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EL CIELO ES EL LIMITE

Capitulo 1

Nadie le impide ser perfecto

Wayne W. Dyer

 
 

CAPITULO 1

Del SZE a la personalidad Sin Límites


NADIE LE IMPIDE SER PERFECTO

Hace unos años, cuando participaba yo en un programa nacional de televisión, una mujer me hizo una pregunta que, a juzgar por su tono, pretendía ser hiriente y despecti¬va: "Dígame —me espetó—, ¿cómo se siente uno cuando es perfecto?".

 
   

Aquella mujer, como la mayoría de las personas, parecía considerar una especie de pecado el que uno se creyese perfecto: uno ha de sentirse insatisfecho consigo mismo y procurar continuamente lograr el ideal que otro tiene de lo que es ser perfecto y que, por supuesto, siempre resulta inalcanzable. Es probable que esta mujer piense también que lo que es perfecto ha de permanecer siempre tal como es: que una persona "perfecta" jamás habría de cambiar o de desarrollarse. De hecho, es probable que piense que sólo Dios es perfecto, y que por eso considera un terrible pecado de orgullo el que yo admitiese que, en ciertos sentidos concretos, he llegado a la conclusión de que usted debe permitirse a si mismo considerarse perfecto si alcanza su capacidad plena como ser humano.
Recuerdo que le contesté a esta mujer lo siguiente: "

Es absolutamente válido considerarse a sí mismo perfecto. No equivale, ni mucho menos, a ser presuntuoso, a creerse superior al resto de la humanidad ni a carecer de motiva¬ciones para seguir desarrollando la propia personalidad".
Sabe usted muy bien que el océano es perfecto. También lo son las flores, el cielo, su gatito y todas las cosas existentes. Son todo lo perfectas que pueden ser, aunque estén continuamente cambiando.
 

 E1 cielo no es el mismo de hace una hora, pero sigue siendo perfecto. Su gato cambia continuamente, y, sin embargo, no es menos perfecto por ello. Usted puede evolucionar, cambiar y ser distinto de mil modos, y, sin embargo, ser una criatura perfecta. La esencia de su perfección es su propia capaci¬dad para verse a sí mismo, para aceptar lo que ve como perfecto en el momento presente, y ser luego capaz de convertirse en algo completamente distinto, pero perfecto aún. Resulta irónico que consideremos siempre perfectos a los animales, y nos neguemos, por otra parte, esa misma cualidad a nosotros mismos.
Somos las criaturas más perfectas que pueden crearse en este planeta: de eso podemos estar seguros. Usted es el resultado de millones y millones de años de evolución, la obra de Dios y de todas las demás influencias que han conformado su llegada aquí. Físicamente, no puede llegar usted a ser mejor de lo que es. Su cuerpo y su mente (si quiere diferenciarlos) son los modelos más perfectos de la naturaleza hasta la fecha para asegurar la supervivencia y la perfección de una especie viva en la Tierra. Debería usted maravillarse todos los días de sus propias potencias y capacidades.
Ser perfecto significa verse a sí mismo con ojos nuevos. Significa permitirse llegar plenamente a la vida, en vez de andar siempre dando vueltas, pensando que aún no es usted lo bastante bueno para incorporarse a la Gran Competición. Significa respetar su propia humanidad y su ilimitada capacidad como ser humano. Significa concederse permiso para desarrollarse y alcanzar los niveles más altos imaginables. En este sentido, tiene usted capacidad para ser perfecto. Puede considerarse usted una obra concluida (sin tener que presumir ante los demás ni demostrar nada a nadie) si cultiva el equilibrio, la confianza y la sensación de orgullo interior de los que hablaré en estas páginas, dándose al mismo tiempo la posibilidad de una plenitud humana total.

ENFERMEDAD, SALUD Y SUPERSALUD:
EL MODELO MÉDICO

Si considera usted el modelo médico para el tratamiento de la enfermedad en nuestra cultura, descubrirá que la mayoría de los que practican la medicina operan entre el punto A y el punto B, siguiendo el proceso de continuidad que se índica a continuación:
 


A B C
Enfermedad "Salud normal" "Supersalud"
Tratamiento médico Medicina preventiva Iniciativa individual

El punto A representa la enfermedad que exige tratamien¬to médico; que llevará a la recuperación de la salud normal o a la enfermedad crónica o a la muerte del individuo. El punto B representa una ausencia de síntomas de enfermedad, o lo que llamamos "salud normal".
Casi toda la práctica médica de nuestra cultura se centra en el tratamiento y la eliminación de la enfermedad. Entre los puntos A y B hallará usted todas las enfermedades que afligen a la especie humana, y una especie de programa para tratar cada una de ellas. Buscamos obsesivamente medios para hacer desaparecer la enfermedad, para hacer pasar al individuo al punto B.
Entre el punto B y el punto C, lo que yo he denominado "Supersalud", se extiende el fértil territorio de la "medici¬na preventiva", que abarca desde la administración de vacunas y la limpieza de los dientes, el fomento de un ejercicio físico regular y una nutrición adecuada, pedir que los trabajadores no aspiren amianto o polvo de carbón, a consideraciones ambientales, como la contaminación, o el agotamiento de la capa de ozono de la Tierra.
Hay, desde luego, muchos individuos que practican la medicina con un sentido racional de su tarea y otros que abogan o practican la medicina preventiva, y una minoría, pequeña pero que crece esperanzadoramente, que desea ampliar el campo e incluir todos los aspectos de nuestra existencia que contribuyen a la mala salud, desde los factores físicos a los mentales y los ambientales. Hay unos pocos que empiezan a considerar seriamente las posibilida¬des de una medicina de la conducta y los métodos para enseñar a las personas a pensar, sentir y actuar de forma sana, desde el principio mismo de sus vidas. Pero incluso los que quieren ampliar la medicina preventiva son muy pocos y los que controlan el sistema tienden a burlarse de ellos. La práctica medica actual se sirve, en términos generales, de tranquilizantes, antidepresivos y drogas de todo género. Los gobiernos de Estados Unidos y otros países han denunciado públicamente en sus informes, de los que se han hecho eco los medios de información, la abusiva utilización de algunas de estas drogas. Sin embar¬go, siguen lloviendo recetas y siguen fabricándose y ven¬diéndose estas drogas en cantidades ingentes. Es también alarmante, y está bien documentado, el volumen de intervenciones quirúrgicas innecesarias. Sin embargo, la práctica del tratamiento médico entre los puntos A y B sigue incesante, y seguirá siéndolo hasta que se opongan a ella los individuos en gran número.
Casi nadie ha pensado actuar entre los puntos B y C hasta el extremo de estudiar a los individuos que son sumamente sanos, vigorosos, felices, plenos, que no tienen dependencias químicas, etcétera, y determinar cuáles son sus características, cuáles pueden ser sus "secretos para gozar de su supersalud".
Esto puede deberse en gran medida a que la "supersa¬lud" es un asunto de elección individual y de iniciativa personal. Si ha empezado usted a hacer pedestrismo, a andar, a jugar al tenis, o a realizar cualquier ejercicio parecido porque su medico le ha advertido que debe adelgazar o cuidar su corazón o aumentar su capacidad pulmonar, se trata de un procedimiento de medicina preventiva destinado a conservar la salud normal. Quizá la¬mente usted el tiempo necesario para los ejercicios diarios y los realice pensando que podría estar haciendo otra cosa. Pero si hace ejercicio a diario "por propia iniciativa", porque le gusta, porque le resulta agradable estar en contacto con su cuerpo y con su asombrosa capacidad para devolver una pelota o correr quince kilómetros, y no lo cambiará usted por ninguna otra cosa ni echará de menos nada mientras lo hace, se trata de una situación completa¬mente distinta. Lo que para otras es una obligación más, para usted es un gozo, y no estará dispuesto a prescindir de él ni siquiera temporalmente por considerar que su "salud normal" ya está asegurada. Es difícil determinar la dife¬rencia entre el ejercicio gozoso y sin conflictos, y el ejercicio como "obligación" en lo que respecta a la salud física; pero, en lo que respecta a la salud mental (¿y quién sabe dónde acaba la salud física y empieza la mental?) es la diferencia entre la personalidad "normal" y la personali¬dad "Sin Límites".
Cuando haya suficientes individuos que lleguen al nivel en que las personas piensan por sí mismas y no necesitan médicos que se limiten a extenderles una receta que les proporcione drogas para controlar "crisis de angustia", entonces "el proceso de «A a B y vuelta atrás»" dejará de ser la norma de la salud física en nuestra cultura. Una persona SZE sabe ya que él o ella, y en una píldora, puede curar su angustia, y, en consecuencia, mirará hacia su interior y no hacia el exterior para curarla. La emoción de practicar la medicina entre los puntos B y C supone que haya médicos que desean que la gente deje de pensar y de vivir de forma insana. Significa enseñar a los pacientes a desear gozar de supersalud, a controlar su cuerpo en vez de fortalecer sus enfermedades utilizando medios externos, como las drogas y los fármacos como único método de tratamiento.

LA PSICOLOGÍA COMO MEDICINA:  ENFOQUE PATOLÓGICO

El campo de la psicología, tradicionalmente considera¬do en un sentido básico como algo anejo a la rama de la medicina denominada "tratamiento", también opera entre los puntos A y B sobre su propio proceso de continui¬dad, que es más o menos éste:

Casi todas las investigaciones sobre la conducta humana se han hecho estudiando a individuos con síntomas entre los puntos A y B que les hacen funcionar por debajo de la media, del llamado nivel "normal" de sus sociedades. Los psicólogos, con la notable excepción de algunos "rebeldes" como Maslow, se han centrado tradicionalmente en sínto¬mas neuróticos, en la depresión y en la ausencia de enfermedad psicológica clínica como indicio de "normalidad". Han escrito profusamente sobre la mala salud mental, pero muy poco sobre la consecución de la sa¬lud mental. Han escrito mucho sobre la necesidad de esforzarse; pero casi nada sobre llegar alguna vez a alguna parte. Enfocan a los individuos como seres que tienen siempre que mejorar en vez de aceptarlos como individuos sanos, tal como son.


La profesión, como el conjunto de la sociedad, parece obsesionada con el futuro y su planificación. No se presta la menor atención al presente ni a cómo disfrutarlo. Todo se centra en estar "bien adaptado" a las cosas tal como son, a ser "normal" o "un individuo medio". ¡Prácticamente no se presta atención a la capacidad innata de todo ser humano para la grandeza! La psicología estudia a los que tienen casi todos los síntomas, y crea luego una teoría de por qué los individuos se comportan como se comportan, basada en la ausencia de tales síntomas clínicos, como objetivo ideal para todo. Los psicólogos analizan a quienes consiguen seguir tirando, no se enredan en problemas y funcionan (aunque no tengan la menor paz interior) y los utilizan como el modelo que todos hemos de imitar.
Existen otras dimensiones, más emocionantes y más significativas, para el estudio de los seres humanos. ¿Por qué no analizar a los que son más felices, a los que alcanzan mayores éxitos, a los individuos más creadores, más cons¬tructivos y más productivos que hay entre nosotros y ver lo que podemos aprender de ellos antes de hacer generaliza¬ciones sobre lo que nos es posible? Sus ejemplos ayudarían a proporcionar fértiles orientaciones que todos podríamos seguir. Éste sería el enfoque positivo de la psicología, y, sin embargo, parece existir una resistencia generalizada al mismo. Maslow utilizó el análisis de la grandeza en su investigación sobre la autoactualización, pero aunque logró importantes aportaciones, sus propuestas no se tienen en cuenta, en términos generales, en la práctica psicológica actual, en parte porque no hay "datos estadísticos seguros" que apoyen sus investigaciones. Pero el hecho es que no puede haber "datos estadísticos firmes" que sean fundamentales para el estudio de la grandeza humana. En principio, es imposible predecir dónde o explicar cómo brotarán en el mundo el genio, la imaginación o la creatividad. No existe ninguna fórmula para llegar a teorías originales o para crear obras de arte originales. Sería absurdo intentar aplicar los instrumentos de medición de la ciencia y los cálculos al estudio de la capacidad humana en primer término. Podemos, claro está, generalizar sobre el tipo de crianza, educación y entorno ambiental que favorecen la aparición de individuos SZE, qué tipos de influencias, actitudes y opciones crean individuos Sin Límites. Pero esos juicios son profundamente subjetivos, pues se basan en la tentativa de entender el funcionamiento interno de "las grandes inteli¬gencias", y Maslow emprendió esa tarea del único modo posible y legítimo, utilizando su mejor "sentido común" para interpretar lo que leía y oía y sentía y veía: el mismo enfoque que yo adopto en este libro.
De cualquier modo, los "científicos sociales" de hoy raras veces se atreven a aventurarse fuera de los campos de estudio en que los "datos" pueden cuantificarse, donde puedan asignarse números a todo, y puedan trazarse gráficos y mapas. Así que siguen con sus investigaciones estadísticas, rellenando lugares en blanco en sus cuestiona¬rios de sí o no, recibiendo sus subvenciones y redactando sus proyectos de investigación y colocándolos en publica¬ciones académicas para que los lean otros investigadores. Si todo individuo es único y cambia constantemente cada día, lo único que se puede decir sobre cualquier dato de investigación social es que corresponde a ese grupo de individuos en ese día concreto, y, teniendo en cuenta la tendencia de los seres humanos a diferenciarse y cambiar, es poco probable que puedan obtenerse los mismos resulta¬dos si se repite el estudio. Estos "científicos" no ayudan a los seres humanos a cambiar y conseguir ser más felices y eficaces. Por el contrario, como muchos de sus colegas de la medicina, vagan eternamente entre los puntos A y B, sin atreverse a creer que realmente podrían estar en un pun¬to C.
No tiene usted por qué caer en la trampa de trazar su "progreso en la vida" únicamente entre "normalidad" y algo peor. Si es usted psicológicamente "normal", es decir, si afronta usted la vida tan bien como cualquiera, ¿por qué no se considera entre los puntos B y C y se olvida de si está o no está más enfermo hoy que ayer; por qué no deja de compararse con todas las demás personas que deciden ser desdichadas y neuróticas? Puede empezar a enjuiciarse a sí mismo de formas nuevas, aunque las profesiones que tratan de la conducta humana no dejen jamás de estudiar en exclusiva lo que consideran enfermedad en otros, sin empezar a centrarse nunca en lo que es posible para la humanidad como objetivo máximo, incluso aunque la "ciencia de la conducta humana" no haga jamás nada por ayudarle. No tiene por qué esperar usted que los burócra¬tas de la profesión se pongan al día. Puede empezar a considerarse a sí mismo y a su vida de un modo emocio¬nante y original que hará que cada momento de su existencia en este planeta merezca la pena vivirse.

DEL PÁNICO AL CONTROL...  Y LO QUE HAY EN MEDIO

Observará que al final de la tabla de la página 24 dice:

Hay varias formas de valorar su "status de desarrollo" actual. Una es calcular su capacidad para resolver proble¬mas o situaciones que se plantean en la vida diaria, y que van desde lo ordinario a lo potencialmente agradable o gozoso y hasta lo trágico. La escala anterior es una medida bien conocida de salud mental. Se trata básicamente de una escalerilla de cinco peldaños en la que usted puede reseñar cómo reacciona normalmente al amplio espectro de situaciones de su vida.

Pánico

El pánico asalta al individuo cuando se enfrenta con problemas y cree no tener capacidad para resolverlos. El pánico significa correr desorientado, no tener confianza alguna en las propias reacciones en una situación determi¬nada; ser impredecible, no merecer confianza a los propios ojos.
Puede enfrentarse, por ejemplo, con el problema de tener que cambiar por primera vez en su vida una rueda del coche pinchada, de noche, en un lugar desierto. Su reacción inicial podría ser el pánico. Quizá se limite a llorar o salga del coche y se ponga a dar vueltas, primero en una dirección y luego en otra. Puede ponerse histérico, gritar obscenidades a la oscuridad, contra el neumático o contra el clavo de la carretera. Gasta usted así mucha energía, pero la gasta toda en cólera, frustración, confusión y conflicto, y no dedica ni un ápice de ella a resolver el problema.
Cuando el pánico domina a los soldados en combate, algunos se levantan de la trinchera y caminan en medio de un enjambre de balas. La mayoría de los individuos que están internados en instituciones mentales por razones de protección, están allí porqué sus vidas físicas se hallan en estado de absoluto pánico y no se puede confiar en que no se dañen a sí mismos o a otros. Su conducta es incontrola¬ble e impredecible.
Todos tenemos pánico en algún momento de nuestra vida, sobre todo cuando nos vemos en un medio extraño y ante problemas que no hemos resuelto nunca. La clave de si quedamos totalmente inmovilizados es el tiempo que estamos dominados por el pánico y cuantas veces ocurre.
Si se da usted un golpe en un dedo del pie por la noche, y se dedica a lanzar gritos y saltar por casa a la pata coja unos minutos, si llega incluso a aporrear las paredes, esto se aproxima al pánico, pero no es grave (en realidad, es una reacción natural) porque no está usted inmovilizado frente a un problema que exige atención. No puede usted desgolpearse el pie. Lo único que puede hacer es esperar que el dolor se vaya.
Pero, claro, si sigue usted gritando sin control tres semanas después, si acusa a su familia de desplazar deliberadamente el mueble con el que se golpeó, si aún sigue hostigando los objetos y a las personas mucho después de haber desaparecido el dolor, sin duda es usted candidato a la hospitalización, porque su pánico ha perdurado dema¬siado y ha adquirido tonos extremos.
Algunas personas se pasan la vida acosadas por uña sensación de pánico respecto a sus trabajos, sus relaciones, sus desdichas financieras y muchos otros problemas. Vagan de un problema a otro, sin saber nunca exactamente qué hacer ni cómo reaccionar, con una especie de continuo torbellino en su interior. Si se encuentra usted en esta situación, sepa que sólo puede desplazarse en una direc¬ción: ¡hacia arriba!

Inercia

El término inercia describe un estado en el que el indivi¬duo es incapaz de moverse, incapaz de actuar. En tal estado se mantendrá usted inmóvil o será arrastrado "en la misma dirección de antes" o según las directrices o las presiones de otros. En lo que respecta a la solución de problemas, la inercia suele seguir a un espasmo de pánico. En el aspecto emotivo va normalmente asociada con la depresión y /o el aburrimiento. Si la depresión es crónica y profunda, o el aburrimiento es "existencial" (es decir, no es aburrimiento o hastío por esta o aquella situación o actividad, sino respecto a la vida en general) puede llevar a la psicosis y /o al suicidio.
Sóren Kierkegaard captó la herencia del hastío existen¬cial en 0 esto o lo otro:

No me interesa nada. No me interesa cabalgar, pues el ejercicio es demasiado violento. No me interesa caminar; caminar es dema¬siado trabajoso. No me interesa tumbarme; pues debería perma¬necer tumbado, y no me interesa hacerlo, o debería levantarme de nuevo, y tampoco me interesa. Summa summarum: No me interesa nada en absoluto.

La depresión y el hastío producen una falta de iniciativa generalizada, una conducta pasiva que empuja al indivi¬duo a quedarse en la cama o en casa sin hacer nada más que compadecerse de si mismo. No sólo padecen esta inercia los individuos, sino también muchas relaciones entre individuos. En él fondo, una pareja que ha tenido peleas escandalosas y serías a diario durante veinte años, seguirá integrada porque ambas partes tienen miedo de hacer algo, porque por lo menos hay "seguridad" (en la forma de predecibilidad) en saber que habrá una pelea a las tres y media esta tarde, y el mundo en su conjunto ha pasado a resultar tan lúgubre que los individuos no pueden imaginar ningún cambio que pudiera significar diferencia apreciable. No pueden imaginar siquiera la posibilidad de vivir a un nivel más alto.
La inercia es mucho más peligrosa y dolorosa que el pánico para el individuo medio o "normal". Cuando carece usted de capacidad de acción, es candidato al género más deprimente de vida imaginable. E1 individuo, en esa situación, vegeta y se deteriora. Puede que la causa principal de tensión y angustia y desgaste del organismo humano no proceda de cambios de trabajo o de emplaza¬miento, o del divorcio, ni siquiera de la muerte, sino más bien de vivir día tras día en relaciones no resueltas, sin saber hacia dónde se va pero sintiendo una depresión crónica respecto a su vida.
La inercia convierte su interior en un torbellino. Y vela con un telón gris el mundo externo.
Si se halla usted en estado de inercia, cualquier paso, cualquier acción que emprenda le ayudará a aliviar ese torbellino. Volviendo a la rueda pinchada en un lugar desierto: después de haber gritado, de haberle dado patadas al coche, de haber maldecido el clavo y haber desahogado su cólera, quizá pierda usted más tiempo aún en un estado de inercia. Quizá se limite a sentarse en el suelo y a mascullar para si. Puede que se meta de nuevo en el coche y se dedique a cavilar un rato sobre su desdicha. Es evidente que si la inercia se prolonga demasiado, nunca llegará a arreglar el neumático... pero usted sabe también que lo de permanecer inerte no resultará eficaz, así que pasa al siguiente nivel de la salud mental en esta escalerilla de cinco peldaños.

Competitividad

Competir significa, bien luchar contra alguien o algo, bien dedicar un considerable esfuerzo o una dosis notable de energía a algo. Competir supone pues, en ambos sentidos, tener determinada dirección, orientarse hacia un objetivo. Supone intentar hacer algo, ya sea eliminar sus zonas erróneas o alcanzar una seguridad económica. Competir no es triunfar, pero al menos se hace algo; es una actitud mucho más positiva que dejarse dominar por el pánico o por la inercia.
Por otra parte, muchas personas para las que competir es la actitud vital dominante dedican su vida entera a competir y a intentar lograr algo sin llegar a conseguirlo nunca. La competición crónica o compulsiva implica un ajetreo constante y un vivir continuamente orientado hacia el futuro. Y muy bien puede mantenerle a usted siempre oscilando de una tarea a otra, incapaz de gozar del presente porque está considerando siempre el próximo objetivo, sin activar plenamente una gran parte de su vida. Son muchos los adultos y los jóvenes que sufren de esta compulsión, esta "enfermedad de la urgencia", en un grado serio. Significa en esencia correr tras algo que siempre se le escapará.


Ha de haber en su vida momentos periódicos en los que usted este aquí, en los que haya llegado, en los que sea capaz de gozar del momento. Pero eso les resulta a algunos imposible. Algunos de estos perennes competidores ni siquiera pueden disfrutar de unas vacaciones. Están dema¬siado obsesionados por lo que han dejado atrás, o por lo que han de hacer cuando vuelvan, así que quieren volver y empezar a planear las vacaciones del año siguiente.
Volviendo a la rueda pinchada: quizá se canse usted de cavilar y vuelva al maletero. Lo abre, y allí está la rueda de repuesto y el gato, pero no sabe colocar el gato ni quitar la rueda. Camina unos cien metros buscando una casa o alguien que le ayude; vuelve luego porque no hay casas ni luces a la vista y porque, en realidad, no le gusta hablar con desconocidos. Quizá no pudiera encontrar una casa ni un teléfono en esa dirección en quince kilómetros. Prueba en la otra dirección, también sin resultado.
Vuelve al coche. Quizá se hunda de nuevo en el pánico o en la inercia. Quizá saque el gato y la rueda de repuesto y considere la posibilidad de interpretar las instrucciones, y luego lo deje porque piensa que ha colocado mal el gato, o ha colocado mal la rueda. Está usted debatiéndose, no resolviendo el problema, pero luchando, compitiendo, y eso es un paso positivo, aunque insuficiente, desde luego. La competitividad puede transformarse en adaptación, en control incluso, o puede fundirse en la inercia o el pánico, o puede convertirse en una forma de vida. Es usted quien debe elegir.

Ajuste

Estar adaptado significa que uno es capaz de seguir, que no permite que las cosas le inmovilicen, que se convierte en un individuo "bien ajustado", y tal parece ser el objetivo de la mayoría de los padres y profesores del mundo. Pero esa "adaptación" tiene una segunda connotación, aun más importante a nuestros efectos, con la que estarán familiari¬zados todos los que sepan lo que es una sierra de marquete¬ría. Una sierra de marquetería es "una sierra en forma de cinta que se tensa en un marco en forma de U y que se utiliza para cortar modelos de madera complicados", y aquí "recortar" significa "formar... conformar según la forma de otro miembro"; ajustarse a una forma ya dada, o adaptarse a un modelo ya establecido. En el campo psicológico, esta adaptación a un modelo ha significado siempre ajustarse al statu quo, conformarse a la imagen de lo que uno debe ser que nos ofrece la sociedad "normal" o "media". Si esto significa recortar algunas de nuestras esperanzas, de nuestros sueños, de nuestras secretas aspira¬ciones, y significa resignarse a que en el proceso queden eliminadas algunas partes favoritas de uno mismo, se dice que "así es la vida", que ése es el precio que hay que pagar por el "éxito" convencional.
Esto aparece una y otra vez en los informes: "Sally es una muchachita bien adaptada. Encaja perfectamente en su grupo. Se defiende bien en los estudios y se relaciona bien con los otros niños". En otras palabras: "Está apren¬diendo a ser exactamente igual que todos los demás. Y a ser una persona obediente que nunca constituirá un problema para nadie".
Volvamos una vez más a usted y a la rueda pinchada: Si afronta la situación, quizá no logre arreglar del todo la rueda, pero al menos no estará inmovilizado, no le acongo¬jará el problema hasta el pánico.
Puede perder algún tiempo aterrado, inerte, o debatién¬dose inútilmente, o puede decidir empezar a resolver la cuestión de inmediato. En los primeros minutos, quizás haya razonado ya: "Bueno, no hay nadie cerca, es una carretera tan desierta que es muy probable que nadie pase por aquí en muchas horas, y si me pongo a leer las instrucciones y actúo meticulosamente, lo más probable es que yo solo resuelva el problema antes de que aparezca alguien que pueda ayudarme". O puede que decida usted: "Es demasiado arriesgado exponerme a arreglarlo mal; encenderé las luces rojas y esperaré pacientemente a que llegue alguien que me ayude. Si es necesario, dormiré toda la noche en el coche". O puede que decida usted ponerse a caminar en una u otra dirección y no parar hasta en¬contrar ayuda, aunque tenga que caminar treinta kilóme¬tros.
Decida lo que decida, si está "sólo adaptándose", su decisión probablemente se ajuste a lo que la sociedad "normal" esperaría de usted en tal situación. Si es usted un joven que nunca ha cambiado un neumático, puede considerarse cuestión de amor propio no buscar ayuda, resolverlo solo. Quizá rechace la ayuda si alguien se la ofrece. Si es usted una mujer que ha considerado siempre que la tarea de cambiar el neumático es tarea de hombres, es posible que ni siquiera considere la posibilidad de resolver el problema sola. Buscará ayuda masculina o esperará a que aparezca un hombre (o quizá tema que aparezca determinado tipo de hombre).
Puede que sea usted tan hábil que carezca de zonas erróneas respecto a esta situación. Si alguien le ofrece ayuda constructiva, usted la aceptará agradecido. En caso con¬trarío, determinará usted, leyendo las instrucciones y mediante tanteos, cómo resolver el problema solo. O puede que decida: "No tengo prisa, no estoy cansado, es una noche agradable: dormiré un rato en el coche y ya resolveré este asunto luego si antes no aparece nadie".
No me opongo a que los individuos aprendan a adaptar¬se, pero considero que no es el nivel óptimo para un ser humano.
Este nivel se considera con demasiada frecuencia el más alto de la escalerilla de la capacidad humana, cuando en realidad está aún a kilómetros y kilómetros de la altura máxima... si es que existe altura "máxima" en realidad.
Habrá oído usted hablar muchas veces de aprender a adaptarse. Los psicólogos de Norteamérica suelen hablar interminablemente de enseñar a la gente a arreglárselas con sus problemas: lo cual significa "eludirlos según las formas convencionales de adaptación". Aunque no hay duda de que es mejor adaptarse que no adaptarse, la mera adaptación está muy lejos del dominio o del control auténtico de uno mismo y de sus situaciones vitales, y aun más de la auténtica plenitud, que entraña cambio, no adaptación.
En el sentido psicológico más amplio que incluye toda la vida del individuo, ¿por qué el individuo ha de aprender sólo a adaptarse, a ajustarse a los problemas o enfermeda¬des del mundo? Adaptarse significa sólo seguir, no permitir que las cosas le inmovilicen, y convertirse en un individuo "bien adaptado", que parece ser el objetivo que la mayo¬ría de los padres, profesores, dirigentes políticos y otras figuras de autoridad de nuestro mundo nos tienen señalado a los demás.
Aunque tuviese usted gran capacidad de adaptación, muy superior a la de los que están hundidos en el pánico, la inercia o el mero debatirse, aunque fuera usted el presiden-te de los Estados Unidos, de la General Motors o de la Universidad de Harvard, hay un lugar mucho más agrada¬ble en el horizonte, un lugar en el que puede estar usted todos los días si lo procura y si se cree capaz de estar allí.

Control

Señoras y señores, éste es el lugar. Control significa ser el amo de su propio destino, ser la única persona que decide cómo va a vivir, a reaccionar y a sentir prácticamente en todas las situaciones que la vida le presenta.
Este libro trata precisamente de este tipo de control: el paso del vivir SZE al vivir Sin Límites. Cuando haya terminado de leerlo y controle su contenido de modo que pueda aplicar su filosofía a su propia vida, deberá pasar muchísimo tiempo en el peldaño más alto de la escalerilla.
No quiero decir con esto que un individuo esté siempre en disposición de control, o en cualquier otro nivel de la escalerilla expuesto aquí, en todas las áreas de la vida. En el curso de nuestra existencia oscilamos muchas veces entre el pánico y el control, y el mejor carpintero o tallista del mundo puede ser un padre pésimo, mientras que "el mejor padre del mundo" puede hallarse íntimamente en un estado de desesperación crónica respecto a su vocación, su matrimonio o cualquier otra cosa. Pero nos hallamos mejor o peor, en lo que respecta a nuestra capacidad para abordar con eficacia nuestros sectores de promesas o nuestro problema concreto, según sea este problema o según sean estas zonas de promesa. Ser un individuo SZE o un individuo Sin Límites significa hallarse más tiempo en situación de control, menos tiempo en los peldaños más bajos de la escalerilla, en más áreas de la vida. En consecuencia, el individuo Sin Límites total controlaría del todo sus propios mundos emotivos. Según Maslow, estos individuos son muy escasos y están muy dispersos, pero existen. Maslow creía que la persona autoactualizada o, según mi versión, el individuo SZE /Sin Límites, tenía que ser raro en nuestro planeta. En realidad, creía que "son muchos los llamados y pocos los escogidos", y que sólo una casta especial de individuos podía lograr lo que yo llamo control total de la vida.
En esto discrepo de Maslow. Yo creo que todos pueden negarse a aceptar actitudes paralizantes ante situaciones y problemas. Y que son ellos, y no una fuerza mística de la herencia, o un signo solar astrológico, o una psicología personal, quienes controlan sus pensamientos y, en conse¬cuencia, sus sentimientos.
Volvamos a la escena de la rueda pinchada para observar lo que es el control. Aunque no haya tenido que vérselas previamente con una rueda pinchada,sabe que esto no es un motivo para que ahora no pueda cambiar la rueda Usted sabe que sabrá hacerlo. Aunque tenga que hacer tanteos y pueda cometer errores, la tarea supone también emoción y aventura y enseña algo nuevo, algo que le será útil para la próxima vez que se le pinche una rueda.
Confié usted plenamente en que podrá dominar la situación, porque cree usted en sí mismo. No hay tiempo para compadecerse de uno mismo o para la idea pesimista de que no será capaz de resolver el problema. Sabe que hay un manual en la guantera, con planos y gráficos e instrucciones detalladas. Ése es el camino.
Los problemas son la sal de la vida. Deberíamos darles la bienvenida con los brazos abiertos. Un individuo Sin Limites no dirá: "Hurra, he pinchado, he aquí la oportuni¬dad de divertirme un poco resolviendo un problema". Si aparece alguien que sepa cambiar un neumático y ofrece ayuda, nadie le dirá: "Váyase, váyase, quiero resolverlo solo". El individuo SZE aceptará la ayuda agradecido y cordial. Y lo mismo el individuo Sin Límites. La diferencia es que el individuo SZE puede alejarse diciendo: "Vaya, qué suerte, podría haber sido un lío", después de haberse quedado sentado al borde de la carretera prestando escasa atención mientras el desconocido cambiaba la rueda, charlando con la mayor cordialidad posible..., mientras el individuo Sin Límites, pedirá al extraño que le enseñe a cambiar la rueda o seguirá el proceso paso a paso para cerciorarse de que el mismo sabrá hacerlo la próxima vez.
Control es el nivel de ser en el que usted es para su propia vida, para su destino, lo que un maestro artesano es para su creación (no un artista).
El control es un nivel que todos podemos disfrutar mucho más tiempo del que nos imaginamos. Este libro trata de cómo lograr el control de nuestro propio mundo, en vez de conformarse con menos. Trata de la búsqueda de lo que usted desea realmente y siente dentro de sí mismo, en vez de resignarse a lo rutinario y permanecer en esos escalones inferiores de la escalerilla. Trata de confiar en uno mismo y de correr riesgos. Trata de alcanzar el éxito del único modo en que puede hacerlo el individuo Sin Límites: persiguiendo lo que es importante para él.
Henry David Thoreau lo expresó de este modo: "Si uno avanza con confianza en la dirección de sus propios sueños y objetivos, para llevar la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado en tiempos normales".

¿QUIÉN PUEDE SER UN INDIVIDUO SIN LÍMITES?

Muchas personalidades del campo de la conducta huma¬na han utilizado terminologías propias para describir nive¬les superiores de evolución emotiva humana, entre ellos el hombre de mi profesión al que más admiro, Abraham H. Maslow. Maslow utilizó el término "autoactualización" para describir a los que él consideraba más evolucionados en cuanto a salud mental. Carl Rogers hablaba de "indivi¬duos que funcionan plenamente"; Eric Fromm hablaba del "individuo autónomo". David Riesman hablaba del "hombre internamente dirigido" y Carl Jung de la "perso¬na individualizada". Hay muchas coincidencias en las características que cada uno de estos investigadores atribu¬yen a la que yo llamo persona Sin Límites, pero existe también desacuerdo respecto a detalles concretos y no hay en sus escritos la menor indicación de cómo puede un individuo alcanzar estos niveles.
Como ya he dicho antes, mi principal desacuerdo con la concepción que tiene Maslow de la grandeza humana del "individuo autoactualizado" se refiere exactamente a quién puede alcanzar esos escalones superiores de la escalera humana. Maslow viene a decir que el estar "completamen¬te evolucionado" queda reservado a una categoría muy especial de individuos selectos. Mi experiencia en mi propia vida, así como mis tareas profesionales de ayuda a los demás, me han mostrado que todo individuo puede alcanzar su propio "nivel máximo de evolución". Estoy convencido de que si usted desea de verdad alcanzar un estadio de vida superior continuo, puede consagrarse a ello sistemáticamente y no existe ninguna razón que le impida conseguirlo. No tiene que ser necesariamente una "persona especial", con la buena suerte de haber heredado "genes autoactualizados", para ser una persona SZE o Sin Lími¬tes. Estoy seguro de que todos los habitantes de este planeta tienen capacidad innata para vivir la vida de un modo satisfactorio y espontáneamente estimulante. Todos pode¬mos liberarnos de los pensamientos depresivos y de las conductas negativas y convertirnos en seres humanos que viven plenamente día a día. En suma, todos los que realmente deseen lograrlo, pueden alcanzar un elevado nivel de salud física y mental, y nadie tiene más posibilida¬des de llegar a ser más autoactualizado o de funcionar más plenamente que los demás.
No debe decirse usted a sí mismo que no puede hacer nada para cambiar su situación porque "siempre ha sido así". No tiene usted que decirse a sí mismo que no puede cambiar realmente o que le es casi imposible alcanzar un estadio superior de existencia debido a que está excesiva¬mente encerrado en sus hábitos. Puede perseguir lo que quiera para sí mismo si se decide a trabajar, día a día, adoptando una filosofía de la vida que le proporcionará el máximo grado de plenitud y felicidad, independientemen¬te de sus circunstancias o de los problemas que haya tenido que afrontar hasta hoy.

¿POR QUÉ SEGUIR AQUÍ, EN PRIMER LUGAR?

¡Parece que lo tenemos todo predeterminado y estableci¬do! Nos hemos convencido a nosotros mismos de que el verdadero fin de la vida es intentar superar a todos los demás y perseguir interminablemente objetivos que siem¬pre se nos escapan. Por todas partes vemos a individuos que se debaten y luchan y se preocupan y convierten la vida en un juego consistente en adquirir posesiones o estatus social en vez de satisfacciones internas. El objetivo de la vida en la sociedad contemporánea parece ser el logro de metas orientadas hacia el futuro, determinadas desde el exterior del individuo: complacer a papá o a mamá o sacar buenas notas, diplomas de las universidades "selectas", títulos profesionales y ascensos, premios, dinero, tres coches, dos televisores, abrelatas eléctricos y por último, unos ahorrillos para la jubilación. Y parece que nadie alcanza nunca el objetivo marcado. Todos buscamos afanosamente objetos externos de uno u otro género hasta el punto en que no nos queda tiempo para disfrutar de la vida.
¿Por qué estar aquí, en primer lugar? Ésta es la primera pregunta que debe formularse usted si persigue una filosofía de la vida que cambie de veras su forma de vivir.
¡Recuerde que no tiene por qué seguir aquí! Como han demostrado innumerables suicidas, si uno quiere largarse ahora mismo, no hay ninguna autoridad, ninguna "ley contra el suicidio", ningún predicador que sermonee sobre la santidad de la vida, que pueda detenernos. "Ser o no ser, he ahí el dilema", y, lo comprenda usted o no, responde a ese dilema diario por el simple hecho de no suicidarse.
Pero: "... os he ofrecido la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Por tanto elige la vida..." (Deuteronomio, 30:19). Para mí esto significa mucho más que "No te suicides" o "Sé un superviviente". Significa elegir la vida en toda su gloriosa riqueza y su potencial ilimitado, eligiéndola por lo que es realmente, el milagro más extraordi¬nario del universo.
"Por tanto, elige la vida..." E1 asunto tiene una carga de absurdo embriagadora Si alguien le dijese: "He colocado ante ti zanahorias y espinacas; por tanto elige las zanaho¬rias", usted muy bien podría decir: "¿Por qué?" La pro¬puesta carece de un "pequeño elemento", algo que indique que las zanahorias son mejores que las espinacas, y que le mueva, en consecuencia, a aceptarlas preferentemente.
Pero suponga que en vez de eso, le hubiesen dicho: "Pongo ante usted zanahorias salteadas con mantequilla y espinacas hervidas con gasolina. En ese caso, la camarera no tendría necesidad alguna de decirle: "Le recomiendo las zanahorias", pero si dijese: "Por tanto, elija las zanaho¬rias", usted podría decir: "¡Por supuesto!".
Y lo mismo sucede con lo de "por tanto, elige la vida". Un ser vivo no tiene más que conocer la diferencia entre la vida y la muerte, que sólo los seres humanos adultos parecen capaces de olvidar, para saber lo que es mejor. Lo verdadera¬mente importante del pasaje bíblico, en mi opinión, es que sólo a los seres humanos adultos se les ofrece la elección entre la vida y la muerte. Somos los únicos seres de la Tierra capaces de decirnos a nosotros mismos: "Algunas vidas, sencillamente, no merecen la pena vivirse. La mía es una de ellas, por tanto, elijo la muerte".
Pero con este valor añadido a la conciencia humana adulta, llega un dividendo aún mayor, porque se ha añadido una dimensión a nuestra capacidad de apreciar la vida. Puede que el significado más profundo del pasaje bíblico sea: "Sólo tú eres capaz de medir la plena diferencia entre vida y muerte, porque sólo tú tienes una visión de las plenas opciones de la vida. El futuro de toda la vida en la tierra ha sido puesto en tus manos. Por tanto, elige la vida". Son relativa-mente pocos los individuos que se suicidan físicamente de forma directa, consciente, "meditada". Estos pocos son los que, sean o no psicóticos, o por la razón que sea (creo que algunos tienen razones que pueden ser legítimas) se han preguntado: "¿Por qué seguir aquí, en primer lugar?" y se han dado esta respuesta: "Para mí ya no existe ninguna razón sólida".
Pero del mismo modo que sólo usted puede contestar: "Ninguna razón sólida", puede usted también decir: "¡To¬das las razones del mundo!"... y hallar más razones para elegir la vida que cualquier otro ser del universo (que yo sepa). Así que, si está usted suicidándose lentamente, o tiene plena conciencia de que en realidad no está viviendo (se siente usted como "un muerto en vida"), puede que no esté "eligiendo la muerte" de un modo directo, pero tampoco está eligiendo verdaderamente la vida; es decir, está usted "varado", como un barco en un arrecife, entre el pánico y la adaptación; y no sabe si la próxima vez que la marea suba flotará o se hundirá.
¿Por qué seguir aquí, en primer lugar? Si decide usted ser creativo al respecto, podría enumerar un número infinito de razones. Pero dado que ya ha elegido usted la vida (considerando que sigue usted aquí), comencemos con una consideración filosófica muy simple: la versión más sencilla que puedo ofrecer de la filosofía de la vida que propongo. Finjamos que el objetivo real de estar aquí, en primer término, es recorrer la vida gozando al máximo, sin maltratar a nadie y realizando tareas que hagan de este planeta un lugar mejor para todos los que hoy viven en él y para los que lo habiten cuando nosotros nos vayamos.
Quizás esto parezca demasiado, pero, como filosofía de la vida, creo que no es "demasiado ambiciosa" para ningún ser humano, y su elemento clave es que parte de usted disfrute de su propia vida. Un distinguido educador, Nevitt Sanford, lo expresó de este modo: "En lo que respecta al equilibrio de los valores humanos, yo colocaría el goce de la vida como prioridad esencial y lo justificaría basándome en que si uno no sabe gozar de la vida, inevitablemente será una carga para los demás".

SZE, ZEN Y "MUGA": EL ARTE DE VIVIR AHORA

Futurización: ese círculo vicioso

Si se propone usted de veras pasar de un estado vital SZE a un estado vital Sin Límites, debe reconsiderar meticulosa¬mente en qué emplea el número limitado de días de que dispone en su vida. Si persigue usted interminablemente los símbolos, distintivos o enseñas que utiliza la gente "normal" para valorar el "éxito" en la vida (cuyo símbolo primario es el dinero), posponiendo indefinidamente su goce de la vida tal como se le ofrece ahora y esperando "vivir de verdad" en una época futura, ¡nunca vivirá usted verdade¬ramente en el presente!
"Futurizar" puede convertirse en el más destructivo de los hábitos. El presente se desperdicia siempre en la planificación del futuro, que nunca llega del todo. Si se propone usted conseguir suficiente dinero para así poder ser siempre feliz, nunca alcanzará la felicidad. Esa persecu¬ción se convertirá en el objetivo único de la vida. Si lo que le estimula en realidad es esa tarea de caza, de persecución, cuando alcalice un cierto nivel de renta elevará el índice de sus aspiraciones y entonces creerá que está necesitado de más dinero.
Si se ha marcado usted como objetivo de la vida el prestigio, el dinero, los premios, la fama o cualquier otra de la multitud de lo que yo llamo compensaciones "externas" que la sociedad intenta venderle continuamente, está usted atrapado en una carrera sin fin en pos del "éxito", lo cual, desde un punto de vista práctico, es la raíz de todas las enfermedades "neuróticas" modernas, entre las que se incluyen la angustia aguda, la tensión, la hipertensión, las úlceras, las depresiones, las' obsesiones, las jaquecas, los calambres, los tics, los trastornos cardíacos y traumas emocionales, así como unas relaciones familiares insatisfactorias, un estilo de vida "defensivo", una falta de amor en su vida y así sucesivamente ad nauseam.
Sin lugar a dudas el futurizar es una de esas grandes zonas erróneas sociales que infestan nuestra cultura. Un individuo SZE puede hacer varias cosas para superarlo y empezar a vivir ahora. Lo primero es reconocer plenamen¬te que el ahora es el único momento que realmente tiene. Es una verdad tan fundamental y tan sencilla que resulta extraño que haya tan pocas personas que sepan vivir en el presente. A menos que se llegue a inventar la máquina del tiempo de la ciencia ficción, y hasta que se invente, en realidad nadie podrá huir del presente y vivir en ningún otro tiempo; pero si deja usted que su pensamiento vague constantemente por todo "el mapa del tiempo", ora lamentando el pasado o sintiéndose culpable por él, ora angustiándose por el futuro, puede usted vivir, literalmente, toda la vida inabsentia: ausente, separado incluso del único tiempo en el que puede "estar viviendo realmente"
"Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación", dijo Henry David Thoreau. Esto puede aplicarse aún mejor a los que vivimos a finales del siglo XX que a los que vivieron en el siglo XIX. Y, siendo así, significa que el círculo vicioso que lo causa, y que Wendell Johnson en People in Quandaries llamaba la enfermedad IFD (Idealización, Frustración, Desmoralización) está en alza entre nosotros... y de ahí nuestra necesidad de entender cómo actúa y cómo se puede superar.
 


En el punto 1 del círculo figura la tendencia a idealizar el futuro; a creer que cuando pase esto o aquello, el futuro será muy distinto y superior al presente. "El viernes que viene me lo pasaré muy bien en el baile; cuando me licencie; cuando me case; cuando consiga ese ascenso; cuando nazca nuestro primer hijo; cuando tengamos la casa nueva; cuando consiga esa prima; cuando lleguen por fin las vacaciones; cuando lleguen nuestros amigos; cuando se vayan; cuando apruebe los exámenes; cuando haya terminado de tramitarse el divorcio"; y así sucesivamente, siempre esperando algo del futuro y empleando el instante presente en planificar, imaginar, esperar, desear y soñar un "futuro tiempo feliz".Como el círculo sigue hacia el punto 2, el resultado predecible es frustración. El futuro nunca se ajustará del todo a sus sueños. En cuanto se convierte en presente, queda "destruido". "El baile no fue tan divertido, en realidad; la licenciatura fue un latazo; la luna de miel se acabó en cuanto se acabó la ceremonia de boda; gasté la prima casi antes de que me la pagaran; las vacaciones fueron aburridas y estaba deseando que terminasen".
El tercer punto del círculo es la desmoralización que siente cada vez que el futuro se convierte en presente y le "desilusiona". Puede derivar en una depresión grave y prolongada, o, si ha llegado a acostumbrarse lo bastante a soportar la desilusión, puede "resignarse" en seguida, e intentar convencerse de que no debe esperar gran cosa de la vida en el futuro. De cualquier modo, ¿qué es lo que hace luego? Vuelve a idealizar el futuro y de nuevo se inicia el proceso. Acaba adaptándose plenamente a una vida de silenciosa desesperación. La única manera de salir de esa trampa, que mantiene inmovilizados a millones de individuos, es deshacer ese círculo y empezar a vivir plenamente su vida HOY.

Para trascender el pasado

Aunque pueda parecer demasiado dolorosamente eviden¬te mencionarlo, lo cierto es que el pasado ha pasado, y, sea lo que sea lo que haya sucedido "entonces", nunca volverá, y nunca podrá recuperarlo. Siempre que se sorprenda mal¬gastando sus momentos presentes paralizado por algo que ocurrió en el pasado, está usted castigándose innecesaria¬mente. El primer paso para superar su pasado es prescindir de las actitudes hacia él que le paralizan ahora. Esto supone cambiar sus actitudes hacia el presente, más que intentar borrar de modo artificial cualquier cosa de su pasado real.
Si ha decidido usted derrochar el presente vagando por el pasado, lamentando las oportunidades perdidas o reme¬morando "los buenos tiempos", lamentándose de que "todo ha cambiado", o deseando poder revivir su vida anterior, no hará más que "asesinar" su presente. Pero si decide usted abandonar el pasado siempre que le impida pensar, sentir o actuar eficazmente en el presente, "su pasado" se integrará en seguida en la perspectiva SZE/Sin Límites.
Quiero insistir en que "abandonar el pasado" no signifi¬ca eliminar su recuerdo, o que deba olvidar usted lo que ha aprendido y que pueda hacerle más feliz y eficaz en el presente. He citado antes pensamientos (filosóficos y poéticos) del pasado lejano y. próximo de la humanidad que creo que son dignos de recordarse, porque contienen verdades que pueden iluminar la belleza potencial de nuestras vidas presentes. A lo que me refiero es a liberarse inmediatamente de esas actitudes aprendidas que le impiden funcionar eficazmente y ser feliz hoy.
Por ejemplo, si acaba de morir una persona a quien usted amaba, es natural que se sienta afligido durante un tiempo. Pero por muy dolorosa que pueda ser la pérdida, el mundo le recuerda a usted la diferencia inconmensurable existente entre vida y muerte, y ése es un mensaje que no puede ignorar. Está obligado en este momento a soportar el dolor; no sentirlo sería inhumano, no expresarlo sería psicológicamente catastrófico para usted.
Pero si se aferrase usted indefinidamente a ese dolor, si no permitiese usted nunca que se disipase y no siguiese viviendo en el ahora, estaría condenándose a vivir eterna¬mente en el pasado, reacción compulsivamente negativa. El dolor no puede hacerle recuperar a la persona amada; únicamente puede purgar su aflicción por la pérdida de esa persona, y, como mucho, conducirle a una entrega aún más decidida a la vida.
Asimismo, si reconoce usted que se ha comportado mal en una situación determinada, que ha herido usted descui¬dada e innecesariamente a otra persona, sin duda puede disculparse, manifestando su aflicción por tal comporta¬miento. Pero si permite que el remordimiento constante no le deje funcionar AHORA, si persiste indefinidamente en ese sentimiento de culpabilidad y sigue obsesionado por algo ya pasado, se está comportando de un modo improductivo. Su vida no mejorará por el hecho de sentirse culpable. Puede usted aprender de sus errores, puede hacer voto de no volver a repetir esa acción que es causa del remordi¬miento, y seguir viviendo en el presente.

Haga las maletas

La historia de su propia vida puede ser para usted una poderosa fuerza positiva o puede interponerse en su camino e impedirle vivir plenamente en el presente, depende de cómo decida usted utilizarla ahora.
El hecho triste es que la psicología, desde Freud, ha enfocado el pasado de los individuos casi exclusivamente en función de las influencias destructivas. Un terapeuta puede pasar meses o años con un paciente intentando sacar a flote traumas olvidados, identificar lo que le hicieron sus padres en la niñez para traumatizarle tanto, etc. Sin duda, puede haber cosas muy válidas para muchas personas en este planteamiento, aunque ojalá los psicólogos fueran tan eficaces ayudando a la gente a superar las influencias destructivas del pasado como lo son para sacarlas a la luz.
Pero, como tan a menudo sucede con el "modelo médico" del tratamiento, psicológico, este planteamiento sólo desentraña la mitad de la historia. Supongamos que el padre de un individuo fue rígido, dominante, demasiado estricto y que el individuo puede atribuir algunas de sus "zonas erróneas" actuales a esa negativa influencia. Es evidente que el individuo debe eliminar esas zonas de su conciencia. Pero, ¿tiene que acabar odiando a su padre por haberle hecho todo eso, tiene que acusarle por no haber sido "perfecto"? ¿Ha de responsabilizarse a ese padre de cosas que sólo el individuo puede cambiar? El resentimien¬to puede convertirse en una zona errónea por sí solo, en una reserva de vergüenza y malevolencia que no sólo es destructiva para ese padre supuestamente responsable, sino también para el individuo.
Y hay otra cuestión igualmente importante y que casi nunca se menciona: ¿Qué valores concretos ha recibido usted de su padre? Quizá su padre le llevara con frecuencia a pescar, quizá le enseñase a pescar, y a usted todavía le gusta hacerlo. ¿Recuerda a su padre con cariño y afecto cuando se divierte hoy pescando?
Quizá la "rigidez" paterna abarcase una devoción absolutamente generosa a la honradez personal, y tal ve/ se lo inculcara a usted. Tal vez algún amigo de la infancia esté hoy en la cárcel por haber caído víctima de la tentación de salirse un poco de la legalidad, pero usted sabe que eso nunca le pasará porque, por alguna razón, tales tentaciones jamás afloran a su pensamiento. Su honradez básica es el orgullo de su vida; pagaría cualquier precio por conservarla; y que nadie se atreva a ponerla en entredicho o a atacarla, porque chocará con una fortaleza inexpugnable.
Pues bien, ¿quién le enseñó a construir esa fortaleza?
Si de veras desea usted convertirse en una persona Sin Límites, el mirar hacia atrás, hacia el pasado, ha de incluir el recoger y apreciar toda la sabiduría, la veracidad y la belleza, todas las fuentes de inspiración, que la historia de su vida le haya proporcio¬nado. ¿De dónde extraerá usted una filosofía de la vida creadora e inspiradora, si no es de la reserva que ha acumulado durante las experiencias de su vida?
Para trascender o superar su pasado, quizá deba empe¬zar por admitir que "lo hecho, hecho está", y prescindir de esas "fijaciones" que le han tenido apresado en el espejis¬mo del ayer y apartado del AHORA; pero tal proceso sin duda culminará cuando haga las maletas, cuando recoja de su pasado todo lo que realmente desee llevar consigo. Una vez "hechas las maletas", sólo tendrá que hacer un breve viaje en autobús hacia el presente.

SZE, zen y "muga"

Rara vez aparece en nuestra cultura el arte de vivir plenamente el instante presente. De hecho, ni siquiera tenemos una palabra corriente o frase constructiva para el arte de vivir completamente en el presente. Los filósofos existencialistas han utilizado el concepto de inmediatez de Kierkegaard para describir ese estado en el que el individuo se halla en contacto directo con su presente: un estado infantil en el que nada obstaculiza su vivencia del instante presente, nada (ni pesares por el pasado ni ilusiones por el futuro) "media" entre usted y el ahora en el que vive. Pero demasiado a menudo esta "inmediatez" se asocia con un estado pueril en el que el individuo no tiene conciencia del mundo más amplio que le rodea. Suele pensarse que cuando uno pasa de la niñez a la edad adulta pierde para siempre este estado de "inocencia", esta alegría infantil de la "inmediatez", y no puede recuperarlo verdaderamente nunca.


Si creemos que todos podemos "vivir ahora" y decidi¬mos buscar ejemplos concretos de cómo cultivar tal arte, hemos de recurrir a otras culturas que han estudiado el asunto con más profundidad que nosotros. El individuo que está dispuesto a vivir ahora puede hallar en el zen un puente fácil para ello.
El zen y el SZE pretenden lograr la paz interior persiguiéndola por direcciones exactamente opuestas. Mientras que el zen se basa en una instrucción de inteli¬gencia a inteligencia entre el maestro y el alumno para lograr el satori, el "despertar" (o la conciencia total del instante presente), el SZE aborda el mismo objetivo sin basarse en otro maestro que usted mismo para dilucidar el camino.
El zen conduce, teóricamente, a una tranquilidad mental absoluta. Hace algún tiempo, la revista Newsweek publicó un artículo titulado "El arte japonés del instante", en el que se analizaba el sistema que sigue la cultura japonesa para cultivar ese vivir pleno en el instante presente: la antigua ceremonia del té, llamada chanoyu.

Durante un instante, no existe otra cosa en la vida más que la sensación del cuenco y del té. Lo que en realidad siente el bebedor de té se resume en el término intemporal japonés mu. En un sentido literal, mu significa "nada" o "cero", pero connota mucho más una concentración intensa y fija en la tarea o el placer inmediato. Se eliminan todas las distracciones. En este "estado cero", el pensamiento sólo se centra en lo inmediato. Lo que caracteriza el triunfo japonés en todas las artes es precisamente esta capacidad para centrarse, para hacer que cada segundo, cada milímetro, cada pincelada o cada raya de las trazadas por una pluma cuenten.

Abraham Maslow decía que la cultura japonesa basada en el zen alcanzaba un nivel mucho más alto que las culturas occidentales en el arte de vivir el instante presen¬te. Maslow utilizaba la palabra japonesa muga para descri¬bir la conciencia plena del instante presente, y definía muga de este modo:

Es el estado en el que usted hace lo que esté haciendo con una entrega total, sin pensar en ninguna otra cosa, sin ninguna vacilación, sin críticas, dudas ni inhibiciones de ningún género. Es actuar de un modo espontáneo, puro, perfecto y total, sin ningún tipo de bloqueo. Sólo es posible lograr esto cuando el yo se trasciende u olvida. (1)
Si logra usted el estado muga en cualquier actividad humana alcanzará un nivel de paz interior y de satisfac¬ción personal que quizá nunca haya experimentado. Si es usted capaz de aprender a concentrar todo su pensamiento presente en un partido de tenis, una larga carrera, una experiencia sexual, un concierto, una tarea creadora, o la obra de su vida, comprobará que experimenta un gozo, un éxtasis ("saliendo de sí mismo") que nunca había creído posible.
Muga, el vivir con plenitud el instante presente, no supone utilizar un truco o un ardid mental para engañarse a sí mismo, ni exige un adiestramiento especializado en el zen o en cualquier otra disciplina. Lo único que ha de hacer es prescindir de las actitudes y las conductas negati¬vas que le han impedido gozar sus instantes presentes durante unos cuantos de esos momentos al día. Todo el proceso de incorporación al presente se inicia con la renuncia al pasado y al futuro en favor del ahora, en el mayor número posible de sus experiencias vitales.

VIVIR AHORA

Supervivencia: hay que vivir ahora

Nuestras vidas son muy frágiles. Querámoslo o no, pueden acabar bruscamente en cualquier momento sin previo aviso. Miles de individuos mueren cada año en accidente de automóvil. Puede que tenga usted amigos o conocidos que han muerto repentinamente de ataques al corazón, o que padecen enfermedades incurables y "les han dado" seis meses de vida. Quizás haya sido testigo de la amarga ironía que significa que la muerte caiga sobre personas que parecían tener por delante una vida larga y prometedora.
Si hay algo que pueda movernos a apreciar el vivir ahora, cuando realmente disponemos de la vida, es comparar la fragilidad de la vida individual, tal como hemos dicho antes, y la capacidad de supervivencia que parece poseer nuestra especie en su conjunto. Pero, en realidad, la capacidad de supervivencia de la especie humana parece basarse en la capacidad de algunos individuos para vivir plenamente el instante presente cuando sus vidas se ven amenazadas.
Terrence des Prés, en su libro El superviviente: Una anatomía de la vida en los campos de la muerte, nos habla de algunas de las experiencias más horribles de que han sido víctimas los seres humanos: la experiencia de los judíos en los campos de exterminio nazis de la Segunda Guerra Mundial. Aunque nuestros problemas cotidianos nos resul¬ten muy reales, normalmente no estamos sujetos a torturas físicas u ofensas morales destinadas a hacernos abandonar toda esperanza. Pero podemos aprender algo sobre el vivir ahora de las almas esforzadas que sobrevivieron en condi¬ciones que liquidaban a casi todos los que vivieron en aquellos campos de muerte.
La conclusión que extrae Des Prés sobre cómo sobrevivieron algunos, es la siguiente:
Sólo una vuelta radical y rebelde a la vida elemental podía mantenerles en movimiento en un universo lóbrego y muerto; minuto a minuto, día a día, mes á mes, año a año. El tiempo se detuvo (cesaron los ciclos menstruales); el lugar perdió significa' do. La inteligencia se encapsuló, como medida defensiva.

Cuando se plantea la necesidad de defender la vida, la reacción natural y espontánea es ir resolviendo la situación día a día, minuto a minuto o segundo a segundo. £1 pasado y el futuro se esfuman. La única base para la supervivencia es el presente. Des Prés nos habla con elocuencia de los que sobrevivieron al Holocausto, de los seres humanos que se vieron encerrados como ganado camino del matadero, que padecieron años de torturas:

El superviviente logró serlo gracias a que poseía capacidad vital. Reducido a la condición de un protozoo informe, se debatió y luchó en el mar. Aguantó porque, arrojado bruscamente a las bases biológicas de la vida, la vida pareció digna de vivirse. La vivió instante a instante en un estado de lucha elemental, centrándose en el pequeño elemento infinitesimal de existencia que tenía ante si: una mano auxiliadora cuando alguien cae, un abrigo que le regalaba alguien que tenía dos, una cabeza de pescado, un cuenco de alubias, un rayo de sol matutino que brilla sobre una hoja de yerba vislumbrado mientras pasan lista, un desahogo del vientre, una colilla, un minuto de descanso al borde del camino. No eran consuelos maravillosos, y los supervivientes tampoco eran una especie de supervivientes zen. Estos consuelos fueron millonésimas de segundo de cordura en una prolongada locura. Puntos de luz en una larga oscuridad.

Parece ser que los que no sobrevivieron cuando aún tenían una oportunidad, fueron los incapaces de refugiarse en el primitivismo total del presente y, en consecuencia, consideraron la vida agradable y prefirieron la muerte.

Normalidad: vivir ahora a veces

Si desea usted realmente recordar lo que es realmente vivir en el presente, absorbido del todo por lo que pasa en este, instante concreto, observe a los niños pequeños. Un niño pequeño puede seguir a un insecto diez minutos, olvidándose de todo lo que no sea la forma fascinante del insecto, su color, sus movimientos. Cuando se cansa de perseguir al insecto, puede pasar a jugar con un compañero y luego dedicarse a tirar piedras a un árbol. Haga lo que haga, está absolutamente sumido en el presente. Esta misma fascina¬ción por el presente es posible para todos nosotros porque todos nosotros llevamos en nuestro interior un niño y un superviviente.
Todos hemos experimentado lo que llamamos "momen¬tos mágicos" en nuestra vida adulta: momentos que en el recuerdo nos resultan perfectos, gloriosos, arrebatadores, beatíficos; estados de entrega total al presente. Es frecuente que "los momentos mágicos" se relacionen con el inter¬cambio erótico; y hay quien puede experimentar esa magia en encuentros deportivos, conferencias, conciertos. Otros pueden alcanzar estos gozos construyendo una sala de juegos nueva, vagando por los bosques o conversando con personas estimulantes. Algunas mujeres me han contado que sus momentos de experiencia muga más intensos se presentaron en el parto, o al tomar por vez primera en brazos a su hijo recién nacido. Algunos pintores me han hablado de la experiencia de trabajar muchas horas seguidas con la fascinación plena de verse totalmente inmersos en su obra. Otras personas con desahogos creado¬res bien definidos me han explicado que pueden pasar doce horas trabajando en una máquina de coser para hacer una prenda nueva, o escribiendo un poema o un libro.
Todos hemos experimentado alguna vez esa sensación de entrega total a lo que estamos haciendo en la que se pierde el sentido del día, la hora, el lugar y cualquier otra medida cuantitativa de "dónde estamos". Trascendemos el tiempo durante un rato. Una reacción típica a una experiencia muga es mirar atrás y darse cuenta del tiempo transcurrido "realmente" cuando en realidad no teníamos ninguna sensación de que pasaba el tiempo. Las horas transcu¬rrieron como si fuesen minutos. Tan perdidos estábamos en el presente, que en realidad llegamos a trascender el tiempo y el espacio.
Todos sabemos lo que es volver a la entrega total al presente. El problema es que, aunque todos hemos experi¬mentado lo que es "vivir ahora" algunas veces, la mayoría hemos tenido muy pocas veces esa experiencia en nuestra vida adulta. El paso del vivir SZE al vivir Sin Límites, supone: (a) cultivar el arte de vivir ahora hasta el punto de poder entrar en el estado muga siempre que queramos; y, (b) entrar en él cada vez con mayor frecuencia y por periodos más largos.
Quiero insistir en que "vivir ahora" no significa negarse a planear el futuro, aunque suponga reducir la planifica¬ción al mínimo posible, ni eliminar toda "planificación" que sea en realidad una experiencia muga, mientras planea unas vacaciones, un proyecto de trabajo o, en realidad, cualquier cosa que se proponga hacer. Siempre que no "ponga usted su corazón" en las compensaciones que va a proporcionarle una experiencia predeterminada o ideali¬zada, y, en su lugar, disfrute de su tarea planificadora (examinando folletos de agencias de viaje, averiguando cosas de los lugares que se propone visitar, buscando el lugar que le parezca más adecuado para usted) en función de lo que es (una experiencia ahora, y no una "apuesta" por el futuro rechazando el presente), hasta el hecho de planear puede convertirse en un placer del momento presente.
Pero aprender a entrar en el estado muga a voluntad y de esta forma aumentar las experiencias muga en la propia vida exigirá a la mayoría de las personas un gran esfuerzo de autodisciplina, una remodelación básica de actitudes e ideas.


Compromiso


La etapa final de vivir el instante supone la realización práctica de ese objetivo, el compromiso de entregarse a la tarea. Los existencialistas franceses tenían un término para expresarlo... engagé. Significa estar comprometido en algo que tiene un significado tan profundo para el individuo que, cuanto más profundamente se permita dedicarse a ello, más creador se permitirá ser en su consecución, más recursos internos consagrará a "trabajar en ello'', más vivirá ahora el individuo.
Mi experiencia personal me ha demostrado que mi trabajo (el asesoramiento, los libros, las conferencias, las actuaciones en defensa de lo que creo que es lo mejor en el campo de la salud mental) ha sido la fuerza más constante, el motor básico de mi propia dinámica personal, lo que más me ha empujado a convertirme en una persona Sin Límites.
Ya hablaré más adelante de la importancia del significa¬do y el objetivo en la vida Sin Límites. Pero ahora quiero subrayar que "vivir ahora" en el propio trabajo, carrera, vocación, "profesión" o como se quiera denominar la forma en que uno pasa la esencia de sus días, suele ser (no siempre lo es) básico para lograr un nivel de existencia Sin Límites. Es decir, si no ha hallado usted un medio de satisfacer su vocación, es muy probable que se sienta aburrido, frustrado, deprimido. Quizás haya encontrado un medio de "compensar" la falta de contenido de su trabajo de nueve a cinco encontrando un propósito, un contenido y un compromiso en los papeles que interpreta en sus horas libres. En un pasatiempo, que es una actividad independiente de su vocación que le saca de su tarea primaria y le proporciona goce y satisfacción, como una afición, un trabajo voluntario de unas horas, o lo que sea. Robert Frost, uno de los grandes poetas Sin Límites de este siglo, expresó de modo perfecto el ideal de unir lo que uno ama a aquello en lo que uno "trabaja".

Pese a lo que pueda rendir su separación,
mi objetivo en la vida es unir
mi pasatiempo y mi vocación
igual que en la visión se funden los dos ojos.

Sólo donde necesidad y amor se unen,
y el trabajo tiene intereses mortales,
se crea de veras
en pro del Cielo y en pro del futuro. (1)

No obstante, es evidente que no todos pueden ser lo bastante afortunados como para conseguir concretamente el trabajo que quieren realizar. Puede que a usted le gusten los animales y quiera colocarse ayudando a un veterinario, pero tal vez ningún veterinario en cien kilómetros a la redonda necesite ayudante. Quizá tenga que "conformar¬se" con otra cosa, por lo menos temporalmente. Si lo hace, ¿puede usted permitirse perder el tiempo en su trabajo odiándolo y futurizando el momento en que consiga el trabajo que realmente desea hacer?
Claro que no... pero, por suerte, la unión de vocación y pasatiempo y el logro de ese compromiso en su trabajo depende tanto de su capacidad de amar lo que hace como de su capacidad para hacer lo que ama: si ha cultivado usted lo suficiente el arte de vivir ahora, puede hallar sentido, emoción y plenitud en cualquier trabajo.
¿Por qué un basurero es hosco, golpea los cubos con rabia y deja basura por la acera, mientras otro es siempre cordial, limpio, y nos dice: "Es fascinante comprobar lo que tira la gente; el arqueólogo que excave los montones de basura de aquí a mil años se va a divertir mucho intentando descubrir qué es todo esto", o: "Sabe, van a abrir un nuevo centro de reciclaje para latas y botellas unas manzanas más allá"? La basura, los camiones, el jefe y la paga son iguales para ambos, así que juzgue usted mismo y determine por qué uno de ellos es feliz y constructivo y el otro desgraciado y destructor.
Aunque comprometernos con nuestra vocación sea esencial para el arte de vivir ahora para casi todos, y ha impulsado a muchos a crear nuestras grandes obras de arte, a lograr nuestros mayores descubrimientos científicos y a convertirse en benefactores de la humanidad, la persona Sin Límites es capaz de entregarse por entero virtualmente a todo lo que pueda hacer, desde arreglar unos zapatos a aterrizar en la luna.
Dije antes que el SZE enfoca el "vivir ahora" desde una dirección y que el zen lo aborda desde la contraria. Esto se debe, en parte, a que el individuo SZE no se apoya en ningún "maestro" que le enseñe el camino, sino que él solo crea su propio camino. Pero lo que quizá sea aún más significativo es que el zen se apoya en periódicas huidas del mundo para alcanzar estados muga, mientras que la persona Sin Límites busca un compromiso más pleno con el mundo para alcanzar esos mismos estados.
No quiero decir con esto que el alivio, el vigor y la paz interior que proporciona la meditación zen no puedan exteriorizarse en el mundo; se puede hacer y se hace, con resultados muy saludables. Si la experiencia muga, tal como yo la he explicado, no tiene sentido para usted, pues le cuesta mucho trabajo imaginar (o recordar) lo que es vivir ahora, quizá sea oportuno que pruebe si el zen, el yoga u otras artes orientales de cultivo del muga pueden proporcio¬narle las ideas y sentimientos que necesita usted para cruzar el puente y vivir sin límites. Pero yo creo que el zen no es más que uno de los posibles puentes para vivir ahora, y que, como filosofía, está lejos del lugar al que queremos llegar: de nuevo al mundo, en toda su gloria.
Compromiso: la riqueza de este concepto es tal que abarca desde el pensamiento de los existencialistas al fenómeno del parto.
Un punto crítico en la etapa final del embarazo humano es el del "compromiso", en el que el feto deja de flotar en el claustro y encaja la cabeza en la pelvis de la madre, preparándose para el parto. La comadrona sabe que la vida se dispone a salir al mundo.
Eso es lo que yo realmente pienso del "compromiso": dejas de flotar en el claustro y sitúas la cabeza, disponién¬dote a vivir en un mundo completamente nuevo que está a punto de abrirse a tu alrededor. Te preparas para encon¬trar ese mundo con el asombro boquiabierto del recién nacido y la sabiduría acumulada de su madurez. Compro¬miso significa que estará viviendo ahora antes de darse cuenta.
Un ejemplo del poder práctico del compromiso en la vida cotidiana: ¿Le ha sucedido alguna vez que estuviera muy acatarrado y no dejase de toser, estornudar y mo¬quear, y tuviera al mismo tiempo algo muy importante que hacer? ¿Qué sucedió?
Su organismo bloqueó el catarro hasta que terminó esa tarea importante. Quizá tuviera usted que pronunciar un discurso decisivo. Quizás estuviera usted haciendo subma¬rinismo por primera vez, o tuviera un examen que no podía aplazarse. Una vez pasada la prueba, el catarro continuó. Tenía mocos, tos, estornudaba, etc. Pero mien¬tras estaba usted consagrado plenamente a su actividad, no había ni síntomas de catarro. ¿Por qué?
¿Ha advertido alguna vez lo mucho que se cansa cuando tiene que hacer algo desagradable, y que en cambio apenas advierte la fatiga cuando está entregado a un proyecto estimulante? Puede pasar días y días durmiendo muy poco si está redecorando la casa, escribiendo un libro importan¬te, aprendiendo a pilotar un avión o viajando por lugares nuevos e interesantes. Y, sin embargo, se queda exhausto en seguida cuando tiene que afrontar un proyecto que le aburre. ¿Por qué?
Creo que la respuesta es muy simple: cuando está usted creadoramente entregado a su vida, no tiene tiempo para la enfermedad ni el cansancio. Del mismo modo, cuando está usted ocupado, activo y vive sus instantes presentes, el tiempo parece pasar con excesiva rapidez; no hay, eviden¬temente, tiempo para la depresión o la angustia. Está usted libre de cuidados aunque el "telón de fondo" de su vida pueda ser exactamente igual de real aun. Cuando trato en el asesoramiento a una persona que sufre depresión, descubro invariablemente que el antídoto es algún tipo de actividad satisfactoria. La decisión final no consiste en "desmenuzar" la niñez del individuo, en acusar a sus padres o a otras personas de sus problemas, sino en ayudarle a encontrar el medio a entregarse más a la vida. La gente que está ocupada, raras veces tiene tiempo para inhibir problemas emotivos. Estar demasiado ocupado puede convertirse por sí solo en una enfermedad, no cabe duda, pero lo esencial aquí es que estar vivo en el presente es el antídoto más poderoso que existe para la confusión emotiva o la depresión, y la capacidad de vivir en el presente es, en esencia, una habilidad que ha de cultivar usted en el curso de su vida cotidiana.
Si está usted, por ejemplo, esperando en una cola para coger gasolina, maldiciendo contra la escasez de combusti¬ble y cada vez más furioso contra los jeques de Oriente Medio, las artimañas de las empresas petroleras y los manejos de las burocracias de Washington, habrá usted elegido la vía de desperdiciar este instante presente de un modo inútil y negativo. Seguirá esperando en la cola, si es que decide hacerlo, pero de usted depende cómo decida esperar. ¿Podría utilizar el tiempo de modo productivo, dedicarse a escribir cartas, a leer una novela, a hablar con otros sobre la estructuración de otros estilos de vida y liberarse así y dejar de ser rehén de los ejecutivos petroleros del mundo? ¿Es que no puede encontrar ningún medio para que la situación actúe en su favor y no contra usted?
En mi campaña personal para cultivar el arte de vivir ahora he descubierto que el aumentar la frecuencia de mis experiencias muga en los últimos años dependía sobre todo de que consiguiera estar más predispuesto a abandonar las formas tradicionales según las cuales otros consideraban que yo debía vivir mi vida. He descubierto que cuanta más libertad me concedo para experimentar lo que es impor¬tante para mí, más se han ampliado mis periodos muga.
Soy mucho más capaz de concentrarme plenamente en los deportes (cuando hago deporte), en lo que estoy haciendo si vacío mi mente de todo lo demás: el consulto¬rio, el libro, el cliente al que voy a ver por la mañana. Para poder pasar horas disfrutando una partida de tenis muy movida en una cálida tarde de verano sin preocuparme por la temperatura "sofocante", por la humedad, el sudor, la fatiga o cualquier otra interferencia, necesito decirme a mí mismo: "Me da igual que otros piensen que debería estar en la oficina á las dos el martes 3 de agosto, sólo porque es un «día laborable»". Cuanta más libertad me concedo para jugar ardorosamente y entregarme del todo al juego, más trasciendo el tiempo y el espacio y vivo del todo en el presente, más consciente soy de que estoy aprendiendo a vivir ahora.
Por el mismo motivo, cuando el siguiente individuo cruce la puerta de mi consultorio seré más hábil para borrar de mi pensamiento el partido de tenis y concentrar-me en aquél sin decirme a mí mismo en silencio: "Si hubiese ajustado aquel tiro, habría ganado el segundo juego", o "seguro que la próxima vez le ganaré".
Y cuando llega el momento de escribir algo, puedo contar también con mi capacidad para pasarme un día entero sentado a la máquina olvidándome por completo del paso del tiempo, sin ninguna sensación de fatiga, hambre, aburrimiento, o cualquier otra distracción; per¬mitirme simplemente poner por escrito lo que considero importante decir.
Cuanto más permiso me doy a mí mismo para vivir en el instante y gozarlo sin sensación de culpa y sin juicios sobre cualquier otro tiempo, mejor me siento respecto a la calidad de toda mi obra. No me preocupa cómo enjuicien los críticos mi trabajo; y como escribo, en primer término, para complacerme a mí mismo y, en segundo, por si complazco a algún lector, me siento satisfecho. Sé en mi interior, por ejemplo, que aun cuando nadie leyera jamás lo que escribo, lo que digo es tan importante para mí que está justificado que lo formule y lo conserve para mi propio uso. El entusiasmo que me proporciona el hecho de escribir muchas horas seguidas es mi mejor recompensa. Que me paguen por escribir libros, tener lectores cuya vida mejore por lo que yo he escrito, figurar en la lista de éxitos de ventas, etc., son cuestiones azarosas, "accidentes que suceden" como consecuencia de que vivo los instantes presentes de un modo significativo para mí.
De hecho, la decisión que llevó a dar a este libro el título que tiene fue resultado de una de las experiencias muga más inmediatas de mi propia vida.
Hace algún tiempo, hice un viaje en un globo de aire caliente. Pasaron dos horas en lo que parecían cinco minutos flotando sobre la tierra mientras el viento nos arrastraba a su antojo. Entre el infinito cielo sobre nosotros y a nuestro alrededor y la soledad de la buena tierra verde abajo, compartiendo la experiencia con una persona a la que amo, me encontré más plenamente en el presente de lo que lo había estado en toda mi vida.

Meses después, cuando barajaba títulos definitivos y temas para este libro, desde Nada le impide ser perfecto a Aproveche su tiempo al cien por cien, y un amigo sugirió El cielo es el limite, me enamoré del título... y estoy seguro de que el motivo fue el que captó la inspiración "del vivir ahora" de aquel globo.
Espero que esté usted dispuesto a emprender su propio viaje en globo, para vivir ahora: para aceptar el hecho de que dominar la vida es algo que ha estado siempre, y está aún, a su alcance.

 

 
 
 
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