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EL CIELO ES EL LIMITE

Capitulo 3

Para superar el pensamiento autoritario

Wayne W. Dyer

 
 

CAPITULO 3
Para superar el pensamiento autoritario

Aunque admito que la mayoría de las personas se mantienen inmovilizadas en llanuras que quedan muy por debajo de las cimas que alcanzan los individuos Sin Límites, no puedo admitir ante a mí mismo, de verdad, que ello se deba a que algunos humanos estén más "benditos" que otros por la buena suerte de la herencia. En mi opinión, es sólo cuestión de elección, y cómo decida pensar el individuo es una de las elecciones más importan¬tes de la vida.

 
   

Hay personas que se niegan a admitir que tienen alternativas en la vida, y por eso se conforman con vivir a un "nivel emotivo de subsistencia". Este nivel inferior les permite "funcionar" lo suficiente como para no quedar inmovilizados, y para ir tirando día a día con un mínimo de traumas y para la mayoría de la gente esto resulta aceptable. Es vivir al nivel de "ajuste" del que hablamos en el capítulo uno. El individuo Sin Límites es completamente distinto a este respecto.

 

Aunque los individuos Sin Límites puedan resolver, en general, casi todos los problemas que se les plantean, sin quedar inmovilizados como la mayoría de la gente normal, no se limitan simplemente a aceptar la vida tal como se la ofrecen. El individuo Sin Límites cree con toda firmeza que tiene posibilidad de eligir y que hay opciones que pueden situarle por encima de lo que se llama "ser normal" o como la mayoría de las otras personas.

 

Los individuos Sin Límites enfocan la vida de un modo personal, y precisamente por esa visión "distinta" pueden ver las cosas muy claramente en lo que se reñere a las opciones que se les presentan, en vez de verse atrapados 6 sin posibilidad de controlar las circunstancias de su vida.
£1 individuo Sin Límites actúa a niveles más altos de gozo, felicidad y plenitud porque ha aprendido a pensar y a eligir, cosas que la mayoría de las personas casi siempre se niegan a hacer. Usted puede convertirse en un ser humano que viva cotas de plenitud más altas si está dispuesto a abandonar su promesa de pensar "normalmente", o de comportarse como una persona "ajustada" y opta, por el contrario, por el control personal de las circunstancias de su propia vida. Puede convertirse, si quiere, en el creador de lo que es usted, y no en el resultado de lo programado por otros en su lugar. Puede liberarse de la angustia y conseguir la paz interior si está usted dispuesto a elegir las opciones que pueden permitírselo. Puede usted estar en paz consigo mismo, sentirse feliz y satisfecho renunciando a las opciones opuestas que lleva eligiendo hasta ahora. Todo el proceso se inicia con su voluntad personal de vigilar sus hábitos personales de pensamiento y de procurar superar todo pensamiento autoritario que se interponga en el camino que puede llevarle a convertirse en un individuo Sin Límites.
En el último capítulo, las cuatro primeras características de ios autoritarios (intolerancia frente a la ambigüedad, pensamiento dicotómico, rigidez de pensamiento y antiin-telectualismo) se refieren a formas individuales de pensa¬miento, y la quinta, la antiintrospección, indicaba la decisión del autoritario de no pensar en si mismo. La última característica, el totalitarismo antipatriótico, reflejaba ciertas enfermedades del pensamiento muy extendidas entre los individuos, que pueden traer consecuencias sociales desas¬trosas. En realidad, todas las características de los autorita¬rios reflejan su negativa a pensar por sí mismos, su deseo insistente de dejar que "autoridades superiores" piensen por ellos, y de ahí su tendencia a dividir el mundo entre los que están "con ellos" y los que están "contra ellos".
La capacidad de pensar por si mismos es, en consecuencia,
un elemento básico de la vida Sin Límites: para evitar la angustia autoritaria, la paranoia o el pánico que se derivan del hecho de alinear a tantos seres humanos fundamental¬mente "contra ti", para llegar a disfrutar al máximo de la propia capacidad personal de pensamiento autónomo.
Muchos filósofos han considerado el pensamiento la esencia misma de lo que nos hace humanos. Hace ya varios siglos, Rene Descartes, a quien se ha considerado fundador de la moderna filosofía, dijo: Cogito ergo sum ("Pienso, luego existo"). Considero que esto significa que el pensar consti¬tuye la naturaleza básica del ser humano, preguntarse sobre las cosas, investigar, ensayar varías soluciones posi¬bles a los problemas; y poner en entredicho, elaborar o rechazar esas soluciones en el proceso consiguiente de elaboración de un cuerpo de pensamiento que guie a cada ser humano en la vida durante todo el tiempo que pueda vivir. En otras palabras, todo ser humano, por su propia natura¬leza, ha de pensar para elaborar una filosofía de la vida, que es la acumulación de una reserva de instrucciones personales a la que se recurre automáticamente cada vez que uno hace algo. En este sentido, todo ser humano tiene ya una filosofía de la vida, y el único problema es, en el fondo, determinar si ese cuerpo de pensamiento, de opinión, de creencias y de valores por los que el individuo rige su vida se desarrolla de modo que la vida resulte cada vez más interesante y que las posibilidades que ofrezca no tengan limites, o si ejerce un efecto paralizador, de modo que no permite más opción que el aburrimiento, la depresión y la desesperanza.
Puede que la premisa básica de este libro sea que es usted responsable de los pensamientos que tiene en la cabeza en cualquier momento dado. Puede pensar lo que decida y prácticamente todas sus actitudes y acciones negativas se derivan del modo de pensar que usted decide adoptar, lo mismo que sus actitudes positivas de autoplenitud y sus acciones del mismo género, en cuanto aprenda usted a pensar "como una persona Sin Limites".
Sus pensamientos son creación personal suya y responsa¬bilidad suya. En cuanto acepte usted sus pensamientos como clave fundamental de su humanidad toda, estará en condiciones de cambiar todo lo que le impide controlar su vida. Pero, para controlar el pensamiento autoritario y llegar al Pensamiento Sin Límites, ha de aceptar usted que las emociones humanas no son algo que "suceda por casualidad", que las acciones humanas no "ocurren" asi, por las buenas. Todos los sentimientos y los actos van precedidos de esos misteriosos fenómenos mentales a los que llamamos pensamientos, y nadie ni nada, ninguna fuerza del mundo, puede hacerle pensar a usted algo que no quiera pensar. Hay un núcleo inalienable de libertad, aunque otros estén esclavizando al individuo a la fuerza, que consiste en la capacidad del individuo para elegir los' pensamientos que pueden formarse en su mente. En cuanto el individuo comprenda que todas sus emociones y acciones vienen directamente de sus pensamientos, com¬prenderá al mismo tiempo que el modo de abordar cualquier problema psicológico o personal es abordar los pensamientos que sustentan las emociones depresivas y las acciones negativas.
Si de veras cree usted que sólo usted puede controlar sus propios pensamientos, y acepta que la vía para la vida Sin Límites pasa por aprender ahora a pensar de una forma nueva y distinta y no como pensaba usted antes, si puede usted entender que sus actitudes, su forma de enfocar el mundo, son sólo reflejo de sus pensamientos, y no olvida que puede aceptar que la vía para la vida Sin Límites pasa por aprender ahora a pensar de una forma nuevaw distinta y no como pensaba usted antes, si puede usted entender que sus actitudes, su forma de enfocar el mundo, son sólo reflejo de sus pensamientos, y no olvida que usted puede elegir cualquier actitud que desee prácticamente en toda circunstancia, habrá dado el primer paso para cruzar ese puente mental que lleva al pensamiento Sin Límites.

PENSAMIENTO DICOTÓMICO

Si el autoritarismo es básicamente resultado de una en¬fermedad del. pensamiento que tiene como consecuencia la decadencia del proceso mental, o que la gente deja de pensar
por sí misma, yo diría que el pensamiento dicotómico, esa tendencia compulsiva a dividir todas las cosas del mundo y todas las personas en pequeñas categorías bien definidas, y a defender la rigidez de esas diferenciaciones cueste lo que cueste, es la causa básica de la enfermedad. En consecuen¬cia, para convertirse en un individuo pleno es imprescindi¬ble superar este tipo de pensamiento.
Recordará usted del capítulo dos que lo primero que hace el pensador dicotómico al conocer a una persona es situarla en categorías." liberal o conservadora, joven o vieja, mala o buena, patriota o traidora, religiosa o atea, egoísta o generosa, etc. Luego, utilizará las etiquetas como venta¬josas excusas para evitar o condenar a personas que son distintas de él. Asimismo, lo primero que hará al oír hablar de' una guerra en algún lejano rincón del mundo, será preguntar: ¿De qué lado estamos nosotros?" Como ese "nosotros" somos el pueblo norteamericano o cualquier otro representado por el Gobierno, sabrá inmediatamente, por ejemplo, que estamos en favor de los "rebeldes" y contra los soviéticos en Afganistán. Entonces defenderá nuestra posición y apoyará posiblemente la ayuda o la intervención norteamericana (directa o encubierta) en beneficio de "nuestro bando". Extraerá "motivos y razo¬nes" para justificar su "suposición" de los medios de difusión, del presidente o de alguna otra fuente. Pero no se molestará nunca en ir a una biblioteca y tomar unas cuantas historias del país o los países involucrados, escritas desde el mayor número de perspectivas distintas, investigar qué dicen al respecto revistas de ideologías completamente distintas, acumular el mayor número de datos objetivos posibles, determinar quién miente y cuándo, aplicar su propia idea personal de la justicia, y determinar si apoya en realidad de modo personal la actitud oficial del gobier¬no o si cree en realidad que debería cambiar esa actitud. En resumen, ignorará todos los problemas históricos que provocan el pretender resolver un conflicto armado me¬diante la aniquilación o la derrota total del otro bando (que es lo que en realidad pide: la victoria total de "nuestro bando" en lo que ve como una dicotomía
triunfo /derrota, aunque sea discutible que alguien haya ganado realmente alguna vez una guerra.


No, si es usted un pensador dicotómico, nunca dirá lo que diría el individuo S2E si no tuviera tiempo para investigar de modo independiente la situación: "No sé lo suficiente sobre el tema para emitir un juicio". Se apresu¬rará usted a asumir la postura de "nuestro bando", y luego se verá obligado a fingir que sabe de lo que está hablando.
El pensamiento dicotómico permite pensar menos porque hay ya un modelo listo cuando surgen situaciones que exigen pensar con independencia si se pretende dar una respuesta plenamente humana. La tendencia a dicotomizar impide al individuo ver u oír realmente a las personas a las que juzga, porque mentalmente ya las ha encerrado en una cuadrícula etiquetada como "malo", "enemigo" o "rechazo" y ha decidido que no sacará nada en limpio prestándoles atención. En consecuencia, renuncia a ser abierto y creador y a utilizar su bagaje intelectual en diálogos consigo mismo o con cualquier otro.
El pensamiento dicotómico es la base de la incompren¬sión entre los pueblos, de las luchas y las guerras, de los estereotipos y de la injusticia social. Pero el auténtico perjuicio personal que se deriva del pensamiento dicotómi¬co es que le impide a usted desarrollarse como individuo y convertirse en un ser humano más plenamente vivo y fecundo. Una dicotomía fijada o rígida es, sin duda, una barrera que le impide pensar más, explorar e investigar, y cuantas más barreras erija dentro de sí piismo, más limitará su capacidad personal de vivir al nivel más alto positle. Todas las dicotomías que utiliza usted para emplazar personas e ideas de modo inmediato en catego¬rías rígidas son obstáculos para su propio crecimiento y desarrollo como ser humano.
Cuando compartimentaliza usted a otros, hace lo mismo consigo mismo: cada vez que divide usted el mundo a cualquier nivel en posiciones antagónicas y dice: "Se acabó, esto es exactamente así", está usted dividiéndose también a sí mismo, limitando con ello su capacidad de apertura a lo nuevo y la posibilidad de unas experiencias
que le hagan más pleno y maduro. Pero, sobre todo, cuando sitúa usted a los individuos o a las ideas del mundo en rígidas categorías contrapuestas, enfoca usted el mundo no como es sino como lo ve usted, ahora y siempre. Está usted privándose de las maravillas que ese mundo le ofrece, de la emoción de todos sus interrogantes permanentes. Pronto habrá ahogado usted su curiosidad natural y dejará de abrirse al mundo; habrá dejado de pensar. En vez de preguntarse, investigar y explorar, se hundirá cada vez más en esa actitud compulsiva que le lleva a dicotomizar según pautas dadas y su desarrollo mental y emotivo quedará bloqueado.
No ejercitar el pensamiento es tan malo para el indivi¬duo como no ejercitar el cuerpo, o incluso peor. Dicotomi¬zar no es más que una forma práctica de evitar tener que resolver un problema o una situación pensando en ella. Lleva al individuo a recurrir directamente a la solución rápida y simplista, a querer encontrar alguien o algo exterior a él a quien achacar sus problemas. Por ejemplo, durante la crisis energética que se apoderó de nuestra economía en la última década habrá oído usted quejarse a muchas personas de que "las compañías petrolíferas nos están engañando; los burócratas nos están fastidiando; los países de la OPEP son los responsables; el presidente no toma decisiones". Ésta ha sido la actitud de la mayoría de los políticos así como del público descontento; se tiende a buscar un chivo expiatorio conveniente, en vez de investi¬gar y pensar y analizar las dificultades que se plantean para dar con una política energética coherente.
Es evidente que este tipo de pensamiento dicotómiro no contribuye en absoluto a resolver la tremenda crisis energética que nos azota; no hace más que dividir a las personas en categorías y deja a otros la solución de todos nuestros problemas. Los que deben asumir la responsabili¬dad de hacer algo para resolver la crisis quizás estén intentando desesperadamente tratar de forma eficaz con los diversos sectores descontentos de nuestra cultura, y mantener un enfoque sensato sobre la utilización de la energía; pero, por mucho que puedan esforzarse, nunca
complacerán a los que están decididos a no hacer más que quejarse, a los que insisten en pasar por alto los problemas reales que exigen ejercitar el. pensamiento. Éstos quizá sean de los primeros que reaccionen a la llamada de su país si éste llega a invadir el Golfo Pérsico para proteger nuestras reservas petrolíferas, pero serán de los últimos que respon¬dan si la situación del país exige un pensamiento construc¬tivo y creador respecto a un consumo menor de petróleo o ai desarrollo de fuentes energéticas distintas.
Lo que quiero decir es que un mundo que recnace en primer término el pensamiento dicotómico, en el que haya más personas que vean el gris entre las divisiones del negro y el blanco y vean que cada bando en cada conflicto o problema que exige pensar y meditar tiene algo de "ra¬zón" y algo de "error", y que la resolución ha de basarse en un toma y daca, en la negociación; un mundo que reconozca el derecho del individuo a que le escuchen (y a que no le dicten), avanzará hacia una cultura de la que todos podremos sentirnos orgullosos. Pero la superación del pensamiento dicotómico y la práctica del pensamiento realista sólo pueden empezar por el individuo. ¡Eso significa usted! En cuanto usted y un número suficiente de indivi¬duos autónomos empiecen a mostrarse más abiertos a puntos de vista diversos, cuando manifiesten una menor inclinación al pensamiento dicotómico, nuestras estructu¬ras sociales (formadas todas por individuos) dejarán de torturar a los seres humanos.
El pensar compulsivamente de modo dicolóóiico enve¬nenará su psique de formas diversas, primordialmente proporcionándole innumerables oportunidades de sentirse inquieto y paralizado. Le lleva a usted, en concreto, a utilizar las diferencias existentes entre usted y otras perso¬nas para torturarse. Por ejemplo, si no puede llegar a entender cómo son los muchachos de hoy, si todos los chicos le parecen de una insolencia insoportable y procura por ello evitarlos, se encontrará con que esos mismos niños a los que usted tanto desprecia controlan realmente su vida emotiva. Siempre que vea a un niño actuando de un modo que usted considera insolente, se enfurecerá, se alterará,
será incapaz de "pensar a derechas" o de funcionar como lo haría en otras circunstancias. El simple hecho de emplazar a "todos los chicos" en una categoría con la etiqueta de "insolentes", les proporciona un poder sobre usted que le impide ser todo lo feliz que quería. Asimismo, si decide usted odiar a todos los miembros de cualquier grupo, les proporcionará usted un control emotivo sobre su persona. Quieran utilizarle o no, o lleguen a utilizarle o no, ese poder se lo proporciona usted, y usted sabe en el fondo que ha cedido parte de su control sobre su destino, y eso le irrita.
En vez de etiquetar a un grupo como un ente colectivo al que hay que odiar, debe usted cambiar de actitud y empezar a considerar y a escuchar a individuos de ese grupo. Los hombres, los blancos, los judíos, los negros, los asiáticos, los mecánicos, los abogados, los niños, los alcohó¬licos, los comunistas... todos estos grupos están formados por individuos, y estos individuos son tan distintos entre sí como de usted.-En cuanto usted los etiquete a todos con un estereotipo, se hallará en una situación tal que le inquieta¬rá y alterará lo que espera que hagan, en vez de lo que cualquiera de ellos es probable que haga en realidad, y le impedirá a usted aprender más sobre unos individuos que piensan en realidad de forma diferente de como piensa usted. Cuantas más barreras alce usted para impedir un diálogo real y constructivo con "otros que son distintos", más se limitará y se impedirá alcanzar su propia capacidad plena.
Espero que ahora comprenda por qué el pensador dicotómico tiene muy pocas posibilidades de lograr la paz interior. Está demasiado entregado a emplazar a todas las personas y todas las ideas del mundo en este o aquel compartimento para tener tiempo o razón para el autode-sarrollo. El acto mismo de dicotomizar es una actividad dirigida desde el exterior que sitúa el foco de control de su propia vida en alguien o algo exterior a usted: las normas dictadas por la sociedad que le indican cómo ha de diferenciar a los patriotas de los subversivos (o cualquier otra cómoda dicotomía) y la desconcertante variedad de
las gentes del mundo que parecen necesitar que usted las clasiñque. Es evidente que no puede usted gozar de paz interior mientras tenga localizados fuera de usted los controles de su vida. Paralizará usted su propia misión en la vida, la de ser feliz y fecundamente vital, si se convierte en un pensador dicotomizante compulsivo, pero si aprende a superar el pensamiento dicotómico, a trascender esos estereotipos de lo blanco y lo negro que tanto contaminan nuestras propias vidas personales y la estructura misma de nuestra sociedad, y si otros siguen el mismo camino, crearemos una sociedad que pueda hacer que este mundo funcione por fin a máxima potencia. Pero, en primer lugar, y antes de nada, debe usted asumir la responsabilidad de hacerlo en su interior, y luego ayudar a otros a hacerlo. Ésta es mi misión en la vida en este momento: superar en mí mismo el pensamiento blanco-negro y ayudar a hacer lo mismo a otros. Dentro de poco, podremos colaborar todos en la creación de un mundo de individuos que piensen de modo abierto, de un modo flexible, que se escuchen unos a otros e interpreten preguntas y respuestas como lo que han de ser, sinceras tentativas de crear un mundo más humano para todos. Pero sólo podremos hacerlo si empezamos por nosotros mismos.

PENSAMIENTO HOLÍSTICO (O TOTALIZADOR)

El individuo Sin Límites comprende perfectamente que las dicotomías sólo existen en la mente de las personas. Que son sólo instrumentos del pensamiento inventados para explicar mejor y controlar mejor partes determinadas de nuestros mundos. Pero las dicotomías en realidad se utilizan siempre para dividir algo que estaba unido en un principio. Todos somos combinaciones de contrarios. Somos gentes completas que tenemos infinidad de cualidades distintas y de capacidades diferentes, siempre cambiantes dentro de nosotros, según la tendencia y la dirección de nuestros pensamientos y sentimientos. Para pasar del pensamiento dicotómico al pensamiento humano real, debemos ver más allá de los velos que hemos interpuestoentre nosotros mismos y el mundo real. Hemos de recordar el mundo completo, que estaba "ahí afuera" mucho antes de que lo dividiéramos en innumerables categorías. Hemos de curar las grietas de -nuestras estructuras mentales, creadas con el objeto de clasificar las cosas todas y las personas todas con una etiqueta u otra. Debemos volver, en suma, al pensamiento holístico. Debemos recordar que antes de que hubiera ovejas o cabras, chicos o chicas, antes de que a alguien se le ocurriera la idea de los números pares o los impares o pensara en llamar a su sociedad "civilización", había vida. Debemos tener en cuenta que todos los humanos que vivieron en este planeta antes que nosotros compartie¬ron el mismo sol, alzaron la vista hacia el mismo cielo, pescaron en los mismos mares, cazaron los mismos alimen¬tos. Quizá tengamos incluso ganas de hacer un alto y ver por un instante que nosotros y el resto de los seres humanos somos la encarnación de la vida humana ahora, y que todos tenemos algo de pez, algo de mono, algo de genio, algo de tonto, cierta fuerza, cierta debilidad, cierta riqueza, cierta pobreza, que constituyen "partes" de nuestra existencia. Todos somos al mismo tiempo individuos completos, una representación orgánica de 'la vida entera y una pequeña porción de vida como conjunto.
La idea de ser miembro de una cultura no es un objetivo para los que piensan holisticamente. En realidad, su punto de vista es exactamente el contrarío. Lo importante para el pensador holístico es considerarse parte de la humanidad y no de subgrupos especiales, sean naciones, agrupaciones étnicas o camarillas culturales. Rechazan la identificación dentro de límites artificialmente elaborados, y consideran que las fronteras a las que tantas personas prestan fidelidad eterna son, en realidad, motivo de inquietud y de lucha.
El pensador holístico ve el mundo de modo global, lo considera todo de la humanidad, y piensa que hay en él problemas que hay que abordar y resolver. El que haya alguien sin empleo en la India, o muñéndose de hambre en Biafra, es un problema para toda la humanidad, no algo que deban resolver los gobiernos concretos afectados. Debemos agruparnos todos y dar un tratamiento digno a
los demás, y los que piensan de modo holístico se oponen enérgicamente a dividir a los individuos en clases, nacio¬nes, religiones o cualquier otra frontera.
El pensamiento humanista ha de empezar con el enfo¬que holístico, con una visión completa del universo y de cómo usted, en tanto que ser humano individual, encaja en el espectro de la vida toda, del pasado y del presente; reconociendo que todos estamos juntos en esta cosa llama¬da vida.
Para pensar holísticamente hay que aprender a suspender el juicio, a dejar a un lado, por un instante, todas esas categorías por las que nos hemos visto condicionados a "archivar y olvidar" a tantas personas, ideas, cosas y experiencias posibles antes de considerarlas siquiera, y> de vernos nosotros y ver nuestros mundos en su totalidad irreductible y primigenia. Ello supone admitir que hemos estado tan ocupados enumerando todas las diferencias que podían separarnos de los demás que hemos olvidado trágicamente considerar todos los caracteres comunes, las esperanzas, los sueños, tiempos, lugares y situaciones que nos unen. Hemos estado demasiado ocupados diseccionan¬do a la humanidad para imaginar lo gozoso que podría ser actuar todos juntos.
El pensamiento holístico significa, a veces, simplemente retreparse y apreciar cómo crean oxígeno los árboles, "así por las buenas", oxígeno que respiramos todos los huma¬nos, o los milagros de la ecología del medio en general, o de qué modo está casi inexplicablemente interrelacionada toda la sociedad humana, y el hecho de que todas las teorías de la sociología y la conducta humana sean sola¬mente nuestros mejores barruntos en este momento de cómo funciona todo el conjunto. Significa tener capacidad suficiente como para reconocer que el bosque no sólo es la suma de sus árboles; que aunque podamos clasificar de alguna manera, diseccionar o atomizar las cosas en nuestro pensamiento, todavía nos queda el carácter, un último término misterioso, de "el conjunto..." sea éste el conjunto del universo o el conjunto de la humanidad, o bien el de cada individuo.

EL PENSAMIENTO SIN LÍMITES

Lo que llamo pensamiento Sin Límites se inicia con una visión holística del mundo, a partir de la cual es precisó un esfuerzo constructivo del individuo. El verdadero pensa¬miento Sin Límites quizá sea el arte más excelso de que pueda ser capaz el ser humano. Aunque los individuos Sin Límites funcionan, en general, a niveles patentemente superiores en sus vidas, hemos de describir aquí las cualida¬des mentales que les separan de otros individuos, sin que parezca que todos los que no sean personas Sin Límites sean, en cierto modo, inferiores o neuróticos. La gente con características Sin Límites parece contemplar el mundo de un modo diferente. Todo lo que ven en él, lo ven como una oportunidad, en vez de verlo como algo a evitar o temer. Toda experiencia les parece una posibilidad de diversión y de desarrollo, y les interesa mucho lo nuevo y lo misterioso. Para el individuo Sin Límites, el mundo es un milagro, y por ello vive asombrado ante el universo. Le conmueven fácilmente cosas que parecen rutinarias a la gente normal. Puede pasarse un día entero caminando por una playa, perdido en la emoción del océano, la arena, las aves, vientos, conchas, sin llegar nunca a cansarse de la expe¬riencia. Para el individuo Sin Límites, cada día es un mundo nuevo completo, y puede ensimismarse en la contemplación de la belleza de algo que ha contemplado antes muchas veces sin tener por ello sensación de aburri¬miento o de repetición.
Los que eligen el pensamiento Sin Límites son básica¬mente seres humanos satisfechos. Sienten que pertenecen al universo y están contentos en todos los aspectos dé su vida. Se sienten queridos y son capaces de dar amor sin reservas y sin angustias. Están enraizados en el presente en sus relaciones, no obsesionados por la idea de adonde van sus relaciones o cómo han sido, ni se preguntan cómo van a resultar las cosas. Pueden aceptar plenamente a otros seres humanos por lo que son, y negarse a juzgar o a condenar al prójimo, sea éste un extraño o un amigo íntimo. Sus fuertes sentimientos de pertenencia les llevan a adoptar actitudes completamente distintas de las de la mayoría de las personas. Como se sienten en paz con el mundo, no tienen interés en cambiar a otros. Por el contrarío, les resulta fácil aceptarlos como seres distintos, porque tienen un modelo para hacerlo; es decir, han aprendido a aceptarse a sí mismos como seres enteros y completos.
Debido sobre todo a esta actitud de aceptación, el individuo Sin Límites no está agobiado por la angustia. Ha decidido pensar de una forma digna, respetándose a sí mismo, y nadie podrá convencerle nunca de que carece de esa dignidad. Este respeto a sí mismo que lo impregna todo, le permite funcionar al más alto nivel tanto para sí mismo como al servicio de otros. Como su amor propio está intacto, y como la fuente de ese amor propio es interna, él y los que son como él no experimentan los efectos paralizan¬tes de las opiniones de otras personas, tanto positivas como negativas. Ellos no deciden cómo van a pensar o compor¬tarse en función de lo que piensen los otros. Han decidido ya ellos mismos cómo van a actuar, y esta sensación de confianza en sí mismos les permite obrar con total indepen¬dencia de las opiniones de los demás.
La gente Sin Límites piensa desde una perspectiva de dominio más que de ajuste en sus vidas. Es decir, creen que son ellos los que determinan su destino, en vez de ajustarse siempre a las circunstancias de la vida. Así, son capaces de pensar de modo natural y de actuar espontáneamente en la mayoría de las situaciones, y eso se debe sobre todo a que no les angustian los juicios de los otros. ¿Por qué no les an¬gustia el juicio del prójimo? Porque ellos mismos no se con¬sideran jueces. Son individuos que dicen exactamente lo que piensan, y que perseguirán sus objetivos aunque al hacerlo incomoden a quienes les rodean. No intentan irri¬tar a los demás; pero no les preocupa lo que puedan decir, pues saben que recibirán un millar de opiniones distintas si son un millar de individuos los que han de emitir opinión.
Las personas Sin Límites suelen tener una idea de su propio destino y una sensación de "misión" con respecto a sus propias vidas. Este "sentido de misión" se plasma en un celo y una decisión que la mayoría de la gente normal nunca entiende. Quieren conseguir completar las cosas en el campo que ellos mismos han elegido, y las áreas de trabajo y de investigación son ilimitadas. Lo que hay que entender sobre todo de la gente Sin Límites es que están vitalmente entregados a proyectos y tareas, y que su entrega trasciende sus propios mundos personales. Pueden ser desapasionados respecto a su conducta, y no les afecta que otras personas no entiendan su entrega y su entusiasmo por lo que suele ser la misión de su vida. Si a otros les desconcierta su trabajo, ellos no gastan energía intentando justificar la rectitud de su intención. En vez de eso, actúan, porque lo sienten en su interior. Los individuos Sin Límites, al contrario que las personas autoritarias, no actúan porque necesiten valorar o juzgar a otros de modo negativo. Confian en los signos internos, mientras que los autoritarios se basan casi exclusivamente en signos exter¬nos para determinar cómo deben pensar y comportarse.
Mientras los autoritarios no pueden tolerar la ambigüe¬dad, los individuos Sin Límites la aceptan gustosos. El individuo Sin Límites se siente más cómodo en situaciones cuyo desenlace es incierto, y dedica gran parte de su vida a explorar territorios poco conocidos. La idea de conocer a alguien que pertenezca a otra cultura o de ir a una ciudad desconocida o probar un nuevo restaurante de menús exóticos es una fuente de emociones y algo que persiguen activamente en sus vidas. El individuo Sin Límites, en vez de evitar las nuevas experiencias, les da la bienvenida.
Las personas Sin Límites viven sus vidas a un nivel superior, sobre todo porque han aprendido a pensar basándose en el principio de apreciar la vida en vez de criticarla. Para el individuo Sin Límites, la crítica es en gran medida una pérdida de tiempo. Son gente de acción, y están tan entregados a ella que no tienen tiempo ni energías sobrantes para mirar por encima del hombre y valorar su propia felicidad. En realidad, no se entregan siquiera a la valoración; lo suyo es experimentar. No pierden el tiempo preguntándose si lo están pasando bien. Ellos lo pasan bien y dejan que se lo pregunten los demás.
El individuo Sin Límites no es un individuo de "pensa¬miento enfermo", y tiene poco tiempo o poca paciencia para los que quieren desperdiciar sus vidas discutiendo sus diversos males y estados de inmovilidad. Ellos no piensan en "enfermo"; se entregan, por el contrario, tanto a la vida que tratan su cuerpo de un modo sano. No suelen abusar de su organismo, y saben lo importante que es tener un cuerpo sano capaz de combatir las enfermedades. Respe¬tan su fisiología y son capaces de fundir una actitud positiva con una salud orgánica positiva también. El individuo Sin Límites puede ponerse enfermo, por supues¬to, pero su disposición mental interna de no pensar en "enfermo" y no centrarse en la enfermedad ni quejarse, continuamente de los diversos procesos patógenos que infectan su organismo, le da una perspectiva sana y completa de la vida. Como no tienen interés en aferrarse a sus enfermedades y como creen firmemente en su capaci¬dad personal de curarse, no están, sencillamente, tan "orientados hacia la enfermedad" como los otros. Llevan una vida sana, se mantienen en forma y no se quejan porque sí.
Lo que quiero subrayar es que el individuo Sin Límites no es distinto por poseer características fisiológicas especia¬les, sino porque ha decidido comportarse en la vida y pensar de un modo más estimulante y satisfactorio. Aunque al investigador o al observador casual pueda parecerle que el individuo Sin Límites es sencillamente más fuerte e inde¬pendiente, lo cierto es que ha decidido él solo que no vá a ser débil y que no dejará que otros le manipulen. Además, tiene plena conciencia de su propia capacidad ilimitada, y un enfoque sensato de la vida, que le mantiene a esos niveles. Sabe que no puede conseguir que todo el mundo esté de acuerdo con él en todo lo que hace, así que no lo convierte en objetivo de su vida. Sabe que preocuparse por la aprobación de los demás, o sentirse angustiado por el rechazo, es una pérdida de tiempo y de energía emotiva, así que se limita a negarse a hacerlo. Sabe que el pasado ha concluido y que el futuro no lo tiene nadie asegurado, así que procura vivir en el presente y agradece lo que tiene.
Sabe que tener que hacer cosas desagradables, como lavar platos o sacar la basura o cualquier otra cosa parecida, es una condición necesaria de la vida. Pero decide lo que piensa, y sus pensamientos respecto al lavado de platos son positivos: tener que lavar los platos significa haber disfruta¬do los alimentos tomados en ellos; tener que vaciar la basura indica que se ha tenido abundante comida, mien¬tras que en muchas partes del mundo hay personas que no tienen ni sobras ni platos. El individuo Sin Límites contro¬la realmente su pensamiento, y en consecuencia sus actitu¬des, y elige actitudes que permiten ver las cosas pequeñas con perspectiva y que le sean útiles en vez de hacerle desdichado.

EL PASO AL PENSAMIENTO SIN LÍMITES:  CÓMO ELIMINAR LAS DICOTOMÍAS

El mejor medio de captar una idea abstracta como el pensamiento Sin Limites es, como siempre, ver cómo puede aplicarse en términos concretos en la vida del individuo. He aquí algunos ejemplos de los tipos de dicotomía más comunes que suelen aplicarse erróneamente con efectos destructivos, junto con ciertas reflexiones sobre las totalidades que hay entre ellas, y sugerencias concretas para que pueda usted superar su imposición autoritaria y pensar con perspectiva Sin Límites en la vida. Mientras lee, pregúntese lo siguiente: "¿Cómo me he torturado a mí mismo o a otro y he paralizado el crecimiento de mi propia filosofía de la vida dicotomizando según estos criterios?". Hallará usted muchos otros ejemplos de dicotomía que podrían añadirse a la lista, y pronto conseguirá ir al fondo del asunto y superar esas dicotomías.
En vez de pensar en dicotomías o divisiones, es mucho más práctico y eficaz empezar a pensar en términos de fusión o eliminación del proceso de fragmentación. Cuan¬do el individuo aprende a enfocar las dicotomías más comunes en términos holísticos de fusión, combinación y agrupación, alcanza una dosis de libertad personal que no había experimentado nunca. Será usted libre porque verá a la gente del mundo como es, en vez de verla como piensa usted que debería estar compartimentada.

Masculino /femenino

No hay duda a este respecto: es chica o chico. En la sala de partos o en el certificado de nacimiento, no hay razones para decir: «Es predominantemente femenina, como muestra el carácter de sus órganos sexuales, pero recorde¬mos que también tiene hormonas convencionalmente llamadas "masculinas"».
El problema empieza en cuanto la criatura sale de la sala de partos: La chica tiene que ser "femenina", y el chico "masculino". A la niña le ponen una toquilla rosa, al niño azul, porque en los niños pequeños suele ser imposible apreciar la diferencia sin tener que mirar debajo del empapador, y pocos adultos están dispuestos a hacerlo sólo para saber cómo deben reaccionar. Con un niño pequeño deben decir: "¡Vaya, qué chico más guapo! ¡Serás grande y fuerte como tu papá!" y con una niña deben decir: "¡Oh qué linda es! ¡Qué ojos tan bonitos! ¡Son como los de su madre!".
A partir de aquí, todo es cuesta abajo; los chicos bajando por un lado de la colina, las chicas por el otro. Al principio, no entienden siquiera cuando les dicen: "Las niñas pueden llorar, pero los niños no; los chicos pelean, pero las chicas no; las niñas cocinan y cosen, pero los chicos no".
Pero cuando les han dicho el suficiente número de veces que los chicos han de ser "masculinos" y las chicas "femeninas" y memorizan todas las listas arbitrarias de lo que significa cada una de tales categorías, y de lo que pueden y no pueden hacer, se rompen dócilmente la cabeza, para adaptarse a los estereotipos que les han impuesto, y se dedican a imponérselos a su vez unos a otros como venganza ("¡Pareces un chico con esa ropa!" "¡Co¬rres como una chica, chaval!").
Para darse cuenta de lo absurda y arbitraría que es esta dicotomía, basta considerar cómo ha elaborado la comuni¬dad psicológica las pruebas que indican si uno es predominantemente masculino o femenino. Para hacerlo se formu¬laron una serie de preguntas a varones y hembras. Si la mayoría de los varones dicen que prefieren la ducha al baño, y la mayorfa de las mujeres que prefieren el baño, pasa a considerarse masculina la ducha y femenino el baño. Si la mayoría de los varones prefieren el atletismo a la lectura, y la mayoría de las mujeres prefieren la lectura, se considera la lectura femenina y masculino el atletismo. La comunidad psicológica ha perpetuado tal absurdo reglamentándolo en pruebas que estereotipan a la gente, clasificando su comportamiento en masculino /femenino. Se considera típicamente masculino ser competitivo, domi¬nante, agresivo, independiente, ambicionar poder y man¬do y triunfo y el tener interés por la ciencia y las matemáti¬cas. Un equipo de investigadores describía en Psychology Review a la hembra "sana" con estas palabras: "Más sumisa, menos independiente, menos arriesgada, más fácilmente influenciable, menos agresiva, menos competiti¬va, más fácilmente excitable y vulnerable, más emocional, más vanidosa y preocupada por su apariencia, menos objetiva y menos interesada en las matemáticas y la ciencia".
Hasta el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, consi¬deraba al parecer que la mujer sana "... ha de ser pasiva, resignada a su inferioridad y tener el anhelo de realizarse dando a luz un hijo".La firme entronización de esta práctica dicotómica ha llevado a muchos a creer que existen realmente actividades masculinas y femeninas, lo cual tiene el mismo sentido que creer que hay piedras masculinas y piedras femeninas. Pese a todo, partiendo de esa base, el que se aparte del papel sexual asignado] pasa a ser considerado como un desviado que necesita tratamiento.
Es obvio que quien entra en este juego dicotómico limita su potencial de experiencia humana a la mitad y que, si decide usted que sólo le agradan los hombres supermascu-linos y las mujeres súper femeninas, se separa de muchísi¬mas personas. Ha de "verse" usted objetivamente, y entonces comprenderá que todos somos, en primer lugar, una amalgama de masculino y femenino. El hombre tiene hormonas femeninas, pechos, piel suave y prácticamente todo lo que tiene una mujer, a excepción de los órganos de reproducción femeninos. La mujer tiene hormonas mascu¬linas, y los mismos rasgos que un hombre, a excepción de órganos reproductores masculinos. Hay mujeres más altas que muchos hombres, algunas más altas que la mayoría de los hombres, aunque se considera característica masculina el ser alto y femenina ser "más baja que su hombre". Una mujer puede hacer virtualmente todo lo que haga un hombre, excepto producir esperma, y el hombre puede hacer lo que haga una mujer a excepción de tener hijos.
¿Qué pasa entonces? ¿Cómo se pudo llegar a esta división de las actividades humanas en masculinas y femeninas?
Algunos dirán que el culpable es el machismo. Otros dirán que a la gente le es más fácil dicotomizar y adoptar estrictas normas sociales que rijan su conducta que afrontar la agobiante ambigüedad de admitir que todos podemos hacer lo que decidamos hacer. Pero trascender la dicotomía masculino /femenino significa permitirse ser lo que usted elija por sí mismo, sin prestar atención al estereotipado papel sexual que le corresponda.
La mujer que espera que un hombre inicie el contacto sexual cuando desea iniciarlo ella, o que se echa atrás, sólo porque "se da por sentado .que una mujer no debe hacerlo", elige seguir viviendo en la dicotomía impuesta por una cultura machista. De igual modo, el hombre que elude tal actitud porque teme parecer "demasiado femeni¬no", está permitiendo que esa misma cultura machista le dicte lo que puede y debe ser la vida.
El que a un hombre le guste coser no es "raro", a menos que decida permitir que las estadísticas dicten sus criterios morales. Una mujer que quiere ser camionera o levantar pesos no está manifestando una conducta neurótica debida a traumas infantiles. La gente que no se ajusta a rígidas categorías masculino /femenino no está enferma, sino en la medida en que los demás convertimos en enfermos a esos individuos condenándoles por hacer lo que a ellos les parece natural.
No tenemos por qué poner límites a nuestra capacidad para emprender cualquier actividad que nos interese. Todos podemos disfrutar de nuevos espacios de experiencia que. teníamos previamente prohibidos y que se reservaban al otro sexo. Los hombres, cuando procuran ser sinceros, son capaces de admitir que les agrada realmente la suavidad, las flores, un abrazo tierno, hacer una comida, cuidar a un bebé o cualquier otra de las muchas experien¬cias que los individuos de mentalidad autoritaria han etiquetado como femeninas, en la misma medida en que gozan y disfrutan de cualquiera de sus experiencias "mas¬culinas". Las mujeres pueden, asimismo, disfrutar de su feminidad y no dejar de gustarles por ello jugar al balón, cortar leña, ir de caza, correr, hacer excursiones, conducir un coche de carreras o cualquier otra cosa de las que se han etiquetado como masculinas.1
En cuanto el individuo empieza a verse a sí mismo ante todo en el sentido holístico sólo como un ser humano y luego en función del tipo de ser humano que desea ser, prescin¬diendo totalmente de los dictados del papel sexual estable¬cido por la dicotomía artificial masculino /femenino, puede curar esa escisión interior que le domina y que ha estableci¬do tan estrictos límites a lo que imagina que puede disfrutar, y puede verse a sí mismo como un ser total y completo (lo mismo que cuando salió por vez primera de la sala de partos).

Fuerte/débil

Como quizás haya deducido usted ya de mi tratamiento de la antidebilidad del autorita; io, no creo que haya nin¬gún individuo que sea simplemente "fuerte" o "débil", y si suele usted clasificar a las personas en esos términos, piense que lo hace basándose en un criterio único de fuerza o
debilidad que no tiene absolutamente nada que ver con la realidad.
¿Qué es en realidad fuerza, y qué es debilidad? Se trata, sin duda, de uh problema filosófico.
¿Quién era más fuerte, Martin Luther King o el hombre que le asesinó? ¿Adolf Hitler o Albert Schweitzer? ¿El campeón mundial de levantamiento de peso o la mujer que levantó el coche que aplastaba a su hijo (rompiéndose la espalda al hacerlo)?
Es muy posible que después de que haya pensado detenidamente lo que considera usted que podría ser en su mejor nivel la verdadera fortaleza humana y se haya valorado usted según sus propios criterios, descubra que es muy fuerte en su relación con su familia, pero que se convierte en un cobarde cuando se enfrenta con su jefe o sus compañeros de trabajo. Puede usted sentirse impotente el lunes y un verdadero león el martes. En realidad, es usted una mezcla de fuerzas y debilidades de todo género, y para lograr el pensamiento Sin Límites, la visión holística, ha de fundir usted todas esas dicotomías y ver cada elemento individual de su conducta como un todo en el que puede identificar vetas de fuerza y de debilidad, si decide pensar en esos términos.
Considere su pasado. Cuando ha actuado usted desde lo que ahora considera que fue verdadera fortaleza, quizá temblase y se sintiese muy débil por dentro. Y otras veces, en que actuó de modo firme y enérgico, y se sintió muy fuerte, quizá se comportase en el fondo como un matón, de un modo que indicaba que en su interior tenía miedo y se sentía débil e inseguro.
Cada vez que vea que alguien se comporta de un modo que le induce a calificarle de fuerte o débil, tenga en cuenta que siempre hay cierta fuerza detrás de la debilidad y cierta debilidad detrás de la fuerza. La visión holística del mundo le permitirá a usted aceptarse como un ser humano que nació mucho antes de que nadie tuviese la idea de que debiera rebajarse porque se consideraba débil.
Cuando uno determina su propio destino según su propio y mejor entender, trasciende su debilidad y contro-
la el curso de su vida según su criterio. Se convierte en capitán de su propia nave, en vez de ser un pasajero en tránsito al que mandan otros. Pero esto no sucederá si no se acepta usted a sí mismo como humano ni acepta a otros como humanos, como originaria y permanentemente fuertes y débiles al tiempo.

Madurez /infantilismo

Lo oirá usted continuamente. "¡No puedes ser tan inmaduro! Eres como un niño. ¿Nunca dejarás de comportarte como un bebé?"
Esta dicotomía se utiliza casi exclusivamente para humillar a otros, y casi nunca la utilizan los que tienen verdadera confianza en sí mismos como adultos de pensa¬miento independiente. De hecho, en nuestra cultura suelen utilizarla los adolescentes para humillar a otros adolescen¬tes. Veamos lo que dice un individuo a quien entrevisté para este libro:
«En nuestro colegio, en quinto, sexto y séptimo curso, las chicas que se consideran más maduras, las que se embadur¬naban con maquillaje y llevaban sostenes almohadillados y se olvidaban de pronto de correr, ya no sabían hacerlo, eran las que calificaban a todos los chicos de "maduros" o "infantiles". Durante varios años, parecía que no pensa¬ban más que en clasificar a la gente según su "madurez". El peor insulto que podían lanzarte era "inmaduro" ¿Y a quién decidían calificar de "maduro"? A los mejores luchadores; a los muchachos más altos, más fuertes, más autoritarios y más superficialmente maduros.
»Y por la misma causa, los muchachos que adoptaban los aires más machistas, los que eran siempre los primeros en apabullar físicamente a otros más débiles que ellos, los que procuraban demostrar continuamente lo "hombres" que eran, consideraban que las chicas que iban más maquilladas y se comportaban de modo más servil frente al varón eran las más maduras.»
Es fácil tener una idea inmadura de lo que es en realidad la madurez humana, sobre todo si no se ha pensado nunca realmente con detenimiento lo que podría significar, a su mejor nivel, la "madurez".
Hay que ver quién es más maduro, el niño que intenta remedar el comportamiento de los adultos, que se hace solemne y reprimido y se aparta de los juegos y fantasías "infantiles" de los que disfrutan sus compañeros más "inmaduros", el que se niega a aceptarse como niño, o el niño que piensa: "Por supuesto que actúo a veces de modo inmaduro. ¿Pero qué puede esperarse de mí, en realidad? ¡Sólo tengo diez años! La diferencia entre tú y yo es que yo sé que aún tengo que madurar mucho, y no quiero acelerarlo, quiero disfrutar. No tiene ningún sentido apresurarse en esto. Además, parece que tú piensas que lo de crecer es algo que se produce en un momento y concluye en ese momento. Sospecho que piensas que ya lo has hecho y que ya no tienes que pensar más en ello. En fin, de ese modo no madurarás más. ¡Yo tengo la esperanza de seguir creciendo y madurando a los setenta años!".
El primer paso hacia la verdadera madurez, según mi opinión, el único tipo de madurez que merece la pena buscar, es reconocer que no hay nadie que sea nunca totalmente niño o totalmente adulto, y que en realidad sería muy triste que alguien lo fuese. La persona que actúa de un modo caprichoso, estúpido e "inmaduro" unas veces, es muy capaz de reaccionar de modo serio y "responsable" en las circunstancias adecuadas. El adulto controlado, organizado, correcto y entregado a su trabajo, debería ser capaz también de desinhibirse, bromear y ser como un niño pequeño cuando las circunstancias lo permiten. Cuando alguien incita a otros a actuar siempre de un modo determinado rígido, arbitrariamente califica¬do de "maduro", o se exige a sí mismo el mismo género de vida limitada, demuestra una mentalidad superficial y dicotómica que ignora el fenómeno holístico de que cada uno de nosotros es en principio y siempre en parte niño y en parte adulto, en parte maduro y en parte inmaduro, durante toda la vida. Aferrarse a una forma de conducta que se califica de "madura" es muy limitador; le impedirá a usted probar cosas nuevas e interesantes y, sobre todo, lo
impedirá preguntarse qué es en realidad la verdadera madurez humana, le impedirá ver su carácter abierto, le impedirá revisar y ampliar constantemente la idea del tipo de persona que quiere usted ser y, en último término, le impedirá crecer y madurar del todo.

Civilización /barbarie

Considerar a la gente que es más parecida a nosotros, civilizada y a los que lo son menos, incivilizados, es un ejemplo de dicotomización etnocéntrica del género más destructivo. Todas las culturas de la Tierra tienen ideas propias de lo que es ser "muy civilizado", pero si por eso entendemos propiciar una vida más feliz, plena y creadora para todos, es evidente que ninguna cultura tiene el monopolio de la sabiduría en este campo, y que nosotros tenemos mucho que aprender de otras culturas, del pasado y del presente.
Cuanto más nos abrimos al estudio de otras culturas, más vemos que aquellos a los que hemos clasificado siempre como "más civilizados" tenían también costum¬bres "bárbaras" que nunca consideraríamos civilizadas. No hay duda de que los antiguos griegos nos han legado la democracia, la filosofía, un arte clásico del que es ejemplo el Partenón o las obras de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes. Pueden habernos dejado también las matemá¬ticas, la Gsica, las olimpiadas, la litada, la Odisea y otros legados demasiado espléndidos para poder siquiera apre¬ciarlos en todo su valor. Pero tengamos en cuenta que su cultura fue también una cultura esclavista en la que sólo existía el sufragio masculino, una cultura en la que, en algunas ciudades, a los niños no deseados o "débiles" les arrojaban por un despeñadero, una cultura que ejecutó a Sócrates porque hacía demasiadas preguntas.
¿Cómo hemos de medir, en realidad, el índice de civilización de nuestra propia cultura? ¿Acaso llegamos a planteárnoslo realmente alguna vez? ¿Acaso no nos limita¬mos a decir: "Nuestra cultura es la cumbre de la civiliza¬ción, y todo lo que sea distinto de ella es simplemente menos civilizado'? Si hacemos ésto último, mataremos sin duda cualquier esperanza de mejorar nuestra cultura según criterios humanistas, nos sucederá lo mismo que al individuo que se considera ya lo suficientemente maduro, ahogando asi su capacidad de crecimiento y madurez personal.


Para trascender esta dicotomía, hemos de formularnos unas cuantas preguntas. ¿Cree usted que arrojar bombas nucleares contra grandes centros de población es civiliza¬do? ¿Cree usted que lo es el uso del napalm y de los defoliantes químicos en la guerra? ¿Cómo puede justificar¬se que haya tantos niños en las grandes ciudades que salen de los institutos de enseñanza media sin saber leer? ¿O los elevados índices de hambre, pobreza y ansiedad de nuestra "civilizada" cultura? ¿Puede juzgarse nuestro índice de civilización por el número de grabadoras que poseemos, o por las muchas viviendas que poseen instalaciones sanita¬rias?
Los individuos de naciones menos industrializadas quizá no lleven pantalones a la moda, quizás anden en camello y no en Cadillac, puede que tengan una escasez crítica de rascacielos, televisores en color, automóviles, secadoras, centrales nucleares, artículos de plástico, cadenas de alimentos rápidos y almuerzos de negocios de tres martinis, pero quizá tengan también escaseces críticas de cáncer, depresión, valium, contaminación, atascos de tráfico y accidentes, violaciones y asaltos, asesinatos y suicidios, crisis de energía, días vacíos y noches insomnes. Sus técnicas de supervivencia quizá sean una maravilla que podrían tener en cuenta quienes viven en las naciones que denominamos desarrolladas. Si consideramos las cosas de modo objetivo, veremos que son civilizados en algunos sentidos y bárbaros en otros, lo mismo que debería parecer-nos siempre nuestra cultura.
En cuanto uno se permite formularse preguntas como éstas respecto a si mismo y a su propia cultura, puede inmediatamente alcanzar la visión holística del concepto de "civilización", que ha de abarcar todo el campo de la experiencia humana, el pasado y el presente, preguntándose qué es lo que uno cree que podría ser "civilización" en su más alto grado. En cuanto elabore usted algunas respuestas posibles a estas preguntas que le permiten valorar del modo equitativo todas las culturas, incluida la propia (el marco de normas más "objetivo" que pueda concebir), verá inmediatamente lo "bárbaros", limitados y etnocén-tricos que son la mayoría de nuestros juicios sobre lo que es civilizado y lo que no lo es, y lo mucho mejor que llegaría a ser el mundo entero si dejásemos de llamarnos unos a otros bárbaros e incivilizados.

Cuerpo/mente

Usted es un ser humano completo. Su cuerpo y su mente funcionan juntos desde mucho antes de que les enseñasen a distinguirse entre sí. Si ha llegado usted a creer que su cuerpo y su mente son de verdad dos entidades separadas e independientes, piense que es víctima de una de las dicotomías más alienantes, que puede llevar a una lucha constante por el poder entre sus necesidades "mentales" y sus necesidades "físicas".
¿Ha pensado alguna vez para sí: "Quizá no esté bien conjuntado, pero soy listo", y ha menospreciado las satisfacciones corporales, o ha abusado incluso de «u organismo en pro de actividades estrictamente intelectua¬les o "mentales"? ¿Considera usted su cuerpo la "carta fea" y se descarta de él en favor del "as de triunfos" que es su mente?
¿O cree usted, por el contrario, que su as de triunfos es su cuerpo? ¿Se enorgullece usted de su apariencia física, de su capacidad de levantar pesos mayores o de lanzar una pelota de golf más lejos que nadie, pero se considera "no demasiado inteligente", corto incluso, y menosprecia su mente basándose en ese estereotipo que se ha impuesto a sí mismo?
Un enfoque holístico de su humanidad le ayudará a superar esta dicotomía y le permitirá llegar a ser un ser humano más completo. Si quiere usted darle a la pelota con el bate, tendrá que adiestrar todo, su mente /cuerpo,
para poder realizar la tarea. No puede quedarse allí sin más y ver cómo sale la pelota de la basé del bateador sin pensar: "No podré darle. El tanteo es tres-dos, tengo que cambiar". Sú mente tiene que mandar sobre su cuerpo, y su cuerpo tiene que trabajar coordinado con su mente. "Dale ahora —piensa usted—. No des con toda la fuerza posible; deja que las muñecas se mantengan sueltas por si varía la trayectoria. Procura darle a la pelota y lanzarla al sitio justo. No necesitas un jonrón, sólo una base para lanzarte..."
El tiro llega desviado pero tú estás prevenido. En el último momento, flexionas la muñeca y el bate golpea con firmeza la pelota.
No tiene que pensarlo siquiera. Sale corriendo hacia la primera base, antes de darse cuenta siquiera de si la pelota va a caer en el sitio justo o si el adversario se le va a adelantar.
Cuando baja usted corriendo por la primera línea de base con todas sus fuerzas (cuando corre a trabajar o corre por el parque) podría pararse y preguntarse: "¿Es mi cuerpo o mi mente el que hace esto?" Y podría hacerse la misma pregunta cuando está escribiendo una carta, cam¬biando un sofá de sitio o conduciendo el coche camino del trabajo.
No hay ninguna escisión real entre su cuerpo y su mente. La única decisión es la que han inventado algunas perso¬nas para diferenciar actividades "mentales" y actividades "físicas". Puede usted superar esta dicotomía si acepta que en toda acción" humana participan el cuerpo y la mente.
Cuerpo y mente... no es posible que se mantenga el uno sin la otra. Cuando el individuo muere, aunque el cerebro, o la mente, desease y pudiese seguir, no es posible si el cuerpo lo impide.
La vida Sin Límites, la vida holística, exige que adiestre usted y ejercite su "yo" completo, cuerpo y mente o sea toda su personalidad. Su mente necesita estimulo y ejerci¬cio con la misma regularidad que su cuerpo, y viceversa. Si puede usted asimilar su unidad básica, podrá alcanzar sin duda el pensamiento Sin Limites, el pensamiento holístico.

Consciente /inconsciente


Esta dicotomía puede que sólo les resulte familiar a los que estén identificados con las teorías psicoanalíticas freudianas o tradicionales, pero ha jugado un papel decisivo en la entronización de un tipo de enfoque dicotómico de la vida que ha ido extendiéndose progresivamente en nuestra cultura.
Algunos psiquiatras le dirán que nuestra psique (espíritu o mente) se divide en tres partes: el ello, el yo y el superyó. Según esta hipótesis freudiana, el pastel de su mente se divide, más o menos, según la siguiente figura:

Como puede usted ver, esta teoría afirma que su mente está básicamente dividida entre su mitad "consciente" y su mitad "inconsciente", en suma, la mitad de la que usted sabe y la mitad de la que usted no sabe y que es, en consecuencia, impredecible o indigna de confianza. Pero la imagen se complica por el hecho de que, según esta teoría, el pastel básico o central de su mente está dividido en tres partes aproximadamente iguales, el ello, el yo y el superyó, y que el ello, y la mitad, más o menos, del superyó, pertenecen al sector "inconsciente" de la dicotomía básica y el yo y la otra mitad del superyó al sector "consciente".
Los que están de acuerdo con las teorías freudianas le
dirán a usted que su ello es algo asi como "la fuente indiferenciada de su energía animal" y se lo retratarán como una cierta fuerza inconsciente, oscura, primitiva, no civilizada, que hay dentro de usted y que le destruiría a usted y a todos los que le rodean si la dejara suelta.
Pero le dirán, también, más o menos, que a su ello lo civilizan sujo y su superyó.
Luego le definirán su yo como esa parte consciente de usted que se ha "derivado del ello a través de los contactos con la realidad, y que coordina sus relaciones con el ello, el superyó y la realidad externa".
Luego le dirán que su superyó es "un sector importante de la psique, sólo parcialmente consciente, que colabora en la formación del carácter, y que refleja la conciencia paterno-maternay las normas de la sociedad."
En otras palabras, según el punto de vista psiquiátrico clásico usted está siempre atrapado entre su consciente (su yo y parte de su superyó, aquélla de la que usted puede tener conciencia) y su inconsciente, es decir, su ello y la otra parte de su superyó, sus impulsos animales y las influencias de sus padres y de la sociedad, aquéllas de las que usted puede tener conciencia. Dado que se considera que las mitades consciente e inconsciente de su mente determinan en una medida más o menos igual su conducta, la conclusión es que usted sólo puede tener conciencia o control de la mitad de sí mismo.
Se considera también, sin duda, que puede usted descu¬brir una cierta parte de su inconsciente, ese tenebroso territorio de su psique desde el que fuerzas misteriosas supuestamente manejan los hilos que controlan sus actos y deseos, consultando a un psicoanalista, cuya formación y "teorías", sumamente complejas, sobre el significado de sus sueños, le diga qué "complejos" residen allí, para que este especialista le guíe un poco por la selva mucho mejor de lo que usted solo podría guiarse nunca. Pero aun asi, ha de concebirse usted como un ser fundamental escindido, como si su psique viniera al mundo dividida, lo mismo que llega a su mesa la pizza ya cortada, y que siempre estará ahí ese ello "puramente animal", en el que nunca puede confiar. Nunca se sabe cuándo van a salir aullando los salvajes de la selva y arrasar ese pequeño campamento llamado "mente consciente".
Según mi opinión, toda esa pizza que el psicoanálisis ha intentado vendernos es un inmenso fraude al público. ¡El inconsciente, como entidad, simplemente no existe! Le venden a usted media pizza por el precio de una entera.
E1 psicoanálisis aporta, como mucho, unas cuantas vislumbres respecto a lo que reside en el interior de cada uno. Desde luego, el individuo siempre tiene ideas y reacciones que son restos de su infancia, y sueños en los que la mente opera de modo muy distinto a como opera durante el estado de vigilia. Pero asignar la responsabili¬dad de la conducta humana a algo que, por definición, el ser humano no puede conocer ni controlar conscientemen¬te, es facilitar la rendición inmediata cada vez que uno quiere eludir responsabilidades por algo que está haciendo. Además, todo eso induce al individua a creer que necesita un psiquiatra que le guíe para conocer su propia psique utilizando un montón de categorías teóricas rígidas y de jerga misteriosa. Esto, por supuesto, desecha y ahoga la capacidad del individuo para analizarse a sí mismo en los términos y con la visión del mundo que tienen más sentido para él.
¿Por qué he de aceptar que tengo un sector "enfermo" y un sector "sano", y que en lo profundo de mí mismo habita un monstruo horrible que me devorará si se desmanda? Yo no lo creo en absoluto. Mantengo que en lo profundo de cada cual hay un individuo plenamente humano, suma¬mente evolucionado y funcionalmente feliz, y que debemos propiciar su salida a la luz. Es un mito creer que somos criaturas que tienen un núcleo originario fundamental¬mente enfermo. Toda esta dicotomía es consecuencia de las hipótesis de los primeros tiempos del psicoanálisis, y no tienen ninguna validez en nuestra vida salvo que decida¬mos creerlo así.

Para superar la dicotomía consciente/inconsciente, hemos de prescindir de esas divisiones de la psique en partes que propiciaron Freud y otros como instrumentos para la investigación, y enfocarnos como un todo completo. Como decía Maslow en 1971: "Sólo ahora estamos convenciéndonos plenamente de que el individuo integra¬do, el ser humano plenamente evolucionado, la persona plenamente madura, debe tener acceso a sí misma a ios dos niveles simultáneamente. No hay duda de que resulta ya anticuado estigmatizar este aspecto inconsciente de la naturaleza humana, calificándolo de enfermo, no conside¬rándolo sano. Así fue como lo concibió en principio Freud, pero ahora hemos llegado a descubrir que no es así". (1)
Cuando uno se enfoca con una visión holística, ya no necesita dividirse en su mitad "consciente" y su mitad "inconsciente". El individuo puede pensar, por el contra¬rio, que tiene dentro de sí una personalidad verdadera¬mente humana, verdaderamente importante, y que su verdadero carácter estriba en desear ser feliz y pleno. ¿Y por qué no enfocarse de ese modo, en vez de adoptar una estúpida perspectiva sano/enfermo, consciente /inconscien¬te? ¿Por qué alzar barreras teóricas innecesarias y artificia¬les al pensamiento entre uno mismo y la vida Sin Límites?

Seguridad /inseguridad

Esta es una de esas dicotomías de la "psicología popu¬lar" que han pasado al uso común como un medio práctico de olvidarse de los demás, e incluso de uno mismo.
¿Cuántas veces se ha sorprendido diciendo: "Es así porque es una persona insegura", sintiéndose al mismo tiempo muy seguro de su propia seguridad frente a esa persona que ha etiquetado así? ¿Hasta qué punto cree usted realmente que un individuo (incluido usted mismo) es una persona segura o una persona insegura? ¿Hay espacio en su pensamiento para alguien situado en el medio, es decir, una mezcla de ambas cosas?
Prácticamente, todo lo que hace uno entraña cierta seguridad y cierta inseguridad. Si le planta usted cara a un funcionario insolente un día, puede mostrarse hacia el exterior muy seguro y confiado, pero puede estar temblando por dentro. Si le para a usted un policía por lo que usted considera algo absolutamente injustificado, puede que parezca usted temblar y vacilar por fuera y por dentro, sabiendo que no ha hecho usted nada malo y estar totalmente seguro de ello.
Todos tenemos momentos de seguridad e inseguridad relativa, por lo que cualquier dicotomía que nos etiquete de una u otra forma es una pérdida de tiempo. Además, si se etiqueta usted como "seguro" o "inseguro", eso le impedirá intentar cambiar lo que considera ya como un modo de ser. Si se califica de inseguro, puede muy bien descubrir que se apoya constantemente en otros para que hagan por usted cosas que no tiene suficiente confianza en sí mismo para hacer solo: "Géorge, ¿quieres llevarme el coche al garaje? Ya sabes que en cosas de mecánica no tengo seguridad ninguna". A ese paso, nunca superará usted sus complejos respecto a la mecánica, y ello se deberá exclusivamente a que se ha "archivado y olvidado" a usted mismo o misma bajo esa etiqueta de "inseguridad" (por lo menos, respecto a la mecánica).
El no tener seguridad no es buena cosa, evidentemente, si significa que usted se aferra a un precario asidero que, si cede, le hará caer montaña abajo y hundirse en el pánico. Pero tampoco es bueno sentirse "demasiado seguro", si eso significa valorar demasiado su seguridad. Una insistencia excesiva en la "seguridad" puede llevar a la inercia, el hastío y la depresión lo mismo que una dosis demasiado escasa de seguridad verdadera puede llevar al pánico, la duda incesante u otras desdichas que acompañan a la inseguridad.
Para trascender esta dicotomía, debe usted admitir que tiene que arriesgarse a cierto sentimiento de inseguridad si desea poder llegar a andar por la cuerda floja, hacer esquí acuático, convertirse en escritor, iniciar un nuevo negocio, probar una receta culinaria nueva o hacer cualquier cosa que exija aprendizaje. Ha de prever usted que la vida Sin Límites puede llevarle a situaciones que la mayoría de las personas calificarían de precarias, y debe prever también que habrá otros que digan de usted: "Actúa de ese modo
porque se siente inseguro". No hay duda, sin embargo, de que lo que importa, en cualquier situación, es cómo se ve a sí mismo, y cuando experimente esas sensaciones de "inseguridad'' debe preguntarse si las siente porque se siente usted de verdad inseguro en su interior (si tiene la sensación de que su mente está a punto de hundirse en el pánico), o si sólo se siente inseguro porque ha llegado a considerarse así en este tipo de situaciones. Le sorprenderá comprobar con qué frecuencia esa inseguridad procede de sus propios estereotipos y /o de los de otros con respecto a usted, y con qué frecuencia un poco de tranquila medita¬ción sobre la situación puede liberarle del pánico, si es capaz de dejar de preocuparse por lo "inseguro" que está.
Asimismo, debe usted admitir que el pensamiento Sin Límites le exige que decida por sí mismo que'tipo de seguridad desea en la vida, qué tipo de vida (no importa cuáles puedan ser los "riesgos de inseguridad" convencionales) puede proporcionarle más paz interior y más confianza para seguir adelante y asumir nuevos "riesgos" para forjar su propio destino.
Las preguntas que ha de formularse en cualquier situa¬ción no son "¿estoy seguro o inseguro en este momento? ¿qué puedo hacer para sentirme más seguro?", sino "¿es eficaz en este momento mi conducta para hacerme feliz, sean cuales sean las etiquetas que puedan adjudicarle otros o que pudiese adjudicarle yo ayer?". Si es usted feliz ahora, ya tiene toda la seguridad que necesita. Si no lo es, que se preocupe mucho de si usted u otros están "seguros" o "inseguros" no le hará ni una pizca más feliz.
Piense por un instante en unos cuantos sectores de su vida en los que usted u otros le hayan calificado como "muy inseguro" y unos cuantos en los que usted se calificaría de "muy inseguro". Piense luego en todos los medios que se le ocurran para que esté o pueda llegar a estar seguro internamente en esos sectores que ha etiquetado como "inseguros". Este ejercicio no sólo debería mostrarle lo absurda que puede llegar a ser la dicotomía seguro/inse¬guro, sino que debería mostrarle también la forma de eludirla. Por ejemplo, si ha empezado pensando usted con:

MUY SEGURO MUY INSEGURO
Cocinar para la familia Resolver problemas mecánicos del coche

Quizás haya pensado inmediatamente, respecto a lo de "cocinar para la familia": "Ya me estoy cansando de tener que hacer todas las comidas. Preferiría dedicar unas tardes a la semana a hacer algo que no sea preparar la cena, y cuando tengo que cocinar, me gustaría probar algunos platos nuevos". Respecto a "resolver problemas mecáni¬cos del coche", quizás haya pensado: "Estoy por lo menos r seguro de saber que puedo permitirme el costo de cual¬quier reparación que necesite el coche. Me siento inseguro porque no he tratado hasta ahora con problemas de este tipo, no entiendo demasiado de coches y me intimida la gente que pueda hablar del tema con conocimiento de causa. Por eso le pido siempre a George que me lleve el coche al taller. Pero puedo adquirir seguridad interior en ese sector por el simple procedimiento de llevar yo misma el coche la próxima vez y aprender más del asunto de los propios mecánicos". En otras palabras, las inseguridades se eliminan actuando, no limitándose a etiquetarse uno mismo como inseguro.
Si vuelve usted ahora atrás y considera lo que puede hacer respecto a la "inseguridad" (desdicha, aburrimien¬to, depresión) que ha asociado usted con "cocinar para la familia", descubrirá que sus soluciones al problema de la "seguridad excesiva" guardan una sorprendente semejan¬za con las que ha concebido como curas para su inseguridad respecto a la mecánica, o cualquier otro problema de inseguridad que tenga usted. Quizás haya pensado esto: "Podría divertirme más cocinando si le pidiese a George que cocinara él unas cuantas veces a la semana o trajera uno de nuestros platos favoritos del restaurante, de modo que yo pudiera evadirme un poco de mi rutina, olvidar la cocina unas cuantas tardes y tener tiempo para pensar en nuevos platos y para comprar ingredientes especiales".
La similitud entre estas dos soluciones a problemas "opuestos" estriba en el hecho de que, en ambos casos, ha
pensado usted en lo que puede hacer respecto a esos proble¬mas, en que ha inventado ciertas estrategias prácticas. Esto es lo que yo llamo pensamiento Sin Límites en su grado más pleno. Ha olvidado usted la dicotomía y ha utilizado usted el sistema de pregunta-respuesta para la resolución de problemas, al pensamiento creador tal como su propia vida se lo ha ofrecido ahora.
Independientemente del enfoque que haga del asunto, • no existe en realidad una persona completamente segura o insegura. Aprender a fundir esta dicotomía y ver a los demás y a uno mismo como combinación ilimitada de seguridades e inseguridades con las que puede trabajar W continuamente, le conducirá, sin duda, hacia la verdadera vida Sin Límites.

Profesor /estudiante

Esta dicotomía, junto con la de padre /hijo, jefe /subordi¬nado, maestro/aprendiz y muchas otras inventadas a lo lar¬go de la historia para indicar que una persona debe ser enseñada o adiestrada por otra, es básicamente algo que utilizan las personas mayores o los individuos del "estatus dominante" convencional con los niños o con otros "aprendices", para mantenerles en posiciones de inferiori¬dad. Empieza con una verdad muy simple: por ejemplo, que el profesor de historia ha vivido mucho más que usted, o por lo menos ha estado estudiando historia mucho más tiempo que usted y, en consecuencia, puede ayudarle a aprender más sobre la historia. Pero el problema empieza cuando se da por supuesto que el profesor es el elemento "activo" de la relación y el estudiante el elemento "pasi¬vo", de forma que el profesor pasa básicamente a "actuar sobre" el estudiante, del mismo modo que el médico opera en el paciente, y a "impartir" o "implantar" conocimien¬tos de modo muy parecido a como coloca el médico un marcapasos o trasplanta un riñon. Luego, se considera qué el estudiante ha de "mantenerse quieto" en la operación, dejar que el profesor decida cómo debe realizarse, y si el resultado es un éxito el profesor sale de la sala de operaciones para recibir las felicitaciones de todos por su destreza pedagógica, mientras que el estudiante recibe una palma¬da en la espalda por haberse estado tan quieto y silencioso, y se le asciende a la siguiente sala de operaciones. Paf-paf, se ha forjado así otra cadena de autoritarismo y sumisión.
La verdad holística que yace tras esta dicotomía es que todo profesor debe ser también un estudiante, tenga cinco años y enseñe a uno de tres a dibujar con lápiz o sesenta y cinco y sea un distinguido profesor de historia. Y además, nadie puede enseñar realmente nada a otro, en el sentido de "implantar" conocimientos o técnicas a un estudiante pasivo. E1 que aprende debe decidir investigar, pensar en la materia 6 practicar algo por sí solo, porque si no, por mucho que se le enseñe, no asimilará ningún conocimien¬to. Así pues, la responsabilidad de aprender algo reside en el que aprende, que ha de ser el que decida en primer término convertirse en su propio profesor para que cual¬quier otro profesor pueda ayudarle.
Todos sabemos que ningún niño aprenderá nada si se niega a participar, por mucho que intentemos enseñarle una serie, de cosas. Es necesario condicionar al niño a no cruzar la calle solo, por ejemplo dándole un azote, pero condicionar no es enseñar ni aprender en un sentido significativo. Todos sabemos también —todos los que alguna vez hayan intentado enseñar algo a alguien— que lo que uno enseña es siempre una mezcla de nuestra experiencia en el proceso de enseñanza, o de participar en él como estudiantes, y nuestra demostración de que intenta¬mos ayudar a nuestro maestro "estudiante".
Tomemos como ejemplo la experiencia de enseñar a un niño a ir en bicicleta. Quizás el niño haya pasado años yendo en triciclo, pero ahora tiene su primera bicicleta. Puede colocarle usted esas ruedas pequeñas que se utilizan durante un tiempo, con el objeto de que se acostumbre a la bici, pero cuando llega el momento de quitar las ruedecillas auxiliares y de que el chico intente mantenerse en equilibrio sobre las dos ruedas, de nada servirá correr detrás de él y sostenerle la bici, ni aconsejarle lo que tiene que hacer para "mantener el equilibrio" ni fingir que no le
va a soltar y soltarle luego furtivamente cuando él no mire. O el chico consigue cogerle el truco al asunto a base de tanteos o no aprenderá y habrá que volver a las ruedecillas una temporada. El profesor eficaz debe demostrar unas cuantas cosas; por ejemplo, el modo de arrancar con impulso suficiente y de apretar el pedal con suficiente fuerza para poder mantenerse en equilibrio, debe enseñar¬le a apoyar un pie en el suelo y ladear la bici para parar y no caer si pierde el equilibrio, pero animará al "estudian¬te" a que sostenga él la bici, a que intente ponerla él en marcha y mantenerse en el sillín el máximo posible y a volver a intentarlo. No debe gritarle instrucciones contra¬dictorias, interrumpiéndole cuando está intentando con¬centrarse. Si le parece que el chico se pone demasiado nervioso porque está usted allí y no puede concentrarse bien con usted delante, debe irse y dejar al aprendiz que aprenda solo. Por otra parte, puede reflexionar sobre lo que le ha enseñado a usted ese sistema de tanteo que ha utilizado para ayudar al chico a aprender a andar en bici. No dude de que le será muy útil esta reflexión para ayudar mejor a otro la próxima vez.
Cuanto más se fomente la confianza en sí mismo del que aprende durante el proceso de aprendizaje, más eficaz será la enseñanza. Por el contrario, cuanta menos confianza en sí mismo se inculque al estudiante, más degenerará la "enseñanza" en mero "condicionamiento" autoritario. ¿Dónde está pues, la dicotomía? Todo el objetivo de la enseñanza, de la educación, debiera ser ayudar a los estudiantes a convertirse en sus mejores profesores; a asumir pleno control de su aprendizaje. El profesor que aprende a ayudar a los estudiantes a asumir el control de sí mismos, aprende también más con cada esfuerzo de lo que es enseñar, y aprende de los estudiantes.
Yo, siempre que daba un curso en la universidad, aprendía tanto del tema y de cómo piensan y se comportan los seres humanos de los estudiantes, como ellos aprendían de mí, y me convencí de que es una completa estupidez en realidad la dicotomía profesor /estudiante. Después de todo, puede que lo mejor que puede hacer un profesor es enseñar al alumno a serlo. Y, asimismo, lo mejor que puede hacer un padre es demostrar a los hijos lo que han de hacer para ser sus propios padres. Lo mejor que puede hacer un jefe es demostrar a sus empleados lo que han de hacer para ser sus propios jefes; y lo mismo puede aplicarse a maestros y aprendices y en todos los demás casos. Para superar esa tendencia autoritaria a pensar que todas estas relaciones son vías de una sola dirección que exigen dominio/sumi¬sión o suponen superioridad/inferioridad basta hacer inventario de todas las relaciones de nuestra propia vida a las que se han adjudicado etiquetas "profesor/estudiante" o similares, e invertir los papeles y ver en qué medida es cierto que los estudiantes son profesores del profesor (o los profesores son estudiantes), en qué medida sus hijos son sus padres o viceversa, etc. Si lo hace usted verá cómo cambian sus ideas, cómo cambia toda su forma de pensar, cómo se suavizan sus actitudes a medida que desaparece la tensión que nacía de su anterior necesidad de representar tantos papeles artificiales de dominio o sumisión. Su conducta en estas relaciones se ajustará por sí misma para adaptarse a las nuevas ideas. El buen humor reemplazará a la angustia; el espíritu de cooperación a la rivalidad o el conflicto, y las cadenas autoritarismo /sumisión se converti¬rán en una red de verdaderas relaciones Sin Límites. No olvide que todo lo que sabe decidió aprenderlo usted, y que ningún profesor, por mucho talento que tuviera, podría obligarle a aprender algo que usted no quisiera aprender. Somos todos maestros y aprendices a la vez, en todos los momentos de la vida.

Trabajo /diversión

Esta dicotomía es una de las más profundas y destructi¬vas de nuestra cultura. Superarla constituye, en varios sentidos, la esencia del pensamiento Sin Limites, quizás el elemento singular de más alcance que pueda servirle para lograr la verdadera vida Sin Límites.
¿Cuántas veces, en cuántos sentidos, ha oído o dicho usted: "Trabajar mucho y jugar poco convierten a Jack en un muchacho tonto". "Trabaja mucho, diviértete mu¬cho." "Lo único que hago es trabajar, trabajar y traba¬jar." "Bueno, se acabó la diversión, volvamos al trabajo." "Nosotros somos miembros de la clase trabajadora. Ellos son miembros de la clase ociosa;" "Ahora todo es coser y cantar, pero espera que crezcas y verás lo que es el trabajo."
Concretando, ¿con qué rigidez divide usted su tiempo entre esas cosas placenteras que clasifica como diversión u ocio y la rutina miserable que considera trabajo? ¿Hasta qué punto considera su trabajo primario, su empleo o profesión (sea usted fontanero, ama de casa, ejecutivo, publicitario o estudiante) como algo que se ve obligado a hacer porque tiene que ganarse la vida, o algo en lo que desea usted desesperadamente triunfar para poder hacerse rico y retirarse pronto y no tener que trabajar más?
¿Hasta qué punto se considera usted un esclavo del trabajo, sea éste lavar los platos, segar el césped, construir un puente o escribir un artículo para un periódico? Hasta qué punto ha aceptado usted la idea de que la diversión es una recompensa por acabar el trabajo, ya sea usted un estudiante al que han amenazado con no dejarle libre el tiempo de recreo si no acaba los deberes, o un hombre de negocios que trabaja duro cincuenta semanas al año, en parte por sus vacaciones de dos semanas? En resumen: ¿Hasta qué punto cree usted que lo que es trabajo no puede ser diversión y lo que es diversión no puede ser trabajo?
Cambiar de actitud respecto a la dicotomía trabajo /di¬versión supone algo más que el simple etiquetar lo que disfrutamos como diversión y lo que detestamos como, trabajo. En realidad, cambiar nuestra forma de utilizar las palabras de nada servirá si no hacemos otra cosa, pero el considerar si una actividad cualquiera puede llamarse trabajo en su mejor nivel y no puede llamarse también diversión, eso sí puede llevarnos justamente a la superación de esta dico¬tomía.
Considere lo que podría significar hacer su trabajo al me¬jor nivel. Puede pensar inmediatamente: "Trabajar al mejor nivel es, por ejemplo, escribir el mejor informe de mi
vida, un informe que mi jefe y los clientes digan que es exactamente lo que necesitan", o algo parecido. Puede pensar también: "Eso no tiene nada que ver con el hecho de si me divertí o sufrí muchísimo mientras lo escribía".
Piénselo otra vez. Puede .que haya dado usted por supuesto lo siguiente: que "su trabajo" es el producto que usted produce (el servicio que presta, o lo que sea) \y no la actividad de trabajar! No hay duda de que parte de lo que quiere usted decir con lo de "mi mejor trabajo" puede ser "el mejor poema que he escrito en mi vida", o cualquier otra cosa. Pero el significado de toda la palabra cuando la aplica usted a su vida, debe incluir su valoración de lo bien que lo pasó trabajando, o en qué medida su trabajo fue también diversión. En este sentido es en el que usted dice: "El mejor trabajo que hice en mi vida, realmente... (lo que sea), porque disfruté haciéndolo, disfruté del trabajo, me agrada¬ba muchísimo la gente, lo pasé muy bien y me resultó todo muy interesante y muy estimulante".
Si concuerda usted en que "su trabajo" debe significar tanto la actividad como el producto, entonces puede usted ver de inmediato que el trabajo en su nivel mejor o más alto debe ser una combinación de trabajo y diversión. Puede usted denominar "trabajo" si quiere a cualquier tipo de rutina o actividad que se haya resignado a odiar, siempre que decida encontrar algún medio de disfrutar de ese trabajo o bien dejarlo. Lo que es decisivo es que no considere ninguna actividad como rutina odiosa sólo porque usted u otros la hayan etiquetado como trabajo, y no se resigne a padecer mientras lo hace, debido a la etiqueta que se le ha asignado. Si tiene usted verdadero interés por la vida Sin Límites, ha de aceptar que el único tipo de trabajo que le interesa es el trabajo a su mejor y más alto nivel en todos los sentidos, y que primero tiene que lograr ser capaz de hacer que todas sus actividades laborales se conviertan en diversión o juego.
Y ¿cómo se originó en realidad esta dicotomía absurda? ¿Cómo llegaron a aceptar algunas personas que hay trabajo y hay diversión y que hay que dedicar la mayor parte del tiempo a trabajar para poder gozar del resto del tiempo (siempre que pueda uno permitírselo) divirtiéndose, que la diversión es la recompensa por el "trabajo duro"?
Creo que para la mayoría la cosa empezó ya en la escuela, cuando los padres insistían en que sus hijos tenían que empezar pronto a trabajar "en la casa", les asignaban numerosas "tareas" o "deberes" y les transmitían a la vez la idea de que era horroroso lavar los. platos o cortar el césped. Quizá les dijesen a los niños que si querían vivir en familia tenían que hacer su parte del trabajo, justificando esta política sobre la base de que no hacían más que preparar a sus hijos para la escuela, o la vida, "tal como es". Pero para la mayoría es muy probable que todo empezara en la escuela, donde los profesores llamaban a ciertos periodos "periodos de recreo" y procuraban que supiésemos muy bien que cuando empezaba la clase el profesor era otra vez el jefe, y que no teníamos motivo alguno para esperar disfrutar, porque aquello era tiempo de trabajo, tiempo en el que se nos condicionaba a la idea de que trabajo y diversión eran muy, pero que muy distintos.


Ahora bien, ¿cuál es la ventaja autoritaria de este tipo de dicotomía (que tanto los estudiantes como los profesores autoritarios aceptan y/o promueven)? Creo que es exacta¬mente que si la diversión puede separarse del trabajo de modo que su diversión dependa de lo bien que actúe usted según el juicio de los que mandan entonces los que mandan cuentan con otra recom¬pensa que pueden otorgarle o no a usted a voluntad,y han encontrado un medio más para manipularle. Es decir, son los que mandan los que le dicen cuándo tiene el derecho de divertirse.
La clave para superar esta dicotomía es tomar concien¬cia que su capacidad para unir trabajo y diversión en todo lo que hace es algo que nadie puede quitarle excepto si incautamente lo cede.
Volviendo a la sección de "compromiso" del capítulo primero, en la que mencionaba la unión de vocación y diversión (otra forma de la dicotomía trabajo/juego) no nos vendrá mal leer de nuevo a Robert Frost:

Aunque otros acepten su separación,  mi objetivo en la vida es unir  la vocación y la diversión...

Lo que el poeta quiere decir aquí es que vocación-y-diversión eran originariamente una misma cosa, por lo menos en su pensamiento, y que algunas personas han aceptado su separación, o han cedido ante la idea (autoritaria) de que "para el adulto maduro" trabajo y juego deben estar en realidad separados, deben ser incluso actividades que se excluyan mutuamente. Frost quiere subrayar que los que han perdido la visión de la unidad fundamental de "traba¬jo" y "diversión" en su nivel más alto, necesitan pensamiento creador y elecciones vitales valerosas para superar ahora esta dicotomía. No importa si usted recuerda cuando existía una unidad entre trabajo y diversión en su propia historia personal o no, aunque quizá recuerde usted todo lo que tuvo que trabajar para construir aquella cabaña o para hacer aquel maravilloso castillo de arena, y cómo disfrutó y se entusiasmó haciéndolos. Lo que ahora importa es que pase usted a hacer que todo lo que etiqueta como "traba¬jo" y todo lo que etiqueta como "diversión" se conviertan en la globalidad trabajo-y-diversión en su historia personal a partir de ahora. No tiene que alterar su diversión para "convertirla" en trabajo en el sentido en que estoy hablan¬do. Lo único que tiene que hacer es reconocer que trabaja usted siempre cuando en realidad está divirtiéndose.
Por ejemplo, si está usted totalmente entregado a un partido de tenis, ¿no está trabajando como individuo total? Corre usted de un lado a otro, su cuerpo y su raqueta, juegan con la pelota coordinados al máximo con el pensamiento. Está aprendiendo y fortaleciéndose y mejo¬rando "su juego" a cada instante. (Siempre que esté pensando en el juego y no preocupándose por él). ¿Hasta qué punto no está usted trabajando? No está usted "para¬do", como el reloj que ha dejado de funcionar, del que decimos: "Se ha parado. Tengo que mandarlo a arreglar". Por otra parte, está usted esforzándose al máximo tanto física como mentalmente (si es que quiere usted distinguii entre las dos cosas). Después quizá diga usted incluso: "¡Estoy agotado!" Durante esta actividad que le han condicionado a llamar "diversión", ha hecho todo lo que cualquiera puede asociar con el trabajo.
Asimismo, cuando ha hallado usted el medio de conver¬tir su trabajo diario (o su profesión) en diversión (requiera o no su trabajo mucha actividad física), está haciendo, sin duda, a la vez, todo lo que es característico tanto del trabajo como de la diversión o del juego.
Recordará usted que, cuando hablábamos de "compro¬miso", dije que afortunadamente la unión de vocación/di¬versión o de trabajo /juego no depende de la capacidad que tenga usted para conseguir el trabajo que le gusta, sino de su capacidad para disfrutar del trabajo que consiga. Por supuesto, usted desea conseguir el trabajo que a usted le parece que le va a gustar. ¿Qué mejor medio de asegurar que va usted a disfrutar del trabajo que consiga? Pero en cuanto a esos trabajos que usted ha decidido hacer (e incluso con los platos sucios, usted decide lavarlos después de utilizarlos; podría usted haber comido en la misma cacero¬la, o haber comprado comidas hechas dé las de la televi¬sión), ¿por qué no ser lo más creador posible en la tarea de convertir esos trabajos en juego y diversión? ¿Por qué aceptar la idea de que de nueve a cinco tiene que ser un período aburrido y rutinario porque es un período de trabajo y la diversión viene después? ¿Por qué ir a trabajar cada día con el prejuicio de que se ha acabado ya la diversión? ¿Por qué ser ese basurero hosco que arrastra despreocupadamente los cubos de basura y dejar caer en la calle la mitad porque no puede convertir su trabajo en diversión? ¿Por qué no ser el basurero que siempre es afable y limpio, al que le resulta fascinante comprobar lo que la gente tira a la basura y piensa en lo que dirán de esa basura los arqueólogos del futuro, ese que habla del nuevo centro de reciclaje de desperdicios?
Sea lo que sea lo que considere usted ahora trabajo "en el sentido negativo" (sea cortar el césped, lavar los platos, entregar el informe a tiempo, sentarse detrás del proyector de cine ocho horas seguidas sin "nada más que hacer" que cambiar los. rollos cada media hora) puede hallar un medio de entregarse por completo a esa tarea y de que esa tarea le fascine durante todo el tiempo que está realizándola.
En fin, lavar los platos, retirar la basura, ir a trabajar todos los días, son condiciones necesarias de su vida, ¿t'que? ¿Las convierte eso automáticamente en trabajo-y-no-diversión? ¡Nada de eso! Si decide usted sus propias actitudes respecto a todo eso sin permitir que se introduz¬can dicotomías artificiales trabajo /diversión, verá que lavar los platos puede ser muy bien "tiempo de diversión", el momento de recordar cuánto disfrutó de la comida que tomó en esos platos; para entregarse a sus pensamientos y reflexiones personales mientras ve cómo fluye el agua y ve sus manos y va limpiando esos buenos y queridos platos otra vez para la comida de mañana; para escuchar su música favorita, charlar con la familia, meditar simple¬mente o cualquier otra cosa que suponga diversión o recreo. (Otra palabra que define la idea juego-y-trabajo en su más alto grado, pues significa auto-recreación).
Lo maravilloso de la actitud holística renovada hacia trabajo y-diversión será, en definitiva que cuanto más aprenda usted a divertirse con su trabajo (su profesión sobre todo), mejor serán, lógicamente, los productos de su trabajo sin que usted se preocupe en absoluto por él. Es decir, su informe como producto no puede, sin duda, ser peor, y yo creo que será inevitablemente mejor a los ojos de los demás si se permite usted jugar con él, disfrutar escribiéndolo. Sus semanas de vacaciones serán mucho mejores si no tiene usted la sensación de que ha sacrificado un año de duro y gravoso trabajo por ellas, y si no se siente obligado a compensar en ellas a toda costa todo ese año de trabajo.
Por supuesto, quizá tenga usted que rechazar a veces algunas supuestas actividades de trabajo o diversión que otros han intentado ilegalmente imponerle. Puede que su jefe sea un autoritario implacable que no le conceda a usted la menor opción de desarrollo y que parezca esforzarse al máximo por convertir su vida en un infierno. Puede que usted no quiera jugar en realidad al tenis esta tarde y que alguien esté intentando arrastrarlo a toda costa a la pista. En ese caso, rechace usted la actividad. Deje su trabajo sean cuales sean los riesgos, o diga: "No, qué demonios, no voy a jugar al tenis esta tarde". Pero sea cual sea su decisión en una situación concreta, si quiere gozar usted del trabajo Sin Límites y de la diversión Sin Límites en su más alto grado, ha de recordar que no puede disfrutar de una cosa sin la otra, y que cuando ha conseguido usted una también ka conseguido la otra.
El propio Robert Frost explicó lo que quería decir en "Two Tramps in Mud Time". Tenía vocación de "poeta". Su diversión era escribir poesía. Creo que toda su obra poética, todo su legado de pensamientos bellos y veraces, resuena tan profundamente en los oídos de tantas personas razonables sólo por el hecho de que logró captar esa unidad fundamental de juego y trabajo en su propia vida y porque logró crearla para sí mismo. Parodiando a otro poeta Sin Límites: «Trabajo es juego, juego es trabajo». Eso es todo lo que aprendes en el mundo y todo lo que necesitas aprender.

Amor /odio

Los autoritarios tienen una firme tendencia a dividir el mundo en cosas y personas que aman, y cosas y personas que odian, desprecian y condenan. "Amo a mi patria; odio a esos miserables que toman lo que la patria les da y luego se niegan a defenderla cuando llega el momento, esos tipos que están contra el reclutamiento." "Amo a mi familia. Odio a ese tipo que vive enfrente." "Me gustan las casas antiguas del centro de la ciudad, pero detesto esas otras nuevas que están construyendo." "Me encanta trabajar en el jardín, pero me fastidia limpiar el sótano." Esta tenden¬cia refleja la intolerancia del autoritario respecto a la ambigüedad y su necesidad de dicotomizar a toda costa, aunque el resultado suele ser amor superficial y odio ciego que, si no es directamente peligroso, llena al menos al autoritario de contradicciones y le hace parecer con frecuencia un imbécil.
Supongamos que dice usted: "Quiero a mi familia, pero odio a esos tipos que toman todo lo que la patria les da y luego se niegan a defenderla" ¿Qué sucede si su hijo adolescente, del que hasta ahora se siente usted tan orgulloso, y que va a una universidad muy buena, decide
de pronto que es contrario al reclutamiento? Usted ha proclamado tantas veces lo mucho que odia a "esa gente" que ahora se ve obligado a odiarle como persona, a retirarle su amor, a menos que logre-hacer u cambiar de idea. Puede que intente usted por todos los medios hacerle cambiar de actitud, que le diga que no le dará más dinero si no recapacita, si no cambia de idea, pero tendrá muy pocas posibilidades de lograrlo. Su odio categórico va contra él de un modo muy personal y emotivo, y si usted no escucha sus razonamientos, ¿por qué va a escuchar él sus gritos? Además, si cede y renuncia a sus convicciones por las amenazas de usted, ¿cómo va a poder sentirse usted luego orgulloso de él?
Ese odio categórico le encierra a usted en un callejón sin salida. Ya no puede decir: "Bueno, odio a todos esos tipos, salvo a mi propio hijo", pues eso sería una falta total de coherencia. El único medio coherente y político de librarse de ese odio categórico y poder discrepar firmemente de él sin sentirse mal, es intentar razonar con él lo mejor que pueda, reconsiderar los pros y los contras del reclutamiento del mejor modo posible juntos y, en último término, hacer cuanto pueda por llegar a un acuerdo. Aunque tarde diez años, aún puede resultarle divertido intentarlo.
Pero si es usted ya por principio un archiautoritario, tendrá más miedo a cambiar su actitud actual que a romper con esa familia a la que dice querer tanto. Repu¬diará a su propio hijo, le obligará a abandonar esa universidad de la que se siente usted tan orgulloso, y probablemente causará un disgusto tremendo a su esposa y a los demás miembros de la familia que pensarán que el amor que siente usted por los suyos ha de ser muy superficial si puede convertirse tan fácilmente en odio automático y repudio de uno de ellos.
Precisamente para evitar este tipo de trampa amor/ odio, los padres prudentes explican claramente a sus hijos: "Yo siempre te querré, aunque deteste algunas de las cosas que hagas". Con ese amor no condicionado, esos padres crean un espacio de maniobra mediante el cual pueden expresar una oposición firme e incluso odio hacia las acciones de sus hijos. ("Me mentiste, es mentira lo que me dijiste como disculpa por haber llegado tarde ayer del colegio. Esa conducta me parece detestable", lo que es distinto a decir: "Te detesto a ti".) No cabe duda de que es posible amar al individuo y detestar su conducta al mismo tiempo.
Según mi experiencia, sólo las familias que han adopta¬do alguna versión de esta actitud básica, esta fusión o conciliación de la dicotomía amor /odio se han mantenido unidas. Las familias en las que se daba por sobrentendido que si detestabas la conducta de una persona en un momento determinado detestabas también a esa persona (le retirabas tu amor) al mismo tiempo, se dispersaron todas como hojas al viento.
Pensando un poco más en la naturaleza del odio, se ve claramente que es fútil odiar a una persona, a cualquiera, y probablemente sea igual de fútil odiar las acciones de una persona, por la simple razón de que el odio en sí mismo es una emoción de reacción (y no un estímulo a la acción constructiva) cuyo principal efecto es sepultar al que odia en un torbellino pasional, en la cólera, en la rabia, en la inmovilidad y en la irritación sorda que acompaña a la inercia o en el atolondramiento absolutamente ineficaz que acompaña al pánico.
No cabe la menor duda de que los mejores soldados aliados de la Segunda Guerra Mundial no eran los que estaban obsesionados por la idea de odiar a "todos los alemanes" sino los que decían: "Alemania padece una espantosa enfermedad política, tan espantosa que moriré combatiéndola si hace falta y mataré a los alemanes que luchan por prolongarla si me veo obligado a ello, pero no odio a todos los alemanes, ni siquiera a todos los nazis. Mi misión es tanto salvar a Alemania de esta enfermedad como salvar al resto del mundo, y, en realidad, lucho codo con codo con los alemanes que han intentado oponerse a ella de un modo u otro y han fracasado, a los que sostienen los mismos principios que yo". Ésos fueron los que pudie¬ron salir y hacer su tarea sin que su buen juicio o su eficacia se viesen mermados de alguna manera por los "ruidos parásitos" internos que engendra el odio; los que estaban demasiado ocupados combatiendo la enfermedad o a la gente que la padecía.
El mismo principio de amar a los propios familiares sin condiciones, como personas, aun cuando se vea uno obligado a oponerse sin condiciones a algunos de sus actos en un momento dado.

La han ampliado muchos grandes pensado¬res religiosos a la idea de amar a todos los seres humanos sin condiciones (como si fuéramos todos miembros de una sola familia), aunque se vea uno obligado a oponerse hasta la muerte a lo que puedan hacer algunos en un momento dado. Ésa es la esencia del pensamiento holístico.
La razón es muy simple: si tiene usted esperanzas, si posee una visión clara de lo maravillosa que puede en realidad ser la vida para usted, ¿por qué no mantener la misma esperanza para todos los demás? ¿Cómo puede llegar a alcanzar la humanidad alguna vez su capacidad plena de felicidad general si la gente no sólo abandona toda esperanza respecto a los demás, sino que, al mismo tiempo, prescinde de cualquier esperanza propia, cosa que uno hace en parte cada vez que abandona toda esperanza respecto a otro? ¿Cómo podrá usted ayudar a alguien (ayudarse a sí mismo incluso) si agrupa a una parte de los seres humanos entre los que odia y a otra parte en los que ama? ¿No pueden todos aquéllos a los que dice usted amar hacer tarde o temprano algo que detesta usted? ¿No puede hacer usted asimismo algo que los que estima y ama detesten y odien? ¿Querría usted que ellos le odiasen por ello? De este modo, todos los habitantes del mundo muy pronto acabarían odiándose; no sólo se envenenarían todas las relaciones personales (y en consecuencia, nuestras propias vidas), sino que dictadores y tiranos tendrían vía libre para manipular los ciegos odios mutuos de los individuos y desaparecería la libertad humana sustituida por los conflictos interminables del odio. En realidad, llevar a su extremo máximo la dicotomía amor/odio siguiendo las tendencias autoritarias, podría llevar muy fácilmente al exterminio total del género humano.
Pensemos, por ejemplo, en las palabras del apóstol san Pablo:

El amor es sufrido, dulce y bondadoso; el amor no es celoso, no obra de forma precipitada o temeraria, no es ambicioso, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal..., complácese en la verdad; todo lo-sustenta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Sólo el amor perdura eternamente. El amor nunca perece. Las profecías se desvanecerán, las lenguas desaparecerán, la ciencia se acabará. Porque nuestro conocimiento es imperfecto, e imperfec¬ta la profecía. Mas cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto.(1)

Si está usted dispuesto a aceptarse como un individuo perfecto ahora, tal como le insté a hacerlo en el primer capítulo, tendrá que permitir usted que "lo perfecto" (la totalidad o la globalidad de su propio yo) surja ahora mismo, y tendrá que olvidar, su odio paralizante hacia los demás, hacia cualquiera, usted mismo incluido. Abandonará usted lo "im¬perfecto"; esas categorías amor /odio, en las que ha empla¬zado tantas cosas y a tantas personas, "se desvanecerán", por el simple hecho de establecer la relación adecuada entre lo que usted ama y quiere nutrir y cultivar y lo que pueda usted odiar, lo que quiera usted eliminar del mundo, en su propia mente. Para mí, la relación adecuada es: "Puedo detestar lo que hacen los demás, pero no tengo por qué odiar nunca a otra persona. En consecuencia, amor y odio no están nunca realmente en conflicto en lo que se refiere a otras personas. Acepto que todo el mundo, incluido yo, hará lógicamente cosas que yo desapruebe en un momento u otro, y que a veces tendré que enfrentarme con ellos para que no las hagan. Pero eso no me impedirá amar básica¬mente a todo el mundo (incluido yo mismo) siempre y tener esperanzas respecto a todos".
La superación de la dicotomía amor /odio en la propia vida personal es algo que han propugnado prácticamente todos los pensadores religiosos. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Toda la filosofía y la poesía realmente grandes pueden iluminar sin duda con nueva luz el significado del amor cada vez que se analizan. Pero, de momento, yo lo interpreto en el sentido de que "si no puede usted amar al prójimo incondicionalmente (prescindiendo de lo mucho que pueda oponerse), no puede usted amarse a sí mismo sin condiciones". Es decir, está usted destinado a amar á su prójimo exactamente en la misma medida en que se ama usted a sí mismo, sin que importe lo mucho o lo poco que sea. Si odia usted a su prójimo y se comporta de un modo dañino para la vida de ese prójimo, eso es una medida perfecta de lo mucho que se odia usted a sí mismo y de lo autodestructivo que es respecto a su propia vida.
Lo último que he de decir es: la elección ha de hacerla usted mismo. Puede seguir dividiendo todas las personas, actividades, acontecimientos o ideas entre el amor y el odio, o puede superar esta dicotomización interminable en favor de la visión holística, la visión Sin Límites, por el simple procedimiento de decidir amarse y amar a las demás personas cuanto pueda, no dejándose alterar o inmovilizar por el odio a esas personas o sus acciones.

Bueno/nudo

Quizá sea ésta una de las dicotomías más frecuentes en el idioma, y, como representa un juicio categórico importante en el que la utiliza, da origen a gran número de abusos.
Oímos decir continuamente: "No es buen chico". "Está siendo muy malo." "Es una buena chica." El supuesto que hay detrás de estas afirmaciones es el de que la gente puede diferenciarse limpiamente en categorías de bueno y malo, y que las personas que son malas no merecen nuestra confianza, mientras que a las buenas hay que felicitarlas. Pero en realidad no existen personas malas. La idea de malo es un juicio moral, y la mala conducta de una persona es la buena conducta de otra y viceversa. Por tanto, las circunstan¬cias influirán, la mayoría de las veces, en lo que se considera bueno o malo. En época de guerra, es malo evitar matar al enemigo, mientras que en época de paz es bueno evitar matar a toda costa. Pese al hecho de que el acto de matar sigue siendo el mismo en ambos casos, los juicios de bueno o malo están siempre cambiando, según el
contexto de la conducta. Así que, según la rectitud de las leyes y de las autoridades legales de la jurisdicción en cuestión, usted, como jurado, por ejemplo, puede acabar extrayendo esta conclusión: «Sí, desde el punto de vista técnico fue un asesinato, porque las leyes de este país prohiben matar a agentes de la Gestapo, sean cuales sean las circunstancias, y este hombre mató premeditadamente a ese agente que iba a llevarse a su familia a un campo de concentración. Pero no puedo condenar a este hombre por hacer eso, así que tendré que prescindir de la definición técnica y votar conforme a mi conciencia: "Inocente"».
Un error básico de la dicotomía bueno/malo, y muy extendido además, es permitir irreflexivamente que leyes externas y convenciones sociales hagan juicios morales por nosotros según las reglas prefijadas. El sistema norteameri¬cano de jurados —así como el sistema judicial de otros países— está organizado lo mejor posible para impedirlo, previendo que el jurado pueda votar lo que quiera sin tener que justificar su voto ante nadie y sin que haya posibilidad de que le llamen a rendir cuentas o de que le castiguen por ello; pero, aun así, muchos jurados y "jue¬ces" de todos los sectores de la vida no tienen, en el fondo, conciencia de ello y votan "culpable" sólo porque el acusado ha violado la ley desde un punto de vista técnico. Así pues, sin que importen cuáles pueden haber sido las agobiantes circunstancias, ellos consideran que hay que defender a toda costa "las leyes", sin considerar un instante que puedan cometerse graves injusticias con los individuos. Para superar este problema concreto de la dicotomía bue¬no/malo, debe usted recordar que toda persona es un com¬puesto de conductas buenas y malas, tal como se definen generalmente en nuestra cultura. En realidad, en cada ejemplo de conducta hay una mezcla de lo que llamamos bueno y malo, y aprender a superar esta dicotomía simplona y a examinar el contexto de la conducta es una forma de pensar muchísimo más amplia. Trascendemos la dicotomía cuando somos capaces de ver que bueno y malo son, en varios sentidos, la misma cosa. El delincuente que ha sido detenido por robo con escalo probablementeserá calificado de "malo". Pero es necesario que examine¬mos las circunstancias del delito. Esto no quiere decir que deba quedar impune el hecho, sino simplemente que puede ser decisivo' analizar al delincuente para poder juzgar con equidad el delito, como en Los miserables de Victor Hugo, en que el culpable roba una hogaza de pan para poder alimentar a su familia hambrienta. ¿Diría usted que los refugiados que cruzan furtivamente la frontera para sobrevivir son todos malos poque intentan conservar la vida y mejorar su vida? Si estuviera usted en su piel, ¿cómo se comportaría? ¿No eran los primeros colonos que llegaron a Norteamérica simples refugiados que penetra¬ban ilegalmente en tierras ajenas (en tierras de los indios)? ¿Eran malos o buenos?
Para trascender la dicotomía debe adoptar usted ese tipo de visión amplia que rechaza la clasificación de. los individuos en estereotipos y que le aporta a usted elemen¬tos para hacer algo constructivo en la tarea de corregir lo que hay que corregir en nuestra cultura.. En vez de limitarse a juzgar a personas y cosas en base a si son malas o buenas, es mucho más eficaz tener en cuenta todos los aspectos y pasar luego a emprender acciones constructivas. La costumbre actual de establecer etiquetas bueno/malo no ayuda más que a mantener las cosas exactamente como están y a crear pequeñas y pulcras categorías de bueno y malo para encerrar en ellas a todo el mundo. En todas las conductas humanas hay una combinación de bueno y malo y lo más eficaz es evitar juicios y decirse uno a sí mismo: "Bueno, quizá me equivoque, así que no adoptaré actitudes taxativas a ese respecto."
Daré algunos ejemplos de juicios tipo bueno/malo que carecen totalmente de sentido: "Hace muy mal tiempo hoy", o "Fue un partido magnífico, pero el de la semana pasada fue horrible", u observaciones similares, en las que se limita usted a proyectar juicios sobre cosas que no son en sí mismas malas ni buenas. El tiempo es el tiempo, y por mucho que lo dicotomice usted, no lo cambiará, así que cuando dice usted que es malo, no hace más que expresar en voz alta su decisión personal de sentirse alterado por él,
de permitir que le moleste. ¿Por qué no considerar hermosa la tormenta, adoptar el punto de vista holístico de que si todos los días fuesen claros y soleados la tierra sería estéril, sería un erial,'y gozar del tiempo tal como es? Asimismo, quizás haya pensado usted que el partido de la semana pasada fue horrible porque el resultado fue de empate a cero y no hubo jugadas "espectaculares", mientras que el de esta semana fue bueno porque el resultado fue cinco a cero a favor de su equipo, y hubo jugadas espectaculares. Al decir que el partido de la semana pasada fue horrible, lo que dice usted es: "Decido no disfrutar de lo que podría saborear del partido de la semana pasada", pues podría haber disfrutado usted de esa pugna constante de los jugadores de uno y otro equipo por lograr lo que no pudieron lograr, marcar un gol, y de la emoción y la expectación que se mantuvieron durante todo el juego, a la espera de ese gol, que no llegó. Sin embargo, usted decidió hacer un juicio dicotómico de malo/bueno, decidió no disfrutar de lo que veía, o sentirse irritado por ello, desde el momento en que estableció ese juicio, pues desde ese momento no pudo gozar de lo que sucede ahora ni ver lo bueno en lo que etiquetó ya de forma definitiva como malo.
Por último, es muy importante que pensemos en eso que oímos decir a la gente con tanta frecuencia, en esas etiquetas categóricas de "Fulanita no es buena chica", "Fulano es un buen hombre". Existe un paralelismo entre este juicio, que consiste básicamente en calificar a las personas y no las conductas o acciones, y lo que dijimos en la última sección de la dicotomía amor/odio. Diría, a riesgo de hacer también una cierta dicotomización (recor¬dará usted que ya he afirmado antes que el uso adecuado de dicotomías es esencial para el pensamiento y el lengua¬je, que lo que debemos evitar es el uso autoritario de ellas), que tales categorizaciones de los individuos como total¬mente buenos o malos nunca son necesarias ni están justifi¬cadas, y el modo de superar este abuso de la dicotomía bueno /malo es no etiquetar nunca a las personas en sí, sino su conducta en la medida en que sea preciso hacerlo (sin olvidar que toda conducta contiene necesariamente algo bueno y algo malo). Por ejemplo, supongamos que usted dice: "Fulanita no es una buena chica" porque es incon¬trolable en clase, porque supone un continuo problema de disciplina para sus profesores. Pero si lo piensa bien, esa misma característica de incontrolabilidad puede convertir¬la en el futuro en una gran dirigente o en un genio creador, siempre que la gente no se empeñe en intentar destruirla etiquetándola categóricamente como "mala" en vez de intentar ayudarla procurando encauzarla hacia un ñn bueno. Puede ser también que eso sea lo que más le guste a usted ahora de esa chica en determinadas circunstancias. Quizá pensó usted que debía llamarle la atención al ver que replica a ese individuo presuntuoso que siempre anda fastidiándola, y fastidiándole a usted, pero es muy posible que en el fondo se dijese: "¡Ánimo, chica! Ojalá tuviera yo valor suficiente para hacer lo mismo".
Si examina usted meticulosamente esos juicios categóri¬cos de bueno/malo, correcto/incorrecto y otros, podrá superar el mal uso que de todos ellos se hace, rechazando unos como completamente 'absurdos y otros porque no tiene usted ninguna necesidad ni motivos reales para hacerlos.

Patriótico/antipatriótico

Como recordará usted de los comentarios sobre ese rasgo superpatríótíco de los autoritarios, esta dicotomía concreta muy bien puede llevar a consecuencias sociales espantosas de alcance nacional o internacional. Diferencia básica entre esta dicotomía y otras como bueno /malo, correc¬to/incorrecto, es que mientras estas últimas tienen ciertos usos legítimos, como cuando ha de hacer usted en términos prácticos un juicio moral, es muy difícil ver usos legítimos de ningún género en la dicotomía patriótico/antipatrióti¬co. La verdad es que se trata de una dicotomía artificial. Un individuo puede amar a su patria apasionadamente y aun así pensar que ésta es injusta con sus ciudadanos. Un individuo podría negarse a matar a otros y aun así amar a su patria, o exactamente lo contrario: ir a la guerra y matar al enemigo y aun así ser un traidor a la causa de su patria. En realidad, la decisión de ser patriota o no es una elección, y no se puede condenar a nadie por discrepar vehementemente de la conducta de los dirigentes de su país.
Los países, por otra parte, no son inmutables. Están formados por dirigentes y ciudadanos, que pueden ser honrados y absolutamente inmorales al mismo tiempo. La idea de que hay que defender la patria con razón o sin ella no cabe en el marco vital del individuo Sin Límites. Sólo usted puede contestar por sí mismo a la pregunta de qué significa en su caso el verdadero patriotismo y el verdadero amor al propio país, y cada individuo tiene el deretho inalienable a decidir tal asunto por su cuenta. Por tanto,, ¿qué objetivo patriótico serviríamos etiquetando como patrióticas o antipatrióticas las actitudes de otro? Al hacerlo, negamos o conculcamos su derecho democrático a tener opiniones propias. Le aislamos del proceso político como conjunto, le desacreditamos como persona por pensar como piensa, y procuramos que otros tengan prejuicios contra él, con lo que acentuamos el dominio de la cadena de autoritarismo y sumisión a la que nos hayamos apun¬tado.
Para superar esta dicotomía, el método más simple es sencillamente no utilizarla nunca... salvo que pueda usted verle alguna utilidad que considere legítima en determina¬da situación, pero me sorprendería mucho que la encon¬trase.
A este respecto, quizá le ayude el preguntarse si tiene alguna utilidad práctica para la humanidad en su conjun¬to esta actitud nacionalista con que los norteamericanos —pero no sólo ellos, como es sabido— dividen hoy mental¬mente a todo el mundo.
La idea de patriotismo, o amor al país natal como valor positivo, depende de que usted reconozca, en primer término, a su país, la zona geográfica concreta en la que vive, el sistema político, económico y social, como una entidad importantísima. .Al aceptar por ejemplo, la idea "norteamericano" como "identificación primaria" de usted mismo, se verá tentado de inmediato a considerarse americano como opuesto a alemán, ruso o japonés.

Quizá no haya peligro alguno en ello y entienda por tal cosa sólo una oposición que entraña una diferencia intras¬cendente aunque de cierto relieve. El que tenga usted quizás una determinada herencia cultural distinta de la de muchos rusos, o incluso el que vea usted a Estados Unidos empeñados en una lucha con la Unión Soviética, por ejemplo, para ver si nuestra filosofía política "dominante" puede permitirnos vivir mejor a los norteamericanos que a los rusos la suya.
Pero si su identidad fundamental como norteamericano significa para usted que "tenemos que derrotar a esos rusos cueste lo que cueste", si se considera usted básicamente parte de un país cuya obligación es ampliar los dominios del "mundo libre", entendiendo por tal los territorios y esferas de influencia norteamericana, si define usted su patriotismo como amor a su país y "odio a otros países o a sus habitantes", entonces se somete usted a la idea de que todo el planeta y todos sus habitantes, incluido usted, no son más que grandes peones de lo que el letrista de una canción llamó "El juego patriótico", refiriéndose a la carnicería que provocó en Irlanda el patriotismo ciego:

Venid todos, jóvenes rebeldes, y alistaos mientras yo canto;
El amor a la patria es algo terrible.
Borra el miedo con la velocidad de una llama
Y te mata del todo en el juego patriótico...

Y ahora estoy tendido, el cuerpo lleno de agujeros. Pienso en esos traidores que pactaron y vendieron. Lamento que mi fusil no haya hecho lo mismo con los traidores que se vendieron en el juego patriótico. (1)

Esta canción, amargamente irónica, nos mueve a pre¬guntarnos qué es ese juego del supuesto patriotismo. ¿No sirve para hacernos olvidar que antes de que hubiera naciones había personas, había vida, y para hacernos aceptar que ahora nosotros, los que estamos en el "mundo libre", y la gente que está allá, en el "submundo", somos en realidad representantes de las fuerzas dicotomizadas del bien y del mal, exclusivamente destinados a combatirse hasta que "nuestras patrias" superen a las suyas, o viceversa?
La ampliación natural de la tendencia a identificarse con la patria en cualquier sentido primario es la tendencia a dicotomizar arbitrariamente el mundo entero en "líneas de combatientes", y a oponerse en el propio pensamiento a masas inmensas del resto de la humanidad en algo que, según mi opinión, carece por completo de base real.
En consecuencia, el que se caliñque usted de patriota es exactamente igual de malo que el que califique a otro de antipatriota, en la medida en que le enfrenta a usted con millones de personas, a las que ni siquiera conoce, sólo porque viven en otros países. Puede que se aferré usted a la idea de que deben imponerse en el mundo su país y los "ideales" de ese país; puede que dé usted por supuesto, también, que todos los demás son iguales que usted. Dará entonces por supuesto que el ruso verdaderamente patriota estará tan decidido a propiciar la conquista del mundo por parte de la Unión Soviética y sus ideales, como usted por su patria y los suyos. Da usted por supuesto que los habitantes de los países "extranjeros" están acechándole continua¬mente, están contra usted.
Todas las grandes revoluciones, incluida la Guerra de Independencia norteamericana, fueron obras de traidores a su propio país. La idea de traición depende claramente de quién establezca la etiqueta. No hay duda de que George Washington y Thomas Jefferson fueron a un tiem¬po-traidores y patriotas. Como con todas las dicotomías, resulta que, en un examen, se descubre que hay cierta ver¬dad en ambos extremos y que para poder ver adecuada¬mente la realidad hemos de fundir esa dicotomía. El indi¬viduo SZE se siente comprometido con verdades internas y nunca está limitado internamente por esas barreras artifi¬ciales que llevan a la dicotomía patriota /traidor.
Por tanto, para superar la dicotomía patriota/antipatriota, creo que lo mejor es olvidarla, no utilizarla nunca y, además, olvidar esa terca insistencia en que un norteamericano (o lo que se 'considere usted a sí mismo) es algo opuesto a un miembro de otra nación o de otra cultura. Concíbase usted como un ser humano entre todos los millones de seres humanos que pueblan el planeta: un individuo global y Sin Límites.

Nosotros/ellos

Esta última dicotomía representa el resultado ñnal de toda la dicotomización autoritaria, que consiste en dividir el mundo en todas esas personas a las que considera "a su lado" y todas aquellas que están "contra usted". Haya usted decidido clasificar a otra como "débil" y considerar-se usted "fuerte" o a la inversa, haya decidido usted considerarse "maduro" y considerar a otro "infantil", o haya decidido usted considerar a otros "incivilizados" y considerarse usted "civilizado", lá consecuencia de todo acto de dicotomización de la humanidad es la separación entre el grupo que usted ama y el grupo al que usted odia. Es colocar a los que etiqueta como "buenos" frente a los que etiqueta como "malos", y eso engendra en general todo género de divisiones artificiales innecesarias, y con frecuencia peligrosas, entre usted y esos otros seres humanos que ocupan con usted este planeta. En suma, cuanto más autoritario se haga su pensamiento, más "encerrará" a las personas en categorías ajenas y negativas.
Cuando opta usted por la dicotomía nosotros/ellos, empieza precisamente en ese momento a pensar del modo siguiente, con todos los prejuicios obvios inherentes a esta actitud:

Yo soy espontáneo Tú eres desorganizado Ellos son holgazanes
Yo soy educado Tú eres pasivo Ellos son tímidos
Yo soy tenaz Tú eres agresivo Ellos son molestos
Yo soy naturalista Tú eres incivilizado Ellos son salvajes

Vea, pues, cómo cambia el tono cuando uno piensa en función de dicotomías. Recurre usted simplemente a un concepto menos halagador para describir el mismo tipo de conducta. Pero la dicotomía produce un tipo de división nosotros/ellos' que, en vez de unir a los individuos, los separa.
Puede usted superar la dicotomía nosotros /ellos incluyen¬do a lodos en un nosotros, admitiendo el simple hecho de que todos somos partes iguales de la vida ahora. Todos juntos, admitiendo que los mendigos de las calles de Nueva Delhi, la gente de las barcas de Malasia, la realeza inglesa, el obrero de Detroit y usted (sea quien sea) son partes iguales de la humanidad ahora.
Todas las dicotomías aquí enumeradas, y otras que pueden surgir mientras procura usted eliminar este tipo de pensamiento disgregante, son tendencias que llevan a fa separación y no a la unidad, a la escisión y no a la integración holistica, y que subrayan las diferencias en vez de intentar resolverlas. Ño es fácil dividir el mundo en dos bloques, en blanco y negro, y los que lo intentan raras veces logran que este mundo sea un lugar mejor para todos. El mundo se mueve siempre en el gris, y si usted pretende diferenciarlo taxativamente, en lo negro y lo blanco, no hará más que engañarse a sí mismo.

Para trascender el pensamiento autoritario y dicotómico y lograr pensar de un modo holístico y Sin Límites en su propia vida, tiene que comprender ante todo que una dicotomía rígida no es más que un instrumento humano artificial. Esas dicotomías las utilizan los autoritarios para provocar conflictos entre individuos y sociedades, o entre los individuos mismos, con el fin de favorecer los objetivos de una sociedad autoritaria determinada, o una cadena concreta de autoritarismo y sumisión. Cuantas más dicotomías logre superar y cuantos más medios pueda idear para superarlas, más pasos individuales dará por la vía del pensamiento y la vida Sin Límites:

 

 
 
 
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