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Eutanasia suicidio y karma.

Por Victor Villacorta


Eutanasia


 
Indiferencia, compromiso y compasión con el projimo.

Eutanasia


¿Que es la eutanasia?

La eutanasia (del latín científico euthanasia y este del griego antiguo εὐθανασία /euthanasía/ ‘muerte dulce’)1​ es la intervención voluntaria que acelera la muerte de un paciente terminal con la intención de evitar sufrimiento y dolor del individuo. La eutanasia está asociada al final de la vida sin sufrimiento.

En un sentido más contemporáneo y restringido, la eutanasia es aquel procedimiento voluntario, intencionado, estudiado y consciente que realiza un médico para acelerar la muerte de un paciente terminal de algún padecimiento incurable; a solicitud consciente, estudiada y deliberada del enfermo o familiares, quienes, plenamente enterados de que no existe tratamiento curativo para la dolencia; le solicitan al médico que la realice sobre el paciente para así dar fin con el dolor y sufrimiento intolerables e intratables.2​

Existen diferentes leyes sobre la eutanasia en cada país. El Comité selecto de Ética médica de la Cámara de los Lores británica define la eutanasia como «una intervención deliberada emprendida con la intención expresa de poner fin a una vida, para aliviar el sufrimiento intratable».3​ En los Países Bajos y en Bélgica, es entendida como «la terminación de la vida por un médico a petición de un paciente».4​ Sin embargo, la ley holandesa no usa el término eutanasia, sino que lo incluye bajo la definición más amplia de «suicidio asistido y finalización de la vida a petición».5​ En Colombia la Corte Constitucional en su sentencia C 239 de 1997 manifiesta que el homicidio por piedad «es la acción de quien obra por la motivación específica de poner fin a los intensos sufrimientos de otro», y que «doctrinariamente se le ha denominado homicidio pietístico o eutanásico».6​ Por medio de la resolución 1216 de 2015 se reglamentó la eutanasia en Colombia y se creó el protocolo médico para la aplicación de la eutanasia.7​

La eutanasia está clasificada de diferentes formas: directa e indirecta según el accionar médico, voluntaria e involuntaria si se cuenta o no con el consentimiento del paciente.8​
Índice

1 Etimología
2 Historia
    2.1 Período moderno temprano
    2.2 Inicios del debate moderno sobre la eutanasia
    2.3 Movimiento inicial de eutanasia en los Estados Unidos de América
    2.4 Década de 1930 en la Gran Bretaña
    2.5 Aktion T4
    2.6 La petición de 1949 del estado de Nueva York a favor de la eutanasia y la oposición católica
3 Definición
    3.1 Contexto del derecho continental
    3.2 Contexto del derecho anglosajón
4 Clasificaciones de eutanasia
    4.1 Según el accionar médico
    4.2 Según la voluntad del paciente
5 Conceptos relacionados
6 Argumentos en pro y en contra
    6.1 Invocación de los derechos individuales contra la transgresión a una interdicción
    6.2 El ejercicio de la libertad y de la autonomía
    6.3 La visión de la dignidad humana
    6.4 Gestión de los recursos sociales
    6.5 Tomando en cuenta el sufrimiento
    6.6 Argumentos sobre la necesidad y viabilidad de una introducción controlada
7 Opinión médica
8 Puntos de vista religiosos
9 La eutanasia en el Perú
10 Véase también
11 Notas
12 Referencias
13 Bibliografía
    13.1 Enciclopedias
    13.2 Libros
    13.3 Publicaciones
    13.4 Revistas
14 Bibliografía complementaria
15 Enlaces externos
    15.1 Enlaces a favor
    15.2 Enlaces en contra

Etimología

La palabra eutanasia proviene del latín científico euthanasia /eutʰanásɪa/, y este del griego εὐθανασία /eu̯θaɳasía/, está compuesta por el prefijo εὖ /eu̯/ ‘bien’, ‘normalidad’; la palabra θἀνατος /θánatos/ ‘muerte’ y el sufijo sustantivante ~σίᾱ /~síaː/.1​

El morfema εὖ /eu̯/ ‘bien’, ‘normalidad’; está vinculado a la raíz indoeuropea *wesu~, ‘bueno’. Está presente en los neologismos aneuploide, eubacteria, eucalipto, eucáridos, eucariote, eufonía, y muchos más.9​

El lexema θἀνατος /θánatos/ ‘muerte’; está vinculado a la raíz indoeuropea *dʰ(u)enh₂- ‘muerte’. Puede vérsela con ese mismo significado en: tanatología, tanatopraxia, tanatonauta y tanatoideo(a), atanasia, cacotanasia, ortotanasia, distanasia.10​

El gramema sustantivante ~σίᾱ /~síā/; proviene del griego, el cual a su vez es la combinación de dos sufijos femininos: ~si(s)/~s(o) de los griegos ~σις/~σι~/~σο~/~σ~ que significa ‘acción’, muy común en el lenguaje científico griego;11​ y el sufijo ~íā del griego ~ία que significa ‘cualidad’.12​

Etimológicamente hablando, eutanasia significa: muerte apacible o muerte sin sufrimiento físico, favorecida por otros. Es antónima de cacotanasia.13​
Historia
La muerte de Sócrates, por Jacques-Louis David (1787), en la cual se representa a Sócrates preparado para beber la cicuta, tras su condena por corromper a la juventud ateniense.

La eutanasia se practicó en las antiguas Grecia y Roma. Por ejemplo, la cicuta se empleó en la isla de Ceos como un medio para acelerar la muerte; técnica que también se empleaba en Marsella. La eutanasia, en el sentido de la deliberada aceleración de la muerte de una persona, fue apoyada por Sócrates, Platón y Séneca el Viejo en el mundo antiguo, aunque parece que Hipócrates había hablado en contra de la práctica, cuando escribió: «no prescribiré una droga mortal para complacer a alguien, ni dar consejos que puedan causar su muerte», lo que indica que pudo haber un cierto debate en la literatura sobre si se pretendía o no incluir la eutanasia.14​15​16​
Período moderno temprano

El término eutanasia en el sentido anterior de apoyar a alguien mientras moría, fue utilizado por primera vez por el inglés Francis Bacon (1561-1626). En su trabajo Eutanasia médica eligió esta antigua palabra griega y, al hacer esto, distinguió entre eutanasia interior o la preparación del alma para la muerte, y eutanasia exterior que pretendía hacer el fin de la vida más llevadero e indoloro, y en excepcionales circunstancias acortando la vida. Su cambio de significado a una muerte fácil pasó a primer plano en el periodo moderno temprano como puede ser visto en la definición que recoje el Grosses vollständiges universal-lexicon aller wissenschafften und künste (en alemán Gran léxico universal completo de todas las ciencias y artes) del siglo XVIII d. C.:
«Eutanasia: una muerte muy suave y tranquila, que ocurre sin convulsiones dolorosas. La palabra proviene de ευ, bene, bueno y θανατος, mors, muerte.»
—Universal Lexicon17​

El concepto de eutanasia en el sentido de aliviar el proceso de la muerte se remonta al historiador médico, Karl Friedrich Heinrich Marx (1796-1877) quien se basó en las ideas filosóficas de Bacon. Según Marx, un médico tenía el deber moral de aliviar el sufrimiento de la muerte mediante el aliento, el apoyo y la mitigación mediante el uso de medicamentos. Tal «alivio de la muerte» reflejó el espíritu de la época de la cual fue contemporáneo, pero Marx lo colocó en el canon de la responsabilidad médica por primera vez. También hizo hincapié en la distinción entre el cuidado teológico del alma de las personas enfermas desde el cuidado físico y el tratamiento médico por parte de los galenos.18​19​

La eutanasia, en su sentido moderno, ha sido fuertemente opuesta a la tradición judeocristiana. Tomás de Aquino (1225-1274) se opuso, y argumentó que la práctica de la eutanasia contradecía nuestros instintos humanos naturales de supervivencia,20​ así como también lo hicieron François Ranchin (1565-1641), médico francés y profesor de medicina y Michael Boudewijns (1601-1681), médico y profesor.21​22​ Otras voces abogaron por la eutanasia, como el poeta inglés John Donne (1572-1631) en 1624,23​ y la eutanasia continuó en práctica. En 1678, la publicación del libro De pulvinari morientibus non-subtrahend (del latín La almohada de los moribundos no debe ser sustraída) de Caspar Questel, debate sobre el tema. Questel describió varias costumbres que eran usadas en ese momento para traer la muerte a los moribundos, incluida el retiro de la almohada que, se creía, aceleraba la muerte; argumentó en contra de tal práctica, pues hacerlo está «contra las leyes de Dios y de natura».24​ Este punto de vista fue compartido por otros que les siguieron, inlcuidos Philipp Jakob Spener, Veit Riedlin y Johann Georg Krünitz.25​ A pesar de la oposición, la práctica de la eutanasia continuó, involucrando técnicas como la sangría, la asfixia y sacar a las personas de sus camas para colocarlas en el suelo frío.26​

Durante la Ilustración, el suicidio y la eutanasia comenzaron a ser más aceptados.27​ Tomás Moro (1478-1535) escribió sobre la eutanasia en Utopía:
«A los enfermos asisten con gran caridad, no dexando atras ningun medicamento y gobierno de vivir, que le importe restituir la salud al que le falta. Si alguno padece enfermedad prolija, le entretienen hablando con él, y sirviéndole aligeran su calamidad; mas si la enfermedad es incurable y de continuo dolor, los Sacerdotes y el Magistrado le confortan, persuadiéndole que hallándose ya inépto á los oficios de la vida, molesto á los otros, y pesado á sí mismo, que no quiera sobrepujar á la propia muerte, alimentando la maligna enfermedad, y que siendo la vida un tormento, no dude el morir, ántes tenga esperanza de salir de tan acervo estado, ó quitándose él propio la vida, ó dexándose matar; pues dexará, muriendo, aquella miseria, y no comodidades. Ademas de esto, siguiendo el consejo de los Sacerdotes, intérpretes de la voluntad de Dios, executarán una obra santa y pia los que se dexan persuadir, y con abstencia fenecen la vida, ó durmiendo se dexan matar; mas no hacen morir á alguno contra su voluntad, ni faltan á administrarlos en la enfermedad, paraciéndoles que esta sea una honesta ocupación. Mas si alguno se mata sin el consentimiento de los Sacerdortes y del Magistrado, no le dan sepultura, y arrojan su cuerpo en una laguna.»
—Utopía28​

Aunque para Stolberg no queda claro si Moro tenía la intención de respaldar la práctica.29​ Otras culturas han adoptado diferentes enfoques: por ejemplo, en Japón el harakiri, o suicidio ritual, no ha sido considerado tradicionalmente como pecado, ya que se usa en casos de honor y, en consecuencia, las percepciones de la eutanasia son diferentes a de las de otras partes del mundo.30​
Inicios del debate moderno sobre la eutanasia

A mediados del siglo XIX d. C., surgió el uso de la morfina para tratar «los dolores de la muerte». En 1848 el cirujano estadounidense John Collins Warren (1778-1856) recomendó su empleo. En 1866, el médico británico Joseph Bullar (1815-¿?) reveló una utilización similar para el cloroformo. Sin embargo ninguno de los dos recomendaba que la ocupación de este fármaco debería ser para acelerar la muerte. En 1870, el inglés y maestro de escuela Samuel Williams, inició el debate sobre la eutanasia contemporánea a través de un discurso en el Birmingham Speculative Club, una sociedad cuyos miembros eran filósofos aficionados que recopilaba sus trabajos.31​ La propuesta de Williams fue usar cloroformo para acelerar deliberadamente la muerte de pacientes con enfermedades terminales:
«Que en todos los casos de enfermedad desesperada y dolorosa, debe ser el deber reconocido del asistente médico, siempre que así lo desee el paciente, administrar cloroformo, o cualquier otro anestésico que pueda reemplazar a este, de forma gradual para destruir la conciencia al primer intento, y disponga al paciente a una muerte rápida e indolora. Se deben tomar todas las precauciones necesarias para prevenir cualquier posible abuso de tal deber; lo que implica que debe ser establecido, más allá de la posibilidad de duda o cuestionamiento, que el remedio fue aplicado por el deseo expreso del paciente».
—Samuel Williams (1872), Euthanasia Williams y Northgate: Londres.31​

El ensayo fue revisado favorablemente en el diario The Saturday Review de Londres; pero apareció una editorial contra el ensayo en la revista semanal británica The Spectator.32​ A partir de ese momento, resultó ser influyente, y otros escritrores se manifestaron a favor de tales puntos de vista: Lionel Tollemache, octavo conde de Dysart (1794-1878) escribió a favor de la eutanasia, al igual que la británica Annie Besant (1847-1933), la ensayista y reformadora que más tarde se involucró con la National Secular Society (Sociedad Nacional Laica), considerando que era un deber con la sociedad que uno debe «morir voluntariamente y sin dolor» cuando uno llega al punto de convertirse en una «carga».32​33​ La revista Popular Science analizó el tema en mayo de 1873, evaluando ambos lados del argumento.34​ Kemp señala que, en ese momento, los médicos no participaron en la discusión; era «esencialmente una empresa filosófica [..] vinculada inextricablemente a una serie de objeciones a la doctrina cristiana de la santidad de la vida humana».32​
Movimiento inicial de eutanasia en los Estados Unidos de América
Artículo principal: Eutanasia en los Estados Unidos de América
Felix Adler, alrededor de 1913, fue el primer estadounidense en abogar por permitir el suicido en casos de enfermedades crónicas.

El auge del movimiento de la eutanasia en los Estados Unidos de América coincidió con la llamada Edad chapada en oro de ese país, un momento de cambio social y tecnológico que abarcaba un «conservadurismo individualista que elogiaba la doctrina económica del laissez faire (en francés: dejen hacer), el método científico y el racionalismo», que sucedió junto a grandes depresiones económicas, industrialización y conflicto entre corporaciones y sindicatos.31​ También fue el período en el que se desarrolló el sistema hospitalario moderno, que ha sido visto como un factor en el surgimiento del debate sobre la eutanasia.35​

El abogado Robert G. Ingersoll (1833-1899) intercedió a favor de la eutanasia, afirmando, en 1894, que cuando alguien padece una enfermedad terminal, como un cáncer en fase terminal, debería tener derecho a finalizar con su dolor mediante el suicidio. El judío, racionalista intelectual Felix Adler (1851-1933) ofreció un enfoque similiar, aunque, a diferencia de Ingersoll, Adler no rechazó a la religión. De hecho, argumentó un marco de cultura ética. Este último argumentó en 1891 que aquellos que sufrían de un dolor abrumador deberían tener el derecho a suicidarse y, además, que un médico debería estar autorizado para ayudarle. Así Adler, se convierte en el primer estadounidense «prominente» en abogar por el suicidio en casos donde la gente sufría una enfermedad crónica.36​ Tanto Ingersoll como Adler argumentaron a favor de la eutanasia voluntaria en adultos que padecen dolencias terminales.36​ Dowbiggin sostiene que al romper las objeciones morales previas a la eutanasia y el suicidio, Ingersoll y Adler permitieron a otros extender la definición de eutanasia.37​

El primer intento en este país para legalizar la eutanasia tuvo lugar cuando Henry Thomas Hunt lo introdujo en la Asamblea General de Ohio de 1906.38​ Esto lo hizo Hunt a costa de Anna S. Hall una rica heredera que fue una figura importante en el movimiento de la eutanasia durante los primeros años del siglo XX d. C. en los Estados Unidos de América. Hall había visto morir a su madre después de una larga batalla contra un cáncer hepático y se había dedicado a garantizar que los demás no tuvieran que soportar el mismo sufrimiento. Con este fin, participó en una extensa campaña de redacción de cartas, reclutó a Lurana W. Sheldon y a Maud Ballington Booth, y organizó un debate sobre la eutanasia en la reunión anual de la American Humane Association (Asociación Humana Estadounidense) en 1905, descrita por Jacop Appel como el primer debate público significativo sobre el tema en el siglo XX d. C..39​

El proyecto de ley de Hunt requería la administración de un anestésico para provocar la muerte de un paciente, siempre y cuando la persona sea mayor de edad y tenga la mente sana, y se encuentre sufriendo de una lesión fatal o una enfermedad irrevocable o un gran dolor físico. También requería que el caso fuese atendido por un médico, el consentimiento informado ante tres testigos y la asistencia de tres médicos que tenían que aceptar que la recuperación del paciente era imposible. Una moción para impugnar el proyecto fue rechazada, pero, de todas formas, el proyecto de ley no pasó pues obtuvo una votación de 79 en contra y 23 a favor.40​41​

Junto con la proposición de eutanasia del estado de Ohio, en 1906 el asambleísta Ross Gregory presentó una propuesta para permitir la eutanasia a la legislatura de Iowa. Sin embargo, la legislación de Iowa tenía un alcance más amplio que el ofrecido en Ohio. Permitió la muerte de cualquier persona de al menos diez años de edad que sufriere una dolencia que resultaría fatal y causaría un dolor extremo, en caso de que tuvieran una mente sana y expresasen el deseo de apresurar artificialmente su muerte. Además, permitía que los bebés fuesen sacrificados si estaban lo suficientemente deformados, y les permitía a los tutores solicitar la eutanasia en nombre de sus pupilos. La legislación también impuso sanciones a los médicos que se negaren a realizar la eutanasia cuando les fuere solicitada: una pena en prisión de entre seis a doce meses y el pago de una multa entre 200 a 1000 dólares estadounidenses. La propuesta resultó ser controversial;42​ engendrando un debate considerable y no fue aprobada al haberse retirado la consideración después de pasarla a la Comisión de Salud Pública.43​

Después de 1906, el debate sobre la eutanasia se redujo en intensidad, resurgiendo periódicamente, pero no volviendo al mismo nivel de discusión hasta la década de 1930 en el Reino Unido.40​

El oponente a la eutanasia, Ian Dowbiggin (1952) argumenta que la creación temprana de la Sociedad Estadounidense pro Eutanasia (ESA; por sus siglas en inglés) reflejó la cantidad de procedimientos eutanásicos percibidos en ese momento, 1920, a menudo viéndolo como un asunto de eugenesia más que como un tema relacionado con los derechos individuales.36​ Dowbiggin sostiene que no todos los eugenistas se unieron a la ESA «solo por razones eugenésicas», si no que, según postula, había claras conexiones ideológicas entre los movimientos eugenésicos y la eutanasia.36​
Década de 1930 en la Gran Bretaña

La Sociedad Voluntaria de Legalización de la Eutanasia (actualmente denominada Dignity in Diying), fue fundada en 1935 por Charles Killick Millard. El moviento hizo campaña para la legalización de la eutanasia en Gran Bretaña.

En enero de 1936, el rey Jorge V recibió una dosis fatal de morfina y cocaína para acelerar su muerte. En ese momento padecía de insuficiencia cardiorrespiratoria y la decisión de dar fin a su vida la tomó su médico lord Bertrand Dawson.44​ Aunque este evento fue mantenido en secreto durante más de cincuenta años, la muerte de Jorge V coincidió con la legislación propuesta en la Cámara de los Lores para legalizar la eutanasia.45​
Aktion T4
Artículo principal: Aktion T4
En octubre de 1939 Adolf Hitler firmó una «nota de eutanasia» con fecha anterior al 1 de septiembre de 1939, en la que autorizaba a su médico Karl Brandt y al Reichsleiter Philipp Bouhler a implementar el programa.

El Aktion T4 es el nombre que se le dio, en la posguerra, al asesinato en masa mediante la eutanasia involuntaria durante la Alemania nazi.a​ La partícula T4 es una abreviación de Tiergartenstraße 4, que era la dirección del departamento de la Cancillería, creado en la primavera de 1940, en el barrio berlinés de Tiergarten, institución que reclutó y pagó al personal asociado con el T4.b​48​49​ Ciertos médicos alemanes fueron autorizados a seleccionar pacientes «considerados incurablemente enfermos, después del examen médico más crítico» y luego administrarles una «muerte por piedad» (Gnadentod).50​ Después del final nominal del programa, los médicos en instalaciones alemanas y austríacas continuaron con muchas de las prácticas del Aktion T4, hasta la derrota de la Alemania en 1945.

Los asesinatos tuvieron lugar desde septiembre de 1939 hasta el final de la guerra Mundial en 1945, tiempo durante el cual fueron liquidadas entre 275 000 a 300 000 personasc​ en varios centros de exterminio ubicados en hospitales psiquiátricos en Alemania y Austria, junto con los de la Polonia dominada, y los del Protectorado de Bohemia y Moravia (ahora República Checa).52​53​54​ El número de víctimas registradas inicialmente fue un desalentador total de 70 273 personas; el cual ha sido revisado, mostrándose notoriamente al alza, debido al descubrimiento de víctimas adicionales que figuran en los archivos de la antigua Alemania Oriental.55​d​ Aproximadamente la mitad de los asesinados fueron tomados de los asilos de las iglesias, a menudo con la aprobación de las autoridades protestantes o católicas de esas instituciones.57​58​

A pesar de que la Santa Sede anunció el 2 de diciembre de 1940 que la política era contraria a la ley divina natural y positiva y que «el asesinato directo de una persona inocente no esta permitido, ya sea por defectos mentales o físicos», la declaración no fue confirmada por algunas autoridades católicas en Alemania. Por otro lado, durante el verano de 1941, las protestas fueron dirigidas en ese país por el obispo von Galen, cuya intervención, según Richard J. Evans, condujo al «movimiento de protesta más fuerte, explícito y extendido contra cualquier política desde el comienzo del Tercer Reich».59​

Han sido ofrecidas varias razones para el programa, incluida la eugenesia, la compasión, la reducción del sufrimiento, la higiene racial, la rentabilidad y la presión sobre el presupuesto de beneficencia social.60​61​62​ La continuación no oficial de la política dio lugar a muertes adicionales por medicamentos y medios similares, lo que resultó en 93 521 camas «vaciadas» a finales de 1941.e​f​ La tecnología que fue desarrollada bajo el programa Aktion T4, particularmente el uso del gas letal para matar a un gran número de personas, fue responsabilidad de la división médica del Ministerio del Interior del Reich, junto con el personal que había participado en el desarrollo de la misma y luego participó en la Operación Reinhard.66​

La tecnología, el personal y las técnicas desarrollas fueron fundamentales para la implementación de los genocidios nazis.47​ Aunque el programa fue autorizado por Hitler, los homicidios han sido vistos como asesinatos en Alemania. El número de muertos fue aproximadamente unos 200 000g​ en Alemania y Austria; en otros países europeos, aproximadamente 100 000 personas también fueron víctimas letales.56​67​

En el entendimiento actual, el uso del término «eutanasia» en el contexto del Aktion T4 se le considera un eufemismo para ocultar un programa de genocidio, en el cual las personas fueron asesinadas por «discapacidades, creencias religiosas y valores individuales discordantes» con el régimen nazi.68​ Comparado con las discusiones sobre eutanasia que siguieron al finalizar la guerra, el programa Nazi pudo haber sido redactado en palabras que parecen similares al uso moderno del término, la diferencia radica en que durante el T4 no hubo «misericordia» y los pacientes no fueron necesariamente pacientes terminales.68​ A pesar de estas diferencias, el historiador y opositor a la eutanasia Ian Dowbiggin escribe que «los orígenes de la eutanasia Nazi, como los del movimiento estadounidense pro eutanasia, preceden al Tercer Reich y se entrelazaron con la historia de la eugenesia y el darwinismo social, como también con los esfuerzos para desacreditar la moralidad tradicional y la ética».69​
La petición de 1949 del estado de Nueva York a favor de la eutanasia y la oposición católica

El 6 de enero de 1949, la Sociedad Estadounidense pro Eutanasia presentó a la Legislatura del Estado de Nueva York una petición para legalizar la eutanasia, firmada por 379 ministros protestantes y judíos, el grupo más grande de líderes religiosos que haya adoptado esta postura. Una petición similar había sido enviada a la Legislatura de Nueva York en 1947, firmada por aproximadamente mil médicos de Nueva York. Los líderes religiosos católicos criticaron la petición, diciendo que tal proyecto de ley «legalizaría un pacto “asesinatosuicida”» dicha crítica incluía una «racionalización del quinto mandamiento de la ley de Dios: “No matarás”».70​ El reverendo Robert E. McCormick dijo que:
«El objetivo final de la Sociedad pro Eutanasia se basa en el principio totalitario de que el estado es supremo y que el individuo no tiene derecho a vivir si su permanencia en la vida es una carga u obstáculo para el estado. Los nazis siguieron este principio y la eutanasia obligatoria se practicó como parte de su programa durante la guerra reciente. Los ciudadanos estadounidenses del estado de Nueva York debemos hacernos esta pregunta: ¿vamos a terminar con el trabajo de Hitler?».
—Reverendo Robert E. McCormick.70​

La petición provocó tensiones entre la Sociedad Estadounidense pro Eutanasia y la Iglesia Católica, lo que contribuyó a un clima de sentimiento anticatólico en general, en relación con cuestiones como el control de la natalidad, la eugenesia y el control de la población. Sin embargo, la petición no dio lugar a ningún cambio legal.36​
Definición

Al igual que otros términos tomados de la historia, la eutanasia tiene diferentes significados según su uso. El primer uso aparente del término pertenece al historiador Suetonio (c. 70-post. 126), quien describió cómo el emperador Augusto (63-14 a. C.), «muriendo rápidamente y sin sufrir en los brazos de su esposa, Livia, experimentó la “eutanasia” que había deseado».71​ Su primer uso se registra en el contexto médico por Francis Bacon en el siglo XVII d. C., haciendo referencia a una muerte feliz, fácil e indolora, durante la cual era «responsabilidad del médico aliviar los “padecimientos físicos” del cuerpo». Bacon se refería a una eutanasia «externa», el término «externa» era usado para distinguir un concepto espiritual; la eutanasia a la cual refiere Bacon es «a la preparación del alma».72​
Contexto del derecho continental

En el contexto del derecho continental, o sistema romano germano francés o derecho civil, la eutanasia ha sido definida por los belgas como el «acto ejecutado por un tercero que intencionalmente da por terminada la vida de una persona a petición de la persona».73​ En el caso colombiano, la Corte Constitucional, recoge los términos con los que se le conoce y los define según la motivación así: «el homicidio por piedad, según los elementos que el tipo describe, es la acción de quien obra por la motivación específica de poner fin a los intensos sufrimientos de otro. Doctrinariamente se le ha denominado homicidio pietístico o eutanásico. Por tanto, quien mata con un interés distinto, como el económico, no puede ser sancionado conforme a este tipo» y que «el homicidio pietístico, [es además] un tipo que precisa de unas condiciones objetivas en el sujeto pasivo, consistentes en que se encuentre padeciendo intensos sufrimientos, provenientes de lesión corporal o de enfermedad grave o incurable».6​

Luego, la Corte Constitucional de Colombia, aclara en su sentencia C 239 de 1997 que el homicidio eutanásico, no debe ser confundido con la eugenesia citando las motivaciones de una y de otra, de la siguiente manera: «Se confunde los conceptos de homicidio eutanásico y homicidio eugenésico; en el primero la motivación consiste en ayudar a otro a morir dignamente, en tanto que en el segundo se persigue como fin, con fundamento en hipótesis seudocientíficas, la preservación y el mejoramiento de la raza o de la especie humana».6​ Esto es: «no se trata de eliminar a los improductivos, sino de hacer que cese el dolor del que padece sin ninguna esperanza de que termine su sufrimiento. El comportamiento no es el mismo cuando el sujeto pasivo no ha manifestado su voluntad, o se opone a la materialización del hecho porque, a pesar de las condiciones físicas en que se encuentra, desea seguir viviendo hasta el final; al de aquel que realiza la conducta cuando la persona consiente el hecho y solicita que le ayuden a morir».6​

La Corte Constitucional Colombiana explica que sin los elementos mencionados: «Es claro que para que se configure esta forma de homicidio atenuado no basta el actuar conforme a un sentimiento de piedad, ya que es necesario que se presenten además los elementos objetivos exigidos por el tipo penal, a saber, que el sujeto pasivo tenga intensos sufrimientos derivados de lesión corporal o enfermedad grave o incurable».6​ Por lo tanto «No existe homicidio piadoso cuando una persona mata a otro individuo que no padece esos sufrimientos, aun cuando invoque razones de piedad. En este caso, que constituye un homicidio simple, o incluso agravado, la muerte es el producto del sentimiento egoísta del victimario, que anula una existencia, por que a su juicio no tiene ningún valor».6​

En la sentencia T 970 de 2014, deja claro que sin importar la definición de eutanasia, sí es patente que en el procedimiento de este tipo de homicidio deben concurrir los siguientes elementos: «(i) el sujeto pasivo que padece una enfermedad terminal; (ii) el sujeto activo que realiza la acción u omisión tendiente a acabar con los dolores del paciente quien, en todos los casos, debe ser un médico; (iii) debe producirse por petición expresa, reiterada e informada de los pacientes». Además indica que cuando no están presentes los elementos anteriores «se estará en presencia de un fenómeno distinto que no compete en sí mismo a la ciencia médica. Sin embargo, cuando se verifican en su totalidad, la eutanasia puede provocarse de diferentes maneras».74​

Tanto en la legislación belga como en la colombiana, la eutanasia sólo puede ser suminstrada por un médico a un enfermo terminal a solicitud del paciente, además el médico debe seguir un protoco definido.75​ Por medio de la resolución 1216 de 2015 se reglamento la eutanasia en Colombia y se creo el protocolo medico para la aplicación de la eutanasia.76​
Contexto del derecho anglosajón

En el uso actual anglosajón, la eutanasia ha sido definida como la «inducción indolora de una muerte rápida».77​ Sin embargo, y debido al sistema jurídico basado en el derecho anglosajón; se argumenta que este enfoque no define adecuadamente la eutanasia, ya que deja abiertas una serie de acciones posibles que cumplirían con los requisitos de la definición, pero que no se considerarían eutanasia. En particular, estas incluyen situaciones en las que una persona mata a otra, sin dolor, pero sin ninguna razón más allá de la ganancia personal; o muertes accidentales que son rápidas e indoloras, pero sin intención.78​79​

Otro enfoque incorpora la noción de sufrimiento en la definición.78​ La definición en inglés ofrecida por el Oxford English Dictionary incorpora el sufrimiento como una condición necesaria, así: «muerte sin dolor de un paciente que padece una enfermedad incurable y dolorosa o se encuentra en un coma irreversible».80​ Este enfoque está incluido en la definición de Marvin Kohl,h​ y Paul Kurtzi​ (1925-2012), como «un modo o acto de inducir o permitir la muerte sin dolor como un alivio del sufrimiento».82​ Pueden darse ejemplos en contra: tales definiciones pueden abarcar matar a una persona que padece una enfermedad incurable en beneficio personal, como puede ser reclamar una herencia. Comentaristas como Tom Beauchampj​ (1939) y Arnold Davidsonk​ (1955); argumentaron que hacerlo constituiría más un «homicidio simple» que eutanasia.78​

El tercer elemento incorporado en muchas definiciones es el de la intencionalidad: la muerte debe ser intencional, en lugar de accidental, y la intención de la acción debe ser una «muerte misericordiosa».78​ Michael J. Warren;l​ argumentó que «el principal asunto que diferencia la eutanasia de la intención de “homicidio simple” es el motivo del agente: debe haber un buen motivo en lo que respecta al bien de la persona muerta.»84​ De manera similar, Heathe Draperm​ habla de la importancia de la finalidad, argumentando que «el motivo forma parte crucial de los argumentos para la eutanasia, porque debe ser sobre el mejor interés de la persona que la recibe».79​ Algunas definiciones, como la ofrecida por el Comité selecto de Ética médica de la Cámara de los Lores toman este camino, en el cual la eutanasia es definida como «una intervención deliberada emprendida con la intención expresa de poner fin a una vida para aliviar el sufrimiento intratable».3​ Beauchamp y Davidson también destacaron el planteamiento de Baruch Brodyn​ (1943): «un acto de eutanasia es aquel en el cual una persona (A) mata a otra persona (B) en beneficio de la segunda persona, que realmente resulta beneficiada al estar muerta».86​

Draper argumentó que cualquier definición de eutanasia debe incorporar cuatro elementos: un agente y un sujeto; una intención; una proximidad causal tal que las acciones del agente conducen al resultado; y un resultado. En base a esto, ofreció una definición que incorpora esos elementos,afirmando que la eutanasia «debe definirse como la muerte que resulta de la intención de una persona de matar a otra persona, utilizando los medios más suaves e indoloros posibles, motivados únicamente por los mejores intereses de la persona que muere».79​ Antes que Draper, Beauchamp y Davidson también habían ofrecido una definición que incluye estos elementos. Su definición específica los fetos para distinguir entre abortos y eutanasia:87​
«En resumen, hemos argumentado […] que la muerte de un ser humano, A, es un ejemplo de eutanasia si y sólo si (1) la muerte de A está destinada por al menos otro ser humano, B, donde B o es quien causa de muerte o es un elemento causalmente relevante del evento que resulta en la muerte de A, ya sea por acción u omisión; (2) hay suficiente evidencia objetiva para que B crea que A está sufriendo agudamente o está comatoso irreversiblemente, o que hay suficiente evidencia objetiva relacionada conla condición presente de A, de tal manera que una o más leyes causales conocidas respaldan la creencia de B de que A estrá en una condición de sufrimiento agudo o en estado comatoso irreversible; (3) (a) la razón principal de B para intentar la muerte de A es el cese del sufrimiento de A, en el futuro real o predicho, o en la comorbilidad irreversible, donde B no intenta la muerte de A por una razón primaria diferente, aunque puede haber otras razones relevantes, y (b) hay suficiente evidencia actual para A o B que los medios causales para la muerte de A no producirán más sufrimiento que el que se produciría para A si B no interviniese; (4) los medios causales para el evento de la muerte de A son elegidos por A o B con la intención primordial de proveer un medio causal tan indoloro como sea posible, a menos que A o B tengan razón primordial para un medio causal más doloroso, donde la razón para elegir el último medio causal no entra en conflicto con la evidencia en 3b; (5) A es un organismo no fetal».
—Beauchamp y Davidson88​

Wreen ofreció una definición en dos secciones, en parte como una respuesta a Beauchamp y Davidson:
«La persona A cometió un acto de eutanasia si y sólo si (1) A mató a B o la dejó morir; (2) A intentó matar a B; (3) la intención especificada en (2) fue al menos parcialmente causa de la acción especificada en (1); (4) la jornada causal desde la intención especificada en (2) a la acción especificada en (1) está más o menos de acuerdo con el plan de acción de A; (5) A mata a B voluntariamente; (6) el motivo de la acción espeficada en (1), el motivo detrás de la intención especificada en (2) es el bien de la persona muerta»
—Michael Wreen89​

Wreen también consideró un séptimo requisito; «(7) el bien especificado en (6) es, o al menos incluye, la evitación del mal», aunque, como señaló Wreen en el documento, no estaba convencido de que se requierera la restricción.90​

Al discutir su definición, Wreen señaló la dificultad de justificar la eutanasia cuando se enfrenta con la noción del derecho a la vida. En respuesta, Wreen argumentó que la eutanasia tiene que ser voluntaria, y que la «eutanasia involuntaria es, como tal, un gran error».90​ Otros comentaristas incorporan el consentimiento en sus definiciones de una manera más directa. Por ejemplo, en una discusión sobre eutanasia presentada en el 2003 por el Grupo de Ética de la Asociación Europea de Cuidados Paliativos (AECP. EPAC, por sus siglas en inglés), los autores ofrecieron lo siguiente: «La muerte provocada por el médico de una persona sin el consentimiento de la persona, ya sea involuntario, cuando la persona no puede consentir; o involuntario, contra la voluntad de la persona; no es eutanasia: es asesinato. Por lo tanto, la eutanasia puede ser sólo voluntaria».91​ Aunque el Grupo de Trabajo de Ética de la AECP argumentó que tanto la eutanasia no voluntaria como la involuntaria no podían incluirse en al definición de eutanasia; existe una discusión literaria sobre la exclusión de la primera pero no de la segunda.90​
Clasificaciones de eutanasia
Eutanasia activa legal. Eutanasia pasiva legal. Las leyes de eutanasia varían según la división administrativa. Suicidio asistido legal. Eutanasia ilegal. Situación desconocida.

La eutanasia está clasificada de diferentes formas: directa e indirecta según el accionar médico, y voluntaria e involuntaria si se cuenta o no con el consentimiento del paciente informado y consciente.8​
Según el accionar médico

Eutanasia directa: cuando existe una provocación intencional del médico que busca la terminación de la vida del paciente.92​ Esta a su vez posee dos formas:
    Activa o positiva: se le considera activa o positiva (acción) cuando existe un despliegue médico para producir la muerte de una persona como suministrar directamente algún tipo de fármaco o realizando intervenciones cuyo objetivo es causar la muerte.93​
    Pasiva o negativa: es pasiva o negativa (omisión) cuando la muerte es producida por la omisión de tratamientos, medicamentos, terapias o alimentos. En este tipo de eutanasia, la actuación del médico es negativa pues su conducta es de «no hacer». En otras palabras se culmina todo tipo de actividad terapéutica para prolongar la vida de una persona que se encuentre en fase terminal, pues se ha concluido que el tratamiento es inútil para el mejoramiento del paciente.94​
Eutanasia indirecta: es la que se verifica cuando se origina sin la intención de causar la muerte del paciente. Según la definición de eutanasia la indirecta no lo sería pues uno de los elementos de esta práctica es la provocación intencional de la muerte. En todo caso, la indirecta se da como resultado de efectuar procedimientos médicos intensos, con intención terapéutica, que pueden producir la muerte.95​

Según la voluntad del paciente

Voluntaria: es aquella en la cual es el paciente quien toma la decisión o por terceras personas obedeciendo los deseos que el paciente ha expresado con anterioridad en algún tipo de documento o grabación.96​
No voluntaria: ocurre cuando un tercero toma la decisión pues no es posible averiguar la voluntad del paciente por la imposibilidad de expresarla o porque este no ha dejado expresa su voluntad.97​
Involuntaria: sucede cuando un tercero toma la decisión pues no es posible averiguar la voluntad del paciente por la imposibilidad de expresarla, este no ha dejado expresa su voluntad y no se le consulta a los parientes.98​

Conceptos relacionados

Suicidio asistido: Significa proporcionar, en forma intencional y con conocimiento, a una persona, los medios, procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada. Cabe destacar que en este caso es el paciente el que voluntaria y activamente termina con su vida, de ahí el concepto de suicidio. Véase también Eutanasia voluntaria.
Cacotanasia: Es la eutanasia que se impone sin el consentimiento del afectado. La palabra apunta hacia una ‘mala muerte’ (siendo kakós: ‘malo’)99​
Ortotanasia: Consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida. Se ha sustituido en la terminología práctica por «muerte digna», para centrar el concepto en la condición (dignidad) del paciente terminal y no en la voluntad de morir.
Distanasia: Consiste en el «encarnizamiento» o «ensañamiento» terapéutico, mediante el cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial, pese a que haya seguridad de que no hay opción alguna de recuperar la salud, con el fin de prolongar la vida del enfermo a toda costa, llegando a la muerte en condiciones inhumanas. Normalmente se hace según los deseos de otros (familiares, médicos) y no según el verdadero interés del paciente.
Adistanasia o antidistanasia: cesación de la prolongación artificial de la vida dejando que el proceso patológico termine con la existencia del enfermo.
Medicina paliativa: reafirma la importancia de la vida y considera a la muerte como la etapa final de un proceso normal. La atención que brinda no acelera ni pospone la muerte, proporciona alivio del dolor y de otros síntomas angustiosos e integra los aspectos psicológicos y espirituales del tratamiento del enfermo. Le ofrece apoyo de modo que pueda llevar una vida lo más activa posible hasta la muerte, y a la familia para que pueda hacer frente a la enfermedad de su ser querido y al duelo.
Sufrimiento: Tener o padecer un daño o dolor físico o moral. Padecer habitualmente una enfermedad o un trastorno físico o mental.
Tiro de gracia a un soldado con una herida mortal pero lenta y dolorosa. También a un ejecutado por un pelotón que no muere.

Argumentos en pro y en contra

Históricamente, el debate sobre la eutanasia ha tendido a centrarse en una serie de preocupaciones clave. Según el estadounidense oncólogo y bioético Ezekiel Emanuel (1957), opositor a la eutanasia, los partidarios de esta han presentado cuatro argumentos principales:

a) que las personas tienen derecho a la autodeterminación y, por lo tanto, de permitírseles elegir su destino;
b) ayudar a un sujeto a morir podría ser una mejor opción que requerir que continúen sufriendo;
c) la distinción entre la eutanasia pasiva, que a menudo está permitida, y la eutanasia activa, que no es sustantiva, o en la cual el principio subyacente —la doctrina del doble efecto—, es irrazonable o poco sólida; y
d) permitir la eutanasia no conducirá, necesariamente, a consecuencias inaceptables.

Los activistas a favor de la eutanasia suelen indicar que en países como Bélgica, Países Bajos, y que en estados de Estados Unidos como el de Oregón, donde esta ha sido legalizada no ha sido problemático.

De manera similar, Emanuel argumenta que hay cuatro argumentos principales presentados por los oponentes de la eutanasia:

a) no todas las muertes son dolorosas;
b) están disponibles alternativas como la interrupción del tratamiento activo combinadas con el uso del alivio efectivo del dolor;
c) la distinción entre eutanasia activa y pasiva es moralmente significativa; y
d) la legalización de la eutanasia colocará a la sociedad en la falacia del efecto dominó,100​ lo que conducirá a consecuencias inaceptables.101​

De hecho en el 2013 en Oregón, el dolor no era una de las cinco razones principales por las cuales las personas buscaban la eutanasia. Los principales motivos fueron la pérdida de la dignidad y el temor a ser una carga para los demás.102​
Invocación de los derechos individuales contra la transgresión a una interdicción

Los contornos de la noción del derecho a la vida son objeto de debate filosófico, legal y moral. Varias tradiciones filosóficas o religiosas rechazan el suicidio en sus diversas formas. Otras rechazan específicamente la eutanasia: la intervención de un actor que termina la vida del paciente es considerada una forma de asesinato.

Según la Corte Constitucional de Colombia, la Constitución de Colombia protege la vida como un derecho además de incorporarla como un valor dentro del ordenamiento, y para asegurar el derecho a la vida el Estado y los ciudadanos tienen competencias y deberes con esta. Sin embargo el «Estado no puede pretender cumplir esa obligación desconociendo la autonomía y la dignidad de las propias personas. Por ello ha sido doctrina constante de esta Corporación que toda terapia debe contar con el consentimiento informado del paciente, quien puede entonces rehusar determinados tratamientos que objetivamente podrían prolongar la duración de su existencia biológica pero que él considera incompatibles con sus más hondas convicciones personales. Sólo el titular del derecho a la vida puede decidir hasta cuándo es ella deseable y compatible con la dignidad humana. Y si los derechos no son absolutos, tampoco lo es el deber de garantizarlos, que puede encontrar límites en la decisión de los individuos, respecto a aquellos asuntos que sólo a ellos les atañen».103​ La postura de la Corte frente a los enfermos terminales que experimentan intensos sufrimientos, también considera que el deber estatal de proteger la vida, «cede frente al consentimiento informado del paciente que desea morir en forma digna. En efecto, en este caso, el deber estatal se debilita considerablemente por cuanto, en virtud de los informes médicos, puede sostenerse que, más allá de toda duda razonable, la muerte es inevitable en un tiempo relativamente corto». Es en estos casos cuando el paciente terminal toma una decisión sobre cómo enfrentar la muerte, pues está informado y es consciente de que «no está optando entre la muerte y muchos años de vida plena, sino entre morir en condiciones que él escoge, o morir poco tiempo después en circunstancias dolorosas y que juzga indignas». El derecho a vivir dignamente implica, entonces, el derecho a morir en forma digna; condenar a una persona a prolongar por escaso tiempo su existencia, cuando es contrario a sus deseos y está padeciendo profundas aflicciones logra que la persona quede «reducida a un instrumento para la preservación de la vida como valor abstracto».104​

Un grupo de médicos belgas pudo señalar en un manifiesto contra la eutanasia que «la autorización legal de la eutanasia […] transgrede una prohibición fundacional y, por lo tanto, afecta los cimientos de nuestra democracia, delineando una clase de ciudadanos que pueden ser asesinados con el apoyo de la sociedad».105​

El tema de la eutanasia, necesariamente, va más allá del nivel de los derechos individuales. El genetista francés Axel Kahn (1944), miembro del Comité Nacional de Ética Consultiva, dice que «el deseo de querer morir […] no requiere un reproche moral de la sociedad secular. No se sugiere, por supuesto, que la eutanasia se convierta en un negocio “para ofrecer este servicio” a quienes lo demanden».106​

Para el abogado francés Robert Badinter (1928), ex ministro de justicia y principal artífice de la abolición de la pena de muerte; la introducción de una excepción a la eutanasia en la ley no podría ser efectuada sin dañar el derecho a la vida, «el primero de los derechos del hombre». Él cree que el Código Penal francés «tiene una función expresa y que, como tal, debe reflejar los valores de una sociedad»; «está al nivel más alto cuando se trata de la vida o la muerte. En una democracia nadie puede quitarle la vida a otros».107​
El ejercicio de la libertad y de la autonomía

Para la Corte Constitucional de la República de Colombia, la persona es considerada como «sujeto moral, capaz de asumir en forma responsable y autónoma las decisiones sobre los asuntos que en primer término a él incumben, debiendo el Estado limitarse a imponerle deberes, en principio, en función de los otros sujetos morales con quienes está avocado a convivir»; «si la manera en que los individuos ven la muerte refleja sus propias convicciones, ellos no pueden ser forzados a continuar viviendo cuando, por las circunstancias extremas en que se encuentran, no lo estiman deseable ni compatible con su propia dignidad, con el argumento inadmisible de que una mayoría lo juzga un imperativo religioso o moral». Puesto que el Estado no puede esperar de sus ciudadanos conductas heroicas ni forzarlos a realizarlas, y «menos aún si el fundamento de ellas está adscrito a una creencia religiosa o a una actitud moral que, bajo un sistema pluralista, sólo puede revestir el carácter de una opción. Nada tan cruel como obligar a una persona a subsistir en medio de padecimientos oprobiosos, en nombre de creencias ajenas, así una inmensa mayoría de la población las estime intangibles»; pues es parte de la filosofía de la Constitución de Colombia eliminar la crueldad, garantizar la pluralidad y la autonomía. También apunta que, desde una perspectiva pluralista, vivir no es un deber absoluto y que «quien vive como obligatoria una conducta, en función de sus creencias religiosas o morales, no puede pretender que ella se haga coercitivamente exigible a todos».108​

Axel Kahn evoca el argumento forzado de los opositores de que la naturaleza de la demanda de eutansia se debe en particular por el dolor, la sensación de abandono o la desesperación. Esta dimensión restringida le parece en esencia incompatible con el ejercicio de la libertad auténtica. Por lo tanto, la primera respuesta de la sociedad a este tipo de solicitudes nunca debería ser, según él, la organización de un suicidio asistido o un acto directo de eutanasia, sino que debería tratarse de restablecer las condiciones de una libertad auténtica mediante la restauración de una vida deseable.106​

Con el fin de ajustarse a los deseos del paciente, incluso cuando este no puede expresarlos, muchos estados han establecido la posibilidad de emitir un documento de voluntades anticipadas.

De manera similar, la Asociación Médica Mundial ha emitido una serie de directrices durante su Asamblea General de 2003.109​
La visión de la dignidad humana

Un punto que, muy comúnmente, marca la línea divisoria entre los partidarios y los opositores de la eutanasia es la visión de la dignidad humana, ya que es un argumento invocado tanto para justificar el mantenimiento de la prohibición de la eutanasia como para despenalizarla. Por lo tanto, una recomendación de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, adoptada el 21 de mayo de 1999, establece que la dignidad es una noción absoluta:
«La dignidad es inherente a la existencia de cada ser humano. Si su posesión se debiera a peculiaridades, habilidades o cualquier condición, la dignidad no sería ni igual ni universalmente peculiar para todos los seres humanos. Por lo tanto, el ser humano está investido de dignidad a lo largo de su vida. El dolor, el sufrimiento o la debilidad no pueden privarlo de ella».
—Consejo de Europa110​

La recomendación, por lo tanto, exige «consagrar y proteger el derecho de las personas terminalmente enfermas y moribundas a una gama completa de cuidados paliativos» y «mantener [la] prohibición absoluta intencional de la vida de los pacientes incurables y moribundos».110​

Por el contrario, el filósofo británico Simon Blackburn (1944) considera que es imposible «fundamentar la prohibición [a la eutanasia] en el respeto a la vida, y aún menos en el respeto a la dignidad; ya que lo que [la prohibición] en realidad no quiere respeto por la vida sino por el acto de morir, es decir, tratar como sacrosanto el procedimiento a menudo intolerable, cruel, sin dignidad alguna y doloroso de nuestra disolución natural».111​

El impacto de la eutanasia en el tema de la dignidad humana va más allá de la cuestión de una situación individual al final de la vida. Por lo tanto, el Informe Sicardo​ critica a la eutanasia porque «internaliza las representaciones sociales negativas de un cierto número de situaciones de vejez, enfermedad y discapacidad»,112​ lo que corre el riesgo de distanciar a la medicina del «deber universal de la humanidad de la atención y acompañamiento».112​

Para la Corte Constitucional de Colombia en la Constitución se establece «que el Estado colombiano está fundado en el respeto a la dignidad de la persona humana; esto significa que, como valor supremo, la dignidad irradia el conjunto de derechos fundamentales reconocidos, los cuales encuentran en el libre desarrollo de la personalidad su máxima expresión. El principio de la dignidad humana atiende necesariamente a la superación de la persona, respetando en todo momento su autonomía e identidad».113​ Señaló también que tal principio de dignidad «no sería comprensible si el necesario proceso de socialización del individuo se entendiera como una forma de masificación y homogenización integral de su conducta, reductora de toda traza de originalidad y peculiaridad. Si la persona es en sí misma un fin, la búsqueda y el logro incesantes de su destino conforman su razón de ser y a ellas por fuerza acompaña, en cada instante, una inextirpable singularidad de la que se nutre el yo social, la cual expresa un interés y una necesidad radicales del sujeto que no pueden quedar desprotegidas por el derecho a riesgo de convertirlo en cosa».114​ Con esto es claro para la Corte que la vida no puede ser vista simplemente como algo sagrado, hasta el punto de desconocer la situación en la que se encuentra el paciente terminal y su posición personal frente al valor de la vida. Resume la Corte así: «el derecho a la vida no puede reducirse a la mera subsistencia, sino que implica el vivir adecuadamente en condiciones de dignidad».115​
Gestión de los recursos sociales

Algunos de los defensores de la eutanasia buscan superar tanto la visión de la dignidad individual absoluta como la libertad a favor de una concepción utilitarista de la moralidad. El utilitarismo permite, y eventualmente promueve, el sacrificio de la felicidad individual a favor del mayor número. Con esto en mente, se considera legítimo optimizar el uso de los recursos médicos dando prioridad a los pacientes cuyas vidas pueden ser salvadas, y considerar como una carga los recursos destinados a mantener con vida a las personas que ya no pueden traer nada a la sociedad. Esta concepción, teorizada por el filósofo australiano utilitarista Peter Singer (1946), es defendida en particular en Suiza por el presidente del Partido Demócrata Cristiano Christophe Darbellay.116​
Tomando en cuenta el sufrimiento

De acuerdo con los opositores a la eutanasia, actualmente los dolores son bien tenidos en cuenta y a menudo son calmados de manera efectiva, especialmente en los servicios de cuidados paliativos. Lo cual indica un sufrimiento significativo que no es el dolor, por ejemplo:

la pérdida progresiva de control sobre el propio cuerpo, como en el caso de las enfermedades neurodegenerativas;
la sensación de sofocación;
la deformación del cuerpo y, especialmente, del rostro; y
la pérdida permanente de la autonomía.

La disminución de casos de eutanasia en los Países Bajos entre el 2001 y el 2005 parece ser atribuible, según los autores de un informe basado en estadísticas sobre la eutanasia; a la mejora de los cuidados paliativos.117​

Algunos médicos y comentaristas objetan la necesidad de introducir la eutanasia en la ley, debido al progreso, presente y futuro, de la medicina paliativa en la lucha contra el sufrimiento en su totalidad. Por lo tanto, el genetista Axel Kahn dice: «solucionaría una ley de eutanasia si esa fuera la única forma de calmar el sufrimiento».106​
Argumentos sobre la necesidad y viabilidad de una introducción controlada

Al enmendar la legislación belga, uno de los argumentos en la exposición de motivos es que la eutanasia, en un entorno médico, evita prácticas que habrían sucedido de forma clandestina y permite que los actores sean colocados en condiciones de buena supervisión de las prácticas y seguridad jurídica.118​

Por el contrario, el informe de Sicard publicado en el 2012 en Francia, considera que la introducción de una forma enmarcada de eutanasia es una ilusión: «la práctica de la eutanasia desarrolla su propia dinámica resistente al control efectivo y tiende a expandirse».112​
Opinión médica

Las opiniones de los médicos sobre la legalización de la eutanasia están divididas. Así lo muestra una encuesta realizada por el Institut national de la santé et de la recherche médicale INSERM (Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica); efectuada en el 2003 que muestra que 45 % de los médicos de familia franceses, están a favor de una despenalización de la eutanasia equiparable al porcentaje obtenido en los Países Bajos. Los autores del estudio informan que «los médicos más involucrados y cómodos con los cuidados paliativos y con el seguimiento al final de la vida son, a menudo, más hostiles a la legalización de la eutanasia», en comparación con «aquellos que se sienten incómodos con los pacientes al final de su vida». El mismo estudio apunta a una tendencia, particularmente entre los médicos que no han recibido capacitación específica, en técnicas como la reanimación o la sedación, equiparándolas con la eutanasia. Finalmente, indica una correlación estadística entre la tendencia a hacer esta asimilación y el hecho de declararse a favor de la eutanasia.119​

En todos los casos, independientemente de si la eutanasia está despenalizada o no, lo que está en juego para los médicos y los equipos de atención sigue siendo lo ético: la ley no prevalece sobre la reflexión ética y personal en la elección de los actos al final de la vida, inyecciones letales, decisión de detener el tratamiento o sedación terminal. En el caso de la eutanasia en particular, la cuestión de su legitimidad ética no se confunde con la cuestión de su legalización o despenalización. En este sentido, la filósofa francesa Marta Spranzi señala que «permitir explícitamente a que los miembros de la profesión médica den muerte, aunque solo sea con el laudable propósito de aliviar los sufrimientos de los pacientes, incluso por parte de los propios médicos, como más problemáticos que la realidad del gesto en sí, deber cumplido en el silencio de la relación médica» a causa de posibles consecuencias.120​

En el Reino Unido, el grupo en pro del suicidio asistido Dignity in Dying cita investigaciones contradictorias sobre las actitudes de los médicos hacia la muerte asistida; en la encuesta publicada en el 2009 sobre medicina paliativa la cual arroja que el 64 % de los encuestados apoya la muerte asistida en los casos en los cuales el paciente tiene una enfermedad incurable y dolorosa, mientras que el 34 % se opone.121​ En un estudio revelado en BMC Medical Ethics el 49 % de los médicos encuestados se opone a cambiar la ley para permitir la muerte asistida y el 39 % está a favor de tal cambio legal.122​

Una encuesta de 2010 realizada en los Estados Unidos de América entre más de 10 000 médicos, encontró que el 16.3 % de los médicos consideraría suspender la terapia para mantener la vida si la familia lo exige, incluso en la creencia de ser prematuro. Apróximadamente 54.5 % no lo haría, y el 29.2 % restante respondió «depende».123​ El estudio también encontró que el 45.8 % de los médicos estuvieron de acuerdo en que el suicidio asistido por un médico debería ser permitido en algunos casos, mientras que el 40.7 % no lo estuvo; y el 13.5 % restante sintió que dependía.123​
Puntos de vista religiosos
Artículo principal: Puntos de vista religiosos sobre la eutanasia

Los puntos de vista religiosos sobre la eutanasia son variados. Si bien el punto de vista sobre el tema no necesariamente se entrelaza directamente con la religión, a menudo afecta la opinión de una persona. Si bien la influencia de la religión en los puntos de vista de alguien hacia los cuidados paliativos hace una diferencia, a menudo desempeñan una función más pequeña de lo que podría esperarse. Se realizó un análisis de la conexión entre la religión de los adultos estadounidenses y su punto de vista sobre la eutanasia para ver cómo se combinan. Los hallazgos concluyeron que la afiliación religiosa con la que cada persona se asocia no necesariamente se relaciona con su postura al respecto de la eutanasia.124​ Las investigaciones muestran que, si bien muchos pertenecen a una religión específica, es posible que no siempre vean todos los aspectos de la eutanasia como relevantes para ellos.

Algunos análisis de metadatos han apoyado la hipótesis de que las actitudes de las enfermeras hacia la eutanasia y el suicidio asistido por médicos están influenciadas por su religión y su cosmovisión. Atribuir más importancia a la religión también parece hacer que sea menos probable un acuerdo con la eutanasia y el suicidio asistido por un médico.125​ Un estudio de opinión pública realizado en 1995 encontró que la tendencia a ver una distinción entre la eutanasia activa y el suicidio se ve claramente afectada por la afiliación religiosa y el nivel de educación.126​ En Australia, más médicos sin afiliación religiosa formal simpatizaron con la eutanasia voluntaria activa, y reconocieron que la habían practicado a diferencia de los médicos que dijeron tener alguna filiación religiosa. De aquellos que se identifican con una religión e informan de una afiliación protestante fueron intermedios en sus actitudes y prácticas entre los grupos agnóstico, ateo y católico. Los católicos registraron actitudes más opuestas, pero aún así el 18 % de los médicos católicos encuestados registraron que habían tomado medidas activas para provocar la muerte de aquellos pacientes que lo solicitaron.

Eutanasia

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