Llama Violeta

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VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Introducción y prologo

RAYMOND A. MOODY, JR

 

Sobre el autor

RAYMOND A. MOODY está casado y tiene dos hijos. Ha sido estudiante y profesor de filosofía, con especial interés por la ética, la lógica y la filosofía del lenguaje.

 
   

Tras un periodo de enseñanza en filosofía, continuó sus estudios de medicina y decidió convertirse en psiquiatra para enseñar filosofía de la medicina en una facultad de medicina. Durante ese tiempo estudió los fenómenos de supervivencia a la muerte corporal, dando conferencias a muchos grupos de enfermeras y médicos. Debido a la novedad de estas investigaciones, el doctor Moody desconoce si otros doctores están realizando una investigación similar.

Mediante la copia de prepublicación de Vida después de la vida, entró en contacto con la doctora Elisabeth Kubler-Ross, cuya investigación no sólo era paralela, sino que duplicaba sus hallazgos. Hasta febrero de 1976 no se conocieron.

Al doctor George Ritchie, y, con su mediación,

 a Aquel que él sugirió.

 

Reconocimientos

Son muchos los que me han alentado y ayudado durante la investigación y redacción del libro, y sin ellos no hubiera podido completar el proyecto. Mi buen amigo John Ouzts me animó a dar la primera conferencia sobra el tema. John Egle, de Mockingbird Books, me propuso plasmar en su libro mis descubrimientos, proporcionándome apoyo y aliento en todo el proceso. Leonard, Mae, Becky y Scott Brooks me suministraron alojamiento, alimento y medios de transporte siempre que lo necesité. Kathy Tabakian me acompañó en varias de las entrevistas y me ha beneficiado de las largas discusiones que con ella he tenido. Russ Moores, Richard Martin y Ed McCranie, del Colegio Médico de Georgia, me ofrecieron válidas sugerencias y referencias a textos relevantes. Mi esposa pasó muchas horas revisando el manuscrito y la copia mecanografiada. Finalmente, me gustaría dar las gracias a todos los que me contaron sus encuentros con la muerte. Sólo deseo que este libro sea digno de la confianza que todos los mencionados han puesto en mí.

Prólogo a esta edición

Pocos son los libros que modifican conceptos y creencias arraigados poderosamente en la conciencia colectiva de una sociedad y, a su vez, abren un debate intenso y enriquecedor. Vida después de la vida es uno de ellos.

Cuando en el decenio de 1970 un joven médico norteamericano sacó a la luz el resultado de sus investigaciones en torno a personas declaradas clínicamente muertas, y que después habían sido reanimadas, pocos sospecharon la repercusión que estos testimonios iban a tener en la sociedad.

Desde entonces, no es posible concebir ningún estudio, debate o planteamiento referido a experiencias próximas a la muerte que no tenga en consideración el trabajo del doctor Moody contenido en esta obra

No nos corresponde especular sobre dichas experiencias. Hoy son ya del dominio público y han sido narradas por miles de personas que aseguran verse fuera de sus cuerpos mientras contemplan la escena flotando por encima de personas y objetos sin poder tocarlos. Tampoco son ya extraños ni el túnel que afirman recorrer, en cuyo final luminoso encuentran habitualmente a amigos y parientes ya fallecidos que les dan la bienvenida cariñosamente, ni mucho menos el estado de paz y alegría que los envuelve y elimina el miedo a la muerte para el resto de sus vidas. Nada de esto nos es ajeno. Hoy son cientos los libros y artículos publicados sobre el tema desde aquella fecha, y son numerosas las personas que han continuado esta misma línea de investigación y han recopilado miles de nuevos testimonios, y es rara la persona que no conozca o no haya oído hablar de alguien que haya vivido esta experiencia.

No obstante, muchas fueron las voces que se levantaron escandalizadas ante la investigación, e incluso declaraban como falsos los mismos testimonios de las personas que habían tenido el valor de narrar su experiencia sin importarles ser consideradas como locas. Otras, sin embargo, aplaudieron el mérito indudable de haber llevado a cabo un estudio sobre un tema tabú por excelencia, y se multiplicaban los interrogantes abiertos que planteaba la sorprendente coincidencia en los puntos más importantes de las experiencias relatadas. Y fue el lector, como casi siempre, el que avaló con su aceptación masiva un libro destinado, a priori, a integrar el catálogo de obras de minorías, especializadas, raras y curiosas.

Naturalmente, el tema no está agotado, ni mucho menos. La curiosidad científica del doctor Moody lo ha llevado a continuar sus investigaciones en torno a la muerte, esta vez en un campo aún más polémico: la posibilidad de contactar con personas fallecidas. Ahí están los resultados en un nuevo libro (Más sobre Vida después de la vida) que también hemos tenido el placer de publicar en español. Su contenido ha vuelto a significar un punto de inflexión, ya que sus aportaciones desechan prejuicios y abren interrogantes que no pueden ser ignorados por nadie que tenga un mínimo de interés por los grandes enigmas que han rodeado al hombre en torno a la muerte.

Finalmente, como editores, nos queda la satisfacción de haber llevado al lector español un libro que ya ha entrado por méritos propios en la categoría de clásico, y, cómo no, agradecerle la respuesta con la que, durante 20 años, ha demostrado su sensibilidad y criterio a la hora de valorar obras valientes e innovadoras.

Respecto al doctor Moody, hay que decir que no ha perdido un ápice de su talante científico, de su buen humor de su calidad humana ni de su espíritu emprendedor Todo ello lo testimonian las decenas de conferencias que anualmente imparte en todo el mundo y las novedades editoriales con las que invariablemente nos sorprende y nos estimula una y otra vez a revisar conceptos y creencias que considerábamos inamovibles.

Por estas razones, gracias a todos, autor y lectores, y confiamos en continuar siendo un eficaz elemento transmisor entre ambos. Para nosotros es una gran satisfacción.

LOS EDITORES

Prefacio

He tenido el privilegio de leer la copia previa a la publicación del libro y me complació que al doctor Moody, joven erudito, haya tenido el coraje de reunir sus descubrimientos y realizar este nuevo tipo de investigación, tan útil para la gran masa de público.

Desde hace veinte años vengo dedicándome a pacientes en la última fase de su enfermedad, por lo que he experimentado una preocupación creciente ante el fenómeno de la muerte. Hemos aprendido mucho sobre dicho proceso, pero quedan sin responder muchas de las preguntas sobre el momento de la muerte y las experiencias que tienen nuestros pacientes a partir del instante en que se los declara clínicamente muertos.

La investigación que el doctor Moody presenta en este libro iluminará muchas de ellas, confirmando al tiempo lo que se nos ha dicho durante dos mil años: que existe vida tras la muerte. Aunque no afirma haber estudiado la muerte misma, es evidente, a partir de sus hallazgos, que el paciente continúa consciente del entorno tras haber sido declarado clínicamente muerto. Ello coincide con mi propia investigación, basada en los relatos de pacientes que han muerto y han regresado, contra lo que era de esperar, y ante la sorpresa de expertos y bien conocidos médicos.

Todos los pacientes han experimentado la sensación de flotar fuera del cuerpo, unida a la de una gran paz y una percepción de totalidad. Casi todos eran conscientes de otra persona que los ayudaba en la transición a otro plano de existencia. Muchos eran recibidos por seres amados que habían muerto antes o por un personaje religioso que había sido significativo en su vida y que, como es natural, coincidía con sus creencias religiosas. Me llena de aliento leer el libro del doctor Moody en el momento en que me encontraba dispuesta a poner sobre el papel los resultados de mis propias investigaciones.

El doctor Moody ha de estar preparado para recibir muchas críticas, provenientes ante todo de dos áreas. Una de ellas compuesta de miembros del clero que se sentirán molestos de que alguien se atreva a investigar un terreno que se supone tabú. Algunos representantes religiosos de una iglesia sectaria ya han expresado sus críticas ante estudios como éste. Uno de ellos se refería a éstos como «vendedores de la gracia a precio de saldo». Otros pensaban que la cuestión de la vida en el más allá debía ser aceptada con fe ciega y no ser cuestionada por nadie. El segundo grupo del que el doctor Moody puede esperar críticas está compuesto de científicos y médicos que considerarán su estudio «acientífico».

Creo que hemos llegado a una era de transición en nuestra sociedad. Hemos de tener el coraje de abrir nuevas puertas y admitir que nuestras actuales herramientas científicas son inadecuadas para muchas de las nuevas investigaciones. Confío en que este libro las abra a quienes poseen una mente abierta y en que les dará esperanza y valor para avaluar las nuevas áreas de investigación. Ellos comprenderán que los descubrimientos aquí citados son verdaderos, pues están escritos por un investigador genuino y honesto. Son corroborados por mi propia investigación y por los hallazgos de otros científicos serios, de eruditos y de clérigos que han tenido la valentía de investigar este nuevo campo con el deseo de ayudar a quienes necesitan conocer

Recomiendo el libro a todos los que mantengan abierta su mente, y felicito al doctor Moody por el valor que ha demostrado al imprimir sus descubrimientos.

ELISABETH KUBLER-ROSS, M. D.

Flossmoor, Illinois

Introducción

Este libro, en cuanto que es obra humana, refleja los antecedentes, opiniones y prejuicios de su autor. Por ello, y a pesar de la objetividad que me he esforzado en imprimirle, pueden ser útiles algunos datos sobre mi persona en el momento de evaluar algunas de las extraordinarias afirmaciones que en él se hacen.

En primer lugar, nunca he estado cerca de la muerte, por lo que no se trata de un relato de primera mano sobre experiencias propias. Sin embargo, no puedo por ello reivindicar una objetividad total ya que mis emociones han estado implicadas en el proyecto. Mientras escuchaba el relato de las fascinantes experiencias de que trata este libro, llegaba casi a la sensación de estar viviéndolas. Espero que tal actitud no haya comprometido la racionalización y equilibrio de mi aproximación al tema.

En segundo lugar, el que escribe no está ampliamente familiarizado con la abundante literatura sobre hechos paranormales y ocultos. No lo digo por menospreciarla, pues estoy convencido de que un mejor conocimiento de ella hubiera ampliado mi comprensión de los hechos estudiados. De hecho, tengo la intención de analizar más profundamente algunos de esos libros para comprobar hasta qué punto las investigaciones de otros son confirmadas por las mías.

Mi educación religiosa merece algún comentario. Mi familia acudía a la iglesia presbiteriana, pero mis padres nunca intentaron imponer sus creencias o conceptos religiosos a sus hijos. Conforme iba creciendo, se limitaron a estimular cualquier interés que desarrollara por mí mismo, facilitándome oportunidades para ello. En consecuencia, tuve una «religión» compuesta no por una serie de doctrinas fijas, sino por cuestiones, enseñanzas y doctrinas religiosas y espirituales. Creo que todas la religiones humanas tienen muchas verdades que comunicarnos y que ninguno de nosotros posee todas las respuestas a las verdades profundas y fundamentales con que trata la religión. Por lo que se refiere a mi adscripción a una organización particular, soy miembro de la Iglesia metodista.

En cuarto y último lugar, mis antecedentes académicos y profesionales son algo diversos; algunos dirían fraccionarios. Me gradué en filosofía en la Universidad de Virginia y me doctoré en esa materia en 1969. Me he interesado especialmente por la ética, la lógica y la filosofía del lenguaje. Tras enseñar filosofía durante tres años en una universidad del oeste de Carolina del Norte, cursé estudios en una facultad de medicina con la finalidad de convertirme en psiquiatra y enseñar filosofía de la medicina en una facultad médica. Todos esos anhelos y experiencias han contribuido, lógicamente, a dar forma a la aproximación que he adoptado en este estudio.

Espero que el libro llamará la atención sobre un fenómeno muy extendido y al mismo tiempo bien oculto y que, al mismo tiempo, creará una actitud pública más receptiva sobre la materia. Estoy firmemente convencido de que tiene un gran significado, no sólo para muchos campos académicos y prácticos -especialmente psicología, psiquiatría, medicina, filosofía, teología y sacerdocio-, sino también para la forma en que vivimos nuestra existencia cotidiana.

Permítaseme decir desde el principio que, por motivos que explicaré más tarde, no estoy intentando demostrar que exista vida después de la muerte. Ni siquiera pienso que una «prueba» de este tipo sea posible hoy en día. Se debe en parte a esto que haya evitado el uso de nombres reales y disfrazado algunos de los detalles que podrían servir de identificación, aunque dejando siempre sin cambiar el contenido. Ha sido necesario para proteger la vida privada de los individuos implicados y, en muchos casos, para obtener el permiso de publicación de las historias que me relataron.

A muchos, las afirmaciones que se hacen en este libro les parecerán increíbles y su primera reacción será de rechazo. De nada puedo culparlos, pues ésa hubiera sido precisamente mi reacción hace tan sólo unos cuantos años. No pido que nadie acepte y crea los contenidos de este libro basándose sólo en mi autoridad. Por el contrario, como lógico que rechaza la aproximación a una creencia basándose en ilícitas apelaciones a una autoridad, pido expresamente que nadie lo haga así. Sólo deseo que cualquiera que no crea en lo que lee indague un poco por sí mismo. Es lo que yo he hecho durante algún tiempo. De los que lo han aceptado, ha habido muchos que, escépticos al principio, han llegado a compartir mi asombro ante estos acontecimientos.

No dudo, además, que muchos se sentirán aliviados al leerlo, pues descubrirán que no han sido los únicos en haber tenido tal experiencia. A ellos -especialmente si, como ha ocurrido con frecuencia, sólo se han confiado a unas pocas personas- sólo puedo decirles que espero que este libro los anime a hablar más libremente, para que una de las facetas más problemáticas del alma humana pueda ser más claramente elucidada

 

 
 
 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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