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TUS ZONAS MÁGICAS

 

Primera Parte

 

2- CÓMO CONVERTIRSE EN UN SER ESPIRITUAL

Dr. WAYNE W. DYER

 

CÓMO CONVERTIRSE EN UN SER ESPIRITUAL

Nacemos al mundo de la Naturaleza; cuando nacemos por segunda vez, es al mundo del espíritu.
BHAGAVAD GITA

 
   

Pocos de nosotros hemos tenido preparación o educación sobre el modo de utilizar el poder de nuestra mente. Hemos sido educados a base de una constante dieta de lógica y racionalismo, en la mentalidad de que hay que creer sólo aquello que se ve. En pocas palabras, se nos ha educado para creer sólo en aquellas cosas que podemos comprender y comprobar. La mente racional no puede comprender los milagros, que son un desafío a la lógica. Los milagros no pueden ser «comprendidos» mediante las formas de pensamiento a las que estamos condicionados. Así pues, para entrar en el mundo de la realidad mágica deberás aprender cómo ir mucho más allá de tu mente racional y entrar en la dimensión espiritual.

MÁS ALLÁ DEL ESCEPTICISMO

La preparación espiritual mínima que hayas podido recibir probablemente te ha llegado a través de alguna organización religiosa. El don maravilloso que nos ha ce la religión es la enseñanza de que somos espirituales por naturaleza y de que tenemos todos un alma como parte de nuestra condición humana.

El principal inconveniente de la religión es la enseñanza según la cual el alma debe adaptarse a las reglas y normas, y el hecho de que estas restricciones anímicas procedan directamente del dogma de una religión en particular y de sus representantes. Pero el alma no se conforma a ninguno de los límites o de las leyes que se le han atribuido. No tiene dimensiones ni forma, y es invisible. Incluso hablar acerca de ella es muy difícil, porque las frases deben llegar a su fin mientras que el alma no lo tiene.  

Probablemente, debido a tu preparación formal, hayas adoptado una actitud escéptica en relación con la espiritualidad. Para poder participar en el alto drama de los milagros y de la realidad mágica, debes creer en tu
yo espiritual, algo que no tiene absolutamente nada que ver con tu afiliación religiosa. Sea cual fuere el nombre que des a esa inteligencia superior que impregna tu forma, sea cual fuere el nombre de tu maestro espiritual,
su denominación no influirá en tu potencial para hacer milagros. Yo simplemente te animo a desarrollar un auténtico conocimiento de esta parte de tu condición humana. Maurice Nicoll escribió en Living Tíme las siguientes palabras, que considero muy apropiadas en relación con esta cuestión:

No captamos el hecho de que somos invisibles... no comprendemos el hecho de que la vida, antes que cualquiera de sus definiciones, es un drama de lo visible y lo invisible. Creemos que sólo el mundo visible posee realidad y estructura, y no concebimos la posibilidad de que el mundo interior que conocemos como pensamiento, sentimiento e imaginación posea una estructura real y existente en su propio espacio, aunque éste no sea el espacio con el que estamos en contacto a través de nuestros órganos sensoriales.

De acuerdo con las palabras de Nicoll, es mucho lo que tienes que superar para desarrollar tu conocimiento interior de la verdad. Se te pedirá que creas en lo incognoscible, contrariamente a lo que te han enseñado. Y sin embargo, está siempre ahí, como tan acertadamente nos dice H. L. Mencken: «Al penetrar en tantos secretos dejamos de creer en lo incognoscible. Pero ahí está, lamiéndose tranquilamente el lomo». Efectivamente, está ahí mismo y, sin embargo, no puedes tocarlo con los dedos ni siquiera por un instante. Convertirse en un ser espiritual supone olvidarse de nuestros cinco sentidos, incluido el dedo que no puedes posar, y desarrollar una tranquila sensación de confianza en lo que te impregna -lo sabes-, pero que nunca puedes demostrar mediante la lógica o mediante nuestros actuales dispositivos de medición.
Una vez poseas la experiencia de esta dimensión invisible y conozcas ese lugar superior al que puedes ir mentalmente y del que puedes recibir guía y, sí, incluso la ayuda necesaria para crear realidad mágica en tu vida, habrás pasado de ser una persona exclusivamente física, un ser humano con experiencia espiritual, a ser
un ser espiritual con experiencia humana. Por supuesto, ello no constituirá en absoluto un rechazo de tu yo
físico. De hecho, el paso que te llevará a ser un ser espiritual ampliará y mejorará tu vida física en muchísimos sentidos. El lugar para la creación de realidad mágica estará en tu despertar espiritual pero se manifestará aquí
y ahora, en este mundo físico donde tú te hallas día tras día.
Es preciso que tu capacidad ampliada para hacer vida física. Cuando este conocimiento especial se haga realidad para ti y sea algo a lo que puedes recurrir y en lo que puedes confiar en tu interior, serás tan poderoso que te sentirás como el rico que, haga lo que haga, siempre tiene dinero. Te reconfortará saber que nunca puedes perder tu contacto espiritual una vez lo has logrado, y sabrás que éste forma para siempre parte de ti.
Del mismo modo que yo te pido aceptes este mundo invisible cuya existencia conoces pero que, como dice
Nicoll, no puedes identificar con tus sentidos, hay muchos y respetables miembros de la
comunidad científica que se esfuerzan denodadamente por intentar demos trar científicamente la existencia del alma. Aunque mi intención en este libro no es demostrar ni refutar nada desde el punto de vista científico, unas palabras acerca de estos estudios te ayudarán a ponerte en movimiento en la dirección que lleva primero
al ser espiritual y luego al ser físico consecuencia de tu espiritualidad.
En el fascinante libro Recovering the Soul, el doctor Larry Dossey ofrece un cuadro completo de las pruebas que apoyan la teoría no local de la mente humana. Esta teoría dice que la mente humana no se limita a un cuerpo o a un cerebro sino que, de algún modo, existe en el tiempo y en el espacio en concierto con el cuerpo físico. Esta visión no local de la mente abre enormes posibilidades. En palabras del doctor Dossey:

Supongamos por un momento que pudiéramos demostrar que la mente humana no es algo local; que es en última instancia independiente del cerebro y del cuerpo físicos y que, a modo de correlación, trasciende el tiempo y el espacio. Esto, a mi modo de ver, ocuparía un lugar en importancia que iría mucho más allá de cualquier cosa que se haya descubierto, en el pasado o en la actualidad, acerca del organismo humano. Este descubrimiento pulsaría una esperanzadora cuerda acerca de nuestra naturaleza interior, una cuerda que se
ha visto silenciada en una era científica; fomentaría una nueva visión del ser humano, triunfante sobre la carne
y la sangre. Anclaría de nuevo el espíritu humano de lado de Dios en lugar de ponerlo del lado del azar, la casualidad y el deterioro. Espolearía a la voluntad humana llevándola hacia la grandeza y no hacia la conveniencia y el egoísmo... y, una vez más, podríamos recuperar algo que se ha visto en gran medida ausente en nuestra experiencia de los últimos tiempos: el alma humana.

Esta idea del alma como algo atemporal y no local es realmente fascinante. Está siendo objeto de investigaciones por parte de científicos de diversas especialidades, y yo estoy seguro de que pronto tendremos pruebas irrefutables de su ubicación no local. Imaginemos la diferencia que supondría una prueba semejante para nosotros en tanto que seres humanos. Saber que el alma sobrevive a la muerte del cuerpo físico ayudará
a cambiar nuestro modo de relacionarnos entre nosotros mientras nos hallamos aquí en la Tierra. Afectará de manera drástica a nuestro ejercicio de la medicina. Como señala el doctor Dossey:

El propósito último del moderno curador no sería ya impedir la muerte y el deterioro físico, puesto que éstos perderían su estatus absoluto si la mente fuera en última instancia trascendente en relación con el cuerpo físico... Por otro lado, si la humanidad creyera realmente en la realidad de una mente no localizada, entrarían
en juego unas bases totalmente nuevas para la conducta ética y moral que ofrecerían al menos la posibilidad
de apartarnos radicalmente del modo demente en que los seres humanos y las naciones -Estado se han comportado desde siempre unos con otros; y además, toda la premisa existencial de la vida humana se desplazaría hacia lo moral y lo ético, hacia lo espiritual y lo sagrado.

Dentro de este contexto te pido que procures con denuedo convertirte tú en un ser espiritual, ya que dentro
de él es donde se conocen los milagros y la realidad mágica. Una vez hayas desarrollado el conocimiento interior de tu yo espiritual, no local, cualesquiera datos científicos externos carecerán de importancia. Sin embargo, a fin de ayudarte a superar tu falta de fe, he aquí unas cuantas opiniones de pensadores científicos contemporáneos sobre este tema. Robert Herrman, científico, director ejecutivo de la Afiliación Científica Norteamericana y autor de The God Who WouId Be Known, dice así: «Mires adonde mires en el campo de las ciencias, cada vez es más difícil comprender el universo sin Dios». Cuando se ven en la obligación de definir a Dios, teólogos y científicos se ponen extrañamente de acuerdo. Saben que, de algún modo, en un mundo físico de causa y efecto, era necesario algo para que todo el conjunto se pusiera en marcha. Saben también que hay alguna forma de fuerza invisible que mantiene unido el conjunto, incluida toda la materia. En lugar de ver a Dios como una deidad situada en algún punto de la lejanía celeste, lo ven como una presencia que impregna el Universo. De
ahí la idea bíblica que dice: «En Él vivimos, y nos movemos y tenemos nuestro ser».
Entre la comunidad científica, que vive de y se deleita con las pruebas contundentes, reina un gran desacuerdo sobre esta cuestión del alma y de Dios como presencia en el conjunto de la vida. Y sin embargo, los científicos saben que existe algo en toda forma de vida que desafía a la lógica. Un corazón empieza a latir dentro del útero de una madre a las seis o siete semanas de la concepción, y el proceso entero es un gigantesco misterio, incluso para nuestras mentes científicas más sutiles. Hace cuarenta años la respuesta a la pregunta «¿Cree usted en Dios?» era normalmente «Claro que no, soy científico». Hoy en día, y cada vez más,
la respuesta del científico a la misma pregunta es: «Naturalmente, soy científico».
Los que se dedican a la nueva física de la mecánica cuántica están ahora empezando a demostrar lo que la metafísica (más allá de la física) había venido indicando durante siglos. Hay una conexión entre todos los seres, una fuerza invisible en el universo que impregna toda la vida. Aún más sorprendente, según informaba John Gliedman en Scientific Digest hace diez años (julio de 1982), es el hecho de que «varios grandes teóricos han llegado a las mismas y sorprendentes conclusiones: su labor parece indicar la existenc ia de un mundo espiritual oculto dentro de todos nosotros». Gliedman, con sarcasmo, llamaba a esto «el espíritu de la máquina». Es esta presencia dentro de todos nosotros -esta dimensión de nuestra condición humana que desafía a la medición y a las reglas de causa y efecto- la que sigue confundiendo a los científicos. Y sin embargo, muchos de ellos han llegado a la conclusión de que el «alma» -ese «espíritu de la máquina»- existe.
El artículo de Gliedman, titulado «Scientists in Search of the Soul» (Científicos en busca del alma), cita a muchos de los más respetados y distinguidos científicos de todo el mundo. Algunos llegan a la conclusión de que es nuestro yo inmaterial (invisible) el que constituye nuestros rasgos humanos de conciencia de nosotros mismos, libre albedrío, identidad personal, creatividad y emociones. Indican que esa presencia invisible ejerce una influencia física sobre nosotros y, lo que es aún más sorprendente, que ese yo inmaterial sobrevive a la muerte del cerebro físico.
Otra idea inquietante es la de John von Neumann, un matemático y científico de quien el premio Nobel Hans Bethe decía que tal vez fuera «el hombre más inteligente que jamás haya existido». Bethe observó una vez lo siguiente: «Me he preguntado a veces si un cerebro como el de John von Neumann no indica la existencia de una especie superior a la del hombre». Y ¿cuáles eran las conclusiones de Von Neumann?: «Que la realidad física era una invención de la imaginación humana y que la única verdadera realidad era el pensamiento». Eugene Wigner, que obtuvo del premio Nobel de Física en 1963 y que estudió las formulaciones de Von Neumann, manifestó públicamente lo siguiente: «Es posible que el hombre tenga una conciencia inmaterial capaz de influir en la materia».
Dicho en mis palabras, en tanto que no laureado con el premio Nobel: tú tienes la capacidad de crear
milagros y vivir una vida de realidad mágica si utilizas tu yo invisible para influir en tu realidad física. Cuando realmente pasas a ser primero un ser espiritual y luego un ser físico y sabes cómo vivir y respirar en esta nueva concordancia, te conviertes en tu propio hacedor de milagros.
Para ser justos, digamos que Gliedman habla también extensamente de los muchos y distinguidos científicos que adoptan la posición contraria, según la cual no tenemos pruebas de la existencia del alma. Podemos ver
en esas personas a miembros de la misma fraternidad que, a lo largo de toda la historia de que tenemos constancia, han declarado que no había pruebas: y así, la vida microscópica no existe, las máquinas voladoras son imposibles y la Tierra no es redonda. Para mí, la existencia del alma no necesita de ninguna validación científica. Yo sé lo que sé acerca de mí mismo y para mí la prueba está en mi propia experiencia. Los metafísicos y los poetas han expresado para mí verdades de especial relieve en relación con la cuestión de la existencia del alma. Escuchad los Auguries Of Innocence, de William Blake:

Ver el Mundo en un grano de arena
Y el Cielo en una flor silvestre,
Tener el Infinito en la palma de la mano
Y la Eternidad en una hora...
Nos vemos llevados a creer en una mentira
Cuando vemos con y a través de los ojos
Lo que nació en una noche para perecer en una noche
Mientras el Alma dormía en rayos de luz.


¡Qué magnífica visión! Tener el infinito en la palma de la mano. Efectivamente, nos vemos llevados a creer una gran mentira: que no somos más que estos cuerpos que envejecen. Blake nos recuerda en cambio que nuestra alma, nuestro ser espiritual, no muere ni nace, sino que es eterna y sin forma como un rayo de luz.
Haz que ocupe un lugar destacado en tu pensamiento el hecho de que convertirse en un ser espiritual
supone ser capaz de tocar nuestro yo interior y saber que constituye el secreto para nuestra capacidad última
de convertirnos en hacedores de milagros. Este yo interior y sin forma es tu imaginación. Albert Eins tein, en quien se unían las cualidades del poeta y del científico, resumió esto de manera soberbia: «La imaginación es más importante que el conocimiento». Si examinamos las vidas de las personas que más han influido de entre quienes se han paseado por entre nosotros, descubriremos un hilo que las une a todas ellas. Se han puesto primero del lado de su naturaleza espiritual y, sólo luego, del de su yo físico.

NUESTROS MÁS GRANDES MAESTROS
Todos nuestros grandes maestros sin excepción, así como aquellos que han causado un impacto más grande sobre la humanidad, han sido seres espirituales. No estaban en modo alguno limitados por sus cinco sentidos. Todos los grandes maestros y doctrinas, como son el cristianismo, el budismo, el judaísmo, el Islam,
el sufismo y el confucianismo, nos han dejado un mensaje parecido. Penetra en tu interior, descubre tu yo
superior e invisible, reconoce a Dios en el amor que hay en ti.
Todos estos maestros espirituales fueron hacedores de milagros, Vinieron para enseñarnos el increíble poder que reside dentro de cada uno de nosotros. Parece irónico que, como personas, hayamos estado obsesionados con aquello que nos divide, con la guerra y la construcción de sistemas cada vez más poderosos destinados a difundir el odio y la muerte, cuando las enseñanzas más influyentes y veneradas del mundo contienen todas un mensaje de amor.

Por ejemplo:
Cristianismo: Dios es amor y aquel que se rige por el Amor se rige por Dios, y Dios habita en él.
Budismo: aquel que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Judaísmo: el Amor es el principio y el final de la Torah.
Confucianismo: el Amor pertenece a la alta nobleza del Ciclo y es el hogar tranquilo donde debe morar el
Hombre.
Sufismo: cuerdos y locos, todos lo buscan a Él heridos de Amor, igual en la mezquita que en el templo o en la iglesia. Porque sólo Dios es el Dios único del Amor. Y el. Amor llama desde ellos, que son todos Su hogar. Convertirse en un ser espiritual equivale a convertirse en un hacedor de milagros y conocer la bendición de la realidad mágica. Hay una enorme diferencia entre las personas no espirituales, o «sólo físicas» y aquellas a quienes yo llamo seres espirituales. Examinemos el siguiente perfil del modo en que estos seres viven con sus yoes invisibles, sus mentes. Si quieres de veras conocer este algo ideal al que yo sigo llamando realidad mágica, tu tarea consiste en ponerte del lado del pensamiento de los seres espirituales.

SERES ESPIRITUALES FRENTE A SERES NO ESPIRITUALES: LOS DOCE RASGOS DE LA ESPIRITUALIDAD
Utilizo los términos espiritual y no espiritual en el sentido de que un ser espiritual tiene un conocimiento consciente tanto de la dimensión física como de la invisible, mientras que el ser no espiritual sólo es consciente del reino de lo físico. Ninguna de estas dos categorías, en el sentido en que yo las utilizo, supone en modo alguno ateísmo u orientación religiosa. La persona no espiritual no es incorrec ta ni mala sólo porque viva el mundo sólo de manera física.
Vienen a continuación los «doce rasgos de la espiritualidad» doce creencias y prácticas para que las cultives,
al tiempo que desarrollas tu capacidad para hacer aparecer milagros en tu vida. Es totalmente imprescindible que te conviertas en un ser espiritual de acuerdo con estos rasgos si tu propósito en esta vida es la realidad mágica.

1. El ser no espiritual vive exclusivamente dentro del marco de los cinco sentidos, en la creencia de que si no puede ver, tocar, oler, oír o gustar algo es que ese algo no existe. El ser espiritual sabe que, más allá de sus cinco sentidos físicos, hay otros sentidos con los que se puede experimentar el mundo de la forma
A medida que trabajas para convertirte en un ser espiritual al mismo tiempo que un ser físico, empiezas a vivir de manera cada vez más consciente dentro del reino invisible del que he hablado en este capítulo. Empiezas a darte cuenta de que hay sentidos más allá de este mundo físico. Aun cuando no seas capaz de percibirlo a través de uno de los cinco sentidos, sabes que eres un alma con un cuerpo y que tu alma carece de límites y desafía al nacimiento y a la muerte. No se rige por ninguna de las reglas y normas que gobiernan el universo físico. Ser es piritual significa permitirse la posibilidad de ser multisensorial. Se abre, pues, todo un universo nuevo. Como dice Gary Zukav en The Seat of the Soul: «Las experiencias del hombre multisensorial son menos limitadas que las del hombre pentasensorial. Proporcionan más oportunidades para el crecimiento y
el desarrollo y también más oportunidades para eludir dificultades innecesarias».
2. El ser no espiritual cree que estamos solos en el universo. El ser espiritual sabe que no está nunca solo.

Un ser espiritual se siente cómodo ante la idea de tener a su disposición en todo momento maestros, observadores y guía divina. Si creemos que somos almas con cuerpo y no cuerpos con alma, siempre podremos recurrir a la parte eterna e invisible de nuestro ser en busca de ayuda. Una vez esta creencia está bien asentada y es inconmovible, jamás se puede dudar de ella, sean cuales fueren los argumentos racionales que esgrimen aquellos que viven exclusivamente en el plano físico. Para algunos, esto se llama rezar con intensidad, para otros es Dios, es inteligencia o fuerza universal y omnipresente, y, para otros, es guía espiritual. Lo que importa no es el nombre que demos a este yo superior ni cómo éste se pronuncie ya que está más allá de toda definición, más allá de las etiquetas y del mismo lenguaje.
Para el ser no espiritual, todo esto es bazofia. Aparecemos sobre la Tierra, tenemos una sola vida que vivir y
nadie tiene espíritus ni dentro ni fuera a los que recurrir. Para el ser no espiritual es éste un universo puramente físico, y el propósito consiste en manipular y controlar el mundo físico de todas las maneras posibles. El ser espiritual ve en el mundo físico un campo donde crecer y aprender, con el propósito específico de servir y evolucionar hacia niveles más elevados de amor.
Los seres no espirituales aceptan la existencia de un ser supremo o Dios no como una fuerza universal que
llevamos dentro, sino como un poder aparte, que un día tiene que pasarnos cuentas. Son seres más temerosos que amorosos. No consideran que cuenten con ayuda o que posean un yo superior, a menos que conozcan el tipo de experiencia directa de una presencia divina de que nos hablan san Pablo o san Francisco de Asís.
Los seres espirituales saben, a través de la experiencia personal de haber estado en contacto con su propia
guía divina, que no están solos y que pueden recurrir a esa guía para llegar a hacer milagros en sus vidas.
3. El ser no espiritual se consagra al poder exterior. El ser espiritual se consagra a la adquisición de poder interior.
El poder exterior se halla en el dominio y en el control sobre el mundo físico. Es el poder de la guerra y del poderío militar, el poder de las leyes y de las organizaciones, el poder de los negocios y de los juegos de Bolsa.
Es el poder de controlar todo cuando es externo a uno mismo. El ser no espiritual se consagra a este poder exterior.
El ser espiritual, en cambio, se consagra a elevarse él y elevar a los demás a niveles cada vez más altos de
conciencia y realización. El uso de la fuerza sobre otro no entra dentro de lo posible para este ser espiritual. No está interesado en acumular poder, sino en ayudar a otros a vivir en armonía y a experimentar la realidad mágica. Se trata de un poder del amor, de un poder que no juzga. No hay en este poder hostilidad ni ira. El fin está en capacitarse realmente para saber que se puede vivir en el mundo con otros que tengan diferentes puntos de vista y no tener necesidad de controlarlos o vencerlos para hacer de ellos sus víctimas. Un ser espiritual conoce el enorme poder que representa la capacidad de manipular el mundo físico con la mente. Una mente en paz, una mente centrada y no consagrada a hacer daño a los demás es más fuerte que ninguna fuerza física del universo. Toda la filosofía del aikido y de las artes marciales de Oriente se basa no en el poder exterior sobre el contrario, sino en convertirse en uno con esa energía externa a fin de eliminar la amenaza. Adquirir poder es el gozo interior de saber que la fuerza exterior no es necesaria para estar en armonía con uno mismo.
El ser no espiritual no conoce otro camino. Hay que estar constantemente preparado para la guerra. Aun
cuando los líderes espirituales a los que a menudo rinden pleitesía se manifiesten en contra de ese empleo del poder, el ser no espiritual es incapaz de ver otra alternativa.
El auténtico poder consiste en rendirse a aquello que hay de amoroso, armonioso y bueno en nosotros y no
permitir la presencia de enemigos en nuestra conciencia. Se trata de una concordancia con el alma, una concordanc ia que es nuestra razón misma para estar aquí.
Una vez no necesites ya dominar a los demás, adquirir más posesiones o controlar el entorno que te rodea
habrás desplazado tu interés desde el poder exterior al poder interior. Verás que el tener poder interior no te reduce en modo alguno al servilismo ni a ser víctima de los demás. Muy al contrario. Verás que ni siquiera percibes a los demás como agresores potenciales. Rechazarás esas amenazas y, de hecho, ni siquiera las percibirás como tales. Además, la ausencia de la necesidad por tu parte de demostrar cuán grande es tu poder
te dará la oportunidad de dar poder a otros.
Cuando llegues a la etapa de dar estarás en concordancia con tu propósito, y te hallarás en el punto desde el que puedes hacer milagros. No pedirás nada de los demás, no porque seas orgulloso u omnipotente, sino porque serás una luz para ti mismo. Así se comporta el ser espiritual, y sólo cuando renuncies a la necesidad
de poder exterior y te pongas del lado de tu propósito anímico estarás preparado para la realidad mágica.
4. El ser no espiritual se siente separado y distinto e todos los demás, un ser para sí mismo. El ser espiritual sabe que está en relación con todos los demás y vive la vida como si cada persona con quien se encuentra compartiera con él la condición humana.
Cuando una persona se siente separada de todos los demás se vuelve egocéntrica y mucho menos
preocupada por los problemas ajenos. Quizá se compadezca de las personas que mueren de hambre en otra parte del mundo, pero en su vida cotidiana reaccionará así: «No es problema mío». La personalidad separada,
el ser no espiritual, está consagrada básicamente a sus propios problemas y a menudo siente que los demás
se interponen en su camino o intentan conseguir lo que él desea, por lo que de be «reducir» al otro antes de que lo reduzcan a él. El ser espiritual sabe que estamos todos relacionados y es capaz de ver la plenitud de Dios en cada persona con la que establece contacto. Este sentimiento de conexión elimina gran parte del conflicto interior que experimenta el ser no espiritual, que juzga constantemente a los demás, los clasifica
 según su aspecto físico y su conducta y luego busca cómo hallar el modo de ignorarlos o aprovecharse de ellos para su propio beneficio. El hecho de es tar relacionados elimina la necesidad de conflicto y confrontación. El saber que la misma fuerza invisible que fluye por su interior fluye a través de todos los demás permite al ser espiritual atenerse realmente a una conducta recta. El ser espiritual piensa: «El modo en que trato a los demás
es esencialmente el modo en que me trato a mi mismo, y viceversa». El significado de «Ama a tu prójimo como
a tí mismo» está claro para el ser espiritual, mientras que es considerado como una tontería por el ser no espiritual. No es posible el juicio negativo cuando nos sentimos relacionados con todos los demás. El ser espiritual sabe que con sus juicios no puede definir a los demás, sino sólo definirse a sí mismo en tanto que persona que juzga.
La investigación en el campo de la cuántica subatómica revela la existencia de una conexión invisible entre todas las partículas y todos los miembros de una especie determinada. Esta unidad se está demostrando en notables descubrimientos científicos. Los hallazgos muestran que la distancia física, lo que consideramos espacio vacío, no impide una conexión por parte de fuerzas invisibles. Evidentemente, existen conexiones invisibles entre nuestros pensamientos y nuestras acciones. No negamos este hecho, aun cuando esa conexión sea impermeable a nuestros sentidos. El ser no espiritual no puede realizar este salto, pero el ser espiritual sabe que esa fuerza invisible lo pone en relación con todos los demás y, por lo tanto, trata a todos los demás como si fueran parte de sí mismo. Es una cuestión de conocimiento. El ser no espiritual sabe y actúa como si fuera una isla, separado y distinto de los demás, sin relación con ellos. El ser espiritual conoce la ver- dad que hay en estas famosas líneas de John Donne:

Ningún ser humano es una isla, cerrada en sí misma, sino que todo hombre es una parte del continente, un pedazo de la tierra firme; si un terrón de tierra es arrastrado por el mar, Europa se ve disminuida, igual que si
se tratara de un promontorio, igual que si se tratara de la mansión de tus amigos o de tu propia mansión; la
muerte de todo hombre me disminuye, porque yo tengo que ver con la humanidad; no preguntes, pues, nunca por quién doblan las campanas: doblan por ti.

No es posible una mejor descripción del ser es piritual, que se ocupa desde luego de la humanidad y vive su vida cada día de acuerdo con ello. Dicho llanamente, los milagros y la realidad mágica no están al alcance de aquellos que se creen islas en el mar de la humanidad.
5. El ser no espiritual cree exclusiva mente en una interpretación de la vida basada en causas y efectos. El
ser espiritual sabe que hay un poder superior que actúa en el universo, más allá de una simple relación de causa y efecto.
El ser no espiritual vive exclusivamente en el mundo físico, donde rigen causa y efecto. Si planta una semilla
(causa), verá el resultado (efecto). Si tiene hambre, buscará alimento. Si está airado, se desfogará. Se trata realmente de un modo de pensar y comportarse racional y lógico, ya que la tercera ley del movimiento (por cada acción hay una reacción igual y opuesta) está siempre en funcionamiento en el universo físico.
El ser espiritual va más allá de la física de Newton y vive en un reino totalmente distinto. Sabe que los pensamientos salen de la nada y que, en nuestro estado onírico (una tercera parte del total de nuestra vida física), donde nos hallamos en un estado de pensamiento puro, causa y efecto no desempeñan ningún papel.
En el estado onírico podemos tener cuarenta años en un momento determinado y doce al momento siguiente, podemos subir a un coche y volar por encima de nuestro hogar de la infancia. Thoreau resumió muy bien esa experiencia con esta provocativa observación: «Yo no sé distinguir entre la vigilia y el sueño. ¿Acaso no vivimos siempre la vida que imaginamos vivir?».


Así, el ser espiritual sabe que los pensamientos no están sujetos a las leyes de la física clásica y que con
nuestros pensamientos creamos la realidad. Cuando se vive puramente de acuerdo con las leyes de causa y efecto, no se puede esperar crear milagros, porque los milagros y la realidad mágica están más allá de la lógica
de la física. Los milagros tienen su origen en el poder de nuestra mente y, de este modo, causa y efecto son
sustituidos por una creencia en los efectos resultantes de lo que llamamos nada o vacío.
Nuestros pensamientos y creencias son milagros en sí mismos, y las únicas herramientas que tenemos para procesar este mundo físico. Desafían la lógica de causa y efecto, ya que nuestros pensamientos no parecen proceder de ninguna parte; así pues, nuestra capacidad para hacer milagros tiene también su origen en ese lugar divino de la nada. Cuando se necesita una explicación de causa y efecto, se es incapaz de entrar en el mundo de la realidad mágica. Nuestros pensamientos , al igual que todos los sonidos que proferimos, proceden del vacío silencioso, y nuestra capacidad para hacer milagros es un poder que tiene su origen en el espacio vacío y silencioso de nuestro auténtico ser.
6. El ser no espiritual está motivado por el logro, el rendimiento y las adquisiciones. El ser espiritual está
motivado por la ética, la serenidad y la calidad de vida.
Para el ser no espiritual, lo importante es aprender con el fin de subir en el escalafón, avanzar y adquirir posesiones. El propósito del deporte es la competición. El éxito se mide por etiquetas externas como la posición, el rango, las cuentas corrientes y las recompensas. Estas cosas, que forman parte importante de nuestra cultura y no son desde luego de despreciar, no constituyen sin embargo el eje en torno al cual se mueve la vida del ser espiritual.
Para el ser espiritual, el éxito se alcanza poniéndose del lado del propio propósito, que no se mide por el
rendimiento ni por las adquisiciones. El ser espiritual sabe que estas cosas externas entran en su vida en
 cantidades suficientes y que llegan como consecuencia de una vida con propósito. El ser espiritual sabe que vivir con un propósito supone servir con amor. La madre Teresa, que ha pasado muchos años de su vida cuidando de los más desposeídos de entre nosotros en los arrabales de Calcuta, definía así el propósito en For
the Love of God:

El fruto del amor es el servicio, que es compasión activa. La religión no tiene nada que ver con la compasión,
lo que importa es nuestro amor a Dios, ya que hemos sido todos creados con el único propósito de amar y ser amados.
La realidad interior y exterior del ser espiritual se experimenta de este o parecido modo. No es necesario convertirse en un santo que cuida de los desheredados para ser espiritual. Lo único que hay que saber es que
en la vida hay mucho más que el logro, el rendimiento y las adquisiciones y que la auténtica medida de una
vida no estará en lo que se haya acumulado, sino en lo que se haya dado a los demás. El ser espiritual sabe que apareció aquí sin nada material y que se irá del mismo modo. Lo único que puede hacer por tanto es dar
de lo que tiene en este instante metafísico que llamamos su vida, su paréntesis en la eternidad. Si bien el ser
espiritual puede alcanzar y rendir a altos niveles e incluso adquirir muchas posesiones, el principio organizador que guía su vida no es el de esta motivación, En el centro de su ser está el vivir de una manera ética, moral y serena, en concordancia con un propósito espiritual. No se puede conocer la realidad mágica cuando el objetivo es conseguir más para sí mismo, especialmente si ello es a costa de los demás. Cuando experimentes una sensación de serenidad y calidad en tu vida y sepas que es tu mente la que ha creado ese estado, sabrás también que de ese estado mental surge la magia capaz de hacer milagros.
7. El ser no espiritual no tiene un lugar en su conciencia para la práctica de la meditación. El ser espiritual no
puede imaginar la vida sin ella.
Para el ser no espiritual, la idea de mirarse tranquilamente hacia dentro y estar sentado solo durante un periodo de tiempo -repitiendo un mantra, vaciando la mente y buscando respuestas en concordancia con el yo superior- bordea la locura. Para esta persona, las respuestas se buscan trabajando duro, luchando, perseverando, fijándose metas, alcanzando esas metas para luego fijarse otras y compitiendo en un mundo salvaje.
El ser espiritual conoce el enorme poder de la práctica de la meditación. Sabe que la meditación le vuelve más alerta y le capacita para pensar con mayor claridad. Conoce el efecto muy especial que tiene la meditación
en el alivio del estrés y de la tensión. Las personas espirituales saben, porque han estado allí y lo han experimentado de primera mano, que se puede obtener guía divina alcanzando la paz y la tranquilidad y pidiendo respuestas. Saben que son multidimensionales y que es posible utilizar la mente invisible a niveles cada vez más elevados a través de la meditación, o como sea que llamemos a la práctica de quedarse solo y vaciar la mente de los frenéticos pensamientos que ocupan gran parte de la vida cotidiana. Saben que, meditando profundamente, se puede abandonar el cuerpo y entrar en una esfera de magia que constituye un estado tan beatífico como el que pueda proporcionar temporalmente cualquier droga.
El gran científico francés Pascal nos proporciona esta visión: «Todas las desdichas del hombre derivan del hecho de que no es capaz de estar sentado tranquilamente, solo, en una habitación».
Uno de los grandes gozos que proporciona el convertirse en un ser espiritual es el aprender la existencia de este nuevo mundo de los fenómenos. Te sentirás, en efecto, más ligero, mas dichoso y también, irónicamente, más productivo que nunca. El ser no espiritual percibe como una huida de la realidad lo que, para el ser espiritual, es una introducción a toda una nueva realidad, una realidad que incluye una apertura en la vida que llevará a los milagros. (En el capítulo 3 se ofrece más información acerca de la meditación, así como algunas técnicas útiles.)
8. Para el ser no espiritual el concepto de intuición puede reducirse a una corazonada o a un pensamiento
azaroso que, ocasional y accidentalmente, le viene a la cabeza. Para el ser espiritual, la intuición es mucho más que una coraz onada. La ve como una guía o como la palabra de Dios, y nunca se toma a la ligera o pasa por alto esta percepción interior.
Sabes por propia experiencia que cuando haces caso omiso de tus acicates intuitivos acabas lamentándolo o teniendo que aprender a las duras, Para la persona no espiritual, la intuición es totalmente impredecible y se produce al azar, con ocurrencias puramente fortuitas. A menudo la rehúye o desdeña en favor de un comportamiento habitual. El ser espiritual se esfuerza por ser cada día más consciente de su intuición. Presta atención a los mensajes invisibles y sabe en el fondo de su ser que hay en ellos algo que es mucho más que una simple coincidencia.
Los seres espirituales tienen conciencia del mundo no físico y no se reducen exclusiva mente a un universo limitado al funcionamiento de sus cinco sentidos. De ahí que todos los pensamientos, por invisibles que sean, constituyan algo a lo que hay que prestar atención. Pero la intuición es mucho más que un pensamiento acerca
de algo, la intuición es casi como si recibiera un suave empujoncito que nos lleva a comportarnos de determinada manera o a eludir algo que puede ser peligroso o insano. Aunque inexplicable, la intuición es realmente un factor en nuestras vidas.
Para la persona no espiritual, la intuición es simplemente una corazonada, no algo a estudiar o a lo que hay que prestar más atención. La persona no espiritual piensa: «Esto pasará. Lo que ocurre es que mi cabeza funciona a veces a tontas y a locas». Para la persona espiritual, estas expresiones intuitivas interiores son casi como sostener un diálogo con Dios.

Yo veo en mis intuiciones, tengan éstas relación con lo que sea, a Dios que me habla. Presto atención cuando «siento algo» con intensidad, y siempre sigo esa inclinación interior. Hubo un tiempo en mi vida en que
no le hacía caso, pero ahora he cambiado de actitud, y estos sentimientos intuitivos siempre, siempre, me guían en la dirección del crecimiento y el propósito. A veces mi intuición me dice adónde debo ir a escribir, voy
allí y la escritura surge siempre de manera espontánea y fluida. Cuando no he hecho caso de mi intuición, he
tenido que luchar como un condenado y he echado la culpa al «bloqueo del escritor». He llegado al punto en que no sólo confío en esa guía cuando quiero escribir, sino que me apoyo en ella en prácticamente todas las áreas de mi vida. He llegado a tener una relación privada con mi intuición: desde lo que debo comer hasta el tema sobre el que debo escribir, pasando por la relación con mi esposa y con los otros miembros de mi familia. Medito sobre ella, confío en ella, la estudio y procuro ser más consciente de ella. Cuando no le hago caso lo pago, y luego me repito a mí mismo la lección para que la próxima vez no se me olvide confiar en esa voz interior.
Imagino que si puedo hablar con Dios y llamar a esto rezar, en la creencia de una presencia divina tan universal, no es ninguna locura que Dios hable conmigo. Todas las personas espirituales de las que tengo noticia comparten un sentimiento similar. La ni tuición es una guía llena de amor, y esas personas son lo bastante prudentes como para no despreciarla.
9. El ser no espiritual odia el mal y está decidido a erradicar lo que cree malo. El ser espiritual sabe que todo
aquello que odia y combate le debilita y que todo lo que defiende, todo lo que apoya, le da fuerza.
El ser no espiritual está siempre luchando; se pone del lado de los instrumentos de poder en una guerra contra aquello que cree maligno. Esta persona sabe lo que odia, y lo que percibe como males provoca en ella
un gran torbellino interior. Gran parte de su energía, tanto mental como física, está consagrada a lo que percibe como malo o malsano.
Los seres espirituales no organizan sus vidas para el combate. No están contra el hambre, están en favor de
dar de comer a la gente y ocuparse de que todo el mundo tenga satisfechas sus necesidades alimentarlas. Trabajan en aquello de lo que están en favor en lugar de combatir aquello de lo que están en contra. Luchar contra el hambre sólo debilita al que combate y le provoca ira y frustración, mientras que trabajar para que la población esté bien alimentada da poder a la persona. Los seres espirituales no están contra la guerra, sino por
la paz, y dedican sus energías a trabajar para la paz. No hacen la guerra a las drogas o a la pobreza, porque las guerras requieren guerreros y combatientes y no es así como se solucionan los problemas. Los seres espirituales están en favor de una juventud bien educada, que sepa cómo estar eufórica, vital y alegre sin necesidad de recurrir a sustancias externas. Trabajan en esta dirección, la de ayudar a los jóvenes a conocer el
poder de sus propios mente y cuerpo. No luchan contra nada.
Cuando combates el mal utilizando los métodos del odio y la violencia pasas a formar parte del odio y la violencia del mal, por muy justa que creas tu posición. Si toda la gente del mundo que está contra el terrorismo
y la guerra cambiara de perspectiva y pasara a apoyar la paz y trabajar para ella, el terrorismo y la guerra se
verían eliminados. Por cada dólar que gastamos en la paz gastamos dos mil en la guerra. En el conjunto del planeta, gastamos aproximadamente veinticinco millones de dólares cada minuto en la industria bélica y en aumentar nuestra capacidad para matar, mientras que, en ese mismo minuto (y cada minuto de cada día), cuarenta niños aproximadamente mueren de hambre. Es como si cada diez minutos se estrellara un Boeing
747 cargado de niños y matara a todos los pasajeros. ¿Cuánto cuesta dar de comer a cuarenta niños? ¿Quién
va a dar marcha atrás a estas significativas estadísticas? ¿Los habitantes espirituales de nuestro planeta? ¿O los no espirituales? Por muy convencidos que estemos de que estas cosas son irreversibles, contribuimos al problema en tanto optamos por ser combatientes en lugar de personas que saben lo que defienden y cuál es
su propósito aquí en la Tierra, en este breve periodo de tiempo, y trabajan para dar oportunidades aun viendo
que son muchos los que hacen otra cosa.
De algún modo, las prioridades están claras. Los seres espirituales no se ponen del lado del odio. Se consagran con fe a lo que defienden y trasladan esto a la acción. Los seres espirituales mantienen sus ideas
de amor y armonía frente a cosas que les gustaría ver cambiar. Todo aquello que combatimos nos debilita. Todo aquello que defendemos nos da fuerza. A fin de poder hacer aparecer milagros, debes concentrarte totalmente en aquello que defiendes. La realidad mágica se producirá en tu vida cuando hayas eliminado el odio que pueda haber en ella, incluso el odio que sientas contra el odio.
10. La persona no espiritual no tienen ningún sentido de responsabilidad en relación con el universo, y no ha desarrollado por lo tanto una veneración por la vida. El ser espiritual siente por la vida una veneración que alcanza a la esencia de todos los seres.
Como dice Zukav, el ser no espiritual cree «que nosotros somos conscientes y el universo no». Cree que su existencia terminará con esta vida y que no es responsable ante el universo. El ser no espiritual se ha vuelto arrogante.
El ser espiritual se comporta sin perder de vista el Dios que existe en toda forma de vida, y tiene un sentimiento de responsabilidad frente al universo. Respeta con fervor esta vida y el hecho de poseer una mente con la cual puede procesar el universo físico. Ese temor reverencial le lleva a mirar hacia fuera, a la vida y al entorno, con un sentido de apreciación y veneración, a comprometerse con la vida misma a un nivel más profundo que el del simple mundo material. Para el ser espiritual, debemos acercarnos a los ciclos de la vida como representantes del infinito, con una deferencia que honre realmente la vida. Es el suyo un enfoque delicado y amable hacia todo cuanto existe en nuestro mundo, un reconocimiento de que la Tierra misma y el universo más allá de ella poseen una conciencia, de que nuestra vida, de alguna manera invisible, está relacionada con toda la vida actual y pasada. La inteligencia invisible que impregna toda forma es parte de nosotros y, así, sentir veneración por toda forma de vida es saber que hay un alma en todo. Esa alma merece ser honrada.
La persona espiritual es consciente de la necesidad de no tomar de la Tierra más de lo necesario y de restituirlo de algún modo al universo para aquellos que habitarán el planeta después de ella. La capacidad de hacer milagros surge de una fuerte veneración por toda forma de vida, incluida la nuestra, y por ello, para conocer la realidad mágica, hay que aprender a pensar y actuar de un modo congruente con nuestro ser espiritual y reverente.
11. El ser no espiritual se encuentra lleno de resabios, hostilidad y necesidad de venganza. En el corazón del ser espiritual no hay espacio Para estos impedimentos a los milagros y a la realidad mágica.
El ser espiritual sabe que todos los maestros espirituales han hablado de la importancia del perdón. He aquí algunos ejemplos sacados de nuestras principales enseñanzas religiosas:
Judaísmo: lo más hermoso que puede hacer un hombre es olvidar el mal.
Cristianismo: Pedro se acercó entonces a él y dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendrá que pecar mi hermano contra mí, y yo perdonarlo? ¿Acaso siete veces?». Y Jesús le dijo: «Te digo que no siete veces, sino setenta veces siete».
Islam: perdona al criado setenta veces al día.
Sijismo: allí donde hay perdón está presente Dios. Taoismo: recompensa el agravio con bondad.
Budísmo: el odio Jamás disminuye por el odio, sólo disminuye por el amor: he aquí una ley eterna.
Para el ser espiritual, es esencial ser capaz de «actuar de acuerdo con las palabras». No podemos profesar una fe determinada y luego comportarnos de manera incongruente con sus enseñanzas. El perdón es un acto
del corazón. (Todo un capítulo de La fuerza de creer está dedicado a esta cuestión.)
Si llenas tu yo interior e invisible de amargura y deseo de venganza hacia los demás, no quedará en él espacio para la armonía y el amor necesarios para experimentar la realidad mágica en tu vida. De una postura
de odio hacia los demás saldrá más odio y falta de armonía. Es evidente que no se pueden manifestar milagros
en ningún área de la vida cuando se está inmerso en una negatividad tan grande como son el odio y el deseo
de venganza hacia una persona o una cosa. Perdonar a los demás es el componente esencial de una de las oraciones más citadas de la religión cristiana: «Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». El ser espiritual sabe que esto no son simplemente palabras vacías para recitar en un ritual antes de acostarse. Constituyen, en efecto, un ingrediente necesario para convertirse en un ser espiritual.
12. El ser no espiritual cree que hay limitaciones reales y, aunque pueda haber pruebas de la existencia de
los milagros, las ven como acontecimientos fortuitos que viven algunos afortunados. El ser espiritual cree en los milagros y en su propia capacidad única para ser guiado con amor y conocer un mundo de realidad mágica.
El ser espiritual sabe que los milagros son muy reales, Cree que las fuerzas que han creado milagros para otros siguen presentes en el universo y se pueden utilizar. El ser no espiritual tiene una visión totalmente distinta de los milagros. Los considera como accidentes y, por lo tanto, no tiene ninguna fe en su propia capacidad para participar en el proceso de hacer milagros.

Estos doce rasgos de la espiritualidad requieren muy poco por tu parte. No son difíciles de entender ni requieren una preparación o adoctrinamiento largos por tu parte. Pueden alcanzarse en este mismo instante en que estás leyendo.
El proceso que lleva a la conversión en un ser espiritual tiene lugar en ese yo invisible del que he hablado.
Independientemente de cómo hubieras elegido ser hasta el momento, trabajar para convertirte en un ser espiritual puede ser ahora tu elección concreta. No necesitas adoptar unos principios religiosos específicos ni sufrir una transformación religiosa; sólo tienes que decidir: «Así es como me gustaría vivir el resto de mi vida». Con esta forma de compromiso interior estarás en el camino.
Sin embargo, es muy importante que sepas que la realidad mágica es totalmente inalcanzable para aquellos que eligen la vida no espiritual. La capacidad de hacer que sucedan milagros es básicamente resultado del lado en el que te alinees, del modo en que decidas utilizar tu mente y de la fe que tengas en tu capacidad para utilizarla de modo que ello incida en el mundo físico.

RESUMEN DE LOS DOCE RASGOS DE LA ESPIRITUALIDAD
Doy a continuación (ver recuadro en página siguiente) un breve resumen de los doce rasgos de la espiritualidad. Consúltalo a menudo y sepas que la diferencia entre ser espiritual y no espiritual no se halla en
tu forma material ni en las circunstancias físicas de tu vida. Se halla situada dentro de la dimensión invisible de
tu ser.

ALGUNAS SUGERENCIAS PARA CONVERTIRSE EN UN SER ESPIRITUAL
Recuerda, ¡el antepasado de toda acción es el pensamiento! He aquí algunas sugerencias prácticas para entrar en contacto contigo mismo en tanto que ser espiritual.

Para demostrarte que eres algo más que un ser con cinco sentidos, toma nota de todas las cosas que experimentes dentro de ti y que estén más allá de los sentidos del gusto, de la vista, del oído, del olfato y del tacto. Lleva durante un día un diario de tu pensamiento y toma nota de las percepciones de tu mundo interior. Observa cualesquiera corazonadas intuitivas y toma nota de ellas para tu satisfacción personal. Siguiendo la pista de tus acciones en **

Ser espiritual
1. Utiliza el pensamiento multidimensional
2. Cree en la posibilidad de ser guiado con amor
3. Se consagra al auténtico poder interior
4. Se siente en relación con toda la humanidad
5. Conoce una dimensión más allá de la causa y efecto
6. Motivado por la ética, la serenidad y la calidad de vida
7. Practica la meditación
8. Ve en la intuición la palabra de Dios
9. Ve la respuesta violent a al mal como una participación en dicho mal. Se consagra a aquello que defiende
10. Tiene sentido de responsabilidad con y de pertenencia al universo. Siente un respeto reverencial por el hecho de hallarse aquí
11. Vive una vida de perdón
12. Cree en la capacidad de manifestar milagros

Ser no espiritual
1. Sus creencias y pensamientos se limitan a los cinco sentidos
2. Cree que estamos siempre solos
3. Se consagra a la consecución de poder exterior
4. Se siente separado de todos los demás
5. Cree en la causa y efecto
6. Motivado por el logro, el rendimiento y las adquisiciones
7. Rechaza la meditación
8. Ve en la intuición corazonadas impredecibles
9. Odia el mal y lucha contra él. Se consagra a aquello que combate
10. No tiene sentido de res ponsabilidad con o de pertenencia al universo
11. Guarda rencor y busca la venganza por lo que considera agravios
12. Los milagros son acontecimientos impredecibles y afortunados

** el mundo físico aprenderás que eres un ser físico, pero siguiendo la pista de lo que ha provocado esa acción verás que tus acciones proceden de algo que no es en absoluto físico.
Para que te ayude a conocerte como ser multisensorial, pon a prueba el poder de tu mente con algo que te
parezca difícil. Imagínate haciendo algo como puede ser mejorar un golpe de golf, no beber en un cóctel, hacer jogging durante media hora, preparar por primera vez un pastel al horno o pasar el sábado por la tarde en el cine con tu hija de cinco años. Imagina cualquier cosa que te parezca inusitada o difícil de realizar para ti. Créate una imagen mental en la que estés tú realizando esa tarea difícil. Descríbela detalladamente por escrito
o grábala en una cinta. Haz esto varias veces y ve si puedes luego manifestar la visión en tu mundo físico. Cuando lo consigas habrás atravesado el límite de tus cinco sentidos. La imagen está más allá de tus sentidos
y es invisible a ellos, y la acción procede de esa parte invisible de tu ser. Llega a conocer esa parte superior de
ti mismo que desea realmente trascender los muchos límites en los que crees cuando funcionas exclusivamente como ser con cinco sentidos.
Para conocer la realidad de tu mundo invisible, cuestiona la pura prueba física que te muestran tus cinco sentidos. Tus sentidos te dicen que el mundo es plano, y esto es una ilusión. Tus sentidos te dicen que el mundo está quieto y eres tú quien se mueve sobre él. Pero tú sabes que el mundo viaja a velocidades pasmosas, girando sobre su eje y atravesando miles de kilómetros por el espacio cada hora. Tus objetos te dicen que los objetos son sólidos, pero echa una mirada a través del microscopio y verás que esos objetos son espacio vacío y una danzante actividad. Confiar en las limitaciones de tus sentidos es vivir una ilusión. Conoce
la realidad de tu mundo invisible empezando a cuestionar la pura prueba física aportada por tus cinco sentidos.
Comprueba en qué medida tus cinco sentidos te engañan acerca de tu propia realidad y luego pregúntate por qué depositas tanta fe en esos sentidos.
Para establecer contacto con una guía divina o espiritual, deja en suspenso por un día tu escepticismo. Regálate un lugar tranquilo y una hora de tranquilidad para ti solo. Inicia este experimento sin escepticismo ni dudas. Pide ayuda en un área que te preocupe y esfuérzate por vaciar tu mente de cualesquiera pensamientos que puedan distraerte. Ve si eres capaz de crear una imagen en la que te encuentres recibiendo ayuda de un guía que se ocupe de ti y desee ofrecerte amor. En este estado de tranquilidad, con la mente vacía de distracciones, sabrás en tu interior que la respuesta que buscas está en camino y que no estás solo. Debes saberlo, y sentirte a tí mismo recibiendo esa ayuda. No te pido que oigas voces o veas apariciones, sino simplemente que te sientas muy, muy en paz. Lleva un registro de lo que sientes al término de esa hora y de las corazonadas que hayas tenido, o de la ayuda que hayas recibido. Puedo garantizarte que, si haces de esto un hábito regular, empezarás a acudir a ese mágico lugar interior de manera regular y rec ibirás la guía que antes se mostraba tan evasiva.
¡Adelante, pruébalo! No es preciso que le cuentes a nadie lo que intentas hacer. Estarás estableciendo un contacto directo con tu yo interior, con esa inteligencia divina que te acompaña siempre por mucha resistencia que se le ofrezca.
Para conectar con esa dimensión invisible que llamamos muerte, sigue la pista de tus sueños durante un breve tiempo, en especial de esos sueños en los que estabas en presencia de alguien que formó parte de tu vida pero que ahora ya no está. Cuando vayas a acostarte y entres en el mundo invisible del pensamiento, en
el que creas con tu mente todos los personajes que deberán aparecer en tu sueño, recuérdate a ti mismo que nadie muere, que sólo la forma cambia. Sé entonces consciente de la guía que esa aparición en tu sueño te haya proporcionado. Deberás estar dispuesto a conversar con ese alma en tu estado onírico sin forma. Hazle preguntas y comprueba por ti mismo que posees la capacidad humana necesaria para ello. SI, efectivamente, somos almas con cuerpo y no cuerpos con alma, es que todas las almas siguen viviendo después de lo que llamamos muerte en una dimensión invisible. Esas almas aparecerán como algo muy real y muy vivo, mientras
te halles en tu dimensión invisible y sin forma de pensamiento puro.
Cuando seas capaz de establecer contacto con esas almas en tus sueños y de experimentar lo real de su presencia, verás que el envejecimiento y la muerte son realidades sólo para el mundo de los cinco sentidos. Una vez sepas esto y hayas establecido ese contacto ' serás consciente de tu propia inmortalidad y tendrás una visión totalmente nueva de la muerte. Sabrás en el corazón que esos a quienes has querido y que ya no están no han desaparecido en verdad de tu vida. Están ahí y puedes disponer de ellos. Ábrete y disponte a ese contacto, y lo experimentarás junto con toda la guía que puede proporcionarte.
Para ampliar el sentimiento de que hay una guía en tu vida, empieza por saber que no es necesario dormir
para establecer contacto con un alma. Si eres capaz de establecer contacto con la dimensión invisible en tu sueño, trabaja la creencia de que esa misma conexión, esa misma guía amorosa, está a tu disposición para cuando decidas reconocerla. Empezarás a buscar esa guía con mayor rfecuencia y con menos dudas. La oración adoptará un nuevo significado. No será un ritual de comunicación silenciosa y unilateral. Se convertirá
en una transformación práctica en la que llevarás a tu cerebro a un estado superior y participarás literalmente con Dios en las idas y venidas de tu vida. Escucha en silencio y está dispuesto a oír comunicaciones que vendrán hacia ti en forma de sentimientos abrumadores. Muéstrate agradecido y apreciativo por cualquier ayuda que puedas recibir. Haz siempre la pregunta: «¿Cómo puedo ayudarte a ti y a otros en la solución de esta cuestión a la que me enfrento?». Si en tus comunicaciones interiores te concentras en ayudar a los demás
y en seguir fiel a tu propósito, recibirás realmente las respuestas que buscas.
Para hallar modelos y compañeros para tu viaje, lee acerca de las experiencias personales de las personas a
las que admiras. Al hacerlo, busca la dimensión espiritual de sus viajes personales. Hallarás invariablemente que las personas a las que más admiras suelen entrar en sí mismas en momentos de dificultad y han recibido
en su momento la guía y la ayuda que buscaban. Los grandes científicos manifiestan a menudo sentir una especial conexión espiritual con guías interiores en el curso de su carrera. La mayoría de autobiografías muestran que las personas de gran éxito atribuyen ese éxito al establecimiento de una conexión con una parte superior de sí mismos y a que han sentido la presencia de una ayuda divina en momentos muy angustiosos de
su vida. Ya sean estos héroes atletas, escritores, sacerdotes, astronautas, músicos, artistas, hombres de
negocios u otra cosa, prácticamente todos los líderes realmente inspirados en su campo han alcanzado un punto en su vida en el que se sentían guiados. Sabían que no estaban solos y empezaron a confiar en la guía divina para alcanzar niveles que no creían poder conseguir de otro modo.
Una vez sepas que la mayoría de personas que alcanzan los niveles más elevados de éxito en sus campos
profesionales han sentido eso mismo, no te resultará tan trabajoso admitírtelo a ti mismo, e incluso lo buscarás. Pronto, como yo, saldrás «a la luz pública». En cuanto a aquellos que consideren esto absurdo y «exagerado», dales tu amor y concéntrate en tu propósito. Su camino actual es el escepticismo, como lo fue el mío y el tuyo. Queda en paz.


Para aprender nuevos modos de relacionarte con los demás, examina tu conducta hacia aquellas personas
de tu vida a quienes sientes la necesidad de dominar o controlar. Ya se trate de la esposa, de los niños, de los colegas, de los empleados, de las secretarias, del personal de servicio, etcétera, procura poco a poco relacionarte con ellos de manera distinta mirando más allá de su forma física hasta ver en ellos la plenitud de Dios. Es éste un gran ejercicio para pasar a una conciencia espiritual, ya que no habrá en ti la necesidad de controlar, juzgar o dominar. Por el contrario, estarás intentando otorgar poder a aquellos a quienes antes veías como subordinados tuyos. Una vez empieces a ver más allá de la forma física de quienes te rodean, empezarás a entrar en relación con esa misma fuerza invisible que fluye a través de ti y de ellos.
Yo empecé a hacer esto con mis hijos hace muchos años. Intento ver los afectuosos pensamientos que hay detrás de sus acciones, ver más allá de sus ros tros y de sus pequeños seres para contemplar el alma que albergan dentro de su cuerpecito. Cuando desaparece en mí la necesidad de tener poder y control, doy poder a mis hijos para que controlen ellos sus propias vidas y veo en ellos lo que en realidad son: pequeñas almas con cuerpo, que también tienen una finalidad por la que están aquí. Cuando desaparece en mí la necesidad de dominar a alguien ayudo a esa persona a seguir adelante con su propósito en la vida, mientras yo permanezco fiel también a mi propósito.

Para practicar una vida que no esté consagrada al control, intenta ayudar a alguien a hacer algo por sí mismo
en lugar de lo que hacías antes, darle instrucciones sobre el modo de hacerlo. En lugar de darle una orden, intenta hacerle esta pregunta: «¿Qué hace falta para que demuestres que puedes hacerlo tú mismo?», y luego
di: «Trabajemos juntos para que sea así». Una simple oferta de ayuda en lugar de una toma de control o de una orden infundirá en ti auténtico poder, en lugar de que tengas que confiar en métodos de poder externos. Esto será especialmente útil cuando puedas ayudar a alguien con quien tengas un conflicto.
La mayoría de conflictos surgen de la necesidad de controlar a alguien o de demostrar que tú tienes razón y
la otra persona se equivoca. Si eres capaz de renunciar a la necesidad de este control, así como a la necesidad de tener razón sólo por una vez en tu sesión privada de práctica, serás capaz de otorgar crédito a la otra persona de manera irrepetible. La renuncia a la necesidad de dominar es esencial para ser una persona espiritual. Sustituye la búsqueda de poder externo por un auténtico y genuino poder, cual es la capacidad de
dar poder a otros para que tomen el control de sus propias vidas.
Para demostrarte que no estás solo, imagínate conectado por hilos invisibles a todo el mundo con quien te encuentres. Verás que cuando te desplaces hacia la derecha, aquellos a quienes estás conectado se desplazan también hacia la derecha. Cuando empujes, se tambalearán. Así pues, cuando te encuentres con otra persona, imagina esa conexión. Empezarás de este modo a tratar a los demás como si formaran realmente parte de ti. Tenderás a ofrecer amor y ayuda en lugar de a sentir enemistad y competitividad.
Siempre me ha encantado la historia del hombre a quien se ofreció una visita al cielo y al infierno. En el
infierno vio un gran caldero de sopa. Los únicos utensilios eran una serie de enormes cucharas. Sin embargo, todos los mangos eran más largos que los brazos de las personas, lo que no permitía a éstas alimentarse. Todo el mundo estaba en diferentes etapas de muerte por inanición, ya que no podían doblar el brazo. En el cielo, el hombre vio una escena idéntica. Sin embargo, todo el mundo estaba sonriente y evident emente bien alimentado.
Cuando el hombre preguntó, su guía le dijo: « Oh, en el cielo la gente ha aprendido a alimentarse una a la
otra ». Siempre encuentras tu propósito en el dar a los demás. Es el cielo en la Tierra.
Para darte cuenta de en qué medida se te ha enseñado a odiar, empieza por reelaborar el concepto de enemigo y odio. Toma nota mentalmente de todos los pueblos a quienes consideras como enemigos, Date cuenta de que se te ha enseñado a quién odiar, y de que estas lecciones son sólo consecuencia del accidente geográfico de tu nacimiento. En los últimos años, se dijo a los occidentales que odiaran a los iraníes; luego, éstos pasaron a ser nuestros amigos oficiales; luego los iraquíes, que eran anteriormente nuestros amigos, pasaron a ser enemigos.
Esto sigue y sigue, y son muy pocas las personas que llegan a comprender este simple mensaje: el enemigo
es el odio en sí. Líbrate de este odio y de esa lista de pueblos a quienes se te ha dicho que odiaras, y busca la armonía. Una vez te conozcas y sientas amor por dentro, sólo ofrecerás armonía a todas las personas, aun cuando se te hubiera dicho que debías odiarlas. De hecho, nunca formarás parte de esa gran masa de gentes tan dispuestas a odiar y a matar con la sola base de lo que sus líderes gubernamentales les han hecho creer.
Intenta imaginar que todo el mundo -sí, todas las personas, sea cual fuere el bando que defiendan en una cuestión - sabe que no se puede elegir el lado del que se está cuando se vive en un planeta redondo. Imagina que todas las personas se niegan a odiar o a tener lo que llamamos enemigos. Tú puedes ser uno de los que ayudan al mundo a alcanzar la paz negándote a tener tu lista de odios y viendo a cualquier miembro de cualquier conflicto como una victima. Esto no significa que debas ser víctima de las malas acciones de otros. Sólo significa que no debes abrigar odio y muerte en el corazón. Debes entender que estamos todos relacionados. Cuando prodigas ira y odio, no sólo estás dañando a tu supuesto enemigo sino a ti mismo y a toda la humanidad. Si este mensaje te turba, recuerda que constituye la base de todas las religiones y que ha sido alentado por todos los maestros espirituales desde el comienzo de la historia escrita.
0 Para ponerte en contacto con el universo no físico, familiarízate con el concepto de la nada. Tus pensamientos proceden del espacio vacío y silencioso de tu mente. De la nada a un pensamiento. A partir del silencio, emites de repente un sonido. Efecto sin causa, en el sentido puramente físico. Date un tiempo de contacto con este fenómeno de la nada. Intenta vaciar tu mente de pensamientos y luego observa mientras éstos surgen. Una vez sepas que hay una dimensión más allá del mundo de la forma que no obedece a las leyes del movimiento, podrás aceptar el mundo inmaterial. Debes demostrarte de algún modo que puede crearse cualquier cosa a partir de la nada y que esto, de hecho, ocurre constantemente. Los milagros no precisan de una causa física, pero debes familiarizarte con esta idea permitiéndote experimentar el fenómeno que consiste en la aparición de «algo a partir de la nada». Podrás lograr esto cuando te des cuenta de que tú mismo eres en realidad y casi en tu totalidad espacio vacío. Examinando tu cuerpo con un microscopio de alta potencia podrás ver que tu cuerpo físico no es más que partículas separadas por espacio vacío. Con un microscopio aún más potente descubrirás que esas partículas están a su vez subdivididas en otras partículas que fluctúan separadas por un espacio. Visto desde una perspectiva distint a, casi todo cuanto consideras tu cuerpo físico es espacio vacío. Así pues, tu mente constituye una gran lección en lo que hemos venido en llamar la nada.
Familiarízate con este concepto de la nada y te hallarás en un lugar desde donde puedes crear milagros. Sigue la pista de tus pensamientos durante una parte del día y recuérdate que no tienen nada que ver con lo que llamas causa y efecto. ¿De dónde vienen? Una vez te familiarices con esta idea, serás capaz también de
ver milagros procedentes de ese mismo «lugar».

Para ponerte en contacto con tu yo inmaterial, apártate del mundo físico durante un breve periodo de tiempo.
Si te es posible, practica la inmersión en un depósito de privación sensorial, en el que perderás todo contacto con tus sentidos y experimentarás sólo la nada de tu mente. Si no tienes acceso a una instalación semejante
en tu lugar de residencia, entonces, tranquilamente, dentro de tu mente, libérate de cada uno de tus sentidos
en este ejercicio. Sin tacto, sin gusto, sin oído, sin vista, sin olfato. Cuando te hayas liberado de estos sentidos
(como ocurre todas las noches al dormir), observa lo que le ocurre a tu cuerpo. Cuanto más te sea posible librarte de tu dependencia del cuerpo a través de tu mente omnisciente y todopoderosa, menos utilizarás tu estado físico como medio de evaluar tu vida. Se llama a esto entrar en contacto con el auténtico yo, el yo invisible, y constituye la clave para convertirse en un ser espiritual.
Para concentrarte en el propósito y no en los resultados, haz que tu mente, tu cuerpo y tu alma se hallen unidos en el propósito en el momento de tu actividad. Seis millones de personas juegan al tenis todos los días
en Norteamérica. Tres millones de ellas no ganan. ¿Significa esto que hay todos los días tres millones de perdedores? En todas tus actividades, detente un instante y pregúntate: «¿Por qué hago esto, en realidad?». Verás que el resultado (ganar, la recompensa) es tan fugaz como los momentos en que participas en esa actividad. Atente al propósito en todas tus ac tividades en lugar de concentrarte en la recompensa final. Las ganancias o las pérdidas llegarán de todos modos, pero verás que viajas con el piloto automático puesto. Aunque por un rato estés parado, acabarás accediendo automáticamente a un nivel superior. Deslígate del resultado de tus acciones y, paradójicamente, tu nivel de rendimiento aumentará.
Para librarte de la preocupación por cosas insignificantes, replantéate tu actitud en relación con las posesiones. Haz un inventarlo de cuanto posees. ¿Hay en ese inventario algo por lo que estarías dispuesto a morir? Piensa ahora en tus valores, en tus ideales y en tus seres queridos y hazte la misma pregunta. Tú sabes cuáles son tus prioridades, todas ellas relacionadas con lo que piensas y crees, y no con lo que posees. Deslígate de esas posesiones y da un propósito a tu vida, lo cual equivale a hacer que los pensamientos y acciones diarios de tu vida vayan encaminados hacia aquello que te importa de verdad. Estás aquí por un motivo, que no es el de acumular un montón de cosas materiales. Viniste aquí sin esas cosas y pronto te irás
sin ninguna de ellas. Lo que perdurará es el modo en que hayas servido a tus ideales y a aquellos con quienes
has entrado en contacto. Sé fiel a ese propósito y verás cómo, automáticamente, empiezas a dar un enfoque espiritual a tu vida.
Para conducirte en un plano espiritual, empieza por vivir de día en día haciendo hincapié en la ética y no en
las normas. Haz un inventario de todas las normas que con tanto fervor sigues. En lugar de intentar conducirte
de acuerdo con las normas de otro, procura tener un «día ético» para ti. Basa toda tu conducta -incluidos la comida, el vestido, el trabajo, la vida hogareña y todo lo que hagas ese día- en la ética y no en las normas. Pregúntate qué es lo que debes hacer desde un punto de vista moral y afectivo, teniendo en cuenta tu propósito y no qué dicen las normas. De este modo, tu conciencia se alejará de los resultados y se encaminará hacia el propósito. Ten en cuenta que algunas de las conductas humanas más despreciables han tenido lugar
en nombre de esta idea: «Sólo sigo las leyes». Las leyes decían que los negros debían sentarse en la parte
trasera del autobús, las leyes decían que las mujeres no podían votar y las leyes decían que estaba bien poseer una metralleta. La gente que vive de acuerdo con una ética se ha apartado de esas normas arcaicas que sólo crean víctimas. Tú debes hacer lo mismo. Por un día. Deja a un lado las normas y vive éticamente, digan lo que digan estas normas.
o Para estar más en paz contigo mismo y con el mundo, tómate un rato de tranquilidad y soledad al día
durante una semana. Esto es de una importancia extrema, y probablemente te resulte difícil. Yo te animo a que
te hagas este maravilloso regalo al mismo tiempo que te regalas un billete para la realidad mágica. El mejor momento es a primeras horas de la mañana, después de una rápida ducha y antes que los demás se levanten. Tómate media hora de Soledad, entra plácidamente en tu interior y tranquiliza tu mente. Siéntate en una postura cómoda, cierra los ojos y concéntrate en vaciar tu mente y cobrar una intensa conciencia de tu respiración. Pronto observarás que te embarga la paz y, aun cuando no consigas nada más, comprobarás que ello te ayuda enormemente a reduc ir el estrés y la tensión de tus días. Si sigues este y algunos de los consejos
de los que hablaré en el siguiente capítulo, te garantizo absolutamente, sin lugar a dudas, que descubrirás una parte de ti mismo que te proporcionará toda la amorosa guía que puedas necesitar en cualquier área de tu vida. Más que ninguna otra cosa, la meditación romperá la ilusión de separación.
Para favorecer tu intuición y cultivarla al mismo tiempo, trata esos acicates interiores que surgen en tu mente como invitados bien recibidos en lugar de decir que no son nada más que corazonadas fortuitas. Intenta hacer una pausa durante el próximo episodio intuitivo, trate éste de lo que trate, y toma nota mentalmente de lo que está ocurriendo. Ahora en lugar de despreciarla o hacerla a un lado, pregunta a esa parte intuitiva de tu ser:
«¿Por qué me empuja mi mente en esa dirección?». Desarrolla un diálogo con esa voz intuitiva y toma nota de
lo que de resultas de él aprendes, o de lo que ocurre en los siguientes días. Aprendiendo a tener diálogos interiores aprenderás a confiar en tu intuición y, en última instancia, a descubrir su amorosa presencia y la valiosa contribución que hace a tu mente. Analiza esta antigua historia:
Dos monjes estaban discutiendo acerca del estandarte del templo. Uno decía que el estandarte se movía y el
otro decía que se movía el viento. El maestro Eno... oyó la conversación y dijo: «No es ni el viento ni el estandarte, es vuestra mente la que se mueve». Los monjes se quedaron sin habla.
La próxima vez que tengas una idea intuitiva y estés a punto de hacerla a un lado, opta en cambio por seguirla. Debes aprender a cultivar el hábito de confiar en tu intuición. Observa el resultado de esa acción
intuitiva. Empieza a observar todos los resultados beneficiosos que aporta a tu vida el seguir tu voz intuitiva. Esas conversaciones interiores, esos debates acerca de lo que debes hacer y del curso que debes tomar, pueden resolverse preguntando simplemente: «¿Cuál es la elección que se aviene con mi propósito?». Sigue entonces esa dirección paso a paso. Pronto tu intuición será tu compañera más fiable, una compañía que valorarás y celebrarás cuando aparezca en tu mente.
Para concentrarte en aquello que defiendes en la vida y no en aquello a lo que te opones, haz un inventario
de todo aquello a lo que te opones en la vida y luego haz una nueva lista que refleje aquello que defiendes. En lugar de combatir el mal, defiende el amor. En lugar de luchar contra el hecho de que tu hijo tenga malos hábitos de estudio, defiende el que sea un joven autodisciplinado. A medida que apartes tu pensamiento de aquello a lo que te opones, tu inclinación dejará de combatir esas cosas y apoyará las de tu lista «a favor». Es éste un método excelente para eliminar gran parte del torbellino y el estrés interiores que revela tu lista de
«enemigos». Recuerda que todo aquello que combates te debilita y todo aquello que defiendes te da fuerza.
Para desarrollar una actitud amorosa y enriquecedora hacia ti mismo, define ahora de manera afirmativa y positiva todo cuanto te desagrada acerca de tu modo de ser. En lugar de atacar tu pereza, defiende el tener más energía. Defendiendo tu energía tomarás acciones para corregir tu pereza. Luchando contra tu pereza sólo estarás enfadado y furioso contigo mismo, y debilitarás así tu resolución con vistas a un cambio. Esto puede aplicarse a la gordura, a las adicciones, al conjunto de tus problemas fisiológicos y a todas tus «malas costumbres». Defínelas de nuevo en función de lo que te gusta y de aquello de lo que eres capaz y te facultarás automáticamente a ti mismo para corregirlas.
Para entrar en un estado de iluminación, pasa algún tiempo cada día en estado de asombro. Sí: en completo,
total asombro. Da las gracias por tu hígado, por tus manos, por tu cerebro y por tu mente invisible, incomprensiblemente digna de asombro. Asómbrate ante el hecho de haber aparecido en este mundo, en especial teniendo en cuenta las posibilidades matemáticas. Observa las funciones de tu cuerpo y los billones
de células que trabajan juntas para hacer que siga en marcha. Este sentido del asombro es algo que debes
practicar a diario. El aire que respiras, el agua cuya existencia das por sentada, el alimento que crece a partir
de semillas infinitesimales y te nutre. La atmósfera, el ozono, todo. Muestra tu agradecimiento y tu consideración y ten también un sentido de responsabilidad en relación con el universo. Trata toda la vida con veneración y respeto, y sabe que toda ella funciona con un propósito. Unos minutos al día en total asombro contribuirán a tu despertar espiritual más que ningún curso sobre metafísica. La iluminación no es más que. la callada aceptación y consideración de lo que es. Puedes en este mismo instante entrar en ese estado mental agradeciendo la mente y las herramientas gracias a las cuales lees estas palabras y dándote cuenta de cuán magníficamente funcionan. Debes sentir asombro e iluminación. Cuando llegues a la iluminación, los milagros serán algo natural en tu vida.
Para dejar atrás la ira y la amargura, aísla en tu mente a una persona que sientas te ha agraviado en algún momento de tu vida, alguien que no haya pagado una deuda vencida hace mucho tiempo. Quizás un esposo o una esposa que te abandonó o agravió de alguna manera, un padre o una madre o un viejo amor que te dejó plantado. Aísla a esta persona en tu pensamiento. Ahora, por unos instantes, en lugar de sentir odio y amargura, intenta imaginar que le prodigas amor. Intenta captar la idea de que entraron en tu vida para ayudarte a aprender una lección y de que, por dolorosa que fuera esa lección, aparecieron en tu vida con una intencionalidad. Cuando seas capaz de prodigarles amor en lugar de odio, no sólo estarás en proceso de cu- ración, sino que habrás emprendido el camino que lleva hacia el ser espiritual.
Piensa en el mal que se te ha hecho como si se tratara de una mordedura de serpiente. Cuando te muerde
una serpiente, son dos las fuentes de dolor. Una es la mordedura en sí, y ahí no hay vuelta atrás. Ocurrió, dolió
y tienes la señal que lo demuestra. Partes entonces de ahí y aprendes a eludir a las serpientes en tu vida. La segunda fuente de dolor es el veneno que circula ahora por tu organismo. Este es el que mata. Nadie ha muerto nunca de una mordedura de serpiente, lo fatal es el posterior ataque por parte del veneno que circula por el cuerpo. Lo mismo ocurre con el odio y con el perdón. El hecho ocurrió. No puedes hacer marcha atrás en
tu mundo físico. Pero lo que mata son el odio y la ira que siguen circulando por tu organismo como si fueran
veneno, mucho después de que la herida de la mordedura haya sanado y desaparecido. Tú, y sólo tú, tienes el poder de expulsar este veneno de tu cuerpo; el que siga presente dentro de ti es elección tuya. Recuerda las sabias palabras de Buda: «No serás castigado por tu ira, pero la ira te castigará». No podrás experimentar la capacidad de hacer milagros si tus entrañas están envenenadas por la amargura hacia los demás.
Empieza por afirmar hoy mismo: «Sé que tengo dentro de mí el poder de crear una vida de realización y
gozo. Soy un milagro y, por lo tanto, un creador de milagros».

 Un mensaje primordial de este capítulo es el que explica cómo pasar a ser un ser espiritual con experiencia humana en lugar de un ser humano con experiencia espiritual. Este capítulo puede también resumirse en las palabras de un hombre sencillo que recorrió el país a comienzos del siglo veinte propagando la sabiduría popular. He aquí lo que nos recordaba a todos Will Rogers:
«Vive de tal modo que no te avergüence ofrecer el loro de la familia al chismorreo de la calle». ¡Un buen consejo espiritual, ciertamente!

 

 
 
 
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