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La conciencia y su conexión con la curación
La conciencia y la muerte
Desarrollo de la mente impersonal y la visión simbólica
Tomar conciencia
Preguntas para autoexaminarse

"Anatomía del Espíritu"

Caroline Myss

 

 

Scott y Helen Nearing

Scott y Helen Nearing son conocidos por sus aporta­ciones al movimiento medioambiental y por promover un estilo de vida autosuficiente. En su juventud fueron consi­derados rebeldes por su modo de vivir «de vuelta a la tierra», cosa inaudita en los años treinta, cuando formaron equipo. Construyeron su casa a mano y vivían de las frutas y verdu­ras que cultivaban ellos mismos. Durante más de setenta años vivieron en armonía con la tierra, y Helen continuó ese es­tilo de vida hasta hace muy poco; murió en 1995 a los no­venta y un años. Ambos generaron un torrente de artículos y charlas destinados a lograr que las personas respetaran el medio ambiente y vivieran de forma autosuficiente; entre sus libros figura Limng tbe Good Life, en el que explican los be­neficios de un estilo de vida que exprese un constante apre­cio de la abundancia de la naturaleza. Sus ideales y concien­cia de que existe un ciclo superior de causa y efecto divinos continúan estimulando a innumerables personas en la actua­lidad. Scott murió a comienzos de la década de los ochenta, a los cien años. Tuve el privilegio de conocer a Helen cuan­do asistió a uno de mis seminarios, y me contó la decisión de morir que había tomado su marido. Hizo la elección cons­cientemente cuando se dio cuenta de que ya no era capaz de vivir de una manera que apoyara su crecimiento espiritual.

 

«Un día, Scott entró en casa con leña para el hogar; la dejó en el suelo y me anunció que le había llegado la hora de morir. Me dijo que lo sabía porque ya no era capaz de llevar a cabo sus tareas y cumplir con sus responsabilidades. Me dijo que había "sabido" muy dentro de sí mismo que era su hora de morir. Añadió que daría la bienvenida a la muerte no comiendo. Durante tres semanas estuve a su lado mientras él permanecía en la cama, sin comer. No le ofrecí comida ni traté de hacerle cambiar de opinión, porque comprendí la profundidad con que había hecho su elección.»

Scott Nearing murió a las tres semanas de haber decidi­do morir debido a su incapacidad para llevar una vida auto-suficiente, que era el tema de su vida de un siglo. «Yo quie­ro hacer lo mismo —comentó Helen— cuando me sienta incapaz de cuidar de mí misma. Morir no es algo que haya que temer. Simplemente, mío acoge el momento de mar­charse y coopera con él no comiendo. Lo único que haces es abandonar el cuerpo. No es tan terrible.»

Scott y Helen lograron un grado de conciencia y elec­ción personal que tal vez sea controvertido, pero es que toda su vida fue controvertida. El modo en que eligieron mo­rir desafía las profundas creencias tribales sobre entrome­terse en el proceso de la muerte, y también la creencia reli­giosa de que la hora de morir sólo está en manos de Dios. Esto podría muy bien ser cierto, pero, si somos capaces de reconocer que nos ha llegado la hora, ¿no somos libres para colaborar con ese conocimiento? Tal vez Scott, debido a sus esfuerzos por vivir casi impersonalmente, de acuerdo con ideales que sólo contenían verdad, había conquistado la ben­dición de que se le comunicara «interiormente» que le había llegado la hora. En lugar de desintegrarse a causa de una en­fermedad, colaboró con su intuición y se marchó de esta vi­da totalmente consciente hasta el último momento. ¿No es eso tomar conciencia? Morir conscientemente es sin duda una de las muchas bendiciones de haber vivido una vida cons­ciente. Mientras escribía estas páginas, en septiembre de 1995, murió Helen. Sufrió un ataque al corazón mientras conducía. Me había dicho que dejaría esta vida cuando hubiera termi­nado su siguiente libro. Cumplió su palabra.

Tememos tanto a la muerte que probablemente en nues­tra mente tribal ésta se halle dominada por la superstición. Scott y Helen deberían ser recordados por aumentar nues­tro conocimiento sobre la autosuficiencia, pero también por haber sido dos personas que tenían una fe total en la conti­nuación de la vida más allá de nuestra forma física.

 

Sogyal Rimpoché

Sogyal Rimpoché es un profesor famoso y el autor de El libro tibetano cíe la vida y de la muerte. Se ha ganado internacionalmente el apodo de «el Rimpoché risueño» porque su personalidad irradia sentido del humor.

Lo conocí en 1984 en su casa de París. Jamás había esta­do con é!, pero había leído muchísimo acerca de los maes­tros tibetanos y tenía muchos deseos de comprobar si todo lo que había leído era válido, por ejemplo, que muchos ma­estros tibetanos han trascendido las leyes normales del tiem­po y el espacio, y que algunos son capaces de levitar y de co­rrer a velocidades de hasta más de sesenta kilómetros por hora. También había leído que siempre que a un maestro tibetano se le pregunta sobre su «poder», él invariablemente "desvía» el interés por su persona hablando de algún otro maestro evolucionado.

Cuando iba de camino hacia la residencia de Sogyal, me pregunté qué comeríamos. Como no tenía ni la menor idea sobre las costumbres sociales tibetanas, me planteaba todo tipo de cosas ridículas, por ejemplo, si tendría que meditar durante horas antes de comer. Resultó que Sogyal encargó comida china, y nos la comimos directamente de los enva­ses, sentados en el suelo de su oficina.

Cuando me pareció que el ambiente era apropiado para hablar de cosas más serias, le pregunté:
— ¿Es verdad que puede levitar?
Él se echó a reír, histéricamente podría añadir, y después contestó:
—Ah, no, yo no, pero mi maestro sí podía.
— ¿Es verdad que gracias a sus prácticas meditativas es capaz de correr a velocidades no normales?
Esta pregunta le provocó otro ataque de risa y volvió a contestar:
—Ah, no, yo no, pero mi maestro sí.

Sus respuestas me confirmaron lo que había leído: que al ser entrevistado, un maestro tibetano desvía la atención que suscita su poder hacia el de otra persona. Entonces se me ocurrió que a lo mejor él me leía la mente y sabía exactamente lo que había leído y de dónde provenían mis preguntas. Fi­nalmente le dije:
—No tengo más preguntas. ¿Hay algo que quiera decir­me?
—Me gustaría contarle cómo murió mi maestro. Con­vocó a sus astrólogos y les dijo que le hicieran la carta astral, determinando el momento idóneo para que él retirara su espíritu de las energías de la tierra. Su espíritu era podero­sísimo y quería marcharse sin causar ningún tipo de con­secuencias energéticas. Es posible que usted no sepa estas cosas, pero cuando un espíritu cualquiera se va de la tierra influye en todo el campo energético. Y cuando se va un es­píritu muy poderoso, la influencia sobre la tierra es aún más fuerte.

«Así pues, sus astrólogos determinaron el día y la hora idóneos para su muerte física. Entonces él les dijo a sus alum­nos que ese día y a esa hora se marcharía. Y eso fue exacta­mente lo que hizo. Ese día meditó con sus alumnos, los ben­dijo, y después cerró los ojos y liberó a su espíritu de su cuerpo.

Le pregunté si su maestro había elegido morir porque es­taba enfermo.

La pregunta le produjo nuevamente un ataque de risa ca­si incontrolable.

— ¿Enfermo? ¿Y qué tiene que ver la enfermedad con eso? Al igual que nacemos en el momento idóneo para que nuestra energía entre en la tierra, también hay un momento idóneo para dejar la tierra. Mi maestro no estaba enfermo. Estaba completo. No tenemos por qué morir con dolor y en­fermedad. La mente consciente es capaz de liberar el espíri­tu del cuerpo sin tener que soportar el dolor del deterioro fí­sico. Esta elección la podemos hacer todos.

Sogyal definió el estado de dominio espiritual como la consecución de un grado de conciencia que «no conoce con­flictos con lo Divino», de modo que las elecciones de la per­sona son las mismas que las elecciones divinas. Su maestro, dijo, vivió en un estado de conciencia en el que ya no existía el dilema de la elección, es decir de creer que una elección es mejor que otra. Todas las elecciones eran las correctas, según explicó Sogyal, en el estado de perfección que había alcan­zado su maestro. Dijo que su maestro fue un ejemplo de mente iluminada, en su vida y en su muerte.

 

Desarrollo de la mente impersonal y la visión simbólica

Los Nearing y Sogyal Rimpoché han aprovechado el po­der de la mente impersonal. Pero explicar la conciencia so­bre el papel tiene sus limitaciones, debido a las cualidades inefables de la espiritualidad. Como dice el koan* zen: «Si se puede decir qué es, no es eso.»

Recuerdo claramente a la profesora que me introdujo en el pensamiento budista e hindú. Para el examen final, nos lle­vó a los cinco alumnos a pasar un fin de semana en un lugar de retiro y nos explicó las reglas: estaba prohibido hablar, y usar o mirar cualquier tipo de reloj. Durante la noche des­pertaba a un alumno, éste adoptaba una postura yóguica, y entonces ella le hacía preguntas: ¿Cómo habla un cristiano de la naturaleza de Dios? ¿Cómo habla un budista de la na­turaleza de la realidad? ¿Cuál es la verdad de la vida eterna? ¿Cuál es la finalidad de esta vida? Las preguntas eran pro­fundas e incisivas. Lo que evaluaba no era la calidad de las respuestas, sino nuestra adhesión a cualquier escuela de pen­samiento en particular. Si notaba que estábamos adheridos a una forma de verdad más que a otra, no habíamos aprendi­do la lección de su clase: toda verdad es la misma en el plano de la verdad propiamente dicha. Que la verdad se «acultura» es una ilusión. En su opinión, esto es la esencia de lo que significa tomar conciencia: buscar la verdad separada de su forma social o cultural. Cuando miro hacia atrás y pienso en su influencia en mí, creo que ella sentó las bases de mi capa­cidad para la visión simbólica.

¿Cómo podemos trabajar con la mente para agudizar nuestro sistema mental perceptivo y adquirir la habilidad de penetrarlas ilusiones? Como ocurre con todos los objetivos, es necesaria cierta disciplina para hacer un progreso apreciable. El caso siguiente representa la manera equivocada de emprender la tarea de tomar conciencia.

Oliver era un hombre de negocios muy próspero, pero había llegado a un momento de su vida en que deseaba ha­cer algo que tuviera más sentido. Trató de trabajar en diver­sos proyectos que representaban actividades sociales muy útiles, pero ninguno le pareció adecuado para él. Oró pi­diendo orientación respecto a qué hacer con su vida. Final­mente concertó una entrevista con un maestro espiritual de fama internacional. La visita fue de diez minutos, durante los cuales el maestro le dijo que su tarea consistía en «esperar y disponerse». Así pues, «esperó»; esperó en París, en Roma, en Oriente. Esperó en hoteles de primera categoría y be­biendo capuchinos en la Rivíera. Finalmente llegó a la con­clusión de que «esperar* era inútil. Volvió a revisar los pro­yectos y firmó cheques para respaldarlos. Pero su corazón continuó vacío. En mi opinión, el maestro espiritual le dio la única instrucción que no podía seguir comprando algo. Si hubiera sido capaz de «esperar» en el sentido espiritual, en­trar en su «interior» y aceptar los pasos que se le pedía dar, por humildes que fueran, habría comenzado a recibir su res­puesta.

En muchos sentidos, el desafío espiritual de «esperar» para transformarse en una persona diferente aporta más al mundo que financiar un nuevo hospital. Esto puede resultar difícil de entender. No estamos acostumbrados a valorar lo que no podemos ver, y no podemos ver el poder que emite una psique sana. Así, aquellas personas cuyo trabajo es «es­perar para hacerse» suelen considerarse inútiles.

Pero «esperar para hacerse» es el sentido simbólico de ser «llamado a ordenarse», es decir, permitir que lo Divino despierte esa parte del espíritu que contiene la esencia de lo que la persona es capaz de aportar a los demás y a sí misma. La mujer que después sería conocida con el nombre Peace Pilgrim (Peregrina de la Paz) representa este proceso espiri­tual de permitir que lo Divino abra una puerta.

Peace Pilgrim, que fue el único nombre que usó esta mu­jer durante los veinticinco últimos años de su vida, llevó una vida humilde y profundamente espiritual, durante la cual oró pidiendo que se le mostrara un camino de servicio. A los cin­cuenta y dos años escuchó a su guía interior, que le ordenó que caminara continuamente por el país en favor de la paz. Ésas fueron las instrucciones de su «ordenación». Así pues, sin llevar nada más que lo puesto, comenzó a caminar, y «ca­minaba hasta encontrar un lugar donde le dieran un sitio pa­ra descansar y comía lo que le ofrecieran». Su vida se convirtió en una afirmación del poder de confiar totalmente en que Dios proveerá nuestras necesidades.

Durante sus veinticinco años de peregrinaje, Peace Pilgrim influyó en la vida de centenares de miles de personas, a las que su increíble compenetración con la intervención di­vina producía un respeto reverencial. La oí contar dos his­torias que me conmovieron profundamente. Una vez iba por un camino rural y la temperatura bajó muy rápidamente. No iba preparada para ese repentino cambio ni estaba cerca de ningún lugar donde pudiera encontrar refugio, y hacía un frío intenso. Entonces oyó una voz que le decía: * Métete de­bajo del siguiente puente.» Siguió el consejo y bajo el puen­te encontró una caja lo bastante grande para meterse dentro. Dentro de la caja había una almohada y una manta. Cuando me contó esta historia, dio por sentado que yo entendería que esas cosas habían sido colocadas allí por Dios.

Comentó que durante su vida había pasado por ciclos de aprendizaje sobre el conflicto. Primero tuvo que experimen­tar conflictos externos y después internos. Cuando finalmente entregó su vida a Dios, fue bendecida con el don de aprender sin conflictos. Peace Pilgrim llegó a ser una fuente de sabidu­ría infinita, que es la esencia de la sefirá de Jojmá, y de enten­dimiento y razonamiento divinos, que es la esencia de Bina. Se convirtió en la personificación del espíritu ordenado y en una experta en visión simbólica. Vivía en total armonía y con­fianza con So Divino.

Sus instrucciones a los demás, de conformidad con la naturaleza de la verdad, eran muy sencillas: «No como ali­mentos basura ni pienso pensamientos basura», lo que sig­nifica que hay que respetar el cuerpo, la mente, y el espí­ritu.

Desarrollar la mente impersonal es tarea de toda la vida, en parte porque es un desafío muy importante y en parte porque nos lleva a las profundidades de nuestras ilusiones y miedos. Tenemos que reconstruirnos de dentro hacia fuera, proceso que siempre produce numerosos cambios en nues­tra vida. Aún no he conocido a la persona que al seguir un camino de despertar consciente no haya tenido que pasar por un período de «espera», durante el cual su interior se re­construye. Y como ocurre en todos los asuntos del espíritu, una vez que se inicia el camino no hay vuelta atrás.

Las siguientes instrucciones ofrecen un punto de parti­da para desarrollar la mente impersonal y lograr la visión simbólica, es decir, la capacidad para penetrar las ilusiones y comprender el poder energético que actúa entre bastidores. Preparé estas instrucciones teniendo presente las sefirot que se corresponden con el sexto chakra, Jojmá y Bina. Seguir estos pasos podría servirle para lograr la visión simbólica y aumentar su capacidad para llegar a la dimensión del razo­namiento divino.

•  Adopte una práctica de introspección y esfuércese en to­mar conciencia de lo que cree y por qué.
•  Mantenga la mente abierta y aprenda a percatarse de cuán­do se le está «cerrando».
•  Interprete la actitud defensiva como un intento de impe­dir la entrada de intuiciones nuevas en su campo mental.
•  Reconozca que todas las situaciones y relaciones tienen importancia simbólica, aunque no logre entender inme­diatamente cuál es.
•  Ábrase para recibir orientación e intuiciones a través de los sueños.
•  Trabaje para liberarse de cualquier pensamiento que fo­mente la autocompasión o la rabia, o que culpe a otra per­sona de cualquier cosa que le haya ocurrido.
•  Practique la objetividad. Tome decisiones basándose en las mejores evaluaciones que pueda hacer en el momento inmediato, en lugar de esforzarse en conseguir un resulta­do concreto.

•  Absténgase de emitir cualquier juicio, no sólo aquellos dirígidos en contra de personas y situaciones, sino también los que atañen al alcance o la importancia de las tareas. Re­cuérdese constantemente la verdad superior de que no es posible ver todas las realidades y detalles de ninguna si­tuación, ni visualizar las consecuencias a largo plazo de sus actos.

 
Aprenda a reconocer cuándo está influido por un miedo. Inmediatamente, distánciese de ese temor observando su influencia en su mente y emociones; después, tome deci­siones que debiliten la influencia de ese miedo. Sepárese de todos los valores que apoyen la creencia de que una vida próspera significa lograr determinados ob­jetivos. Considere la vida próspera como un proceso de lograr el autodominio y la capacidad de aprovechar los de­safíos que le presenta la vida. Visualice el éxito como una fuerza energética, no una fuerza física. Actúe siguiendo su guía interior, y renuncie a la necesidad de «pruebas» de que su guía interior es auténtica. Cuantas más pruebas pida, menos probable es que reciba alguna. Centre toda su atención en el momento presente; abstén­gase de vivir en el pasado o de preocuparse por el futuro. Aprenda a confiar mucho más en lo que no puede ver que en lo que puede ver.

 

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