Llama Violeta

Llama Violeta


 
   
 
 
 
 
 
 

El Hombre como factor evolutivo

 Seccion con libros y articulos sobre Charles Darwin cliquear aquí

 
 
   

PROBLEMAS:

1.      ¿Qué quiere decir Charles Darwin con que el hombre se origina de otras especies? 

¿Qué se piensa actualmente sobre el origen del hombre  de las demás especies?

2.      Construya árboles evolutivos del hombre a través de la historia humana. Nombre 

características de esos tipos humanos.

3.      ¿Qué hombres vinieron primeros: los recolectores, los de la Edad de Piedra, los de la 

Edad de las herramientas y armas o fundición de metales? ¿Qué fabricaban para su supervivencia y 

qué características humanas tenían?

4.      ¿Qué es hominización y qué características tiene el hombre actual homo sapiens sapiens?

5.      Explique qué diferencias evolutivas tienen las procariotas y eucariotas con respecto a la atmósfera 

primitiva o “caldo de cultivo” (teoría de Oparin)

  HIPÓTESIS:

INVESTIGACIÓN:

1. Charles Darwin al decir esto, hace referencia al proceso mediante el cual el hombre fue evolucionando a través del tiempo. “En el siglo XIX, surgió la otra idea perturbadora. Darwin nos dice que el hombre es el resultado de la evolución de la vida en la Tierra. Un ser íntimamente emparentado con los primates y no el producto de uno creación especial. Todavía se escucha, a veces, los ecos del encendido debate que sus ideas generaron a mediados del siglo pasado.” (Los Caminos de la Evolución – Biología II – página 148).

EVOLUCIÓN DE LOS PRIMATES (Villésalomon – Biología Gral.- Editorial. Interamericana página 450)

Muchas personas se interesan por conocer sus raíces. Para muchos, esto significa conocer los antecesores inmediatos de los abuelos. En este capítulo se estudian, la que podrían llamarse “raíces profundas”, rastreando los ancestros de la raza humana hasta la aparición delos primates, hace 65 millones de años. Aun después de un año de la publicación de Origen of species., de Charles Darwin, las pruebas fosilíferas de la raza humana eran escasas y poco satisfactorias. Sin embargo, en los últimos 40 o 50 años, la investigación ha encontrado datos importantes acerca del origen del hombre, sobre todo en Africa oriental.

Los seres humanos y otros primates son mamíferos, miembros de la clase Mamalia. El lector recordará que los mamíferos son animales homeotérmicos (de sangre caliente) que poseen polos, y alimentan a sus crías con leche producida en las glándulas mamarias. Casi todos los mamíferos son vivíparos, es decir que paren a sus crías vivas, a diferencia de los animales que ponen huevos. Aunque los mamíferos se originaron de los reptiles hace unos 210 millones de años, su importancia era secundaria. Fue la “época de los reptiles”, y éstos eran los animales dominantes en toda la Tierra. En la era Mesozoica hubo tres líneas importantes de mamíferos: 1) multituber-culados, que dieron lugar a monotremas con pico de pato como el ornitorrinco; 2) marsupiales, ancestros del conocido canguro y de la zarigüeya; y 3) mamíferos placentarios, semejantes a la musaraña, que ingerían insectos y vivían un a existencia nocturna en los árboles. Estos mamíferos permanecieron como un componente de la vida en la Tierra, por casi 150 millones de años.

Los dinosaurios y muchos reptiles se extinguieron hace cerca de 65 millones de años. Esto condujo al “vaciamiento” de muchos nichos que los mamíferos pudieron ocupar. Por otro lado, las angiospermas, incluso algunos árboles, sufrieron radiación adaptativa y dieron origen a nuevas condiciones ambientales, fuentes de alimento y protección contra depredadores. A principio de la era Cenozoica, los mamíferos sufrieron radiación adaptativa. Los primeros primates evolucionaron de mamíferos arborícolas, semejantes a la musaraña, originados en la “época de los reptiles”. El organismo vivo más parecido a estos ancestros tan antiguos es la musaraña de los árboles de Sudamérica.

Por sus ancestros, la mayoría de los primates posee adaptaciones para una existencia arborícola. Una de las características más importantes de los primates es la presencia de cinco dígitos en mano y pies: cuatro dígitos y un pulgar oponible. Esto permite a los primates agarrase de objetos, como las ramas de los árboles. Las uñas proporcionan una cubierta protectora a las puntas de los dedos. Las yemas de los dedos son sensibles y diestras. Otra características de la vida arborícola está dada por las extremidades, que rotan con libertad a nivel de caderas y de hombros. Esto da a los primates una movilidad completa para trepar y alcanzar los alimentos de los árboles. La localización de los ojos al frente de la cabeza y el hocico corto es una adaptación que proporciona una visión estereoscópica o tridimensional. Tal característica es esencial para los animales arborícolas, ya que un error en la percepción de la profundidad puede provocar una caída fatal. Además de la visión aguda, la audición en los primates también lo es, no así el sentido del olfato.

Los primates comparten muchas otras carácterísticas; entre ellas, un compartamiento social complejo. Algunos biólogos consideran que el aprendizaje, asociado con interacciones en las sociedades de los primates, pudo ser un factor importante en la evolución de una masa encefálica más voluminosa y compleja. Al reproducirse, los primates dan origen a un descendiente indefenso, que requiere de protección y nutrición por un período prolongado.

Hay dos subórdenes en el orden de los primates. Los prosimios (que significa antes de los simios) incluye lemures, lorises y tarseros. Los antropoides comprenden monos, simios y seres humanos, que son los primates con masa encefálica más grande, en particular, el cerebro.

 EL HOMBRE: UN PRIMATE(Los caminos de la Evolución – Biología II)

UN LUGAR PARA EL HOMBRE

Tal como sostuvimos en el capítulo anterior, los mamíferos se diversificaron a lo largo de los últimos 65 millones de años. Dentro de este grupo surgieron y se diversificaron a su vez, los primates.

Los fósiles nos muestran que los primeros primates eran organismos de pequeño tamaño, que vivían en las copas de los árboles y que, probablemente, se alimentaban de insectos.

Dentro de los primates actuales encontramos dos grandes grupos, que se distribuyen en zonas geográficas bien diferenciadas.

Por una parte el mono araña, el mono aullador y el tití son primate característicos del nuevo mundo (América). Por la otra los “grandes monos” como los chimpancés, gorilas y mandriles, son característicos del viejo mundo (Asia y Africa). El ser humano es un primate que, a diferencia del resto, se ha expandido por todo el planeta.

A nadie escapa la semejanza entre el hombre y los primates. Este parecido se hace más evidente cuando se compara al ser humano con los grandes monos que, por esa razón son llamados antropoides (o simios): chimpancés, gorilas, gibones y orangutanes, todos ellos del viejo mundo. De hecho, el término orangután significa en lenguaje malayo, hombre de los bosques. Pero más allá de aquellas características que resaltan a simple vista, las investigaciones biológicas refuerzan y confirman la validez de esta impresión: el hombre comparte con el chimpancé el 99% de la información genética contenida en el ADN. De esta forma, resulta evidente que la especie Homo sapiens a la que pertenecemos está emparentada con los antropoides, en particular con gorilas y chimpancés.

EL HOMBRE: ¿DESCIENDE DEL MONO?

Las consideraciones respecto de la historia evolutiva del género Homo presentan algunas confusiones que impiden comprender el tema. Una de las más habituales se refiere a la frase “el hombre desciende del mono”, expresada como una conclusión obligada de la teoría darwinista de la evolución. Ocurre que el concepto de “mono” utilizado aquí es tan difuso que no queda claro a qué se refiere. El término “mono” bien puede referir a los simios actuales como el chimpancé y el gorila, o bien a alguna de las formas fósiles que se han descubierto y que se extinguieron hace millones de años atrás.

Actualmente, está claramente establecido que el hombre no desciende del gorila o el chimpancé. No obstante, si retrocedemos lo suficiente en el tiempo, podemos encontrar un antepasado común entre el chimpancé y el hombre. De esta forma, estos primates actuales podrían, tal vez ser considerados nuestros “primos” dentro de la historia evolutiva.

Como se observa en el siguiente árbol evolutivo (ver diseño experimental), la tan mentada frase “el hombre desciende del mono” no tiene sentido si se consideran como tales a los primates vivientes.

EL ESLABÓN PERDIDO

La idea de que existe un fósil intermedio que conecta los antepasados del hombre con el hombre actual, responde a una visión ingenua y errada de la teoría evolutiva.

 
 

 

  1.      Ver árbol evolutivo en “diseño experimental”.

RESTOS FÓSILES (El Hombre - Vol. 3 – Geografía Universal MARIN -  Ed. MARIN S.A.)

Todo lo que sabemos de aquellos remotos seres que vivieron en tan lejanas épocas, debemos estudiarlo en sus restos fósiles. Los hallazgos que se han producido en los últimos 120 años, aproximadamente, han sido numerosos, casi todos ellos desperdigados por los continentes del Viejo Mundo y, naturalmente, han aportado noticias de seres muy distintos y de antigüedad muy diversa.

El escepticismo de Voltaire.

Recordemos que Voltaire, espíritu escéptico e irónico, negaba en redondo la existencia de fósiles, y aunque Juan Jacobo Scheuchzer creía, a principios del siglo XVIII, en la existencia del hombre anterior al Diluvio, la mayor parte de los hombres de Ciencia opinaban que los fósiles no eran si no una “vis plástica”, una especie de broma de la Naturaleza. Cuando Messerschmidt descubrió en tierras de Siberia el cadáver completo de un mamut enterrado en la nieve, la atención por los tiempos que entonces se llamaban “antidiluvianos” se acrecentó. Este hecho ocurría en 1724, fecha que señala un despertar del interés científico hacia el hombre prehistórico y las investigaciones paleontológicas. Los hallazgos de restos humanos fósiles arrancan en la segunda mitad del siglo pasado. La Paleontología es, pues, una Ciencia muy joven.

Se describen a continuación, por orden cronológico de descubrimientos, los restos encontrados en poco más del último siglo, y se reserva para otros puntos la explicación de las teorías esbozadas sobre estos hallazgos, así como la reconstrucción   de la vida de nuestros antepasados prehistóricos, y la enumeración de los restos materiales que nos han legado.

Descubrimiento del cráneo de Gibraltar.

 En 1848 se descubrió en las brechas cuaternarias de Forbes Quarry, en Gibralyar, un cráneo con la faz y gran parte de la caja craneana intactas. Este hallazgo causó gran sensación por la forma no común de la frente y por la existencia de prominentes arcos superciliares, datos indicadores de un acentuado primitivismo de l ejemplar humano al que pertenecían los huesos.

En 1856, se hallaron los famosos restos de Neanderthal (valle de Neander) en una gruta situada en las cercanías de la ciudad alemana de Düsseldorf, que suministraron el cráneo típico de la raza que ha recibido este nombre. Dicho cráneo es voluminoso y desproporcionado a la exigua estatura (1,50 metros) de su poseedor. Mide 208 mm de diámetro anteroposterior, por 156 mm de diámetro transversal, lo que le proporciona acentuada doliococefalia, de carácter ovoide, presentando su mayor diámetro transversal en el tercio posterior. Su frente es pequeña y huidiza, el hueso frontal termina en su parte delantera con robustos arcos superciliatonianos. La capacidad craneal es, por término medio, de 1.400 cm3.

El torso de este hombre debía de ser robusto; los brazos, de mayor longitud que del hombre actual y llegándole casi a las rodillas. Las piernas, en cambio, eran cortas, con los fémures arqueados. En suma, el hombre Neanderthal presenta caracteres mixtos de hombre y de mono, con ligero predominio de los segundos.

En 1868, con motivo del establecimiento de una línea de ferrocarril entre Périgueux y Agen, se descubrieron cinco esqueletos humanos en un abrigo situado en un lugar llamado Cro-Magnon. Con ellos, y con numerosos restos encontrados en otros lugares, se ha reconstruido el tipo llamado de Cro-Magnon o también Homo Sapiens. Era de elevada estatura (superior a 1,80 metros) y su cabeza, grande de cara ortógnata. Habían desaparecido los arcos superciliares y presentaba, en cambio, el reborde mentoniano. En este tipo humano los miembros son largos y robustos, el cráneo es dolicocéfalo y su contorno oval. Todo indica ya la existencia de una gran inteligencia.

En 1886 se hallaron en Spy (Bélgica) unos esqueletos de tipo neanderthaloide que, pese a su estado fragmentario, fueron durante los mejores documentos de este tipo humano.

En 1887 se encontró la famosa mandíbula de Bañola (Gerona, España), poderosa y neanderthaloide. Y al año siguiente, en Chancellade, cerca de Périgueux (Dordogne, Francia) unos restos prototipos de otra raza que se ha denominado con el nombre del lugar geográfico del hallazgo. El hombre de Chancellade, contemporáneo del de Cro-Magnon, ofrece notables variantes con respecto a éste. En primer lugar su talla no rebasa 1,55 metros. El cráneo es muy voluminoso, dolicocéfalo, y con una elevadísima capacidad, que llega a los 1.700 cm3. La cara, alta y ancha, ofrece unos pómulos muy salientes, nariz larga y estrecha y mandíbula inferior fuerte y con reborde mentoniano. Su tipo recuerda bastante a los esquimales de Groendalia.

En 1891-92, Eugène Dubois halló en la isla de Java unos restos humanos que denominó Pithecanthropus erectus (hombre-mono que va de pie). Complementados estos hallazgos con otros posteriores, se ha formado un nuevo tipo primitivo cuyo cráneo es de dimensiones mucho más reducidas que las del hombre de Neanderthal, midiendo 185 mm de diámetro anteroposterior por 130 mm de diámetro transversal. En consecuencia, la capacidad endocraneana era inferior, de 835 a 914 cm3; la frente huidiza, y marcadísimos los arcos superciliares. La mandíbula inferior es más robusta que la del hombre de Neanderthal, los dientes presentan caracteres pitecoides, y los huesos de los miembros son parecidos a los del hombre actual por lo que es difícil relacionarlos con el cráneo primitivo que se ha reseñado. Dubois creyó, desde luego, haber hallado el eslabón entre el mono y el hombre, lo que originó su denominación.

La primitiva mandíbula de Mauer.

El siguiente hallazgo tuvo efecto en 1.907, en un arenal cerca de Mauer, Heidelberg, donde se halló una mandíbula inferior. El fósil se encontraba a 24 metros de profundidad, en unos depósitos aluviales correspondientes a unos de los niveles más antiguos del Cuaternario. Por su antigüedad parece corresponder a la época del Pithecanthorpus antes citado y parece ser el resto más antiguo hallado en Europa. Con esta mandíbula se formó, quizá precipitadamente, un nuevo tipo humano llamado Homo Heidelbergensis, cuy os caracteres se han deducido de la extraña asociación entre la mandíbula, de aspecto claramente pitecoide, y la dentición, totalmente humana.

Otro descubrimiento, éste ocurrido en tierras  francesas en 1908, estuvo constituido por  varios esqueletos de neanderthales encontrados en La Chapelle-aux-Saints. Su buen estado de conservación ha permitido presentarlos como prototipos de esta raza, cuyos caracteres se explicaron anteriormente. Nuevos hallazgos en La Ferraise, el año siguiente, y en La Quinta (Charente), en 1911, incrementaron los conocimientos sobre este tipo humano prehistórico.

Diez años hubieron de pasar hasta que se hallara en una mina de Broken Hill (Rhodesia) un cráneo en buen estado de conservación, acompañando de diversos huesos pertenecientes, con toda verosimilitud, a varios individuos. Los caracteres de este cráneo son neanderthaloides, con gran aplastamiento del cráneo y dolicefalia, así como casi carencia de frente. Las condiciones del yacimiento y de la fauna hallada in situ permitieron a los antropólogos fechar los restos dándoles una mayor antigüedad que la de su posible tipo similar europeo.

En la misma África austral se halló, en 1924, por el paleontólogo Dart, en una brecha cercana a una caverna, una porción de cráneo con un molde endocraneano natural. La caverna se hallaba cerca del poblado de Taugns, y las señales inequívocas de tratarse de un niño han determinado la denominación de Niño de Taugns con que se conoce este hallazgo. Nuevos descubrimientos que se citarán en su lugar cronológico han permitido formar un nuevo tipo al que se denomina Austrolopithecus africanus. Se trata de un simio con caracteres humanos. El cráneo de Taugns parece pertenecer a una niña de 5 ó 6 años con dentición de leche. La cara es hocicuda, de abertura nasal aplastada, pero con menos prognatismo que los monos. La capacidad craneana es de 500 cm3, que podría elevarse a 600 ó 700 en un individuo adulto del mismo tipo, capacidad semejante a loa de los gorilas actuales, aunque superior a la de los chimpancés (450 cm3). Los lóbulos frontales y parietales están más desarrollados que los de los antropoides, lo que indica una superioridad intelectual sobre éstos. La dentición aparece mixta antropoide y hombre, aunque destaca por su macrodoncia. En suma, parece tratarse de otro tipo mixto de hombre y mono, en el que los caracteres humanos predominan sobre los simiescos.

En 1925, un nuevo hallazgo en Weimar-Ehringsdorf (Alemania) de un cráneo bien conservado enriquecía el conocimiento del tipo de Neanderthal y permitía a los prehistoriadores ampliar el área hábitat de esta raza.

De 1925 a 1931 datan los hallazgos sensacionales de estos restos fósiles en Palestina, llamados de Monte Carmelo. Después del cráneo de Tabgha o de Galilea, encontrado cerca del lago de Genezaret, se descubrieron en varias grutas un cráneo infantil y los restos de nueve esqueletos, seis de los cuales eran adultos. Más tarde, nuevos hallazgos –un esqueleto femenino joven, una mandíbula y dos cráneos con fragmentos de esqueletos- completaron los descubrimientos. Aun conservado los toros supraorbitales, la platicefalia y la proyección delk cuerpo hacia adelante, propia de los neanderthales, una serie de caracteres suavizan la brutalidad de rasgos de aquéllos y han permitido a los antropólogos pensar en un tipo intermedio entre las “razas” de Neanderthal y la de Cro-Magnon: su frente es más abombada, la cara posee menos  prognatismo, la talla es mayor (de 1,68 a 1,78 m en los hombres, y 1,51 a 1,57 en las mujeres). Mientras la columna vertebral es todavía neanderthaloide, los fémures son ya totalmente humanos. Por todos estos caracteres, muchos antropólogos se sienten inclinados a creer que el gran vacío existente entre el hombre de Neanderthal y el de Cro-Magnon podría ser rellenado por estos palestinianos, así como por los del hombre de Steinheim, del que se hablará posteriormente.

En 1927tuvo lugar un descubrimiento, en la depresión lacustre de Asselar, en pleno desierto dahariano, a 400 km. al noroeste de Tomboctú, de un esqueleto que se ha emparentado con los cromagnones europeos, lo que demostraría la expansión de esta raza.

El Sinanthrropus de Pekín.

En el mismo año, Davidson Black estableció, a base de una serie de descubrimientos que había comenzado en 1921, un nuevo tipo humano primitivo conocido con el nombre de Sinanthropus pekinansis por haberse hallado en los alrededores de Pekín, en la localidad de   Chu-ku-Tien. Primero fueron unos molares de aspecto humano, seguidos de un cráneo y, con posterioridad, multitud de huesos enteros y fragmentados. Con todos ellos se ha reconstruido la figura de este hombre, que parece emparentado con el Pithecantropus de Java. Su cráneo es dolicocéfalo, con salientes órbitas superciliares y la frente huidiza, pero ligeramente abombada. El occipital es deprimido, y la sección transversal del cráneoaparece fuertemente pitecoide. La capacidad media de estos cráneos es de 1000 cm3, lo que la sitúa entre la del Pithecanthropus y la de los hombres modernos. El cerebro sería deprimido y sencillo, recordando el del chimpancé. El maxilar presenta en fuerte prognatismo y su nariz se parece a la a la de los monos platirrinos. Carece, naturalmente,  de reborde mentoniano. Por la dentición parece un ser intermedio entre los hombre y los antropoides. Los restos hallados permiten deducir que su posición era erecta, que los huesos de las piernas son humanos y que su estatura oscilaría entre 1,50 y 1,60 m los varones.

En la misma famosa colina de Chu-ku-Tien se encontraron posteriormente los restos fósiles de 7 individuos (4 adultos, un adolescente y 2 niños), que parecen haber sido sepultados intencionadamente, y cuyos caracteres emparentados con la raza de Cro-Magnon.

Italia ha contribuido también a los hallazgos de restos humanos fósiles con los descubrimientos realizados en 1929 y 1935, por Sergio Sergi, de dos cráneos de caracteres claramente neanderthaloides, en Saccopastore, cerca de Roma.

Hombres de Neanderthal en Java.

El área de dispersión del tipo Neanderthal se amplió con los descubrimientos realizados en 1931 por Oppernoorth, en la lkocaliddad de Ngandong (Java), donde halló diez cráneos de adultos y uno de un niño, de uno 10 años. Estos cráneos son más primitivos que los hallados en Europa y se acercan, en cuanto a cronología, a los encontrados en África. Sus proporciones rebasan las mayores conocidas, llegando a tener 221mm de diámetro anteposterior por 157 mm de diámetro transversal. Los caracteres neanderthaloides aparecenmtremendamente acentuados, indicando un mayor primitivismo del tipo.

Sensacional fue el hallazgo realzado por Berkhemer en 1933 en un arenal de Steinheim-an-Murr, cerca de Stuttgart, de un cráneo femenino, cuyos caracteres neanderthaloides suavizados determinaron que se creyera precipitadamente que se trataba de un tipo intermedio entre el hombre de Neanderthal y el de Cro-Magnon. Un estudio más atento del cráneo de Steinheim parece demostrar que las variantes que el él se observan con respecto a los demás cráneos neanderthalianos descritos, han de atribuirse a variaciones sexuales, que se encuentran también entre las hembras de los antropoides, especialmente de chimpancés y gorilas.

Importantísimo fue el hallazgo, en 1935, cerca del lago Njarasa, en África oriental, por Kohl Larsen, de restos fragmentarios de dos o tres cráneos, uno de los cuales ha podido ser reconstruido. Se trata de un tipo humanoide evidentemente emparentado con el Pithecanthropus de Java y con el Sinanthropus de Pekín, es decir, dolicéfalo, con toros supraorbitales muy salientes, región occipital prominente y terminada no de una forma redondeada, sino en punta, con capacidad inferior a los 1100 cm3, y dentición de tipo mixto entre humana y pitecoide.

Este mismo año de 1935 presenció otro descubrimiento de gran valor. Se trata del cráneo de Swanscombe, del nombre de esta localidad situada en el condado de Sussex, en una terraza del Támesis. Junto con el llamado cráneo de Piltdown, hallado años antes, pero que relacionamos con éste, constituyen quizá los documentos más discutidos del hombre fósil.

El caso del llamado hombre del Piltdown demuestra hasta qué punto es necesario extremar las precauciones cuando se trata de un tema delicado como es la Antropología. En 1912, Charles Dawson afirmó haber encontrado los restos de un nuevo tipo humano que denomino Eoanthropus Dawsonii. Se trataba de un cráneo que podía pertenecer a un Cro-Magnon, acompañado de una mandíbula claramente simiesca provista de dientes. La contradicción entre cráneo y mandíbula llenó de preocupación a los investigadores, pues mientras unos admitían que, en efecto, se encontraban ante un nuevo tipo, otros se inclinaban por suponer un error. En 1953 se sometieron los restos a la prueba de la fluorina y se demostró que se trataba de una clara superchería. El hueso moderno contiene poco flúor y mucho nitrógeno, al contrario que los huesos antiguos, y fue fácil demostrar que el cráneo databa de unos 50 000 años mientras la mandíbula había pertenecido a un chimpancé reciente. Los dientes habían sido colocados con el objeto de provocar mayor desorientación. El descubrimiento del fraude no fue un golpe para la investigación antropológica, sino un alivio ya que el fósil de Piltdown no encajaba dentro del concepto de evolución y aparición del hombre.

La ya copiosa serie de primates hallados en Java se enriqueció en 1936 con el descubrimiento de un cráneo infantil, perteneciente a un individuo de una edad entre los 2 y los 5 años, que fue encontrado en Modjokerto. El interés de este descubrimiento ha quedado atenuado hasta ahora por la falta de otros cráneos infantiles (de Sinanthropus o Pithecanthropus) con los que establecer la debida comparación. Su capacidad craneal, de 700 cm3, supone para un adulto del mismo tipo la de 1100 centímetros cúbicos, es decir, la que se asigna a las variantes citadas.

Sobre la base del descubrimiento del “Niño de Taugns”, citado anteriormente, se comenzó a trabajar en África del Sur para hallar nuevos ejemplares de este tipo que calificamos entonces de Austrolopithecus africanus. Las excavaciones fueron coronadas por el éxito entre los años 1936 y 1938, y posteriormente, en 1946 y 1947. Primero fue un cráneo de adulto encontrado en julio de 1936 en una gruta de Sterkfontein, cerca de Pretoria. Después, el arqueólogo Broomm, que había efectuado este hallazgo, logró encontrar en el mismo yacimiento dientes aislados, así como un fragmento de mandíbula. En 1938, cerca del mismo lugar, en Kromdrai, se hallaba otro cráneo de un tipo ligeramente distinto, el primero due denominado Plesianthropus y el segundo Paranthropus robustus. Lso dos componen el grupo de los Australopithecus, relacionados con el niño de Taugns. Su descubridor supone que vivieron al final del Plioceno o comienzos del Pleistoceno, es decir, en la frontera entre las Edades Terciaria y Cuaternaria, con lo que la antigüedad de estos individuos retrocedería hasta más de un millón de años.

Ambos presentan un aspecto claramente antropoide, con un cráneo alargado dotado de salientes arcos superficiales. La capacidad craneana oscila entre los 500 y los 600 cm3, siempre superior a la del chimpancé, que varía entre los 400 y 450 cm3, pero inferior a la del Pithecanthropus (entre 850 y 1220 cm3). La dentición en ambos tipos mixta de caracteres humanos y antropoides. Las diferencias entre ambos son solamente de detalle: la cara del Plesianthropus es más alargada que la del Paranthropus, y odo parece indicar que nos encontramos ante un individuo intermedio entre los Antropoides y los Pithecanthrópidos.

Recientes hallazgos de fósiles han vuelto a ofrecer esqueletos neanderthaloides en diferentes lugaresÑ así en Kiik-Koba (Crimea, Rusia) y en Baisun (Siberia), probando una vez más la extensa área habitada por el tipo de Neanderthal.

OREOPITHECUS Y ZINJANTHROPUS

En 1958 se encontró en una mina de carbón de Grosseto (Toscana, Italia) el esqueleto de un homínido sejante a otro hallado en 1872. Hürzeler ha estudiado estos fósiles, que han recibido el nombre de Oreopithecus, y ha creído ver en ellos rasgos humanos, situándolos entre diez y doce millones de años nuestros.

En 1959, el antropólogo inglés Luis S. B. Leaky descubrió numerosos fósiles en el valle del Oldoway, en Tantanica, África. Después de largos estudios, llegó a la conclusión de que pertenecían a un hombre de talla inferior a 1,50 m, de anchas espaldas, piernas arqueadas, de unos 18 años, dolicocéfalo y con una capacidad craneana casi igual a la mitad del hombre de hoy. Este nuevo tipo fue calificado con el nombre de Zinjanthropus. El número de hallazgos se amplió, y si bien su edad fue fijada primeramente en 500 000 años, determinaciones más precisas la elevan, en la actualidad, a más de 1 750 000 años, es decir, ya en el Terciario.

En 1962, el profesor Leaky anunció que había descubierto en Kenia los restos de un homínido cuya edad se cifraba en 14.000.000 años. El Hombre de Fort Tenan, como se lo denominó, se encontraría, pues, a mitad de camino entre el Zijanthropus y el Proconsul, también descubierto por Leaky y que se sitúa a unos 25.000.000 años de nosotros. El descubrimiento de un Pre-Zinjanthropus, y la discusiónque estos hallazgos han promovido entre los hombres de Ciencia, aconsejan que, de momento, se tomen estas noticias y estas fechas con una considerable dosis de prudencia. Posiblemente estos tipos a que nos referimos correspondan a determinadas formas más o menos primitivas al Austrolopithecus.

Es muy posible que éstos, originarios de África, dieran lugar a dos ramas, una que terminaría con los Paranthropus, carnívoros y muy primitivos, y otra de alimentación omnívora, que daría origen a formas humanas o pre-humanas, las cuales utilizarían ya la porra, los huesos y mandíbulas de otros animales, y otros objetos de ataque y defensa, primera manifestación de inteligencia que no poseen los simios, y que ya prefiguran los utensilios prehistóricos que posiblemente utilizara el hombre de Neanderthal.

Nos encontramos, pues, con una cuna del hombre primitivo en África: los Australopithecus, llamados así por aparecer en un continente austral. Otra se halla en Indonesia y Asia oriental, formada por los Pithecanthropus, los Sinanthropus de China y los Atlathropus del Norte de África (Marruecos y Argelia). En ellos se da claramente la posición erecta, la marcha bípeda y la cerebralización. La frente es muy pequeña, el ángulo facial  muy débil y la capacidad craneana muy exigua. Éstos serían estadios muy primitivos del desarrollo humano.

En Europa aparece el hombre de Neanderthal, mucho más perfeccionado respecto a los tipos anteriormente citados, que vivió entre los 150.000 y los 50.000 años. Existe luego un período claramente estudiado de transición que se sitúa entre los 50.00 y los 45.000 años, durante los cuales el hombre de Nanderthal se extingue y predomina claramente el hombre de Cro-Magnon, del cual descendemos.

Sobre un mapa del Viejo Continente puede dibujarse una enorme T, llamada T de Vallois. El trazo vertical se prolonga hasta Sudáfrica (Austrolopithecus) y el horizontal abarca desde Europa (Neanderthaloides y Atlanthropus de África) hasta la Indonesia (Pithecanthropus). La cruz de esta T coincide con el Fértil Creciente, la ancestral cuna de la civilización y del hombre. (Ver mapa en “diseño experimental”).

HOMÍNIDOS (Tomo 8 – Enciclopedia Hispánica – Editorial Británica.)

Los primates experimentaron un proceso de adaptación que tuvo su inicio en paleoceno hace unos 70 millones de años. Muchos de ellos conformaron líneas evolutivas que perduraron y entre todos se distinguieron aquellos que pueden considerarse ancestros del género humano. Así, durante el mioceno y el principio del plioceno, entre 30 y 10 millones de años atrás, se diferenciaron los homínidos, grupo que presentaba múltiples caracteres evolutivos que los distinguían de los antropoides.

Ramapitecos. En 1.932 el paleontólogo británico G. E. Lewis descubrió en las colinas indias de Siwalik restos mandibulares y dentales de un primate que presentaban caracteres evolutivos diferenciadores. El Ramapithecus, como dio en llamársele, fue considerado el eslabón entre los antropoides y los homínidos evolucionados, aunque algunas modernas teorías disienten de tal principio y asocian este género con la evolución del orangután.

Australopitecos. En 1924, al hacer saltar con dinamita de una cantera en Taung, en Sudáfrica, se obtuvo por casualidad un cráneo que ofrecía algunos rasgos de chimpancé, aunque prevalecían otros en clara línea de hominización. Este homínido, el Australopithecus africanus, conocido como Baby Dart por los estudios que le dedicó el paleontólogo británico Raymond Arthur Dart, carecía de la visera frontal propia de los antropoides, tenía una capacidad craneana de 500 cm3 (que habría dado en la edad adulta unos 600 o 700 cm3) y una dentadura con sólo dos caracteres goriloides, ninguno propio del chimpancé y 20 comnunes con el hombre. Poco tiempo después, el profesor Dart encontró otros restos adultos parecidos, con pelvis que se acercaban a un 95% de caracteres humanos, a los que dio el nombre de Austrolopithecus prometheus por haber encontrado a su alrededor restos de fuego y unas piedras talladas esferoidales.

A pesar de la apariencia de simios de estos restos, el análisis anatómico disuadió de considerarlos como volución de los antropoides y los presentó como una evolución de los homínidos. Posteriores hallazgos permitieron establecer dos ramas: una más robusta, vegetariana, que se mantuvo en el bosque; otra más grácil, de menor tamaño, bípeda, erecta y omnívora. Otros autores explican estas diferencias como restos pertenecientes al macho o a la hembre, o bien incluyen la rama grácil en el género Homo.

Homo habilis. En 1960 se descubrió en Olduvai, Tanzania, una mandíbula infantil junto con los otros parietales, una clavícula, y algunos huesos de la mano y los pies, rodeados de objetos de la cultura de los guijarros. Aunque estos restos se hallaban en un nivel del suelo más bajo al de otros restos de austrolipiteco robusto, los rasgos anatómicos obligaron a adscribirlo a un nuevo grupo más evolucionado: el Homo habilis, denominación asignada en 1964.

Homo erectus. Según las teorías de Darwin, el naturalista alemán Ernst Haeckel auguró que tendría que haber existido un ser mitad mono (pithecus) y mitad hombre (anthrópos). El investigador holandés Eugène Dubois buscó y encontró en Trinil, en la Isla de Java, el tipo que denominó Pithecanthropus erectus. Se trataba de un ser totalmente bípedo, con una capacidad craneana de 900 cm3, casi dos veces mayor que su ancestro el Austrolopithecus, pero con la frente, órbitas y mandíbulas semejantes a los antropoides. De él se encontraron con posterioridad restos semejantes en China (Sinanthropus), en Europa (Hombre de Heidelberg) y en África (Atlanthropus). Estas variedades de la especie genéricamente denominada Homo erectus cubrieron, según las diversas hipótesis paleontológicas, un período de duración variable que concluyó hace unos 130.000 años.

Homo sapiens. Cerca de la aldea alemana de Neanderthal se descubrió en 1856 un extraño cráneo de aspecto simiesco pero de una capacidad craneana de 1600 a 2000 cm3. El hallazgo supuso la transición hacia una especie más evolucionada, el Homo sapiens, de la que el espécimen hallado en Alemania constituyó la subespecie Homo sapiens neanderthalensis. Se trataba de individuos de baja estatura de caja craneana y rostro grandes, que ocupaban hace unos 50.000 años el sur y el centro de Europa. Restos fósiles han permitido aportar la hipótesis de que se produjera la desaparición del hombre de Neanderthal como consecuencia del predominio de la otra subespecie, Homo sapiens sapiens, el hombre de Cro-Magnon que procedía del oriente. Los primeros restos del Cro-Magnon datan de hace 32.000 años, aunque se cree que es probable que hubiera penetrado en Europa con anterioridad.

La hipótesis de la aniquilación del Neanderthal tiene su contrapartida en otra teoría paleontológica, en función de la cual la desaparición de aquél se produjo por la fusión de ambas subespecies. Tal planteamiento se basa en el hallazgo de los dos tipos de esqueletos prácticamente juntos en el monte Carmelo de Israel.

El pleistoceno, período que abarca el último millón de años, se caracterizó por las cinco sucesivas glaciaciones que se produjeron sobre la Tierra. El hombre actual, que apareció en las dos últimas, pudo, a raíz de su evolución desde los homínidos, afrontar las dificultades y amenazas que la naturaleza planteaba y llegar a fabricar los instrumentos que permitirían que un ser físicamente débil alcanzase el dominio del hábitat natural.

 2.      PREHISTORIA (Tomo 12 – Enciclopedia Hispánica)

Antes del siglo XIX se creía, según la cronología bíblica, que la antigüedad del hombre sobre la Tierra no se remontaba más que a unos cuantos miles de años en el pasado. Sin embargo, los estudios científicos sobre los restos culturales de la prehistoria demostraron que la especie humana a conocido una larga evolución desde la fabricación de los primero utensilios hasta la aparición de datos escritos sobre sus formas de vida y sus ideas.

La prehistoria es la parte de la historia universal que comprende el período anterior a la invención de la escritura. Este período es muy desigual para las distintas zonas del mundo, tanto en su comienzo y final como en sus pasos evolutivos. Así en Egipto y Mesopotamia la prehistoria acabó en torno al tercer milenio antes de la era cristiana, mientras       que en algunas partes de Oceanía, África y América se han mantenido formas de vida prehistóricas hasta el siglo XX.

La periodización tradicional de la prehistoria, definida por John Lubbock y Christian Jürgensen Thomsen, describe las etapas sucesivas de paleolítico o edad de la piedra tallada, neolítico o edad de la piedra pulimentada, y edad de los metales –cobre, bronce y hierro-. La primera de estas etapas, el paleolítico, se extendió desde el momento de la aparición de los primeros homínidos inteligentes, probablemente antes del año 600.000 a.C., hasta el 10.000-9.000, y corresponde a un tipo de economía basada en la caza, la pesca y la recolección.

El neolítico, precedido en algunos lugares por una fase de transición denominada mesolítico, duró desde el 9.000 hasta el 5.000-4.000 en el cercano oriente y se caracterizó por la producción de alimentos mediante la agricultura y la ganadería. Entendido como revolución agrícola, el neolítico se extendió por gran parte del mundo y se mantuvo hasta el segundo gran salto económico de la humanidad: la revolución industrial iniciada en Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XVIII. La edad de los metales comenzó en el cercano oriente en el cuarto milenio antes de la era cristiana y constituyó la última fase de la prehistoria, inmediatamente anterior a la aparición de la escritura.

Otros criterios de periodización son el de Lewis Henry Morgan, que denominó salvajismo al paleolítico, barbarie al neolítico y al calcolítico (edad de cobre) y civilización a la edad de bronce antigua; y el de Vere Gordon Childe, que distinguió entre salvajismo (paleolítico), revolución agrícola (neolítico) y revolución urbana (edad de los metales).

Salvo en el período de la edad de los metales, en el que puede conservarse fuentes escritas indirectas (por ejemplo, de la edad de los metales en España por escritos latinos), el prehistoriador debe utilizar generalmente las fuentes arqueológicas, es decir, los restos materiales de las sociedades prehistóricas. Estos restos –armas y útiles de piedra y hueso, pinturas y objetos artísticos, piezas de cerámica, huesos de animales o de hombres, etc.- suelen ser muy escasos y fragmentarios en cada estadio cultural, lo que hace que cualquier descubrimiento pueda alterar los conocimientos y periodizaciones anteriores al mismo.

La datación de los restos se realiza mediante el método estratigráfico, basado en el estudio de los estratos del terreno en los que aparecen dichos restos, cuya edad se conoce por el conocimiento de la estructura geológica y del yacimiento. También se emplean métodos tipológicos, derivados del estudio evolutivo de los objetos; y físicos, mediante el análisis de elementos radiactivos como el carbono 14 o el flúor, y los pares potasio-argón, torio-iridio, etc..

 Ampliación del Paleolítico, Neolítico y Edad de los Metal.

 EL PALEOLÍTICO (Tomo Geografía e Historia – Enciclopedia Aula  - Editorial Cultural)

La evolución cultural de los hombres prehistóricos, cuya reconstrucción se ha llevado a cabo mediante el estudio de los restos materiales hallados en yacimientos, cuevas y abrigos naturales, se ha dividido en una serie de etapas, definidas principalmente por la técnica de fabricación de los útiles de piedra. El primero de estos períodos es el paleolítico (= piedra antigua), que abarca la mayor parte de la existencia del hombre sobre la Tierra, y se divide a la vez en varias etapas. El hombre paleolítico vivía fundamentalmente de la recolección y la caza y, por tanto, sus instrumentos (hachas de manos, raspadores, raederas, cuchillas, etc.) estaban concebidos especialmente para dichos fines.

El paleolítico inferior comienza con la cultura de los pebble tools, propias de los austrolopitecos, en la que los instrumentos líticos, muy rudimentarios, eran simples cantos rodados o guijarros golpeados por uno de sus lados para obtener de tal forma aristas cortantes. Tras la aparición del Homo erectus esta técnica fue evolucionando hacia una industria más perfeccionada de hachas de mano y lascas (esquirlas desprendidas de la piedra golpeada), que se desarrollo a lo largo de varios períodos sucesivos. La piedra más utilizada era el sílex, aunque también se tallaban otros materiales, como la obsidiana o cuarcita.

En los comienzos de la última glaciación (la denominada Würm), se extiende ampliamente la industria muteriense, junto con otras similares, que definen al paleolítico medio y cuya característica fundamental estriba en el mayor perfeccionamiento de los útiles líticos. En la fabricación de estos utensilios se combinan las técnicas anteriores de núcleos labrados y lascas y se introduce al tiempo la aplicación de un retoque lateral más acabado. El hombre de Neanderthal, inventor y difusor de esta técnica, se encuentra ahora mucho mejor armado y equipado que sus predecesores, pues cuenta con puntas afiladas para cazar y con todo tipo de instrumentos que le permiten trabajar la piedra y la madera.

Finalmente, los hombres del paleolítico superior, muy similares ya a los actuales, incorpora técnicas mucho más avanzadas y especializadas, fabrican útiles de piedra, hueso y asta, y poseen una organización social muy compleja. Durante este período se desarrolla además el primer arte conocido de la historia humana. Obras escultóricas, como la de “Venus”, entre ellas la célebre efigie de Willendfor; pinturas, como las de Altamira (España) o Lascaux (Francia), o grabados en hueso o piedras, como los de Limeuil (Francia) o el Parpallo (España), denotan la necesidad experimentada por el hombre primitivo de expresar sus preocupaciones religiosas, al tiempo que nos ayudan a comprender algunos aspectos fundamentales de su vida social y material (la caza, el papel de la magia, la veneración hacia la mujer dentro de un tipo de sociedad matriarcal, etc.).

LA REVOLUCIÓN DEL NEOLÍTICO (Misma fuente)

Al finalizar la última glaciación, la desertización de los territorios que anteriormente habían sido templados y húmedos determinó un cambio paulatino en la forma de vida de las poblaciones humanas. La decadencia cultural y la emigración de los animales y hombres hacia el norte y el oeste caracterizaron al mesolítico, etapa oscura y de transición que tuvo su inicio en torno al 10.000 a.J.C., se fue configurando en Oriente Medio y Próximo (Jericó, en Palestina; Qalat Jarmo, en Irak; Hacilar, en Turquía) un cambio que resultaría fundamental en la evolución de la Humanidad: la revolución neolítica.

Esta nueva etapa cultural no sólo supuso la introducción de un procedimiento nuevo en el trabajo de los instrumentos pétreos (el pulimento), junto con otras importantes técnicas complementarias (cerámica, cestería, tejido, rueda, construcción de edificios), sino que produjo en las estructuras económicas, políticas e ideológicas de las sociedades humanas una transformación sustancial que, en sus aspectos básicos, se ha mantenido con escasas variaciones hasta la aparición de otra gran revolución histórica: la industrial, iniciada hace apenas un par de siglos. En primer lugar, el neolítico implicó la sustitución de la economía recolectora y cazadora del paleolítico por una forma de vida basada en la agricultura y la ganadería, lo que permitió el asentamiento estable o semiestable de las poblaciones en lugares concretos. Este proceso fue lento y progresivo y estuvo determinado de manera fundamental por la necesidad de asegurar la alimentación en un período de cambio climático y por la experiencia adquirida durante milenios en la recolección de cereales y legumbres y en la caza de algunos animales especialmente adecuados para la domesticación (el perro, el buey, el caballo, la oveja y la cabra, etc.).

La nueva economía agropecuaria dio lugar por primera vez a la producción de un excedente que podía ser almacenado e intercambiado, hecho del cual derivaron algunas consecuencias extraordinarias importancia tales como el aumento de la población (debido a la mejor alimentación), el desarrollo del comercio y, sobre todo, la organización política de la sociedad, basada en un complicado sistema de división del trabajo. Con el sedentarismo surgieron la ciudad, la propiedad privada y la configuración patriarcal de la familia (como necesidad indispensable para la transmisión hereditaria de las propiedades); la actividad económica se diversificó, y cada miembro de la comunidad se  especializó en un determinado trabajo cuyo producto podía ser cambiado por el de los demás. Esta estructura trajo inevitablemente consigo un primer conjunto de leyes, derivadas de la nueva conformación de la familia y la sociedad, y este incipiente ordenamiento jurídico exigió a su vez la figura de una autoridad que lo garantizara. Al mismo tiempo, se produjo también una importante evolución en el terreno de las ideas,  en particular por lo que respecta a la religiosidad y el culto de los muertos. Surgieron así las castas de sacerdotes y brujos, encargados de la explicación de los fenómenos naturales y de la medición entre los hombres y las divinidades.

A partir del V milenio, la revolución neolítica se fue extendiendo desde el Próximo Oriente hacia diversas zonas del Mediterráneo y Europa occidental, hacia la llanura euroasiática y el norte de China, y hacia la India, Indochina y China meridional. En cada uno de estos grandes territorios el neolítico adoptó formas específicas en las cuestiones referentes a cultivos y ganaderías (centeno en el norte de Europa, arroz y mijo en China), cerámica, tipos de utillaje lítico empleado en las labores agrícolas, y formas constructivas (cabañas semiexcavadas en el suelo, palafitos, materiales de contrucción).

LA EDAD DE LOS MET ALES (Misma fuente)

El descubrimiento de las técnicas metalúrgicas supuso un nuevo salto cualitativo en el proceso evolutivo de la Humanidad. La fabricación de objetos metálicos, superiores en calidad y duración a los de piedra, constituyó un  factor de desequilibrio entre las razas y poblaciones humanas, y determinó un importante impulso para los intercambios culturales y comerciales, efectuados entre zonas cada vez más distantes.

Aunque los primeros metales que se trabajaron fueron el oro y la plata (en el Próximo Oriente, el Cáucaso, la región alpina y España), con fines suntuario y comerciales, la verdadera entrada en la Edad de los Metales, tuvo su origen en el desarrollo de las técnicas de fabricación de objetos de cobre y bronce, debido principalmente a su valor utilitario. La metalurgia del cobre se inició en el V milenio a.J.C. en Anatolia y el Egeo, y desde allí se extendió a lo largo del IV milenio hacia Mesopotamia y Egipto, donde dio lugar a la industria del bronce: así el proceso de evolución cultural producido en estas últimas zonas por la revolución neolítica y la metalurgia trajo como consecuencia inevitable la aparición de las primeras civilizaciones históricas. Posteriormente, durante los milenios III y II, se desarrollarían las importantes culturas de Creta y el Egeo, así como las de la India y China. En la Europa central y occidental, sin embargo, el tránsito a la civilización histórica no se produjo hasta la segunda mitad del I milenio, como consecuencia fenicia, griega y romana. En estas zonas había continuado desarrollándose mientras tanto un neolítico cada vez más perfeccionado, en el que la introducción de la metalurgia produjo una gran diferenciación en los grados de la evolución cultural de los distinto pueblos. A lo largo del III milenio se extendió por Europa la cultura megalítica (grandes monumentos de piedra de carácter religioso-funerarios), y se produjeron grandes movimientos de población, entre los que cabe destacar por su gran extensión espacial el del pueblo del vaso campaniforme (desde España hacia el este) y el de la cultura de las hachas de combate (de oeste a este).

La técnica del hierro, descubierta en Oriente Medio hacia el III milenio a.J.C., comenzó a extenderse hacia el siguiente milenio y llegó a Europa Occidental hacia el siglo XVII a.J.C., dando lugar a importantes culturas, como la de los campos de urnas (Europa central y meridional), la de Hallstatt (Austria, siglo VIII a.J.C.) y la de La Tène (Suiza, siglo V a.J.C.), correspondiendo estas dos últimas al período de mayor florecimiento de la cultura céltica, que más tarde se vería relegada a las islas Británicas.

 La Edad de la Piedra Tallada (cap.2 – Historia Dinámica – Ed. Kapelusz)

Cuando la historia comenzó, hace más de 5.000 años, la humanidad había ya recorrido un largo camino. Se había elevado lentamente desde una existencia primaria a una vida civilizada. Hace poco más de un siglo que ha comenzado el estudio de esta época. Antes se ignoraba hasta la antigüedad del hombre sobre la Tierra.

Descubrimiento de la Prehistoria

Origen.

A mediados del siglo XIX, al construirse un canal en las tierras de Somma (Francia), desenterraron piedras cuyas formas muy regulares, no parecían naturales. Esto inquietó a un grupo de estudiosos de la ciudad de Abbeville. Uno de ellos, Casimiro Picard, afirmó que si los utensilios encontrados en las excavaciones estaban mezclados con osamentas de especies animales ya extinguidas, la existencia del hombre prehistórico quedaba demostrada. Poco tiempo después, un director de Aduanas, Boucher de Pethres, continuó su obra. Con mucha suerte y buena imaginación siguió reuniendo guijarros y afirmando que el hombre había existido mucho antes de lo que se pensaba. Los sabios lo escucharon con desdén o indiferencia, pero pronto le dieron la razón. La ciencia prehistórica había nacido

En 1.856, unos obreros limpiaban el terreno de una gruta en Neanderthal (cerca de Düsseldorf, en Alemania) y encontraron entre las piedras una bóveda craneana de forma poco habitual.

Otros descubrimientos confirmaron esta hipótesis.

En 1873, en el norte de España, una niña que jugaba en una gruta gritó: “¡toros! ¡toros!” porque descubrió en la penumbra, las admirables pinturas de Altamira.

Métodos.

Con la ayuda de estos documentos: utensilios, huesos humanos, trabajos diversos, es posible reconstruir el género de vida de los hombres prehistóricos, su aspecto físico y hasta sus creencias. Hay algo más aún: estos utensilios, estos restos humanos se mezclaron en el suelo con restos vegetales y animales. Piedras y aluviones desenterraron formando una capa de terreno. Luego una sucesión de capas análogas terminó por cubrirlos.

Ha transcurrido un siglo, desde aquellos descubrimientos y primeros tanteos. Los sabios aprendieron a leer hoja por hoja esa especie de “libro” donde duerme el secreto de la prehistoria. El examen minucioso de una capa permite reconstruir el medio natural, clima, plantas, animales de una época determinada, y el estudio consciente de estas capas superpuestas permite seguir las transformaciones del medio, los cambios de tipo físico de los hombres y los progresos de la civilización.

Gracias a estos útiles de piedra, únicos documentos que forman una serie continua, se han podido distinguir en la prehistoria períodos o edades:

· Edad de piedra tallada o Paleolítico (o piedra antigua) dividido en inferior, medio y superior.

· Edad de piedra pulida o Neolítico (piedra nueva) seguido por la Edad de los metales (cobre, bronce, hierro) también llamada Edad de la civilización y que pertenece ya a la historia de los tiempos que la preceden.

Edad del Paleolítico inferior

Los primeros hombres.

Este primer hombre era de características muy primitivas, el Pitecantropo; con su frente reprimida y su mandíbula maciza manchaba erguido sobre sus miembros. Se distinguía de los animales más que por sus diferencias físicas por dos conquistas fundamentales: la utilización del fuego y la fabricación de armas y utensilios, primero en madera y después en piedra, sobre todo en sílice. Los hombres llegaron a tallar esta roca dura golpeándola con otra piedra. Con reciente habilidad perfeccionaron los instrumentos.

El paleolítico superior.

La vida y arte.

Bajo el abrigo de las rocas, cerca de las tiendas hechas de cueros de animales, las mujeres que vuelven de recolectar plantas salvajes, se muestran activas, hacendosas; cocinan piezas de caza sobre el fuego que ahora encienden a voluntad; cosen, con ayuda de agujas hueso y con hilos fabricados con tendones largos y delgados, sacos, tiendas de cuero de reno y vestidos. Los hombres vuelven cansados trayendo cuartos de mamuts y renos muertos. Cazan solos o por pequeños grupos. A veces la tribu entera participa de una gran expedición de caza porque han avistado una tropa de renos o de bisontes. A su regreso, cerca del fuego, los hombres descansan, tallan sus armas, curan a los heridos. Luego, se arrastran encorvados para entrar en sus grutas. Allí, en las paredes, representan los animales como tal los han cazado. En el transcurso de ceremonias rituales, los acribillan con flechas, persuadidos de que, al herirlos en la imagen, no se podrán librar de sus perseguidores. En el secreto de las grutas, pues, se preparan con ayuda de la magia, las grandes cacerías.

Ver características humanas de los hombres en el punto anterior.

 3.      LA HOMINIZACIÓN (El hombre Volumen III- ya citado)

La posición de la Iglesia Católica respecto de la teoría evolucionista fijada por S. S. Pío XII en 1950 en su encíclica “Humani Generis”, sentando el criterio de que podría admitirse incluso para el género humano, dejando a salvo la creación del alma espiritual e inmortal que, en un memento determinado del proceso de hominización, habría sido difundida por Dios al hombre.

La aparición del Homo sapiens sapiens en el mundo significa el triunfo y el predominio del sistema nervioso y de las funciones cerebrales, si se estudia la evolución de las especies desde un punto de vista puramente anatómico. Si se considera la marcha progresiva y ascendente de los seres vivos desde la euglena (especie de protozoo clasificable entre el mundo vegetal y animal), cuya irretabilidad y simples movimientos son ya una manifestación nerviosa, hasta el desenvolvimiento craneal y encefálico de los mamíferos, se advierte un gran camino recorrido en sentido de complicación y especialización.

La boca, la garra y la mano serían, al mismo tiempo, distintas fases de utilización de instrumentos, por así decirlo, obedientes a órdenes emanadas de un centro superior. La existencia de la mano, con un dedo oponible a los demás, es condición necesaria para que el homínido pueda agarrar instrumentos, armas o trabajar la madera, el hueso, la piedra, etc. La posición bípeda sitúa los órganos de los sentidos en un punto elevado que permite dominar el ambiente, advertir los peligros y, por tanto, actuar con rapidez.

El comienzo de la hominización debe fijarse, prácticamente, a un millón de años de nuestros días. Para conseguir 7la evolución positiva de un antropoide era necesario aumentar la capacidad craneal. Es curioso constatar que los simios con los huesos del cráneo totalmente soldados, y si bien este crece, no puede llegar a adquirir el desarrollo considerable que se observa en la especie humana. El hecho se debe a que en el hombre los huesos craneales no están soldados, sino que poseen frontanelas, es decir, espacios sólo recubiertos por la piel, es decir, islas de solidificación y expansión.

La utilización de objetos contundentes a modo de armas, revela la aparición de la inteligencia, pues no existen simios que utilicen garrotes o piedras para la defensa y el ataque. En cambio en los yacimientos de fósiles de Australopithecus se encuentran huesos de cérvidos, algunos de los cuales demuestran que fueron utilizados a modo de porras, especialmente algunos fémures. Resulta notable, por ejemplo, comprobar que los cóndilos de estos fémures coinciden con los aplastamientos de ciertos cráneos de simios encontrados en el lugar. Demostrarían que los homínidos usaron los huesos de siervo a modo de garrote para matar a los simios, de cuya carne se alimentaron. El primer instrumento utilizado no fue pues, la piedra, sino el garrote, probablemente óseo.

Ver características del Homo sapiens sapiens en el punto 2)

 5.OPARIN Y HALDANE (Los caminos de la evolución)

LA “SOPA” DE LA VIDA

Tal como lo destacamos en “Biología I. La vida en la Tierra”, el hecho de que el Universo esté formado por un número determinado de elementos es uno de los descubrimientos más importantes de la ciencia moderna. Los nombres de algunos de ellos nos resultan muy familiares: carbono, oxígeno, hidrógeno, oro, plata, sodio, potasio, cloro.

Cada uno de ellos está formado por un tipo diferente de partículas llamada átomo. Así encontramos que hay átomos de oxígeno, átomos de oro, etc. Los átomos se unen para formar moléculas, como por ejemplo la de agua que está constituida por la unión de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.

Resulta evidente que los seres vivos no están formados por ninguna sustancia “particular”: la autoorganización de los seres vivos y su capacidad para reproducirse dependen de una complejísima combinación de algunos de los 92 elementos naturales conocidos.

Aunque hay una gran variedad de moléculas, las que caracterizan a los seres vivos están constituidas básicamente por seis diferentes clases de átomos: carbono, oxígeno, hidrógeno, fósforo, nitrógeno, azufre.

En el siguiente diagrama se compara la abundancia relativa de los elementos en la corteza terrestre  en el cuerpo humano (ver diseño experimental).

Sin embargo, lo9s átomos de estos 6 elementos se combinan de a miles o millones para formar las enormes macromoléculas: el ácido desoxirribonucleico (ADN).

A su vez, estas macromoléculas pueden unirse e interactuar formando estructuras muy complejas como las células. Las células son las estructuras básicas que manifiestan las propiedades de la vida. Este conocimiento nos permite afirmar que:

Las propiedades de los sistemas vivos son consecuencia de las complejas interacciones entre las grandes moléculas.

 
 

 

 Por lo tanto, si se pudiera explicar cómo surgieron por primera vez estas complejas moléculas –las macromoléculas- se podría comenzar a develar la incógnita sobre el origen de la vida. Los investigadores diseñaron entonces diversos modelos y experiencias para explicar el origen de estas grandes moléculas. Entre estos, los primeros fueron el bioquímico ruso Alexander Oparin (1898-1980) y  el investigador J. B. S. Haldane (1892-1964). Ellos propusieron que las condiciones de la Tierra primitiva en las cuales surgieron las grandes moléculascaracterísticas de los seres vivos, eran muy diferentes a las actuales. Estas diferencias en las condiciones climáticas, físico-químicas, etc. del planeta primitivo respecto del actual, explican por qué se formaron espontáneamente en el pasado las moléculasd características de la vida y por qué hoy no surgen de esta forma.

Entre estas diferencias destacaremos sólo dos: la ausencia de oxígeno, ya que el oxígeno reacciona con las grandes moléculas descomponiéndolas como ocurre en las combustiones y la ausencia de seres vivos que se alimentaran de las moléculas que se iban formando.

Dado que la síntesis de las grandes macromoléculas características de los sistemas vivos requiere de energía, se planteaba un primer interrogante en relación a cuáles pudiera haber sido en el pasado dichas fuentes de energía. La ausencia de oxígeno atmosférico implicó la falta de ozono. Actualmente, el ozono es una barrera que impide la llegada de radiación ultravioleta proveniente del Sol a la superficie terrestre. En la Tierra primitiva, por lo tanto, este tipo de radiación llegaba casi sin obstáculos. La radiación ultravioleta pudo haber sido una de las fuentes de energía para que, a partir de sustancias cuyas moléculas son sencillas – tomando en cuenta el número, variedad y disposición de los átomos que la forman -, pudiesen construirse las macromoléculas .

 

 
 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

Conferencias Místicas