma­tizadas por la experiencia. Pensar que no era el momento adecuado para ser madres y el hecho de saber que tenían de-recho a tomar esa decisión tuvo un papel importante en su capacidad para vivir tranquilas respecto a su elección. Una mujer me contó que antes de practicarse el aborto realizó una ceremonia en la cual envió un mensaje al espíritu del bebé que llevaba. Le comunicó que no podía proporcionarle un ambiente estable. Estaba convencida de que el mensaje fue recibido porque después del aborto tuvo un sueño, en el cual se encontró con un espíritu que le dijo: «Todo está bien.»

Los abortos de energía ocurren con mucha mayor fre­cuencia que los abortos físicos, y son experiencias de hom­bres y mujeres. Así como el aborto de un feto puede dejar enormes cicatrices emocionales y físicas, también los abor­tos de energía dejan su marca. Tanto en hombres como en mujeres, los abortos de energía son causa de problemas físi­cos, entre ellos la infertilidad. Muchas profesionales que es­tán excesivamente dedicadas a sus profesiones tienen difi­cultades para quedar embarazadas. Algunos hombres en la misma situación también experimentan problemas de prós­tata y dificultades con su potencia sexual.

 

 

Un hombre recordaba que había invertido gran cantidad de tiempo, energía y dinero en planear una nueva empresa. Dado que no tenía suficiente dinero para ponerla en marcha solo, buscó el respaldo financiero de algunos conocidos. Basándose en la fuerza del respaldo prometido, se puso a hacer planes. Después de varios meses de pulir los detalles, fue a ver a sus socios para obtener el dinero que le habían prometido. Todos se echaron atrás. Su creación nunca vio la luz y él se sintió profundamente dolido. Según sus palabras, no pudo «parir» la idea. Durante años llevó en su cuerpo la «muerte» de su plan, como un aborto. Finalmente desarrolló un tumor maligno en el colon, que le causó la muerte años después. Su necesidad de dar a luz vida, que es igual en la psique mascu­lina y femenina, lo hizo sufrir ese aborto de energía.

Otro hombre me contó que una vez su esposa se prac­ticó un aborto sin que él lo supiera, porque pensaba que la decisión era sólo de ella. Cuando él se enteró, llevó en su or­ganismo la energía de rabia y culpa de ese aborto. A conse­cuencia de ello se quedó impotente: su cuerpo se negó a vol­ver a producir vida.

 

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