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Neale Donald Walsch – Conversaciones con Dios – Libro 2 – Capitulo 18

Neale Donald Walsch - Conversaciones con Dios - Libro 2 - Capitulo 18

Conversaciones con Dios – Libro 2 – Capitulo 18

Neale Donald Walsch

 


Neale Donald Walsch – Conversaciones con Dios – Libro 2 – Capitulo 18

 


 

 

¿Requeriría Tu nuevo orden mundial redistribuir la riqueza?

 

No requeriría nada. Produciría, voluntaria y casi automáticamente, una redistribución de recursos.

A todos se les ofrecería una educación más apropiada, por ejemplo. A todos se les ofrecería la oportunidad abierta de usar esa instrucción en el lugar de trabajo, seguirían carreras que les produjeran alegría.

A todos se les garantizaría el acceso a la atención médica cuando y cómo la necesitaran.

A todos se les garantizaría no padecer hambre ni tener que vivir sin vestido ni techo.

A todos se les permitiría vivir con dignidad, de modo que la supervivencia dejaría de ser para siempre un problema, y las comodidades y los elementos básicos estarían al alcance de todos los seres humanos.

 

¿Aun cuando nada hicieran para ganárselos?

 

La idea de que ello deba ganarse es la base del pensamiento de que hay que ganarse el camino al cielo. Sin embargo, no podrás ganar tu camino a la gracia de Dios, ni tampoco te verás obligado a hacerlo, porque ya estás ahí. Esto es algo que no puedes aceptar, por que es algo que no puedes dar. Cuando aprendas a dar incondicionalmente (es decir, a amar incondicionalmente), entonces habrás aprendido a recibir incondicionalmente.

Esta vida fue creada como un vehículo por cuyo medio puedas experimentar eso.

Esfuérzate por asimilar este pensamiento: Las personas tienen derecho a la supervivencia básica. Aun cuando no hagan nada. Aun cuando no aporten nada. La supervivencia con dignidad es uno de los derechos básicos de la vida. Te he dado suficientes recursos para que lo garantices a todo el mundo. Lo único que necesitas hacer es compartir.

 

Pero, entonces, ¿qué va a impedir que la gente desperdicie su vida en asuntos intrascendentes o acopiando “ventajas”?

 

Primero que nada, no te corresponde juzgar que es desperdiciar una vida. ¿Se desperdicia una vida si la persona no hace otra cosa que pensar en poesía durante 70 años, y luego se presenta con un solo soneto que abre una puerta al entendimiento y la iluminación de millones de personas? ¿Se desperdicia una vida si la persona miente, engaña, hace proyectos, causa daño, manipula o arruina a otros la vida, pero al fin recuerda algo de su verdadera naturaleza como resultado de ello, y recuerda, probablemente, algo que ha tratado de recordar durante muchísimos años, y de este modo evoluciona y llega al Nivel siguiente? ¿Fue “desperdiciada” esa vida?

No te corresponde juzgar el viaje de otra alma. Lo que sí te es propio, es decidir Quién Eres, no quién es o ha podido ser otro.

Así, al planteamiento de qué evitará que los demás simplemente desperdicien sus vidas en la intrascendencia o reuniendo “ventajas”, la respuesta es: nada.

 

Pero, ¿es que en verdad Tú crees que esto funcionaría? ¿No crees que quienes están aportando acabarán resentidos con quienes no aportan nada?

 

Sí, ello ocurriría si no están iluminados. Sin embargo, los iluminados verán a los que no contribuyen, con una gran compasión, no con resentimiento.

 

¿Compasión?

 

Sí, porque los que dieran sabrían que los que no contribuyen estarían perdiendo la mejor oportunidad y la gloria más amplia: la oportunidad de crear y la gloria de experimentar la idea más elevada de Quiénes Son Realmente. Y también sabrían que este “castigo” sería por su pereza, si efectivamente se requiriera “castigarlos”, más ello no ocurrirá.

 

Pero, ¿no sucedería que quienes en verdad aporten se molesten al ver que los frutos de su trabajo van a dar a manos de los perezosos?

 

No me has escuchado. A todos se les darán porciones mínimas de supervivencia. Aquellos que tienen más tendrán ocasión de contribuir con 10 por ciento de sus ingresos para permitir que esto sea posible.

Y, respecto a decidir montos, el mercado abierto determinaría el valor de la aportación de cada quién, tal como se hace en tu país.

 

Entonces, ¡habría aún “ricos” y “pobres”, tal como ahora! Eso no es igualdad.

 

Es igualdad de oportunidades, ya que todo el mundo tendría la oportunidad de vivir una existencia básica sin preocupaciones de supervivencia. Y a todo el mundo se le daría una oportunidad igual de adquirir conocimientos, de desarrollar aptitudes y de usar sus talentos naturales en el Lugar de la Alegría.

 

¿El lugar de la alegría?

 

Así se le llamaría al “lugar de trabajo”.

 

Pero, ¿habría envidias?

 

Envidias, sí; celos, no. La envidia es una emoción natural en el sentido de que nos insta a buscar más, no en el sentido de resentirse porque otros tienen. Es el caso del niño de dos años que suspira por alcanzar el picaporte que su hermano mayor si alcanza. No hay nada malo en ello. La envidia en ese sentido no tiene nada de malo. Es un motivador, un deseo puro, da nacimiento a la grandeza.

Por otra parte, los celos son una emoción hija del temor, que nos hace desear que los demás tengan menos. Es una emoción que suele basarse en la amargura. Es hija de la ira y a ella conduce. Y mata. Los celos pueden matar. Todo aquel que ha estado en un triángulo de celos, lo sabe.

Los celos matan, la envidia hace nacer.

A los envidiosos se les dará oportunidad de tener éxito a su modo. Nadie los detendrá, económica, política y socialmente. No por razón de raza, género u orientación sexual. No por razón de nacimiento, condición de clase o edad. No por ninguna razón en absoluto. La discriminación por cualquier razón sencillamente no se toleraría.

Y, sin embargo, seguiría habiendo “ricos” y “pobres”, pero no “indigentes y famélicos”.

Como ves, no se retira el incentivo de la vida… simplemente la desesperación.

 

¿Pero qué garantizará que tendremos suficientes aportadores para “dar” a los que no contribuyan?

 

La grandeza del espíritu humano.

 

Oh.

 


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