web
analytics
Estadísticas
 
 
 
 

TUS ZONAS MÁGICAS

 

Segunda Parte

 

4- CÓMO APLICAR LA CONCIENCIA DE UNA REALIDAD MÁGICA A TU VIDA COTIDIANA

Dr. WAYNE W. DYER

 

SEGUNDA PARTE

CÓMO APLICAR LA CONCIENCIA DE UNA REALIDAD MÁGICA A TU VIDA COTIDIANA

La realidad mágica y tus relaciones

... todo cuanto contemplas; aunque parezca estar Fuera, está Dentro; en tu Imaginación, de la que esta Vida Finita es tan sólo una Sombra. WILLAM BLAKE
 

 
   

Aunque he hablado extensamente acerca del viaje interior y del enorme gozo que se apoderará de ti cuando descubras y te retires con frecuencia a ese lugar interior tranquilo y vacío, donde la guía divina forma parte de
tu ser, el viaje se desarrolla también en tus relaciones con los demás, con las otras personas que comparten este mundo contigo. El modo en que funcionas en tu relación con las demás personas equivale en realidad al modo en que mides la marcha de tu vida. Cuando estés inspirado en tus relaciones y hayas dominado el modo
de vivir en paz y gozosamente con los demás, tu vida habrá emprendido el camino que yo llamo propósito.

En pocas palabras, experimentarás realidad mágica a lo largo de toda tu vida cuando tus relaciones sean armoniosas.
Imagina cuál sería para ti el estado ideal en cuanto a tu relación con los demás. No dejes que nada se interponga entre ti y esta visión. Es tu fantasía. ¿Cómo te gustaría que fueran tus relaciones afectivas todos y cada uno de los días? ¿Cómo te gustaría que fueran tus relaciones con tus hijos? ¿Te gus taría ser querido e importante y saber que aquellos con quienes te relacionas en los roles más importantes de tu vida sienten realmente amor hacia ti? ¿Te gustaría sentirte satisfecho y dichoso sexualmente? ¿Qué me dices de tus relaciones con amigos y conocidos? ¿Te gustaría vi vir un perfecto toma y daca, hecho de respeto y afecto mutuos?
 

 ¿Y tus relaciones en el trabajo y con los colegas profesionales? ¿Te gustaría que aquellos para quienes trabajas confiaran en gran medida en tus capacidades y poder contar con el respeto y el afecto de aquellos de cuya guía eres responsable en su trabajo? ¿Y tus relaciones con las demás personas de tu mundo? Los extraños con quienes te cruzas cada día, los empleados que te atienden en sus diversos cargos, las personas que tienes en el asiento de al lado en el avión o en el autobús. ¿Cómo te gustaría que fueran todas estas relaciones si pudieras tener una varita mágica para decretar el modo en que deben ser las cosas?
La capacidad de crear relaciones mágicas en tu vida empieza y termina en ti. Si deseas crear milagros para ti
y vivir realmente una vida satisfecha y plena, lo único que debes hacer es asumir la total responsabilidad por el modo en que decides relacionarte con todas las demás personas con quienes convives en este planeta divinamente perfecto.
Como las otras áreas de la realidad mágica, ésta exigirá una gran medida de desaprendizaje y la disposición
a pensar de una manera nueva y mágica.
Puedes tener unas relaciones perfectamente afectuosas y satisfactorias con todas las personas que hay en
tu vida.
He aquí ahora la parte difícil: no se trata en absoluto de que las otras personas deban cambiar a fin de que
se materialice esta situación milagrosa. Deja que esta idea tan «radical» penetre en tu conciencia por unos instantes y prepárate para la realidad mágica en todas tus relaciones personales.

LA MENTE COMO CLAVE PARA TUS RELACIONES
A fin de hacer realidad milagros en tus relaciones, en todas las áreas de tu vida, debes hacer una nueva definición de quién eres. Como ya sabes, lo que pido es que te definas como un ser espiri- tual con experiencia humana y no al revés. Cuando haces hincapié en el ser espiritual que en realidad eres, sabes que es en la parte invisible de tu condición humana, en tu mente, donde procesas todas tus experiencias. El modo en que elijas procesar tu mundo determinará la naturaleza y la calidad de tu mundo físico, incluidas tus relaciones con los demás.
Evidentemente, no puedes ser uno con otro ser humano en el sentido físico. No puedes convertirte en el organismo que corresponde a otra persona. Así pues, el único modo en que puedes tener a otra persona en tu vida en una relación es en realidad en la parte invisible de tu ser que llamaremos tus pensamientos o tu mente.
Sí, es en tu mente donde experiment as a los demás. Aun cuando toques, abraces y acaricies a otras personas
de una manera física, son tus pensamientos y cualesquiera fantasías sobre esas actividades físicas los que determinan la calidad de tus relaciones. Es tu mente todo cuanto tienes en las relaciones; incluso los contactos físicos se experimentan en la mente.


Ahora, examina mentalmente y recuérdate esta frase clave: ¡SEGUN PIENSES, ASI SERÁS! Puesto que no
puedes experimentar físicamente a otra persona, sólo puedes experimentarla en tu mente. Conclusión: todas
las demás personas de tu vida no son más que pensamientos que se desarrollan en tu mente. No son para ti seres físicos, sino pensamientos. Tus relaciones tienen que ver con el modo en que piensas acerca de las demás personas de tu vida. Tu experiencia de todas esas personas está sólo en tu mente. Tus sentimientos acerca de tus amantes proceden de tus pensamientos. Por ejemplo, es posible que se comporten de hecho de maneras que te parezcan ofensivas. Sin embargo, tu relación con ellos o ellas cuando se comportan de manera ofensiva no está determinada por esa conducta sino tan sólo por el modo en que eliges relacionarte con esa conducta. Sus acciones son de ellos, no puedes poseerlas ni puedes ser ellas, tan sólo puedes procesarlas en tu mente.
Tu compañero o compañera en la vida, tus hijos, tus amigos, tus colegas, los extraños e incluso aquellas personas que viven en otros lugares del planeta y que son tus hermanos y hermanas en un sentido metafísico, constituyen todos ellos pensamientos. Cuando en el otro lado del mundo alguien secues tra un avión, lo sientes por las víctimas del secuestro. Ese algo que sientes te conecta con esas personas, que son pensamientos. Pero están, además, en tus pensamientos.

 

Estáis conectados por pensamientos invisibles.
Más difícil aún de procesar es lo contrario. Tú eres un ser físico y un ser invisible para ti mismo, pero sólo un
pensamiento para todos cuantos cruzan por tu vida, Del mismo modo que ellos son pensamiento para ti, tú eres pensamiento para ellos. Tus relaciones están situadas en tu yo invisible, que no tiene fronteras ni límites, nada que te impida experimentar dicha en tus relaciones con los demás si no es el modo en que utilizas tus pensamientos.

EL USO DE TUS PENSAMIENTOS PARA CREAR TUS RELACIONES
Ahora es, pues, el momento de que te hagas la pregunta suprema: ¿qué piensas acerca de esas personas con quienes te relacionas? Recuerda que lo que tú piensas es lo que se refleja y que tus pensamientos tienen
su origen en ti. Si piensas en lo que le falta a la persona a la que amas, ésta será tu experiencia de esa
persona y definirá tu relación. Te verás inmerso en una rutina de desagrado y disgusto.
Cuando otra persona se comporta de determinada manera, ¿procesas esta conducta de manera negativa, diciéndote «me fastidia que haga eso», «ojalá se cuidara más» o «me fastidia que haga esas tonterías en público»? Una actitud negativa hacia la persona con quien tienes una relación da sólo como resultado un aumento del disgusto y la negatividad. Sólo puedes actuar de acuerdo con lo que piensas, y no dispones para basar tu actuación más que de esa negatividad.
En lugar de procesar la conducta de otra persona a modo de juicio, como acabo de describir, tienes la
posibilidad de procesar esa conducta de otros modos. Recuerda que no es él o ella quien está creando una mala relación, sino tú, por el modo en que has elegido pensar. Podrías decir, por ejemplo: «Él sigue su propio camino y en este momento necesita reaccionar así, pero tiene otras muchas y grandes cualidades que me encantan. Voy a centrarme en ellas. Quiero que sea una relación estupenda, y, si lo es en mi pensamiento, el conjunto de mi experiencia también lo será». 0 bien: «Sólo puede cuidarse como le sale hacerlo ahora. Sé que
es destructivo para él, pero no voy a centrarme en lo que me desagrada. Voy a darle amor a pesar de su conducta».
Éste puede parecer un método excesivamente optimista para nuestras relaciones con los demás, y puede incluso que parezca a primera vista poco honrado, puesto que estos comentarios no reflejan tus verdaderos sentimientos. Pero no olvides que tus verdaderos sentimientos proceden de tus pensamientos y que, si tienes interés en hacer realidad milagros en tu vida, tendrás que pensar de manera milagrosa.
La realidad mágica en las relaciones supone una ausencia de juicio de los demás. De hecho, no definimos a
los demás con nuestros Juicios. Lo que hacemos es definirnos a nosotros mismos en tanto que persona que necesita juzgar. Los demás se definen por sus propios pensamientos y sus acciones consiguientes. Por lo tanto, lo que debes hacer es esforzarte por crear en tu mente los pensamientos exactos hacia los demás que encajen con el tipo de relación que deseas tener. Igual que te conviertes en lo que piensas en uno u otro momento, también tus relaciones se convierten en lo que piensas.
Defiende tus limitaciones en tus relaciones y tendrás como resultado relaciones limitadas. El objetivo de la
creación de milagros en todas nuestras relaciones es ve r cada vez más a la gente de nuestra vida de modos que reflejen el milagro que deseamos ocurra. No hay otro camino.
Recuerda que un tema central de este libro es el de que el universo y todo lo que hay en él tienen un
propósito. Se le ha otorgado a tu vida una misión divina y es esencial que le des un propósito, ya que es el único lugar donde puedes empezar a manifestar milagros. Debes saber y actuar como si tú y todos cuantos te rodean y con quien tienes una estrecha relación fuerais esa necesidad divina. Y el mensaje más importante de este capí tulo es el de que también las relaciones son en cierto modo parte de una necesidad divina. Todas tus relaciones.
Antes de echar un vistazo al modo de crear milagros en tus diversas relaciones, debes implantar con firmeza
en tu mente la idea de la necesidad divina para que puedas empezar a actuar de acuerdo con ella de manera ritual y a desaprender viejos hábitos que obstaculicen los milagros. Tu vida y todas las relaciones que hay en ella tienen un propósito.

DA UN PROPÓSITO A TUS RELACIONES
Hablando en términos generales, la calidad de nuestra vida está en gran medida relacionada con la calidad
de nuestras relaciones con las personas que hay en ella. Y, para ampliar la ecuación, nuestras relaciones reflejan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos. Exacto, con nosotros mismos. Déjame que te
lo explique mediante un breve repaso a lo que ya he comentado en este libro. Tenemos una relación constante
y en movimiento con nuestra mente y con nuestro cuerpo. Cuando pronuncias las palabras «Yo me he dicho a
mí mismo», haces referencia a dos seres: el «yo» se refiere a tu yo invisible (el pensamiento); «mí mismo» se refiere a tu yo físico, que tiene nombre, domicilio y número de la seguridad social. Cuando «tú» te llamas «a ti mismo» pelmazo, es el «tú» invisible que juzga a tu «yo» visible. Ésta es la relación que está en movimiento a
lo largo de todos tus días aquí en la Tierra.
Tu objetivo es verte a ti mismo como un ser espiritual con experiencia humana y desarrollar un esquema mental capaz de crear realidad mágica en tu vida. Debes intentar eliminar la dicotomía existente entre tu yo invisible y tu yo físico, entre el «yo» y el «mí» de «yo me he dicho a mí mismo». Si te consideras un pelmazo, así te comport arás. No hay otro camino. Si te consideras una persona fuerte, cariñosa, sensible, divina y capaz
de cometer errores, actuarás consiguientemente.
Cuando cultives la conciencia de tu cuerpo, de tu mente y de tu alma como una sola cosa y experimentes la unidad dentro de ti estarás preparado para compartir este sentimiento de plenitud y santidad con los demás, ahí es donde- entra tu relación. Cuando sientas amor por ti mismo, eso será lo que darás. Aparte de cómo interactúe contigo otra persona, sólo podrás dar lo que tú lleves dentro. Al igual que ocurre con la naranja proverbial, cuando la oprimes obtienes lo que lleva dentro; no importa para nada quién la oprime ni las
circunstancias que rodean a esta acción. Sale lo que hay dentro.
Lo que hay dentro de ti llega allí a través de tus pensamientos; no hay ningún otro mecanismo de entrada en absoluto. Si abrigas odio, odio es lo que darás. Si abrigas desprecio por ti mismo, desprecio es lo que darás. Si abrigas amor y comprensión, amor y comprensión darás. Tus relaciones siguen el mismo curso que sigues tú.
Si tú aprendes a través del sufrimiento y la interrogación de por qué las cosas no funcionan, como ya he dicho
en el capítulo 1, tus relaciones sufren también. Si sigues el camino de los resultados y empiezas a ver que en
la vida hay lecciones que aprender, tus relaciones reflejarán también este patrón. Y, si pasas al propósito y das propósito a tu vida, tus relaciones reflejarán también esta posición. Recuerda que el propósito es dar. No se adquiere ni se conserva nada durante toda una vida. Lo único que puedes hacer con tu vida es darla en el servicio a los demás. Es en este ámbito del propósito donde empiezan a producirse milagros.
Cuando has superado la necesidad de sufrir y de dominar a los demás, cuando has superado una actitud egoísta en las relaciones y te concentras en dar, servir y no juzgar, la realidad mágica empieza a manifestarse
en tu vida todos los días. Georges Washington Carver describe así este hecho: «El ir lejos en la vida depende
de que se sea tierno con los jóvenes, compasivo con los ancianos, solidario con los luchadores y tolerante con los débiles y los fuertes. Porque en algún momento de tu vida habrás sido todo eso».
Ésta es la definición del propósito en tus relaciones. Tratar a los demás en las diversas etapas de su vida como a ti te gustaría que te trataran en esas etapas. Se trata simplemente de dar. El propósito es darse y no
preguntar: «¿Qué saco yo con ello?». El propósito es relacionarse con amor y sin juzgar. El propósito es darse
a los demás sin condiciones y aceptando lo que de ello nos revierta con amor, aun cuando lo que venga no sea
lo que esperábamos.
Si respondes al odio con odio o a la ira con ira, ello no es por lo que se ha dirigido contra ti sino por lo que hay dentro de ti. No se puede sacar zumo de ciruela de una naranja por mucho que se la oprima. No podrás dar odio si sólo hay en ti amor, por mucho que se te oprima.
Una vez tengas un propósito, verás que actúas hacia los demás de maneras totalmente distint as, maneras que, por añadidura, harán que los demás se acerquen a ti más de lo que lo hacían cuando tú te esforzabas por hacer que se comportaran según tus deseos. Es una enorme paradoja. Cuanto más das, más obtienes; cuanto más intentas forzar algo para tu propio beneficio, menos disfrutas lo que con tanto desespero buscabas.
Echemos un vistazo al ingrediente central de una relación con propósito y examinemos luego algunos
métodos específicos para llegar a ella.

AMOR: EL INGREDIENTE CENTRAL DE UNA RELACION CON PROPOSITO
En el centro de una relación con propósito está el amor. Pero se trata de algo más que de ser capaz de pronunciar las palabras «te amo», palabras que utilizan personas que se »hieren y maltratan todos los días. Amor es dar, no tiene nada que ver con lo que se recibe. Amor es un proceso interior que se aplica a una relación. La piedra angular de una relación con propósito es el amor, que significa dar. La mejor definición que
he leído jamás de esta forma de amor espiritual es la expresada por J. Krishnamurti en Think on These Things:

El amor es lo más importante de la vida. Pero, ¿qué queremos decir cuando decimos «amor»?. Desde luego,
no es amor amar a alguien porque esta persona te ama a su vez. Amar es sentir un inmenso cariño sin pedir nada a cambio. Podemos ser muy inteligentes, podemos aprobar todos los exámenes, doctorarnos y alcanzar una alta posición, pero si carecemos de esta sensibilidad, de este sentimiento de simple amor, nuestro corazón estará vacío y seremos desdichados durante el resto de nuestra vida.

Este ingrediente del amor, en el sentido de dar, está en la definición misma del propósito y es el factor último
en la creación de relaciones milagrosas. Incluso en el acto sexual, las relaciones más gratificantes y satisfactorias son aquellas en las que sabemos que estamos dando sin pedir nada a cambio. Saber que estás satisfaciendo a tu pareja de manera real y auténtica es cuanto se requiere para que una relación sexual sea perfecta. Cuando nos ponemos a pensar en nosot ros mismos o en lo buenos amantes que somos o en lo mucho que nos ex citamos, estamos apartándonos del propósito y regresando a los resultados que pueda aportar nuestra actividad sexual. El amor perfecto cuando se da carece de magia cuando la mente está atenta a recibir.
Este ingrediente de generosidad no se limita ni muchos menos a la parte sexual de nuestras relaciones. Es aplicable a todos los niveles, incluso a aquellas relaciones en las que el sexo no desempeña papel alguno. Del mismo modo que cuando se oprime una naranja se obtiene sólo lo que hay dentro de ella, si hay amor dentro
de ti esto es lo único que darás. Y cuando damos amor nuestra sensibilidad es distinta, es una sensibilidad que
nos permite ver a todas las personas no en cuanto a su forma sino en cuanto al alma que hay detrás de la forma. Empiezas a ver la plenitud de Dios en todos aquellos con quienes te cruzas, y el carácter de tus relaciones con los demás adquiere el fulgor de la realidad mágica.
Vemos a nuestros hijos y a todos los niños no en función de lo que están haciendo, ni de su buena o mala
conducta, sino de lo que hay detrás, de su parte invisible, del alma que hay en ese joven cuerpo. Si te diriges a esa alma con amor y esto es lo que irradias hacia ella, ella a su vez te responderá con amor. Se tienen relaciones afectivas con los demás porque se aporta amor y no porque se bus que amor de ellos.
Los miembros de tu familia con quienes has tenido unas relaciones difíciles ya no son motivo de desdén por
tu parte. Tu ira y tu negatividad han desaparecido, sustituidas por un amor que no juzga. Para esto no son necesarios largos años de terapia ni tampoco grupos de ayuda, medicamentos o hierbas especiales. Lo que hace falta es simplemente que te conviertas en un ser primero espiritual y luego físico. Esto puede suponer experimentar un satori, un despertar instantáneo, gracias al cual te llenes de amor, no pidas nada de nadie con quien te cruces, en ninguna de tus relaciones, y des ese amor sin preguntar qué sacas tú con ello.
Irónicamente, una vez te hagas este tipo de propósito recibirás muchas cosas de las que tu vida carecía en gran medida, De repente, los padres que sólo ayer parecían tan imposibles ya no son juzgados por ti. Satorí. Les das amor y les perdonas todo lo que albergabas en tu invisible memoria te recuerdas a ti mismo que han hecho sólo lo que podían hacer teniendo en cuenta las condiciones de su vida en aquellos momentos y que no
se puede pedir de nadie más que eso. Les prodigas tu amor, dejas atrás lo que antes juzgabas y, de manera
milagrosa, tu relación con tus padres sufre una transformación.
También tus relaciones con los amigos o con los colegas pueden mejorar espectacularmente con este nuevo enfoque: dar. Cuando surja un conflicto, deja a un lado tus pens amientos negativos y, en lugar de ellos, ofréceles amor. Al hacer esto producirás un cambio en el entorno real, que pasará de la hostilidad a la serenidad. Así es cómo empiezan a desaparecer los conflictos y a emerger las soluciones. Una persona afectiva y consciente que se niega a utilizar la mente para tener pensamientos negativos de odio puede en verdad incidir en su entorno físico. Cuando responde sin sentirse amenazado y comunicas en cambio tu conocimiento interior de una manera apacible y afectuos a, los desafíos no pueden moverte. Has creado un milagro en esa relación.
Recuerdo haber tenido enormes desacuerdos con mis colegas cuando yo era profesor universitario. Estos colegas solían derivar constantemente en unas relaciones desagradables con otros miembros de la facultad. No había una disposición al compromiso y menos aún a discutir sus diferencias. Eran «difíciles» o «de trato imposible», a menos que compartieras sus opiniones, lo cual hacían pocos.
Sin embargo, yo descubrí que podía siempre salirme con la mía con estos colegas «Imposibles». Yo experimentaba realidad mágica allí donde otros ex perimentaban exasperación. ¿El secreto? Les prodigaba amor sin pedirles nada a cambio. Tan sólo amor en el corazón, aun cuando no estés de acuerdo con algo, y dejar que las cosas se pongan en su sitio solas. Los colegas siempre se avenían, y les resultaba imposible ponerse desagradables o discutir conmigo. Nunca di a esto gran importancia, ni me jacté ante otros de poder salirme con la mía con aquella gente tan difícil. Me limitaba a darles el amor y la entrega que guardaba dentro de mí.
Este modo de abordar las relaciones es básicamente mi modo de abordar la vida. Sé fiel a tu propósito. Sabe que estás aquí para servir. Si te desvías de tu curso, pregunta tan sólo: «¿Cómo puedo ser útil en esta situación?», y escucha tranquilamente la respuesta. Renuncia a demostrar lo que vales, aparta tu ego de la discusión y prodiga amor.
Muchas veces me he visto en la cola de un mos trador del aeropuerto observando cómo un airado viajero
abroncaba a un empleado, y me he dicho: «Si fuera capaz de prodigarle amor, seguramente conseguiría lo que quiere». Invariablemente, el cliente airado sale de la confrontación furioso e insatisfecho, por el solo aumento
de la presión sanguínea. Yo suelo decirle algo agradable al empleado de las líneas aéreas. Lo miro a él o a ella afectuosamente, y digo: «Lo que tenga me irá bien». Me tratan muy bien, y más de una vez me han metido en primera.
Esto es algo tan básico que me sorprende que sean tan pocos los que son conscientes de ello. Es la regla de
oro de la acción. Da amor, incluso al extraño con quien te cruzas cuando vas de paseo. Seguro que es así como te gustaría que te trataran a ti.

OTROS CUATRO INGREDIENTES DE LAS RELACIONES CON PROPOSITO
Prodigar amor sin expectativas es la piedra angular de las relaciones cuando se tiene un propósito. Necesitas
en verdad saber muy poco más. Prac tica este ejercicio de dar amor, sin condiciones, y verás cómo te sientes lleno en lugar de vacío, dichoso en lugar de desgraciado, He aquí las cuatro cualidades subordinadas que implica esta realidad mágica en tus relaciones.

1. Renuncia a la necesidad de tener razón.
Ésta es por sí sola la mayor causa de dificultades y de deterioro en las relaciones: la necesidad de hacer que
la otra persona demuestre su error o tú tu razón. De ganar la discusión. De demostrar que el otro no sabe de que está hablando. De demostrar que eres superior. La relación espiritual es una relación entre iguales. No hay necesidad de demostrar que el otro está equivocado. No hay un modo «acertado» ni un argumento
«vencedor». Toda persona tiene derecho a su propia opinión. Si quieres ver cómo empiezan a producirse
milagros en tu vida debes abandonar por unos días la necesidad de demostrar que el otro está equivocado y ver cómo las cosas cambian para ti.
Puedes sostener una conversación contigo mismo antes de abrir la boca para demostrar que el otro está equivocado. Un simple recordatorio, algo así: «Me doy cuenta de lo que yo opino en esta cuestión y sé que no está de acuerdo con lo que ella opina, pero ¡y qué! Ya es suficiente saberlo, no tengo necesidad de demostrar que se equivoca». Calla, y habrás creado un milagro en ese mismo instante. Habrás sustituido un conflicto potencial por una respuesta afectuosa. Recuerda que a nadie, y tampoco a ti, le gusta que le demuestren que está equivocado. Sabes que a ti te desagrada; honra pues este derecho también en los demás y renuncia a la necesidad de llevarte el mérito o de mostrar tu superioridad. En una relación espiritual no hay superior e inferior, ambos son iguales, y esta igualdad se respeta. Practica esto y verás cómo el amor sustituye a la ira en esa relación.
Esto es también cierto por lo que se refiere a las relaciones con todos los demás. Tus hijos necesitan que se
los guíe, no que les muestren sus errores. Siempre hay un modo de enseñar a los pequeños sin necesidad de que vean que se equivocan. La vergüenza que acompaña al hecho de que quedar como un «estúpido» lleva a una propia imagen de estupidez. Puedes sustituir esas observaciones des tinadas a demostrar tu enorme superioridad por respuestas afectuosas destinadas a ayudar a tus hijos, y a otros a examinar sus propias opiniones. 0 bien puedes responder tranquilamente con estas palabras: «Yo lo veo de otro modo. Dime, ¿cómo has llegado tú a esa conclusión?». La clave no está en memorizar observaciones que hacer en el momento adecuado sino en no perder de vista que a nadie le gusta quedar mal, especialmente en público.
Es suficiente que tengas dentro de ti este conocimiento espiritual, y tu objetivo será entonces ayudar a los
demás a que lo tengan también. Esto puede aplicarse a los negocios, a las discusiones con los extraños con quienes te encuentres, a las disputas con los vecinos, a prácticamente todas las relaciones humanas. Las personas que tienen confianza en sí mismas no tienen ninguna necesidad de hacer quedar mal a los demás. Saben interiormente lo que opinan, confían en su opinión y permiten que los demás interactúen con ellos en la dignidad y no en la vergüenza.

2. Deja espacio al otro.
Deja que haya espacio en vuestra unión. De nuevo, se trata de amar incondicionalmente y de dar en lugar de tomar. Cuando se ama a alguien por lo que es y no por lo que tú crees que debería ser, o por la medida en que
te complace, el permitirle privacidad y espacio viene de manera automática. Lo que hay que hacer desde un
punto de vista amoroso es dejar a todos la opción de ser ellos mismos. Si para ser ellos mismos necesitan pasar tiempo alejados de ti, no sólo deberás permitirlo sino facilitarlo de buena gana. Las relaciones sofocantes envueltas en celos y temores son provocadas por individuos que se creen con derecho a dictar cómo debe ser
la otra persona. Recuerda esta frase de Robert Frost: «Amarnos las cosas que amamos por lo que son». Así
de sencillo y, sin embargo, cuánto les cuesta a muchas personas seguirlo día a día.
Todos necesitamos cierta medida de tiempo para meditar en calma, para la contemplac ión, para establecer contacto con nuestro yo interior, para autoexaminarnos, leer, escuchar, pensar, pasear, etcétera. La soledad puede convertirse en tu compañía más importante y ayudarte a ser una persona más generosa en tus relaciones espirituales. En lugar de ver la necesidad de espacio de tu pareja como una amenaza, obsérvala como un momento de renovación y celébrala. Esfuérzate en la medida de lo posible por ayudar al otro a que tenga ese espacio. Trátalo a él o a ella como algo sagrado. No olvides que tu relación con todos los demás está en tu mente, no en lo que ellos piensen o hagan. Tu necesidad de espacio no será ninguna amenaza, sino que estará llena de amor, si eres un ser espiritual. Acariciarás tu tiempo en soledad, agradecerás estar con alguien que te alienta en este sentido y harás todo lo posible para asegurarte de que tu pareja tiene también ese espacio y en abundancia, sin Juicios ni amenazas por tu parte.
La privacidad y el espacio constituyen regalos maravillosos que puedes hacerle a tu pareja. Si te niegas a
dárselos verás cómo se deteriora tu relación y todos tus esfuerzos por mantenerla se frustran. Puede parecer irónico, pero cuanto más espacio permitas y fomentes dentro de la relación más florecerá ésta. Cuanto más te empeñes en poner límites al espacio de alguien, en no perderlo a él o a ella de vista o a insistir en que pase todo el tiempo contigo, más estarás contribuyendo al final de esa relación afectiva.

3. Elimina la idea de posesión.
Procura gozar de tu parejo., no poseerla. Jamás podrás experimentar el milagro de una relación mágica si te crees poseedor de la otra persona o si, de algún modo, sientes que tienes derecho a dominarla o controlarla. Nadie quiere que lo posean. Nadie quiere sentirse como una posesión. Nadie quiere ser dominado ni controlado. Todos aparecimos aquí con un propósito, y este propósito se ve menoscabado cuando otro ser humano intenta interferir con nuestra heroica misión. Tu relación puede ser el ve hículo que permita a tu propósito prosperar, pero puede también inhibir tu sentido del propósito. La propiedad es el factor que en mayor medida inhibe el sentirse con un propósito y una misión en la vida. No tienes ningún derecho a decirles a las personas con quienes tienes una relación lo que deben hacer durante su estancia en la Tierra. Esto es sólo algo entre esa persona y su alma. Podrás tener a otra persona en una cárcel y tu matrimonio podrá durar sesenta años, pero no tendrás una relación de amor si uno de los dos se siente poseído, si uno de los dos siente que es propiedad del otro.
Es ésta una lección que yo tuve que aprender a las duras. En una época creía poder dictar a mi pareja cómo debía pensar y comportarse, Me costó caro: un doloroso divorcio, muchas horas desagradables de conflictividad y hostilidad y unas grandes frustración y tensión debido a mis exigencias poco realistas. Hoy he aprendido la lección. Ni siquiera concibo la idea de que mi esposa me pueda pertenecer. Ella es una entidad propia y mi relación con ella se basa en el reconocimiento de este hecho. De hecho es algo recíproco. Mi esposa me anima a tomarme el espacio y la privacidad que yo necesito a fin de poder escribir y dar charlas y llevar a la práctica mi propio propósito. Yo, a mi vez, opino que ella debe gozar del mismo privilegio. Aunque para ella es más difícil, ya que tenemos muchos niños pequeños. Yo me esfuerzo todos y cada uno de los días por ayudarla a que pueda gozar del mismo espacio. En el fondo de nosotros, ambos sabemos que no somos propiedad el uno del otro. Es imposible. Nuestro amor y respeto mutuos nos permite ex perimentar milagros en nuestra relación, algo que en otro tiempo era inexistente. Cuando intentábamos poseer al otro o dictarnos, aun
en pequeñas cosas, la relación se deterioraba. Ahora cada momento que pasamos juntos es un tesoro y
parecemos estar más cerca el uno del otro que nunca, al mismo tiempo que tenemos de hecho una relación más íntima y afectuosa ahora que nos concedemos un espacio, un amor y un respeto incondicionales. Es para nosotros un milagro. En una época esto pareció imposible. Y se produjo porque dimos en lugar de pedir. Porque respetamos en lugar de criticar.

4. Sabe que no es necesario comprender.
Es ésta una gran lección en el aprendizaje del modo de hacer que todas las relaciones funcionen en u n plano mágico. Y lo que ocurre es que no es preciso comprender por qué una persona actúa y piensa como lo hace. No darás mayor comprensión que diciendo: «No lo entiendo, y está bien así».
Cada uno de mis siete hijos tiene una personalidad y unos intereses totalmente únicos e independientes. Es
más, lo que les interesa a ellos no ofrece a menudo ningún interés para mí, y viceversa. He aprendido a superar la idea de que deberían pensar como yo y pasar por este mundo como paso yo; en lugar de ello, tomo distancia y me digo: «Es su viaje, han venido a través de mí, no para mí. Mantenlos a salvo, apártalos de conductas autodestructivas y derrotistas y deja que recorran su propio camino». Rara vez entiendo por qué les
 gusta lo que les gusta, pero tampoco necesito ya entenderlo, y esto es lo que hace que nuestra relación sea mágica.
En una relación amorosa, renuncia a la necesidad de comprender por qué a tu pareja le gustan los programas de televisión que ve, por qué se acuesta a la hora a la que se acuesta, come lo que come, lee lo que lee, le gusta la compañía de las personas a quienes frecuenta, le gustan las películas que ve, etcétera. No estáis juntos para comprenderos sino para ayudaros a vivir la vida con un propósito. Gary Zukav, en The Seat
of the Soul, lo resume magníficamente:

La premisa básica de una pareja espiritual es un compromiso sagrado entre ambos miembros para ayudar uno al crecimiento espiritual del otro. Los compañeros espirituales reconocen su igualdad. Los compañeros espirituales son capaces de distinguir entre personalidad y alma... porque los compañeros espirituales son capaces de ver con toda claridad que hay efectivamente una razón más profunda por la que están juntos, y que esta razón tiene que ver sobre todo con la evolución de sus almas.

Esta definición supone que no es necesario que uno comprenda al otro. Amar sagradamente significa amar lo que es, aun cuando no se comprenda el sentido profundo que hay detrás de ello. Cuando se abandona la necesidad de entenderlo todo del otro, se abre la verja a un jardín de las delicias en la relación. Puedes aceptar
a esa persona y decir: «Yo no pienso así pero ella sí, y es algo que respeto. Es por eso que la quiero tanto, no
porque sea como yo sino porque me aporta aquello que yo no soy. Si fuera igual que yo y pudiera así entenderla, ¿para qué la necesitaría? Sería una redundancia tener a mi lado a alguien igual que yo. Respetó esa parte de ella que me resulta incomprensible. La amo no por lo que entiendo sino por esa alma invisible: que está detrás de ese cuerpo y de todas esas acciones».
Éstas son las cualidades necesarias para una relación con propósito. Giran todas ellas en torno al planeta del
amor incondicional. Llega a ese lugar y empezarás a ver resultados en todas tus relaciones. Empezarás a ver
el milagro que es vivir la vida con un propósito.


COMO FUNCIONAN LAS RELACIONES MÁGICAS
El milagro que contemplas para ti en todas tus relaciones se centra probablemente en el deseo de ser dichoso y feliz y estar en armonía con todas las personas de tu vida, sin conflictos dolorosos. Y quizás incluso anheles la maravillosa sensación de dicha que te embargó en tus primeros enamoramientos, cuando joven.
Es en tu mente donde debes poner manos a la obra para crear realidad mágica en todos tus tratos con otras
personas. Para alcanzar el estadio de la realidad mágica has de tomar la decisión de ir más allá del sufrimiento
y los resultados y, literalmente, vivir tu vida con un propósito. Cuando lo hagas, tus relaciones reflejarán de manera natural este cambio.
Además, a medida que trabajes en la creación de relaciones espirituales con todos los demás, verás que se producen milagros en otras áreas de tu vida. Descubrirás que posees capacidades milagrosas que en otro tiempo achacabas tan sólo a la coincidencia o al capricho de la suerte. Empezarás a entrar en el pensamiento
de los demás y a conectar con ellos en una medida inaccesible cuando se vive en la duda y el temor. Empezarás a saber qué piensa el otro, y verás que dices en voz alta y con regularidad cosas como éstas: «Yo estaba pensando exactamente lo mismo», «Precisamente iba a sugerirte lo mismo», «Seguro que eres capaz
de leer mi pensamiento, porque eso es exactamente lo que tenía en la cabeza». Este tipo de sensaciones no son ni azarosas ni es trambóticas, se tienen cuando se vive a un nivel superior de conciencia.
Este estado superior de conciencia que empieza a desarrollarse entre ti y los demás representa una
utilización a plena escala de esa intuición de la que yo hablaba. Se desarrolla una sensación de conocimiento
a través de la conexión con los demás, y la relación con éstos tiene lugar a un nivel totalmente distinto del meramente físico. Empiezas a darte cuenta de que la misma inteligencia infinita e invi sible que discurre a través de ti discurre también a través de los demás. Sólo hay una inteligencia infi nita, que está en todos nosotros. Ahora puedes literalmente conectar con ella en aquellos a quienes amas profundamente y experimentar una nueva conexión, una nueva relación.
Este nuevo modo de relacionarse no exige estar físicamente presente al lado del otro. Aprenderás a saber lo que la otra persona necesita y piensa cuando tú estás a kilómetros de distancia. Se trata de una conexión del espíritu; sois realmente uno. Llamarás por teléfono a alguien que tiene una relación espiritual contigo y la otra persona sabrá antes de coger el aparato que eres tú quien llama. Veréis que cada vez tenéis más experiencias
de este tipo. Esta forma de conciencia milagrosa con el otro tendrá su origen en ti. En tu mente. En tus
meditaciones se te guiará sobre lo que debes dar a los demás, y cuando salgas al «mundo real» y proporciones aquello que has visto en un momento de iluminación espiritual, es posible que los receptores queden de hecho sorprendidos ante tu conocimiento. Pero a ti ya no te sorprenderá. Empezarás a considerar esto como algo normal. Conectarás a un nivel superior, un nuevo nivel de conciencia que en definitiva llamarás realidad mágica.
Verás que eres capaz de llevar a cabo nuevas y apasionantes hazañas con tu mente, y las dudas ajenas no
serán para ti un disuasivo. La siguiente anécdota es un ejemplo de este tipo de conocimiento. En un tiempo yo
no la habría comentado, me habría preocupado el pensar cómo podían percibirla otros. Eso ya no me ocurre.

Es algo que sé y que, en este momento, comparto contigo. Si eres un iniciado, no te sorprenderá. Si no eres un iniciado, 0 eres una persona que vive en la duda, lo rechazarás. Así sea.
Una mañana, en el curso de una poderosa meditación, pude realmente ver a mi esposa acostada aun cuando se hallaba en realidad a varios kilómetros de distancia. Yo la había dejado temprano para dar un largo paseo y decidí meditar antes de regresar a nuestro apartamento de alquiler en Maui. Esa mañana fui capaz de estar realmente con ella y de rondar sobre su cuerpo en mi meditación, y luego, de repente, pude sentir sus pensamientos conmigo. Fui en verdad capaz de entrar en su sueño y experimentar con mi esposa lo que ella estaba soñando.
No me cabía la menor duda al respecto, puesto que, en mi meditación, pude ver su cuerpo físico tendido allí
sobre la cama, y a continuación sentir sus pensamientos e imágenes. Fue un espectacular momento de conexión, en una medida que yo jamás había experimentado antes.
Cuando volví a nuestra casa de verano ella estaba levantada, y le hablé del sueño que le había sentido soñar. Quedó sin habla. Era precisamente lo que ella había vivido en su mente. (Richard Bach escribió una novela basada en esta idea, titulada The Bridge Across Forever, en la que comentaba haber tenido una experiencia semejante con su esposa.) Esto ocurrió hace dos años, y es algo que se ha hecho mucho más frecuente entre nosotros. En realidad, no me siento ya tan incrédulo en el momento de escribir estas palabras como cuando sucedió, ¿Por qué a tantos de nosotros nos cuesta tanto aceptar la posibilidad de que ocurran estas cosas? Sabemos que existe una conexión invisible entre todos los miembros de la espec ie humana. Sabemos que hay una sola fuente o una sola energía que fluye a través de todos nosotros. No millones de dioses sino sólo uno, que está presente en todas las cosas vivas y es el origen de todo. Lo llamamos Dios, pero se le dan muchos nombres. Tao es otro de los nombres con que denominamos esta unidad que hay en todos nosotros. Como dijo Lao Zi:

Existe un algo oscuro, y completo
antes de que alzaran el cielo y la Tierra;
tranquilo, quieto,
de pie solo e inmutable, moviéndose en torno sin peligro. Podría ser la madre de todo.
YO desconozco su nombre,
y lo llamo Tao.

Está en todos nosotros y, sin embargo, seguimos aferrándonos a la creencia en nuestra separación. Creemos que la fuerza invisible que discurre a través de nuestros compañeros es algo distinto de la que discurre a través de nosotros. La capacidad de menear el dedo como consecuencia de un pensamiento invisible es una conexión que nos confunde en el mundo físico. Algo permite que ese pensamiento llegue al dedo. Y la misma fuerza invisible que me permite menear el dedo permite a mi esposa menear el suyo. Así,
¿por qué no voy a poder yo menear su dedo? He aquí lo que dice Einstein sobre el tema: «Él (los seres
humanos) se experimenta a sí mismo, con sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su conciencia... Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta cárcel ... ».
A medida que alcances niveles cada vez más altos de conciencia espiritual, descubrirás que lo que antes
veías como un milagro en tus relaciones constituye ahora tu modo de relacionarte con todos los demás. Llegas
a un lugar en tu interior donde sabes en verdad que no hay límites. Te liberas en verdad de la cárcel de tu cuerpo y de esas ilusiones de las que habla Einstein, y entras en el mundo de la realidad mágica.
Este nuevo modo de ser en las relaciones se ex tiende hacia arriba y hacia abajo por el espectro de tus contactos con todos los demás. Se extiende incluso a nuestras relaciones con los animales y con toda la vida del planeta y del universo. En el caso de los amigos y conocidos, empezamos a conectar con su pensamiento y
a tener un conocimiento de lo que podemos dar y de lo que ellos necesitan. Con los colegas del trabajo,
empezamos a confiar en nuestra intuición. En lugar de centrarnos en lo que creemos nos corresponde y en lo que los demás pueden hacer por nosotros, pasamos a una nueva posición que coloca en primer lugar sus necesidades. Nos convertimos en la persona que da, en la persona con un propósito, y nos centramos en lo que les corresponde a ellos mientras que, en cuanto a nosotros, confiamos en que el universo provea. Nos hemos entregado en esas relaciones y vemos en cada persona un alma con un cuerpo, y tendemos los brazos a esa alma.
De esta forma de abordar las relaciones en los negocios fluyen los milagros y nos sentimos en paz, con un propósito y serenos, sabedores de que nos ofrecemos a los demás en un nuevo plano. Paradójicamente, las cosas revierten hacia nosotros más que nunca. Pero no estamos centrados en lo que revierte hacia nosotros sino que damos incluso más, y así sucesivamente. Hemos creado relaciones milagrosas conectando con todos
los demás a través del Tao, o sea del Dios que impregna su forma física. Estamos atendidos y somos capaces
de ver los pensamientos y las visiones de los demás. Hemos roto la ilusión de su separación y creado en su lugar un modo de conexión.
Este nuevo enfoque de las relaciones lleva consigo un sentimiento sacro hacia todas las cosas vi vientes. Los
animales que ladran furiosos a los demás se muestran pacíficos hacia nosotros cuando no sentimos temor ni hostilidad. Se presiente una especie de presencia invisible en todos los seres vivientes. Se empieza a crear en
nosotros una ternura hacia todo y todos y vemos la imposibilidad de la des trucción derrochadora e insensata. Krishnamurti, al hablar de la simplicidad del amor, observaba:
El otro día vi a unos muchachos recogiendo flores. No iban a ofrecer las flores a ningún dios, iban hablando y arrancando irreflexivamente las flores y luego las arrojaban. También los adultos lo hacen, se dedican a expresar su brutalidad interior, esa pasmosa falta de respeto por las cosas vivientes... Podemos comprender que una muchacha coja una flor o dos para ponérselas en el pelo, o para dárselas a alguien en señal de afecto; pero, ¿arrancar las flores porque sí?

No hace mucho tenía yo un compromiso para hablar y fui invitado a una recepción con refrigerio. Una muchacha, que llevaba en brazos a su sobrinita, tenía problemas con la niña. Yo llevaba una semana alejado
de mis hijos y anhelaba tener en brazos una niñita tan guapa. Cuando vi a aquella hermosa alma de candidez
extendí los brazos y la sos tuve mientras duró el refrigerio. Se mostró apacible y cariñosa. La llevé hasta el estanque de peces del vestíbulo y hablamos a los «pececitos» con pequeños ruiditos propios de un pez. Fue
un encuentro muy especial. Una relación mutua de amor y entrega, aunque no durase más que casi una hora.
Más tarde, por la noche, después de mi charla, conocí a la madre de la niñita y me dijo algo que ya me he acostumbrado a oír: «Es usted la primera persona a quien la niña no rechaza, aparte de los familiares más inmediatos. Le dan mucho miedo los extraños y nunca, nunca, ha permitido que otra persona la tuviera en brazos. He quedado pasmada al ver que no lo rechazaba a usted, y todavía no salgo de mi asombro».
¡Los bebés saben! ¡Los animales saben! ¡Los extraños saben! ¡Los niños pequeños saben! El Tao, esa inteligencia invisible, fluye a través de todos nosotros.
Acercándonos a otra persona con amor en el corazón, sin pedir nada sino tan sólo ofreciendo ese amor, creamos relaciones milagrosas. Pero cuando nos dirigimos a alguien buscando algo, sin confiar en ellos y dudando de ellos, explotándolos, el nivel de nuestra cualidad invisible se hace transparente y la oportunidad de crear milagros y realidad mágica se ve mermada. Se puede lograr crear milagros en todas nuestras relaciones, pero ello no se logra memorizando técnicas. Se logra dando una nueva orientación a lo que llevamos dentro, que es donde están ubicadas todas nuestras relaciones.

APLICACIÓN DEL ESQUEMA MENTAL MILAGROSO A TODAS TUS RELACIONES
Es importante que sepas que la disposición a encontrarte con milagros debe estar situada en tu interior. No puedes esperar a que otros cambien para poder tú descubrir la realidad mágica de las relaciones con propósito. La fuerza y el gozo de las relaciones con propósito empiezan y terminan en tu propio esquema mental.
Cuando leas las pautas que se dan en las siguientes páginas, no estés lleno de dudas acerca de lo que
pueda parecerte imposible dada la gente específica que interviene en tu drama vital personal. Se trata de un Juego interior. No es preciso que aquellos que te rodean comprendan o se muestren siquiera de acuerdo, y puede muy bien ocurrir que personas en concreto (que siguen su propio camino) desaparezcan pronto de tu vida en un sentido físico. Yo hablo aquí de tus relaciones con todas las personas de tu vida más que de individuos determinados. Si sabes en tu interior, después de familiarizarte con tu propio viaje espiritual y de hallar tu propósito, que algunas personas no van a seguir compartiendo tu es pacio físico puedes con el mismo propósito y el mismo amor hacer tú la elección. La relación no está ubicada en ellos, sino que es tuya y la experimentas en tu propio yo invisible. Poner fin a una relación en un sentido físico no es un fracaso, del mismo modo que la muerte de alguien tampoco representa un fracaso aunque, por supuesto, pone fin a la relación física.
Yo hablo aquí de ti. De un «tú» que merece ser tratado con dignidad y respeto, porque es de eso de lo que
estás hecho y eso es lo que das. Aquellos que todavía no entiendan esto se alejarán de tu vida física, y te será fácil permitirlo de ser ello necesario. La duración de las relaciones materiales no figura en mi agenda para este libro. Eso debe determinarlo cada alma en particular, y yo no juzgo el hecho de que se elija alejarse cuando llegue el momento. Dejarás atrás a muchos en un sentido físico. Esto no te convierte ni a ti ni a ellos en un fracaso; lo que ha terminado es la relación en sí, no la persona. De hecho, de una manera divina y grandiosa, dejarás atrás en última instancia todas tus relaciones físicas.
Pero el alma nunca se va. El alma no se halla en la dimensión material. Habrá muchos con quienes
permanezcas en estrecho contacto físico y con quienes decidas crear relaciones espirituales. Así sea. Los individuos entrarán y saldrán de tu vida al modo en que lo hacen los personajes de una obra teatral. Algunos desempeñarán papeles de poca importancia y otros tendrán papeles estelares durante un tiempo, y otros te ayudarán en la codirección y coproducción de tu vida. Serán siempre importantes para el conjunto de la obra y merecerán siempre tu amor interior. Aprenderás a no juzgar a aquellos que entran y salen de tu obra a fin de honrar su aparición, aun cuando representen mal sus papeles.
En última instancia, llegarás al lugar desde donde podrás mirar atrás, ver a todas las personas que han figurado en tu vida y darte cuenta de que los encontraste porque tenían todos algo que enseñarte. Aprenderás
a amarlos a todos, aun a aquellos cuya lección no hayas podido todavía comprender.
Con esto en mente, libérate de cualquier duda acuciante acerca del peso específico de tus relaciones. Sigue adelante, dejando atrás nombres y rostros, has ta ese lugar de realidad mágica donde no hay nombres, ni rostros, ni números de la seguridad social.

Afirma tu capacidad pa ra crear relaciones felices y gratificantes. Es ésta tu obra más importante. Sabe dentro de ti que si hay alguien capaz de ser feliz y de sentirse satisfecho con sus relaciones, esta capacidad está también a tu alcance. Despréndete de la duda que te hace pensar que no puedes hacerlo o conseguirlo debido a los demás. No tiene nada que ver con los demás, es algo que está totalmente ubicado en ti. La eliminación de la duda es un ejercicio que puedes practicar todos y cada uno de los días. Afirma en voz alta que tienes derecho a ser feliz con todas las personas que haya en tu vida. Cuando asome la duda, lo cual ocurrirá, recuérdate que has sido hipnotizado para que creyeras en la imposibilidad de esta dicha. Despréndete
de la duda mediante imágenes mentales que indiquen tu disposición a crear relaciones mágicas y gratificantes.

Una vez eliminada la duda, entra en tu zona de realidad mágica . Dentro de tu mente y sólo en ella está el rincón de libertad en el que puedes pensar como gustes. Piensa en imágenes de felicidad y satisfacción en tu relación con los demás. Ve cómo prodigas amor aun frente a la ira, a la envidia o al desagrado. Practica la representación de imágenes positivas, por una hora al principio. Piensa en la persona con quien tienes más problemas de relación. Quizá se trate de un progenitor anciano y desconsiderado, de un compañero de trabajo totalmente intratable o de un esposo o de una esposa tiránico. Ahora, sólo mentalmente, supera tu inclinación a responder con ira y hostilidad. Imagínate prodigando amor y no prestes la menor atención al modo en que responde la otra persona. Recuerda que no haces esto pensando en lo que vas a recibir. En una relación mágica, cada persona elimina sus deseos y da de sí misma a partir del sentido de propósito. Esta práctica mental pasará en última instancia a ser tu realidad en el mundo físico. Pero hay que empezar por un esfuerzo disciplinado por pensar a un nivel mágico. El universo te proporcionará cuanto puedas necesitar.

Acepta las posibilidades ilimitadas de tus relaciones. Tus pensamientos, tu alma, carecen de límites. En esa esfera, tus relaciones existen sin límites. Debes ahora dejar de mirar hacia afuera, a todas las personas a quienes echabas la culpa de tus malas relaciones, y afirmar que tú no tienes la culpa y que, en consecuencia,
no hay limitación a lo que puedes experimentar por ti mismo. Aquel fulgor cuya presencia sentiste en tus relaciones, quizá cuando eras un adolescente lleno de inquietud, era creado por tus pensamientos, no por tus hormonas ni por las hormonas de otra persona. Sepas en tu interior que las únicas limitaciones que tienes en cuanto a la creación de relaciones mágicas son las que te has impuesto tú mismo. Has enseñado a todos los demás cómo deseabas ser tratado.
Puedes iniciar ahora una nueva escuela, cuyo plan de estudios consiste en el amor y el respeto. Eso es todo
cuanto estudias y compartes y todo cuanto vas a permitir en la clase. Ningún límite, nada más que el amor. Ésta es tu misión, que prac ticas en tu clase y viendo la plenitud de Dios en todos cuantos te encuentras.
Si te encuentras con alguien cuya alma no tiene un propósito similar al tuyo, le darás amor y seguirás adelante, confiado y sabedor de que aparecerán las almas hermanas que se encontrarán contigo en la misma frecuencia en la que tú emites. Es éste un camino muy personal, un viaje de realidad mágica y milagros, y a ti
te corresponde tener en tu interior el conocimiento de que puedes lograrlo todos y cada uno de los días.

Practica la confianza en tu intuición, esa voz interior e invisible que te guía en todas las cosas, in- cluidas tus relaciones. Rodéate de personas que te animen a ser todo lo que eres capaz de ser. Sabrás quiénes son esas personas. Si presientes que alguien no desea en realidad tenerte cerca, sigue esta sugerencia intuitiva. Tu intuición te dirá exactamente lo que necesites saber en cuanto a información acerca de tus relaciones. No te obligues a ti mismo a hacer que una relación funcione, esto es algo que no se puede forzar. Quizá consigas mantener cierto con tacto físico, pero, si tu intuición te dice que no es ni el momento adecuado ni la persona adecuada, dale cordialmente tu amor y sigue adelante.
Son muchos los compañeros del alma, masculinos y femeninos, que formarán relaciones espirituales contigo. No existen los accidentes, estos indivi duos se presentarán en el momento preciso. Has aprendido de las relaciones unilaterales cuanto necesitabas saber. Sigue prodigando amor, pero las personas que te rodean deberán tener interés en ayudarte también en tu desarrollo espiritual. Tu intuición te dirá quiénes son estas personas. No las hagas a un lado a menos que desees volver al sufrimiento como modo de aprender las lecciones de la relación. Experimentarás tu dimensión intuitiva en proporción exacta al modo en que la valores.
Si la rechazas, no podrás disponer de su ayuda y seguirás aprendiendo las lecciones de la relación a las duras.



Pide guía en todas tus relaciones entrando en tu interior hasta el secreto que está en el centro y sabe.
Tu guía te dirá que des. Hazlo pródigamente y sin expectativas. Puedes practicar a diario el entrar en tu interior
y escuchar, pero has de estar dispuesto a dejar de creer que esto es una «salida» para obtener ayuda. Tus relaciones son lo que tú has creado, y sólo sabiendo en tu interior que tienes el poder de cambiarlas podrás acceder a la guía que precisas.
Escoge este mismo día un amigo o conocido con quien relacionarte desde este lugar de conocimiento interior. En lugar de ser el mismo de siempre, dale hoy a esa persona exactamente lo que crees necesita basándote en cómo te gustaría que te trataran a ti. Da a esta persona sin pensar en su reacción hacia ti y sin juzgarla. Olvida lo que dice y cómo reacciona.
Lo más seguro es que hayas aprendido a evaluar tus acciones basándote en el resultado de estas ac ciones,
que te han enseñado a enfocar de cara a los resultados. Al secreto que está en el centro y sabe no le importan
en absoluto los resultados. Es tu Dios interior, el alma generosa y amorosa inmune a los resultados.

Prueba a continuación el mismo experimento con un niño. Entra en tu interior y pregúntate: «¿Cómo me gustaba que me trataran las personas mayores cuando yo era niño?». De nuevo, olvida el resultado de tus acciones y escucha tu alma, al secreto que está sentado en el centro y sabe. Dale a ese niño lo que tú, cuando niño, deseabas de los demás. Observa entonces cómo te sientes tú y no cómo reacciona el niño.
Todas tus relaciones tienen su existencia en ese lugar secreto que hay en tu interior. Es la fuente que debes
aprender a consultar si deseas vivir la dicha de la realidad mágica en tus relaciones. Cultiva la magia en ese lugar privado e invisible, y luego prodígala. Irrádiala hacia los demás y deja de centrarte en los resultados. Sólo por hoy. Evalúa luego, a tu manera personal, la diferencia que experimentas en relación con esas personas.
Éste es el camino hacia los milagros, nunca te fallará. No hay fracaso en el secreto que está centrado en el
centro y sabe. ¡Sólo guía y amor!

Instante a instante, libérate de la duda que te hace pensar que no puedes tener relaciones mágicas. Afírmate a ti mismo una y otra vez: «Sé que puedo tener unas relaciones dichosas». Luego, cuando estés a punto de caer en una actitud negativa haz a un lado tu modo normal de relacionarte y pasa revista mentalmente, con rapidez, a lo que deseas de esa relación. Una momentánea reflexión acerca del modo en que deseas relacionarte con esa persona te dará la oportunidad de prodigar amor o de quedarte sentado tranquilamente y en silencio en lugar de ponerte agresivo. A esto se lo llama aprender a través del conocimiento y no a través del sufrimiento o la duda. Cuando logres dentro de ti un conocimiento silencioso, ac - tuarás en consecuencia. Cuando dudes de tu capacidad, prodiga amor o afecto y eliminarás la duda.

Pasa de un matrimonio humano a un matrimonio espiritual. Esto podrás lograrlo decidiendo qué es lo que deseas de tu relación matrimonial. Joel Goldsmith, que ha contribuido con brillantez a la metafísica y autor
de The Infinite Way, pronunció estas palabras después de una ceremonia de boda el 18 de noviembre de 1959:

Un individuo sigue siendo un individuo, no sólo desde el nacimiento hasta la muerte sino, en realidad, desde mucho antes del nacimiento hasta muchí simo después de la muerte... jamás perdemos nues tra individualidad
ni nuestra unidad... Cada uno de nosotros es un ser individual y cada uno de nosotros tiene cualidades individuales, cada uno de nosotros tiene talentos y dones individuales a los que no debe renunciarse en el matrimonio. Por lo tanto, en un matrimonio espiritual no hay ataduras sino libertad, pero no puede decirse lo mismo del matrimonio humano. Sí es cierto en el caso del matrimonio espiritual, donde ambos aceptan dejar uno al otro en libertad al casarse. Esto es lo único que he descubierto en treinta años de realizar esta labor, que hace posibles cosas tales como son los matrimonios felices, los matrimonios apacibles y los matrimonios logrados; la capacidad de dejar al otro en libertad y vivir cada uno su propia vida individual y, sin embargo, compartir con el otro sin exigir... ni el marido ni la esposa tienen derechos; tienen sólo el privilegio de dar, pero no el derecho a exigir nada el uno del otro.

Es éste un maravilloso mensaje para la creación de una relación espiritual a partir de lo que habría podido constituir un matrimonio humano en el que un compañero estuviera atado al otro. Vive este credo y conocerás
los milagros en un matrimonio espiritual. Hazle caso omiso y estarás levantando enormes barreras a tu dicha.

Pasa de los deseos a las intenciones en tus relaciones. Esto se logra fácilmente afirmando de manera específica qué tipo de relación se piensa crear y cómo piensa comportarse la persona. Un punto importante a recordar es que no se puede pretender que otra persona actúe de acuerdo con nuestros deseos. Esto no trae consigo más que frustración.
Si bien podemos decidir ayudar a alguien a cambiar, esto sólo es posible cuando «el alumno está
preparado». No podemos obligar a nadie a que esté preparado, pero sí podemos hacernos responsables de nuestra preparación. Esto cabe dentro de nuestro poder y es lo que constituye nuestras intenciones. Está dispuesto a dar lo que sea preciso, hazlo con una intención activa y luego olvídate del resultado. Tus acciones fluirán a partir de esta intención y verás que estás mucho más en paz con tus relaciones, sea cual fuere el funcionamiento de éstas en el mundo físico.
Tu intención de tener una relación dichosa exige de ti que actúes de una manera consecuente con esa
intención. Es éste el secreto para hacer que tus relaciones sean mágicas. Si bien no puedes tener una intención que sustituya a la de los demás, verás a menudo que sus reacciones a este nuevo «tú» tienen como consecuencia un cambio de conducta por su parte. Por ejemplo, he conocido a muchas personas que forman parte de un «matrimonio humano» con un compañero o compañera adicto a sus tancias tóxicas. Aborrecen el uso de alcohol o de drogas y la relación los exaspera. Siempre les aconsejo que no pretendan que la otra persona deje de beber y que tengan en cambio fuertes intenciones en cuanto al modo en que van a seguir tratando al cónyuge adicto. «Voy a darle amor, pero voy a apartarme físicamente de su presencia porque soy demasiado divino e importante como para ser objeto de ofensa.» «Voy a enseñarle, con mi conducta y no con mis palabras, que no estoy dispuesto a ser su víctima por más tiempo, y ello a partir de ahora mismo.»
«Ofreceré mi ayuda en el momento en que el otro esté dispuesto. No me pronunciaré acerca de él o de su decisión de autodestruirse, p ero lo más positivo que puedo hacer es no seguir reforzando su conducta adictiva. Quiero que sepa que no estoy atado a él y que voy a vivir mi propia vida con un propósito en lugar de ser un
esclavo emocional de su conducta.» Este tipo de afirmaciones de amor harán más por ayudar a las personas necesitadas que permanecer cerca de ellas deseando que cambien de conducta o que vean algún día la luz.
Estás aquí para servir y amar, pero esto no significa que debas ser un sirviente. No olvides las palabras de
Abraham Maslow: «No existe el esclavo adaptado». Prodiga amor y deja que aquellos que siguen dañándose a
sí mismos y dañándote a ti se dañen a sí mismos si ése es su deseo, pero te dejen a ti al margen. Esto hará más por enseñarles lo que esperas de una relación espiritual que cualquier medida de consejo o intervención que puedas ofrecer. La gran paradoja está en el hecho de que es precisamente este tipo de golpe, que resulta
de tu intención de dejar de ser una víctima, lo que suele ayudar a esos adictos a cambiar sus intenciones,
pasando de la autodestrucción al autorrespeto y, en consecuencia, a una relación más afectiva, digna y espiritual. Tus intenciones crean tu realidad, sé pues consciente de ellas y está dispuesto a ponerlas en práctica en tu mundo hoy.

Recuerda que las relaciones pacíficas y afectuosas proceden en primer lugar y primordialmente de tu estado mental. Tú mandas en tu mente y creas todo cuanto reside en tí. Una vez estés en posesión de este conocimiento, podrás entregarte y simplemente dejar atrás el conflicto existente en cualquiera de tus relaciones. Porque el conflicto no puede sobrevivir sin nuestra participación.
Tu decisión de no participar en el conflicto puede venir en un momento transformador. No exige años y años
de lucha. El satori está a tu alcance en este preciso instante. El despertar instantáneo es un fenómeno prodigioso. Puedes atravesar ahora mismo la puerta y entrar en ese jardín de las delicias en todas tus relaciones. Si otros en tu vida deciden seguir adelante de una manera conflictiva y desafiante, limítate a
«pasar» cuando la angustia llegue a ti: «No, gracias -dirás para tus adentros -. He decidido no seguir envuelto
en ese manto de negatividad. A menos que lo que me encuentre sea amor, no permitiré que entre en mi conciencia». De manera milagrosa, acabas de experimentar el satori. Has creado un milagro con sólo cambiar
de idea.

Utiliza el poder de la imaginación para manifestar realidad mágica en tus relaciones. Sin olvidar que aquello que piensas se refleja, intenta imaginar todas tus relaciones importantes como si existieran ya en la manera en que quieres que sean en tu vida.
Después de una reciente charla en Oklahoma City, observé a una mujer con lágrimas en los ojos que
aguardaba para hablar conmigo. Cuando las otras personas se hubieron marchado, me echó los brazos al cuello y dijo: «Gracias, gracias, lo que usted dice funciona de verdad». Me contó que su hija se había negado a dirigirle la palabra durante más de siete años, que se había negado a tener el menor contacto con ella. Aproximadamente un año antes, esta mujer decidió empezar a imaginar que ella y su hija no sólo volvían a hablarse sino que disfrutaban de la relación afectiva que había existido en otro tiempo. Se negó mentalmente a verlo de otro modo y, durante todo un año, trabajó esta visión. Empezó realmente a vivir cada día como si ésta fuera la realidad física de su relación.
Me describió cómo había pasado a ser más feliz gracias a esta imagen interior que llevaba consigo. Meditaba
su imagen y empezó a sonreír y a vivir sin el sufrimiento que la venía destrozando desde hacía seis años.
Un día, alguien envió a su hija un ejemplar de un reciente libro mío, La fuerza de creer, con una nota en la que se le recomendaba leyera el capítulo final, que trataba del perdón. Nada más, simplemente el regalo de un libro junto con una nota procedente de una amiga que sabía que la hija estaba también sufriendo. Esto había sido hacía seis meses, y ahora ambas no sólo se habían vuelto a unir sino que tenían una relación más estrecha y afectiva que la que existía antes de su alejamiento.
La madre lloraba de felicidad mientras me decía que había creído en el poder de su mente para crear la
realidad física que con tanto desespero deseaba. Actuando primero en su mente y luego en su mundo material como si todo cuanto deseaba existiera ya, creía haber creado un milagro.
Los pensamientos tienen un enorme poder. Los pensamientos mantenidos sin titubeos que reflejan por
anticipado lo que deseamos y no exigen un resultado constituyen los ingredientes de la realidad mágica. Pruébalo.

Presta atención primero a tu yo invisible y espiritual y sólo en segundo lugar a tuyo físico. Esto requerirá por tu parte un giro espectacular, un giro completo de ciento ochenta grados. El lugar donde tiene lugar el sufrimiento no es tu yo invisible, que es una parte sin dimensiones, límites ni forma de tu condición humana. Para sufrir, necesitas un cuerpo que proporcione un lugar a tu sufrimiento. Éste se manifiesta en nudos en el estómago, ojos angus tiados, llorosos e hinchados, dolores causados por úlceras, sequedad de boca, respiración pesada o dificultosa, etcétera.
Date la vuelta a ti mismo, conviértete en un alma con cuerpo en lugar de un cuerpo con alma y representa en
tu mente en primer lugar cómo deseas exactamente que te vayan las cosas. Presta una gran y minuciosa atención a estas imágenes. Cons tituirán la fuente de lo que debe representarse en tu cuerpo físico y determinarán el sufrimiento o el estado dichoso de tu cuerpo. Cuando prestes atención en primer lugar a tu alma, escuches y te pongas en contacto con ella, le preguntes cómo quiere ser alimentada y hagas de ello la parte más importante de tus días, verás que te comportas de acuerdo con ese pensamiento positivo, amoroso y generoso que tu alma te anima a mantener.

La elección te corresponde siempre a ti, y esa elección está situada de manera estricta en la dimensión invisible de tus pensamientos. Te corresponde a ti en tus relaciones y en todos los aspectos de tu vida. El saludo puede ser «¡Buenos días, Dios mío!» o bien «¡Dios mío, es de día!». La diferencia está en el modo en que decidas procesar tu vida.

Deja de perseguir aquello que no deseas. Si no deseas que haya conflicto y dolor en tus relaciones, no olvides que eres tú quien experimenta el dolor. Averigua qué es lo que haces para mantener tu angustia. Si lo que ocurre es que provocas discusiones, insistes en que tienes la razón, no das espacio o haces exigencias que sabes que la otra persona no puede satisfacer, ponte a trabajar en tu conducta, que es lo único sobre lo que tienes un control absoluto. No olvides que nunca se tiene bastante de lo que no se desea. Seguirás persiguiendo el dolor y la lucha que aborreces -del mismo modo que el drogadicto o el alcohólico siguen persiguiendo aquello que aborrecen- hasta que tú decidas poner fin al círculo vicioso.
Utiliza cualquier estrategia que precises para liberarte de la necesidad de buscar aquello que aborreces. Decide cerrar la boca si esto es lo que provoca el dolor en tus relaciones. Decide apartarte físicamente de los encuentros potencialmente dolorosos. Reflexiona un momento en silencio antes de reaccionar. Hazte más íntimo y ofrece amor allí donde esto es un gesto desacostumbrado, aun cuando tengas que fingirlo al principio. Hagas lo que hagas, practica primero en tu mente la nueva estrategia. Imagínate comportándote de esta manera distinta, y ello con el fin de poner fin a la trampa neurotizante que cons tituye perseguir aquello que no se desea en la vida.

En tu mente privada, invisible y sin límites, no pidas nada de aquellos con quienes tienes una relación. Éste es uno de los modos más rápidos de crear milagros en todas tus relaciones. Te dirás simplemente a ti mismo «No espero nada porque sé que sólo pueden ser quienes son y no quienes yo creo que deberían ser», y a continuación actuarás en consecuencia.
Cuando en mi relación con mi esposa recuerdo esto, compruebo cómo abandono inmediatamente todos los motivos de conflicto y la relación se vuelve mágica. Intento siempre recordar que ella se halla exactamente en
el lugar adecuado y haciendo precisamente lo que debe hacer en ese momento. Estamos en un universo perfecto, aun cuando yo no pueda comprender por qué no se comportan todos como a mí me parece que deberían comportarse. En cualquier conducta que mi esposa muestre ante mí hay una lección y, en lugar de enfadarme con ella, adopto la actitud de ayudarla a recorrer su camino espiritual y olvidar mis juicios. Sólo cuando elimino mi expectativa de comprender o siquiera estar de acuerdo con muchas de las cosas que hace soy capaz de prodigarle un amor incondicional.
También en el caso de mis hijos puedo guiarlos, ayudarles, enseñarles esperanzadamente lecciones morales
y ser el modelo para lo que me gustaría que ellos emularan, pero no puedo esperar que sean como yo creo que deberían ser. Debo aprender a desligarme de mis expectativas en cuanto a los demás si deseo crear relaciones mágicas. Naturalmente, esto no significa que haya que pasar por alto las conductas ultrajantes o violentas, pero sí puedo controlar y controlo la expectativa de que éstas no van a presentars e y el dolor consiguiente que experimento debido a esa expectativa.
También tú puedes librarte de estas expectativas, que, en última instancia, serán obstáculos para tu propia
relación mágica. Hay mil maneras de conseguir esto todos y cada uno de los días, prácticamente con cualquier persona que te encuentres. Arrojando lejos los juicios acerca de cómo deben ser los demás creamos en nuestro interior un lugar para el amor allí donde antes juzgábamos. Lo que estás intentado conseguir en tus relaciones y en todas las demás áreas de tu vida es amor incondicional.
Por último, medita todos los días y utiliza una parte de esta meditación para representarte el modo en
que deseas que sean todas tus relaciones. Imagínate a ti mismo actuando de estas nuevas maneras en relación con todo el mundo y pide ayuda divina a fin de ser una persona generosa, afectuosa y que no juzga. Pasa revista antes al modo en que en tu opinión van a reaccionar los demás ante este nuevo y milagroso tú. Tus meditaciones te darán paz y serenidad, y te proporcionarán respuestas que de otro modo quizá no obtuvieras.
Practica las nuevas estrategias que veas aparecer en la pantalla interior de tus meditaciones. Puedes
centrarte en un ser divinamente espiritual que aparece en toda su santidad y perfección en tu mente y preguntar literalmente a ese ser qué puedes hacer para conseguir que tus relaciones sean mágicas y perfectas. Verás cómo recibes una guía motivada por el amor y por todo aquello de lo que he hablado en este capítulo.
No hay límites a lo que puedes crear en tu mente durante tus horas de meditación. Puedes consultar a quien
sea, crear su presencia ahí mismo en tu mente y llegar a apoyarte en esa guía cuando lo desees.
Tus meditaciones pasarán a ser para ti una forma muy especial de ayuda. Acude a ellas a menudo e invita a
tu compañero o compañera a meditar también contigo. Nunca te llevarán por el mal camino. Tu yo superior, la presencia divina que siempre te acompaña, tiene un propósito y te guiará en la dirección que buscas una vez elimines la duda y establezcas contacto.
Muchas cosas de las que has leído aquí quizá te resulten difíciles al principio, ya que todos nos sentimos
más cómodos en la evaluación de la calidad de las relaciones centrándonos en los demás. ¡Si ellos cambiaran
(así solemos pensar), nuestra relación sería perfecta! Se ha puesto aquí énfasis en tu espiritualidad y en tu disposición a imaginar y crear relaciones perfectamente afectuosas, generosas y mágicas. La siguiente descripción que hace Thomas Crum en The Magic of Conflict sirve de resumen adecuado sobre este tema:

Las relaciones poderosas son aquellas en que dos individuos centrados se comprometen a amarse in- condicionalmente y a apoyarse mutuamente en el crecimiento hacia su pleno potencial. Ambos dan abiertamente, sin motivos egoístas y sin el deseo de encerrar la relación en una forma determinada. No hay límites cuando nos abrazamos plenamente.

Efectivamente, las fronteras desaparecen cuando nos comprometemos con los milagros. Y, sin fronteras, no hay límites que impongan hasta dónde se puede llegar en nuestras relaciones. Es ésta una des cripción muy adecuada para la comprensión de la pareja espiritual de la que he hablado en este capítulo.
Ésta puede ser tu elección.
Si deseas ver esta relación en su estado más natural la próxima vez que veas a una madre amamantar a su hijo, sabe que en ese ejemplo tienes todos los ingredientes. Yo he permanecido en silencio y sin salir de mi asombro observando cómo mi esposa daba incondicionalmente de sí misma a cada uno de nuestros bebés. Una madre no recibe lecciones de ningún maestro humano sobre cómo ser madre, sabe en el fondo de su corazón lo que hace falta para conseguir esa relación perfecta y milagrosa. Da de manera incondicional de su propio cuerpo a fin de que el niño pueda vivir, y no pide nada a cambio. Está totalmente conectada al niño en
un plano invisible y maravillada ante el pequeño milagro que se aferra a su seno. Sabe en su interior que esto
es exactamente lo que debe hacer: dar sin expec tativa alguna. Está dispuesta a aceptar lo peor del niño y a dar
y responder sólo con amor y cariño. Deja a un lado las inconveniencias y los problemas y no ofrece más que amor. Tiene un propósito, y porque las madres viven con un propósito sobrevivi mos nosotros como seres humanos. Sin el amor incondicional que las madres sienten por sus pequeños, pereceríamos todos a los pocos días por falta de atención.

Dios nos ha dado el modelo perfecto de cómo relacionarnos desde nuestros primerísimos instantes fuera del
útero. No dar más que amor. Prodiga amor, aun cuando a ti se te prodiguen pañales empapados, llantos incesantes, eruptos, arcadas, noches de insomnio y conducta irracional. No pidas nada a cambio de tu amor. Ten un propósito. Y lo irónico del caso es que, indudablemente, tú darías la vida por esa pequeña persona. Así
de importantes son para ti tus hijos. Aun cuando no pides nada de ellos, te dan la mayor dicha que es posible
alcanzar.
Ése es tu modelo, puedes crear esas mismas relaciones mágicas y perfectas en todas las áreas de tu mundo con sólo seguir la conciencia intuitiva natural presente en cada célula de tu ser.

 

 

 
 
 
  >
 
 
 
 
 

 

 

 
         
         
       
       
       
Conferencias Místicas